Columnas

13 mentiras (o verdades) sobre ser mujer

Señoría, responderé sin sujetador

Fotografías de Anna Friemoth.

Me piden que escriba sobre verdades y mentiras de ser mujer y ya noto los latigazos en mi culo: que yo sepa no existe una forma "verdadera" de ser fémina, tampoco una manera ficticia o mejor que el resto.

Sospecho que no me enfrento a un encargo, sino una trampa mortal en forma de típico artículo de revista femenina: "13 tópicos sobre chicas, ¿grandes verdades u enormes mentiras?".

Este planteamiento aparentemente inocente y nada novedoso me da escalofríos, así que decido rebelarme y contestar sin pensar. Para ello sigo los siguientes pasos:

1. Espero al viernes por la tarde. Noto el peso de la vida en cada uno de mis poros.

2. Me bebo una cerveza con sed.

2. Le lanzo el sujetador a mi gato.

3. Me lío un cigarrillo perfecto.

1. ¿Las mujeres somos un misterio?

Qué va. Si a veces parece que petenezcamos a un club secreto es porque en realidad el mundo nos da una inmensa pereza. Por ejemplo, ante comentarios como estos: "En serio, ¿de qué habláis las tías cuando vais al baño juntas?", "Vaya partidazo tu novio, ¡eh!", "La depilación láser es genial, yo me la hice en las ingles".

Otras veces preferimos saborear algunos pensamientos a solas por puro egoísmo. Es como los chupa-chups rellenos de fresa líquida: nadie los comparte. Todo el mundo aprieta los dientes y deja que el mejor sirope le inunde boca sin que nadie se de cuenta.

Estás teniendo un orgasmo épico y piensas en esa conocida calculadamente moderna que te mira siempre con cierto desprecio: ahora mismo debe de estar arrancándose los pelos de los dedos de los pies. "Jódete, Lorena", podrías gritar. Sin embargo, compartir el pensamiento contigo misma es algo que no tiene precio.

2. ¿Las mujeres somos perversas?

Efectivamente. Y hasta que los servicios públicos equiparen las clases de 'vale tudo' a las de suelo pélvico, las mujeres seremos perversas.

El patriarcado no nos enseña a pegar, así que nosotras aprendemos a conspirar. En situaciones límite, o cuando encarnamos alguno de los muchos papeles de bruja que hay para elegir (madrastras, jefas "demasiado ambiciosas" o niñeras "angelicales pero malvadas"), maquinaremos alevosía y premeditación.

Cuando queremos joder a alguien, o cargárnoslo directamente, utilizamos trampas, venenos, y mentiras.

3. ¿Las mujeres somos materialistas y sólo pensamos en la pasta?

Hay muchas mujeres que van por la vida oliendo el rastro del dinero, mirad a Christine Lagarde o a Rita Barberá.

Si el mundo baila a ritmo de efectivo, pensar que las mujeres no lo persiguen es suponer que todas trabajamos haciendo galletas en conventos. De hecho, este ejemplo no es válido, porque las galletas de las monjas se venden a buen precio. Dicho de otro modo: pensar que no nos importa el dinero es suponer que somos imbéciles.

Sin embargo, las humanas nos caracterizamos por partirnos el lomo sin pedir nada a cambio; sobre todo cuando hablamos de familia. Y si alguien lo niega basándose en una tía suya que se gasta la pensión en tabaco y Anís del Mono, que vaya al baño y cuente hasta diez.

Con el despertar feminista, hubo un tiempo en que algunas fuimos talibanas de la independencia económica. Quedabas con un tío y si él sacaba la cartera pronunciando el consabido "no mujer, yo invito", yo respondía soltando la tarjeta con gran espectacularidad. Eso me generó un agujero económico considerable y pasé al fifty-fifty, pero entonces me fijé en que los camareros siempre ponen el platillo o el datafono en el lado masculino de la mesa.

Seguí pagando hasta la quiebra y la mendicidad. 

4. ¿Las mujeres somos chantajistas emocionales?

Es simple: muchas veces las amenazas, los gritos y los golpes en la puerta no son la mejor estrategia. Pero cuidado, nada en nosotras es cuestión de comodidad, sino de supervivencia en el pantano. Y el pantano es el sistema.

5. ¿Las mujeres somos pacíficas?

Hay veces que tengo tanta energía destructiva en mi interior que deseo que alguien me diga “pst” para soltarle una patada voladora con tirabuzón y caer a cámara lenta mientras miro cómo se desencaja su mandíbula y un hilo de sangre sale disparado en forma de gota rectilínea.

Las mujeres no somos pacíficas, somos bombas de violencia. Lo que nos convierte en seres potencialmente imprevisibles es saber controlarla :-)

6. ¿Las mujeres nos odiamos las unas a las otras?

Claro, es que hay mujeres odiosas. A veces me siento más oprimida y juzgada entre ciertas mujeres que entre señores que miran un partido de fútbol.

Eso no quita que cuando caen las bombas yo me ponga del lado del sindicato de señoras. Hablo de esas bombas que sólo se dirigen a nosotras, como las leyes que intentan decidir sobre nuestros úteros.

7. ¿Las mujeres esperamos a que todo ocurra? 

Existen las mujeres Tutankamón, que permanecen en su féretro hasta que alguien les habla, y que incluso bailando pueden estar quietas. Jamás moverán un dedo para ligar porque les da apuro. Suelen ver las discotecas como salones medievales, los coches como carrozas y besar con los ojos cerrados.

También existen las cazadoras-recolectoras, que ven el mundo como una gran fuente de alimentación sexual y sensual. Conocedoras de las principales leyes de subsistencia, cazan con sus propias manos y no desisten hasta que la presa cae en sus brazos.

Diría que las que más abundan son las ingenieras de la realidad: espías, magas, fontaneras. Diseñan miles de acciones microscópicas para que sus deseos se cumplan sin que nadie note los hilos.

Perder las llaves, tener frío de repente o que un pistacho está podrido para salir corriendo y preocupar al personal.

Las ingenieras que fracasan, las torpes, las que estamos hartas de ligar, somos muchas. Por eso están surgiendo sociedades secretas en bares poco higiénicos de todas las capitales de provincia. Es allí donde comulgamos con señores que ven el fútbol y comen patatas bravas.

8. ¿Las mujeres somos unas flojas?

Cada día veo mujeres con permanente sujetando y transportando grandes bultos y subiéndolos a pisos sin ascensor. Algunas llevan hasta niños y ancianos sentados en sus hombros como si fueran loros. ¿Esto es normal? No, es de película.

Vivimos entre halterófilas, escaladoras, corredoras de maratón.

Vivimos rodeados de portentos físicos, de auténticas deportistas de resistencia que rascan segundos en carreras diarias, y que podrían sobrevivir en la Antártida o en las dunas de Marte.

9. ¿Las mujeres somos limpias y ordenadas?

El trabajo doméstico es una trampa diabólica porque es imposible huir satisfactoriamente de él. Si eres desordenada te encuentras con que, en realidad, no puedes serlo.

El suelo pegajoso no te permite caminar, los pelos de tu gato no cuelan como estampado furry y temes que alguien viva debajo de la montaña de ropa por plegar.

Si tienes dinero, piensas en buscar ayuda. Tú nunca has tenido servicio, te parece elitista y asqueroso, pero más asco da tu baño. Durante media hora intentas encontrar un hombre de la limpieza por internet pero no paras de pensar en culos atléticos y delantales, también en denuncias por acoso sexual.

Al final acabas limpiando arodillada para darte lástima a ti misma. Piensas que las motas de polvo son ácaros infinitos, y también tus propias células muertas. La tarde termina siendo una mierda que huele a Océano Salvaje y tú ya tienes una excusa para tomarte una copa de vino.

10. ¿Las mujeres se preocupan siempre por el físico?

Definitivamente estamos ante un típico comportamiento esquizofrénico. Hay días en que te comes un tupper lleno de albóndigas y te sientes ligera como una presentadora de telediarios. Otras veces pasas el día a base de tés y pescado rebozado en especias y tu cuerpo te parece un flan de tamaño humano.

11. ¿Las mujeres son celosas?

Como todo mamífero, afirmativo. Por suerte, hoy los celos están estigmatizados y los percibimos como algo que puede llegar a ser enfermizo y violencia de control. Por eso hacemos comentarios-puñaladita. Por ejemplo: 

“Caray, qué atrevida Alicia al invitarte a su casa todo un fin de semana a miles de quilómetros de mí ahora que ha empezado a trabajar como artista y modelo, ¿no?”.

Y luego soltamos:

“¡Es broma! ¡jajajaja!”.

Además los celos-broma pueden reciclarse como juego erótico: comentar los éxitos del otro son un gran aliciente para el ego y desencadenan la atracción sexual más zoológica.

12. ¿Las mujeres no son graciosas?

El humor femenino, el de verdad, es como una planta de enriquecimiento de uranio iraní: muy pocos la han visto y difícilmente el mundo podría soportar su potencial destructivo y meón.

Las bromas de las mujeres pueden ser muy bestias, políticamente incorrectas. Hay que estar dispuesto a que las costillas duelan, a que la onda expansiva haga cosquillas allí donde uno no se llega.

El humor nuclear femenino suele desencadenarse en lavabos nocturnos, en habitaciones blindadas por culos que aguantan la puerta; en realidad pueden ocurrir en cualquier lado y es tremendo, tan increíble como un caramelo relleno de sirope fresa del tamaño de un puño, fabricado para ser compartido.

13. ¿Las mujeres son sentimentales? ¿Nos pierde el corazón?

No. Cuando una señorita siente algo por un mozo o moza, lo que le palpita no es el corazón.

Tags: ,

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar