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Siete motivos para seguir manteniendo la fe en Depeche Mode

Su mejor época creativa ya pasó, pero ser fan de Depeche Mode es una religión que tiene como base la fe y la devoción. ¿Por qué seguir creyendo? Ahí van unas cuantas razones

Hay muchas razones para no perder la fe en Depeche Mode. Igual sus últimos discos no nos gustan tanto como “Violator”, pero nunca se puede decir de ellos que vivan de rentas, que no sean curiosos o que no trabajen. Aquí van siete motivos para creer aún en ellos.

Cuando Depeche Mode rompen su silencio y nos traen un nuevo álbum de estudio, como es el caso de “Delta Machine”, el mundo entero se paraliza y presta toda la merecida atención a los mayores triunfadores de la historia del synth-pop. Claro está, la discografía más reciente del trío no deja de ser algo testimonial si se compara con algunas de sus obras magnas. Pero aun con esas, Dave Gahan, Martin Gore y Andy Fletcher siguen siendo un icono multigeneracional que nunca pasará de moda. Desde aquí defendemos algunas de esas razones por las cuales, aún hoy en día, siguen siendo un placer que no conoce rival en su género.

1. En directo siguen siendo imbatibles

Desde los tiempos de “Exciter” (2001) sus trabajos de estudio son piezas menores y no pueden equipararse a sus obras cumbres de los ochenta o aquel “Songs Of Faith And Devotion” (1993) pluscuamperfecto con el que electrificaron su sonido. Pero en directo son otra cosa. Depeche Mode, sea cual sea la excusa que les lleve a girar por medio mundo, siempre cumplen con creces como buenos estandartes del pop de estadios que en realidad son. Sus directos son un arsenal de hits atemporales donde la energía y la nostalgia se unifican, algo así como una comunión religiosa en la que Dave Gahan actúa de Papa solemne y Martin Gore y Andrew Fletcher como los mejores monaguillos posibles. Quienes les han visto siempre acaban repitiendo, y con razón. Aunque pasen los años, ninguna banda de sus características puede hacerles sombra sobre un escenario.

2. Gozan de canciones recientes donde aún se divisa genialidad

A pesar de que “Delta Machine” no es un disco que vaya a pasar a los anales de la historia (ni siquiera de la historia de la propia banda, y ni mucho menos a los “Anales” de Tácito, que ellos ni había nacido), sí que es cierto que hay piezas como “Broken” o “Angel” que demuestran que el trío continúa firmando canciones por encima de la media, aun prescindiendo de ese halo más hedonista con el que impregnaron sus primeros trabajos. En “Sounds Of The Universe” (2009) ya tuvimos sorpresas notables como la imprescindible “Wrong”, y un poco antes, en “Playing The Angel” (2005), gemas sintéticas incuestionables como “John The Revelator” o aquel medio tiempo titulado “Precious”, que están entre lo mejor que han firmado en la pasada década. Se antoja imposible un nuevo “Violator” (1990), pero eso no quita que nos den motivos de sobras para seguir escuchando con ilusión cualquiera nuevo largo que lancen.

3. Apuestan por los remixes como complemento perfecto

Las dos cajas compiladoras de remezclas que han lanzado hasta la fecha, “Remixes 81-04” (2004) y su posterior reedición ampliada, “Remixes 2: 81-11” (2011), dan sobradas muestras del encanto que la banda siempre le ha encontrado a las reinterpretaciones ajenas. Adentrarse por su selección es como una masterclass de electrónica sobresaliente. A la espera de conocer quiénes serán los invitados para “Delta Machine”, en los últimos años Trentemøller ( “Wrong”), M83 ( “Suffer Well”), UNKLE ( “John The Revelator”), Jacques Lu Cont ( “A Pain That I’m Used To”) o Bushwacka! ( “Dream On”), entre un extenso etcétera, han reformulado el más reciente universo de los británicos. Y es más, de no haber sido por “Remixes 81-11”, nunca habríamos podido disfrutar de aquel remix que Vince Clarke firmó de “Behind The Wheel”, lo cual nos lleva al siguiente punto.

4. Se sirven de proyectos paralelos para no caer en el aburrimiento

Que Vince Clarke volviera a reunirse con Martin Gore después de abandonar el grupo en 1981 tras “Speak & Spell” (1981) y ejercer de cerebro iluminador en Yazoo, Erasure y los efímeros The Assembly, fue una sorpresa mayúscula para sus fans primerizos. El proyecto, bautizado como VCMG, debutó el pasado año con un irregular “Ssss” que no fue ni todo lo techno ni todo lo oscuro que esperábamos tras aquel suculento adelanto, “Spock”, que nos puso los dientes largos. No obstante, que Gore rebajara su ego y se adentrara con la ayuda de Clarke en otros terrenos ajenos a la naturaleza de Depeche Mode no hace más que evidenciar que el ‘jefe’ sigue constantemente poniéndose a prueba. Lo mismo puede decirse de Dave Gahan, que aparte de sus dos discos en solitario – “Paper Monsters” (2003) y “Hourglass” (2007)– también contribuyó con su voz profunda en lo último de Soulsavers, “The Light The Dead See”. O el mismo Andy Fletcher, que aparte de recorrerse el mundo siempre que puede ejerciendo de DJ, en 2004 produjo “City”, el segundo largo de Client, y no se lo pensó dos veces para ficharlas en su ya extinguido sello Toast Hawaii.

5. Dave Gahan: pactó con el diablo a cambio de carisma

En los diccionarios, al lado de la definición de carisma debería aparecer por justicia divina el nombre de Dave Gahan. A sus 50 años sigue mostrando un estado de forma envidiable y verle sobre el escenario sigue siendo una gozada como el primer día. Ya sea trajeado o literalmente presumiendo de pechera y tatuajes, sus sensuales bailes ante el pie de micro y sus ya características vueltas a modo de peonza forman parte del imaginario de millones de personas. Superada de sobras aquella etapa autodestructiva en la que cayó durante las sesiones de “Songs Of Faith And Devotion” (1993) –sus compañeros recuerdan lo ausente que por aquel entonces se encontraba, pese a clavar con una sola toma las voces de “Condemnation”–, tenemos Gahan para muchos años. Lo sentimos por Gore: aunque él sea el auténtico cerebro en las sombras, el público se desvive por una gota de sudor de su compañero.

6. No quieren vivir de las rentas

En estos tiempos en los que las ventas de álbumes no contribuyen apenas al incremento de las arcas (por muy vaca sagrada que se sea), Depeche Mode entienden su actividad en el estudio como la excusa perfecta para salir de gira. A estas alturas de la película, en la que poco tienen ya que demostrarnos, podrían hacer perfectamente como los Rolling Stones y estirar un show de dos horas centrándose exclusivamente en sus grandes éxitos. Pero no. Sus setlist siempre están plagados de nuevos temas y siguen encabezados en producir nuevas canciones. Trabajadores como pocos.

7. Los estadios son suyos

Todos los fans de la banda sueñan con la posibilidad de poder verles en un recinto de pequeño aforo, pero imaginamos que, de hacerse realidad el capricho, habría auténticas batallas campales por hacerse con una entrada. Desde aquel “Tour For The Masses” de 1987 se han acomodado en los grandes aforos, algo que sólo ha podido equiparar otra banda capital de los ochenta como U2. De modo que concienciados ante esta situación no queda otra que disfrutar de sus apariciones en vivo como lo que realmente son: una liturgia multigeneracional en la que antiguos rockeros, góticos y amantes del pop se unen por la misma causa.

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