Columnas

Los diez momentos más descacharrantes de “Louie”

La tercera temporada de la serie protagonizada por el humorista Louis C.K. ya se puede ver en Canal +. Un buen momento, pues, para repasar sus gags más incorrectos

“Louie” es una serie políticamente incorrecta que acaba de cumplir tres temporadas repletas de masturbación, escatología, lenguaje provocador, sexo incorrecto, relaciones sociales enfermas y también mucha ternura. Aprovechamos el pase de su nueva season en Canal + para repasar diez gags antológicos.

Se ha ganado el respeto de los paladares más finolis con un humor altamente guarro y escatológico. He hecho del perdedor más rutilante un héroe cotidiano. Ha radiografiado como nadie el papel de un padre de cuarenta y pocos que no entiende los mecanismos mentales de ese peligroso ente llamado niño. Ha puesto en imágenes las mejores reflexiones sobre las contradicciones con las que tienen que vivir los neoyorquinos. Ha defendido las pajas a capa y espada. No se avergüenza de decir que el sexo es su obsesión. Ha mezclado comedia extrema y suicida con postales deprimentes y momentos de una ternura arrebatadores. Louis C.K. dirige, escribe y protagoniza “Louie”, una de las series más inclasificables y fascinantes de la televisión actual. Es una fórmula única, histérica y también conmovedora para los que están hartos de risas enlatadas, tópicos y autocensura. Aquí va mi particular homenaje a las tres temporadas que hasta ahora se han emitido en Estados Unidos y que podemos ver en España a través de Canal +. Estos son, a mi modo de ver, los diez mejores momentos de una de esas series que siempre es mejor disfrutar en petit comité: no le habléis a nadie de la existencia de este humorista suicida o me cabrearé. Ojo: contiene spoilers.

1. Diarrea en la bañera (S03E06)

Never es un niño raruno. Louie lo acoge en su casa, durante un día, sin saber que el retoño mantecoso es un bichejo extraño y altamente peligroso. De hecho, la madre del crío –un freak sobreprotegido a medio camino entre Gordi de “Los Goonies” y Rustie de “Mi Encuentro Conmigo”– le prohíbe comer alimentos con carbono, y así se lo hace saber a un Louie desbordado por los acontecimientos. Ante la imposibilidad de determinar qué viandas llevan carbono, el humorista claudica a las peticiones culinarias del tonelete pre-púber y acaba alimentándole con una generosa ración de carne cruda. Error. El niño quiere que le bañen después del ágape caníbal, pero los límites de la cordura le dicen a Louie que el chavalín ya tiene edad suficiente para quitarse la mugre de detrás de las orejas solo. Y ahí le deja, postrado en el baño disfrutando del agua caliente. Error de nuevo. Cuando Louie vuelve al servicio para comprobar cómo le va al gordito, se topa con un infierno fecal que no soportaría ni un boina verde. La carne cruda ha hecho mella en el delicado tracto intestinal del niño, y éste no ha podido contener, con su pequeño y desentrenado esfínter, el torrente de diarrea originado por tan indigesto menú. La imagen del niño en la bañera, con cara de circunstancias, flotando en un mar de mierda líquida que le llega hasta las tetillas merece pasar a la historia de la comedia televisiva. Para cagarse de risa.

2. Quítame allá esas pajas (S02e08)

Hacerse una paja no es un proceso tan sencillo como parece. No consiste solo en sacar el tallarín y darle lustre. En este episodio, Louie aborda tan “duro” asunto con su particular estilo sin red. De hecho, hasta podemos introducirnos en su cabeza y ver cuál es la fantasía más retorcida que el humorista utiliza para exprimirse el manubrio y lanzar su simiente a la atmósfera cual geiser lechoso. Ahí va la fabulación hardcore de Louie para macerar la manola: el tipo sube a un ascensor con una rubia explosiva, una chica cuya mirada sucia y viciosa nos pone sobre aviso; no le va a pedir que le sople las pestañas precisamente. De hecho, la guarrilla imaginaria le exige a Louie, no sin utilizar un tono dominante, que le introduzca una bolsa llena de pollas por el toto, porque tiene y cito literalmente “cero pollas” dentro. Una apetencia más propia de un hentai extremo que de una sociedad tamizada por la civilización, pero a la que Louie accede gustoso, aceptando incluso en el ascensor a un testigo de excepción. Se trata de un viejo inquietante que observa con rictus de funcionario de correos la perforación vaginal con fardo de cipotes. Se rumorea que Nacho Vidal ya está diseñando bolsas de deportes con pollones en su interior para lucrarse con esta nueva desviación del clásico “bórrame el cerito sexual”. Sólo en Louie.

3. ¡Que te jodan, Letterman! (s03e10 / s03e11 / s03e12)

El tríptico desplegado bajo el título de “Late Show” es un ejercicio monumental de metacomedia en el que las fronteras entre sitcom, drama y crítica se diluyen como azucarillos en la retina del espectador, en una odisea en pos del éxito que se describe con una poesía extraña y derrotista. Louie recibe una oferta que no puede rechazar: David Letterrman ha anunciado puertas adentro que se retira y la cadena está buscándole un sustituto, él mismo. Lejos de destacar un gag, lo que me parece más interesante de esta trilogía es el retrato desolador que hace la serie del mundo de los humoristas televisivos convertidos en estrellas masivas y las grandes cadenas que les dan cobijo. Jay Leno, Jerry Seinfeld y Chris Rock aparecen interpretando una versión mezquina, egoísta y depredadora de ellos mismos, añadiendo de forma suicida otro clavo al ataúd de los late shows yanquis y la maquinaria que les envuelve. La escena final, con Louie gritando a viva voz “fuck you, Letterman” en la fría noche neoyorquina, delante de los estudios donde se graba el célebre programa, deja bien claro que esta serie jamás fue para ganadores. Una radiografía brillante del fracaso, una escenificación magistral, también, de la ambición desmesurada y el espíritu predador de los grandes tiburones del entretenimiento.

4. Ricky Gervais, aka Doctor Feelgood (S01E03)

Ricky Gervais y Louis C.K. cara a cara. El sueño de cualquier amante del humor incómodo. La aparición de Gervais es un bálsamo, y el tipo que tuvo la idea de convertirlo en el médico de cabecera de Louie, un auténtico mal nacido. Lo cierto es que el humor del creador de “The Office”, ácido, molesto, británico a rabiar, contrasta a la perfección con el rictus de perdedor y la tosquedad de su partenaire americano. La visita a la consulta, con Gervais haciendo bromas macabras sobre la salud de su paciente – “tienes sida, jajajaja”–, es uno de los grandes, grandes momentos de la primera temporada, sino el mejor.

-Me siento como una mierda

-¿Como una mierda? Yo diría que te sientes como una diarrea. Parece que te hayan tirado diarrea por toda la cara.

Otro hihglight llega cuando el médico enajenado obliga a su enfermera a ver a Louie en bolas para que admire la fealdad de su pene. Cuando pones al británico insolente y regordete en el campo, el partido irá siempre a mejor: el mejor secundario de la serie con diferencia, a pesar de la fugacidad con la que se dejó ver.

5. Sin techo… y sin cabeza. (S02E02)

Hay escenas en “Louie” que producen cicatriz. Escenas que te dejan clavado, te arrancan una risa de culpabilidad y hasta hacen que te consideres un auténtico hijo de la gran puta. De la segunda temporada hay un gag que me persigue. Louie está paseando por la calle, camino de una cita, cuando súbitamente un homeless enloquecido se dirige hacia él desde el otro extremo de la acera, corriendo como un perro rabioso en pos de su presa. La reacción natural del bueno de Louie, como la de todos, supongo, es apartarse, fintar, sortear la acometida del vagabundo. Merced a un notable latigazo de cintura, nuestro héroe se zafa del piojoso, que termina cayendo en la carretera y siendo atropellado por un camión de la basura. Y cuando piensas que morir aplastado de esta forma por un vehículo infecto que representa lo más bajo de la especie humana –sus desechos– es lo peor que le puede pasar a una persona, la serie va más allá y te regala una decapitación histérica del pobre diablo. Homeless decapitado por un camión de la basura, cortesía de la finta de Louie. Magistral.

6. El gorila y el ballet (S03E02)

Escenas familiares como las que ofrece este episodio son las que hacen de esta serie una comedia totalmente distinta a las demás. Los momentos de ternura que el humorista vive con sus hijas inundan la tercera temporada, dedicada por completo a lo estragos y neurosis de la paternidad. En este episodio, Louie aprovecha un chiste infantil de su hija pequeña para fabricar uno de los monólogos más hilarantes que he escuchado en mucho tiempo. El mencionado chascarrillo reza: “¿Quién le dijo al gorila que no podía entrar en el ballet? Pues los miembros de seguridad, la gente de la puerta”. De esta postal surrealista anclada en un gag tan lógico y tan insondable como el cerebro de un niño, Louie deshilacha los hechos con su particular estilo e imagina a los de seguridad, hablando con el gorila en tono paternalista. “Socio, esto es un ballet, un espectáculo de tres horas, sé que lo quieres ver con todas tus fuerzas, pero a mitad de la función empezarías a dar manotazos al sillón, a gruñir y a golpearte el pecho, no te puedo dejar entrar, tío”.

7. Resacón en la cafetería (S01E08)

Putas resacas. Te convierten en un bulto reptante. Te hacen odiar a la humanidad porque sí. Uno de los mejores momentos de la primera temporada lo encontramos en la confluencia de dos elementos cuya combinación es desquiciante: un resacón de libro y una cafetería llena de hipsters. Resulta hilarante la forma en que Louie nos mete en su cabeza para que vivamos en su piel la horrible empresa de acercarse a la caja y pedir un café después de haber bebido vodka y fumado hierbajos hasta caer inconsciente la noche anterior. La gente habla un idioma incomprensible, la realidad se descompone hasta convertirse en un circo grotesco, la cajera es un muro infranqueable, los mentecatos que le rodean se agolpan en su cara como espíritus pesadillescos. Mi reino por unas gafas de sol.

8. El gran cuesco (S02E01)

La hermana de Louie ha venido a visitarle y mostrarle el imponente bombo que reposa bajo sus enormes pechos. Está tan embarazada que parece que vaya a reventar, por eso, cuando empieza a sentir contracciones, las alarmas se disparan y Louie enloquece, se bloquea y tiene que recurrir a sus vecinos gáyeres para hacer algo tan sencillo como coger el coche y llevarse a la gorda al hospital. Después de una odisea inenarrable y de una interesante reflexión sobre la relación con nuestros vecinos, a los que a veces ni siquiera conocemos, aunque lleven viviendo años pared con pared, el episodio alcanza un clímax flatulento tan inesperado como nauseabundo: la hermana de Louie no pare, lo único que suelta a la atmósfera es un cuesco atronador en la camilla del hospital; un pedo largo, estrepitoso y asqueroso que recuerda enormemente al que lanza el punk Vyvyan, en uno de los episodios más recordados de la serie “The Young Ones”.

9. Me cago en Dios (S01E11)

Sencillamente, las mejores reflexiones sobre Dios y la crucifixión que he oído nunca en una comedia televisiva. Si crees en el Altísimo te joderá vivo. Amén.

10. La tía Ellen odia a los negratas (S02E05)

Capítulo antológico en el que Louie viaja en coche con sus dos niñas a la campiña más profunda de Pennsylvania. El objetivo del periplo hacia lo salvaje es visitar a la tía Ellen, una vieja en el punto álgido de su decrepitud que vive en la mugre. El episodio empieza con Louie desbocado al volante, siguiendo el ritmo de “Who Are You?” de The Who, mientras sus retoñas le observan como si fuera un perfecto imbécil. Es la antesala eufórica a un encuentro accidentado y amargo con la vieja, una señora dulce, encantadora, aunque presa de una entrañable demencia senil que hace aflorar en su discurso un término de lo más peliagudo para los que gastan excedentes de melanina: negrata, en inglés: nigga. Hilaridad máxima cuando la señora Ellen ofrece a Louie y familia unas galletitas oscuras del tamaño de un dedal, a las que se refiere como nigga toes (dedos del pie de una negrata). Ah, y antes de que Louie pueda decir nada a la yaya racista, la mujer la espicha repentinamente mientras se dirige a la cocina, dejando un cadáver arrugado, y seguramente perfumado con eau du pis, sobre las baldosas.

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