Columnas

Los 25 mejores tertulianos de la prensa rosa en televisión

Tras repasar el top mediático de política y deportes, completamos el ciclo de los tertulianos estrella bajándonos al barro del corazón, con la créme de la créme en asuntos de cotilleo y famosos

Dentro de la fauna tertuliana, es la especie más fiera y despiadada que existe: para ellos no existe ni la ética ni las reglas de educación, todo tiene que ver con las vísceras (más que con el corazón), el cotilleo y el insulto. La aristocracia de los tertulianos están en la información rosa, y a ellos les dedicamos este top 25 con los verdaderos cracks de la discusión cardiaca.

Y llegamos al final del viaje. Después de listar los 25 mejores tertulianos políticos y deportivos, le llega el turno a los 25 mejores tertulianos del periodismo rosa. La cuadratura del círculo. De hecho, sin programas como “Tómbola” es probable que nunca hubiéramos llegado a “Punto Pelota” o “El Gran Debate”. O de llegar hubiéramos llegado de otra forma. En el programa de Canal 9 se fraguó una nueva manera de hacer periodismo, rosa y no rosa, y se le cambió la cara al que por entonces era un género denso, serio y trascendente: la tertulia. Desde los tiempos de “Tómbola” a los de “Sálvame” mucho ha cambiado en el perfil de la crónica social española, pero sobre todo un factor decisivo e importante: si en el programa de la cadena autonómica valenciana la estrella era el famoso, que se sometía a la batería de preguntas o ataques de los periodistas, en la actualidad la estrella no es el famoso ni la celebrity, sino el propio periodista, convertido en monigote al servicio de un producto brillante, rápido, intenso y entretenido que ha conseguido darle la vuelta por completo al concepto que teníamos de la prensa del corazón. Personajes que han pasado de dar exclusivas, o de inventárselas, la gran mayoría, a ser la propia exclusiva, y que han triplicado su estatus y proyección popular sin necesidad de dar una sola noticia. Estos son los 25 elegidos, con un vencedor inapelable. Tal como están las cosas, nadie puede negar quién es el gallo número 1 en este corral.

25. Carmen Ro

Carmen Ro fue en los años 90 un auténtico símbolo de poder. Dominaba el programa estrella del cotilleo –o sea, “Tómbola” en su golden era–, fue la persona que acumuló mayor capacidad de persuasión para con famosos y tertulianos, que venían a comer de su mano a sabiendas de que pasar por el plató de Canal 9 podía ser un trance doloroso, pero que multiplicaba la exposición profesional y las ganancias pecuniarias del personal, lo que se dice una verdadera mina de oro. Si bien Ximo Rovira era el rostro conocido (una especie de yerno ideal pre-Cantizano con desparpajo y coñita marinera ideal para el puesto de presentador), la sonora Carmen Ro era la que, como Bela Lugosi en Ed Wood” manejaba los hilos entre bambalinas. Se cuenta que durante aquellas tremebundas noches de jueves, tan sobradas de champán e importaciones bolivianas, conoció al que ahora es su hombre, Ángel Antonio Herrera, para formar la pareja más cool e ilustrada de las cosas cardiacas. Terminado “Tómbola”, Ro ha continuado en el mundo rosa al otro lado de la cámara, dando sus opiniones e informaciones, que ahora son un poco menos destroyer que antes y muy centradas en casas reales, en Televisión Española (es fija en las tertulias de Anne Igartiburu) y Antena 3. Sus haters, a los que imaginamos lectores voraces de los libros y artículos de Jaime Peñafiel, le acusan continuadamente de ser una pelota de tomo y lomo con los Príncipes de Asturias. Tampoco es para tanto. Javier Blánquez

24. Marisa Martín Blázquez

Como si se tratara de la versión bien avenida de Pepa y Abelino, Marisa Martín Blázquez y Antonio Montero constituyen la pareja feliz del periodismo rosa. Primero ganó notoriedad el fotógrafo, gracias a su presencia semanal en “DEC”, pero a medida que ha pasado el tiempo y se han sucedido sus intervenciones televisivas –“La Noria”, “El programa de Ana Rosa”, diversos especiales de Telecinco...– la proyección popular de Marisa Martín Blázquez ha ido en aumento. Como su cónyuge, la Blázquez tiene ese punto recatado, como de monjita fácil de escandalizar, de MILF inconsciente, que contrasta con los aires desbocados y liberales del género, y quizás en esta visión apostólica-romana del matrimonio estriba uno de sus puntos de atracción para los programas. El otro, un interés evidente en aportar informaciones, exclusivas y material periodístico aprovechable en el entorno circense en el que se mueve la prensa rosa actualmente. David Broc

23. Gustavo González

Presuntamente mantuvo un idilio fogoso y alocado con María Lapiedra. Y presuntamente es un fucker de primer nivel, o eso podemos extraer del apasionante libro que la actriz, cantante y empresaria catalana publicó hace unos meses, “Mi Mundo de Plástico”, en el que dedica un capítulo íntegro a uno de sus numerosos amantes que muchos asocian con nuestro protagonista. El capítulo, gráficamente titulado “El paparazzi”, narra las desventuras amorosos y sexuales con un fotógrafo y colaborador de un célebre programa de televisión que se emitía los viernes por la noche en Antena 3 y que hace sospechar claramente sobre la identidad del empotrador. Sea como fuere, tanto si es cierta o no esta relación, Gustavo González es uno de nuestros tótems del periodismo rosa de la actualidad, un icono al que rendimos pleitesía. Su vídeo-entrevista a Paquirrín, sus exclusivas de calle, los reportajes con decadentes de los que ha sacado tajada y su tendencia a mantener beefs con quien se le pusiera delante en el plató de “DEC” (ahora en “Sálvame”, aunque en menos dosis) le han convertido en referencia imprescindible del gremio. DB

22. Antonio Montero

Aunque Miguel Temprano podría reivindicarse como el gran pionero del trasvase de paparazzi a colaborador televisivo de programas del corazón, también es cierto que fue “DEC” el programa que dio un paso adelante en esta dirección y dejó la representación masculina de su alineación titular en manos de dos fotógrafos experimentados: Gustavo González y Antonio Montero. Si Gustavo representaba el espíritu más punk, la noche, la idea de vivir al límite, Montero representaba todo lo contrario: aires de monaguillo, Eau de Opus, actitud conservadora y pánico al conflicto. En contraposición a sus limitadas dotes para el espectáculo, el cara a cara y la versión más agresiva del medio, el marido de Marisa Martín Blázquez acostumbra a ser certero en sus informaciones y dispone de un interesante menú de exclusivas que le proporciona su estatus y su red de contactos. Necesario si quieres que en tu programa podamos encontrar a algún colaborador libre de pecado. DB

21. Luis Rollán

Dicen las malas lenguas que se pasa más horas al día tomando los rayos UVA para conseguir ese morenazo conguito que le ha convertido en el Quique Guasch del circo rosa que cotejando información o buscando exclusivas. Envidiosas todas: si hay alguien que ha ido pegando el callo a lo largo de los años en el periodismo del famoseo ese es Luis Rollán, que acumula un currículum abultado en diferentes programas de Antena 3 y Telecinco, donde alcanzó sus mayores picos de popularidad gracias a toda la basurilla que ha podido ir sacando de famosetes de segunda división como Beatriz Trapote, Víctor Janeiro y, ya más adelante, Belén Esteban, con la que ha mantenido diferentes etapas de afecto máximo y distancia prudencial. Es cierto que Rollán no cuenta como periodista top en la escala Mariñas de la cosa –es uno de esos secundarios que se hacen tan necesarios para que brillen las estrellas como dios manda–, y que incluso cuando quiso pasarse al otro lado de la barrera la operación le salió rana al no sacar una buena tajada de las fotos de su boda con el que ahora es su marido, un maromo llamado Alejo. Pero no por ello hay que desmerecer a Rollán: nunca le ha faltado una parcela donde exhibir su glamour gay y su peinado a lo Benzema, demostrando el saber estar y la elegancia que le falta a su gran competidora locaza, Víctor Sandoval. Abandonó “Sálvame” entre llantos y su figura ya no es tan candente como antes, pero como McArthur, seguro que volverá. JB

19. Cristina Fernández

Cristina Fernández forma parte de la penúltima generación de periodistas del corazón que ha tenido que forjar su trayectoria al margen del radio de acción de “Sálvame”, es decir, facturando para programas menores en los que ha conseguido menos repercusión y en los que, eso sí, ha ido ganándose el odio y la simpatía del público, que se divide ante los aires de megaperiodista informada y rigurosa que se gasta cada vez que coge turno de palabra. Empezó a hacerse un nombre en “A tu lado” y “En antena”, pero no fue hasta “Enemigos Íntimos”, el infame, por kitsch, desordenado y surrealista, programa presentado por Santi Acosta, que el gran público acabó por descubrirla a efectos prácticos. En la actualidad pasa los fines de semana en el programa-tanatorio de María Teresa Campos (“¡Qué tiempo tan feliz!”), donde tiene la oportunidad de despedirse en vida de algunos de los artistas más representativos de la canción, el cine y la televisión made in Spain. DB

18. Jimmy Giménez-Arnau

De Jimmy no se puede no ser fan. De su última etapa, porque se ha convertido en el más depurado trincador del circuito: interviene lo justo cada vez que le sientan en una mesa de debate –el caché le debe salir a 500 euros la frase, aproximadamente–, para luego volver a su pisazo de Serrano a gastárselo todo en bogavante y Cardhú, siempre haciendo honor a su leyenda de bon vivant. Aún así, cada una de esas frases del ex yerno de Franco se cotiza más que una de Rajoy: no falta alguna que otra alusión al semen, a la cocaína, el insulto fino e irónico, o de brocha gorda cuando las cosas se ponen agresivas (un arte en el que sólo le supera Pipi Estrada), y por supuesto medias verdades sobre quién se folla a quién. Jimmy es radiotelescopio del gossip al que le llega toda la basura, y la sabe dosificar con artes de guionista de “Perdidos”. Y si aún hoy sigue siendo una máquina de los platós, imagínense en su edad dorada, cuando aterrorizaba los platós de “Tómbola”, “La Noria” y todo lo que le pusieran por delante, ya fuera como tertuliano o como entrevistado. Para los libros de historia quedarán frases memorables como yo he follado tanto que en vez de semen ahora me sale espuma” y sus discusiones a cara de perro con todo el mundo, excepto con los crápulas tipo Kiko Matamoros, con los que siempre se ha llevado de maravilla. Aprovechamos la oportunidad para recomendar encarecidamente su autobiografía Yo Jimmy. Mi vida entre los Franco”, una obra maestra de la literatura española del siglo XX (sin ironía). JB

17. Gema López

La ascensión de Gema López a la elite del cotilleo ha sido lenta, pero segura, sin dar ningún paso en falso. Comenzó como chica de informativos, como reportera a pie de calle a la que, un buen día, se le presenta la oportunidad de pisar las moquetas de las fiestas de sociedad. Entre canapé y copita de licor se va enterando de cosas, lo que le da pie a entrar como comentarista en los corrillos de la televisión –primero con Nieves Herrero, finalmente con Ana Rosa Quintana en aquellos tremendos magazines de los tiempos de “Sabor a Ti”–, y finalmente como tertuliana de pro con el advenimiento de “DEC” en los momentos más cruentos de la guerra con “Salsa Rosa”. Ahí descubrimos a una joven dicharachera y enfática que abría mucho la boca y levantaba los brazos con un énfasis excesivo que, en plena compenetración con María Patiño, alzaba la voz hasta registros de pito para poner a parir al invitado, dando forma a una sublime cacofonía de cotorras chillonas que se lanzaban a la yugular del Dinio de turno. Una vez cayó el imperio “DEC” se le ve mucho en “Sálvame” y el “Deluxe” los viernes, donde sigue a lo suyo: a medio camino entre la bronca y el silencio prudente, sin reclamar protagonismo, pero dando siempre buenos minutos de bronca a sus fans (aquí hay uno) más fieles. JB

16. Hilario López Millán

En activo desde los años 60, Hilario no es sólo uno de los más claros representantes de la vieja escuela que todavía da guerra –junto a Mariñas, Peñafiel y Chelo García Cortés–, sino la ejemplificación de que no basta con montar un pollo para tener notoriedad, sino manejar contactos, tener fuentes, soltar bombas y hacerlo con gracejo chispeante. Si Hilario sigue siendo pieza codiciada en las tertulias y los corrillos matinales del cuore es porque parece que sea la señora de al lado en la peluquería, mientras esperas a que te hagan la permanente y los rulos, que te va contando las cosas que han ido pasando, una especie de vieja’l visillo avant-la-letre. Ha hecho suya la radio, vía Luis del Olmo; fue de los primeros en instaurar el comentario famosil en televisión –los legandarios días de “La Palmera”, con un Jordi González todavía jovencísimo, y ha estado siempre cerca de las reinas de las mañanas, en particular Ana Rosa, para quien siempre ha sido su periodista del corazón fetiche. Chafardero y resalao, Hilario López Millán despierta los instintos mariliendres de las marujas y amas de casa, siendo ese amigo gay con merca fresca que te cuenta lo último sobre la Pantoja, la duquesa de Alba, el clan Iglesias o Tita Cervera como si te estuviera dictando las páginas del ¡Hola! Otros le han comido el terreno, pero él sigue siendo dios en su coto privado. JB

15. Beatriz Cortázar

Beatriz Cortázar tiene un don: siempre sale impune, limpia e intacta de los peores terrenos de juego del periodismo rosa. Con su actitud centrada, poco dada a la estridencia, diplomática y poco conflictiva, la periodista madrileña tiene la capacidad de participar en formatos tan distintos como “Sálvame”, “El programa de Ana Rosa” o la tertulia de Jiménez Losantos manteniendo en todo momento las señas de identidad de su discurso. Hablando en plata: desde el punto de vista del espectáculo, sus aportaciones invitan al bostezo y a la desconexión. Como si de un asesino profesional se tratara, la Cortázar va, cumple, factura y, lo que es aún más sorprendente, nunca entra al trapo ni participa de los dimes y diretes personales e íntimos en los que se ven inmersos últimamente los periodistas del corazón. No deja rastro. Firma habitual del diario ABC desde hace unos cuantos años, es una representante de la vieja escuela de la crónica social, con más horas en actos, fiestas, eventos y presentaciones que en platós de televisión. DB

14. Rosa Villacastín

Su irrupción en territorio rosa a principios de los 90 se produjo en un momento en el que la información del corazón se veía como algo light y entretenido, pero sin entrar en los terrenos de mal gusto y bronca barriobajera que se estilan desde hace unos años, y eso hace de Rosa Villacastín una perfecta representante del modelo alternativo (y cada vez más abandonado) de hacer información sobre famosos: la misma que también defienden Carmen Rigalt desde las páginas de El Mundo y Ángel Antonio Herrera allí donde le dejen, que es escribir bien, contrastar las fuentes, contar las cosas con claridad, sin perder espíritu crítico y sin buscar hacer sangre y lanzarse al morbo por el morbo. Además, Villacastín es una superviviente que nunca ha tenido que ir a los platós más obscenos por ganarse el pan –estuvo en la plantilla de “DEC”, pero con discrección– y que se mueve como pez en el agua en los magazines de mañana y sobremesa, siendo pieza codiciada de María Teresa Campos, primero, y más tarde Ana Rosa Quintana, Concha García Campoy (que en paz descanse) y Anne Igartiburu en las emisiones de “+Gente”. No sabemos dónde la encontraremos la próxima temporada, pero trabajo no le faltará. JB

13. Pepe Calabuig

Pepe Calabuig lleva unos cuantos años ya cultivando el noble arte del ‘hablar sin decir nada’. Experto entorpecedor de entrevistas, artista del ritmo lento y comatoso en diálogos frívolos y supuestamente ágiles, el periodista valenciano vivió y se aprovechó de la golden era de “Salsa Rosa, “Dolce Vita”, “A tu lado”, “La Noria” o “Tómbola” para facturar cifras cuantiosas con la ley del mínimo esfuerzo: preguntas fuera de lugar, exceso de azúcar, conatos de desinformación y exclusivas de dudoso éxito se convirtieron en los elementos fundamentales de su discurso televisivo. Hoy ha perdido parte de esa omnipresencia mediática –aunque le podemos seguir viendo en “Espejo Público”–, quizás también porque en el contexto revolucionario de “Sálvame” y del nuevo papel couché, su discurso no encaja ni tiene hueco, pero siempre es gratificante encontrarnos con él en un zapeo improvisado y disfrutar de su talento para el tocomocho periodístico. DB

12. Chelo García Cortés

Otro icono de la vieja guardia, Chelo García Cortés ha protagonizado una de las evoluciones profesionales más asombrosas y delirantes que se recuerdan: de abanderada del periodismo serio, aleccionador y riguroso de sus inicios a figura circense que un día se somete a la prueba del polígrafo para dilucidar si ha pasado una noche ‘de amor’ con Bárbara Rey y al siguiente se disfraza de lo que haga falta para celebrar algún programa especial de “Sálvame”. Chelo, con ese look agresivo que le caracteriza –aún recordamos, entre sollozos y aplausos, el día que se presentó en DEC con una camiseta de Cannibal Corpse–, y con esa cara inconfundible que muchos asociamos a la del jugador de baloncesto Kirilenko, tiene un pasado en radio y prensa escrita que la avala, pero ha sido su defensa a ultranza, partidista y totalmente pasional de su íntima amiga Isabel Pantoja la que ha marcado su trayectoria periodística. En DEC vivió su mejor etapa, donde se sentía la reina del firmamento y mantenía a raya a invitados y compañeros, pero en “Sálvame”, donde empezó a colaborar tras la desaparición del espacio comandado por Jaime Cantizano, es donde ha despuntado su faceta más melodramática, histriónica y ruborizante, todo un descubrimiento. Ninguna queja, evidentemente. DB

11. Mila Ximénez

Mila Ximénez estaba temporalmente apartada del periodismo –en los años 80 había trabajado con monstruos del gremio como Encarna Sánchez y Jaime Peñafiel, justo en sus años de gloria tras haber contraído matrimonio con el ex tenista Manolo Santana– hasta que la oportunidad y el morbo le ayudaron a volver al redil. Era finales de los 90 y en el legendario “Crónicas Marcianas” el tema de moda eran las supuestas cartas de amor (que confirmarían una deriva homosexual) escritas por la popular Encarna (las empanadillas, Móstoles, etc.), y que implicarían a la propia Mila, colaboradora de su programa y supuestamente algo más. En aquel tormentoso momento Ximénez pasó de foco de actualidad a martillo de famosos, iniciando el camino de celebrity de tercer nivel a tertuliana con un arsenal de trapos sucios a su disposición para hacer chantaje, amedrentar y manipular exclusivas que ríase usted de Snowden y la mujer de Bárcenas. Haber sido periodista y, a la vez, asidua a las fiestas de Marbella le concedía información jugosa sobre asuntos de cuernos, adicciones, maltratos y demás basura, y ahí sigue, que no la sacan de la silla de “Sálvame” ni con agua caliente –hizo un amago de irse entre llantos, pero al poco tiempo la teníamos ahí, dándo estopa–. Mila Ximénez es altamente carismática, con esa voz de fumarse los cigarros doblados, esos gestos de desprecio y esas bombas nuclearse de información que guarda en la caja fuerte. Y si hay que ponerse chunga, se pone: su enfrentamiento a cara de perro con Jaime Ostos delante de un estupefacto JJ Vodkas pasará a la historia de la televisión más rastrera y canalla, y por eso le estaremos eternamente agradecidos. JB

10. Carlos Ferrando

Es cierto que Carlos Ferrando ahora vive el ocaso de su carrera. Y que lo de ocaso va como anillo al dedo si tenemos en cuenta que en la actualidad es colaborador de “¡Qué tiempo tan feliz!”. Pero que nadie pase por alto que durante muchos años, sobre todo a finales de los 90, este cartaginés criado en Sabadell, de lengua y pluma viperina, amplios conocimientos cinematográficos y pronunciado archivo de trapos sucios en su memoria, se convirtió en uno de los rostros más famosos de la crónica social. Gracias a “Crónicas Marcianas” y todo lo que ahí se cocía, con o sin dopaje, Ferrando aspiró durante un tiempo a erigirse en la alternativa más golfa, gamberra y punk de Jesús Mariñas, y a buena fe que lo consiguió. Ha declarado en más de una ocasión que en Crónicas le tocó el papel de ‘maricón’ y que obró en consecuencia: tinte de pelo color Piolín, comentarios soeces, ademanes exagerados, broncas inventadas y actitud de loca mala le acompañaron en sus años de máximo esplendor mediático. Ni Robert de Niro en los 80. Desde entonces ha aparecido en infinidad de programas o secciones de prensa rosa y en la actualidad vive su semi retiro junto a la Campos. DB

9. Miguel Temprano

Conocido antañazo por ser el Lucky Luke de los paparazzi, el más rápido disparando la cámara para robar instantáneas entre arbustos o desde la ventana de enfrente del hotel al famoso de turno y pillarle así en flagrante pecado de adulterio, Miguel Temprano se convirtió en el príncipe de los de su gremio al ser el autor material de aquellas fotos de Mar Flores con el conde Lequio en las que la pareja aparecía sonriente y post-coito en la portada de Interviú, poniéndole unos cuernos monumentales al multimillonario Fefé. Aliado con los Matamoros, que fueron los que vendieron la mercancía por una pastizara, su salto a la fama fue inexorable –vía plató de “Crónicas Marcianas”–, y desde entonces Temprano no ha dejado de alternar el obturador y las sillas de tertuliano: pasó por “DEC”, “Espejo Público” y “Sabor a ti” hasta recalar, hace sólo un par de semanas, en la joya de la corona, Sálvame”, sumándose al batallón de exiliados de ‘la cadena triste’ que, en los últimos tiempos, se han ‘hecho un Figo’ vendiéndose por una buena cantidad de dinero al gran rival. Y ahí le tenemos, dando exclusivas de las suyas (básicamente trifulcas de celebrities en locales de copas) mientras se lía a gritos con los perros de presa del zoo de JJ Vázquez. Domina el arte del enfrentamiento cuerpo a cuerpo y durará: le sobran tablas y léxico sucio para hacerse respetar. JB

8. Karmele Marchante

Los hits de Karmele son tantos que no pueden caber aquí, pero intentémoslo resumir en un puñado de líneas: gracias a ella sabemos que hay que distinguir entre un orgasmo vaginal y uno clitoridiano, que se puede presentar una a Eurovisión con una canción mamarracha como la peor y hacer el más espantoso ridículo (se cuenta que todavía suena “Soy un Tsunami” en algunas discotecas gays), y que se puede hacer el tránsito de la más punzante información cultural, con un elevado nivel crítico con las corrientes dominantes en la música y el arte, al corazón más sangriento y charcutero sin pestañear. Si antes hablábamos de un tipo de periodista chapado a la antigua que aún mantiene una cierta etiqueta en la exposición de su carnaza cotilla, Karmele es todo lo opuesto: su periodismo es a granel, chillón y freak, una cúspide que alcanzó en sus memorables días en “Tómbola”, donde tenía enganchadas semana sí, semana también con Mariñas, y continuando en “Sálvame”, donde siempre ha llamado la atención por sus mentiras, sus broncas con los compañeros, que no por la información o la opinión aportada. Auténtico ejemplo de gonzo descarnado, de traslación del mundo reality a la prensa rosa –la noticia es ella, no lo demás–, siempre ha recibido el odio de sus compañeros de profesión, acoso que le obligó a dejar “Sálvame” un tiempo. Ahora ha vuelto y parece que la cosa se ha calmado, pero ella sigue siendo la Cruella deVille cardiaca: la que trae el dolor y el mal rollo. FANS! JB

7. Josemi Rodríguez Sieiro

Todavía no hemos conseguido averiguar por qué Josemi Rodríguez Sieiro se ha convertido en el abanderado de los buenos modales, la educación y el protocolo, pero nos importa un pimiento: a efectos mediáticos, Josemi es nuestro gurú, nuestro Mesías, cuando se trata de aprender normas de conducta y saber manejarnos mejor en fiestas, recepciones y actos de alto copete a los que, obviamente, nunca iremos ni seremos invitados. En paralelo a este papel autoadjudicado, y sin ningún tipo de aval detrás que ratifique o contraste sus conocimientos, detalle que acentúa el fanatismo hacia su persona, este abogado gallego se ha erigido en apabullante e incorruptible azote de la jet set decadente, los neofamosos de medio pelo y los fake aristócratas en sus intervenciones televisivas –siempre al lado de la Campos; últimamente le vimos también en “+Gente”– y radiofónicas –ya casi una década junto a Carlos Herrera–, donde ha dado rienda suelta a su visión purista y rococó de la crónica social. Para este talibán de las celebrities no existe peor pesadilla que los concursantes de “Gran Hermano”, las novias de Paquirrín o Belén Esteban. DB

6. María Patiño

Hasta que esa vena que tanto se le marca en el cuello no empezó a palpitar como dios manda, María Patiño no era más que una asidua de los corrillos de cotilleos de los magazines, una periodista con empuje, énfasis y aparentemente buenas fuentes a la que se le veían maneras de depredadora de las redacciones y los platós. Pero necesitaba una oportunidad para explotar, y esa fue, primero, “Sabor a ti” y, posteriormente, “DEC”, cuando se convirtió en el complemento perfecto de Cantizano para atraer a las señoras ante la televisión: él, el yerno preferido de España, y ella la mujer de armas tomar con la que toda ama de casa aburrida quería identificarse. Cada vez que la Patiño la tomaba con un invitado, al que clavaba los ojos como si fueran dos puñales, parecía como si le estuviera practicando un interrogatorio de tercer grado en la caserna de Intxaurrondo, a grito pelado, levantando el brazo en plan ‘te voy a dar dos hostias’, descomponiéndose y moviendo el pelazo al viento, más folklórica que nadie. Esta práctica no le ha abandonado, y por eso cuando todo el entramado del corazón se fue a pique en Antena 3, fue la primera en desplazarse a Telecinco a ocupar plaza de titular en la alineación de “Sálvame”, donde gusta mucho el acoso moral y verbal al invitado de turno, ya sea Bárbara Rey, la sobrina de Aznar o el ex de Víctor Sandoval. Siempre doliéndose, siempre con esa vena latiendo bajo la quijada, sudando y con los ojos batracios a punto de salírsele de las órbitas, Patiño es más que una tertuliana: es la drama queen por antonomasia, los Lakers del show time de este tinglado. JB

5. Lydia Lozano

Solo una auténtica superviviente del medio, una trilera superdotada, una prestidigitadora de los platós sería capaz de sobrevivir a una metedura de pata como la fallida resurrección de Ylenia Carrisi, la hija desaparecida de Albano y Romina Power. Es probable que en cualquier otro país Lydia Lozano ya estaría viviendo confinada en una prisión de máxima seguridad sometida a torturas propias de Guantánamo, pero en el reino del papel couché esta periodista madrileña es una de nuestras más inconmensurables heroínas. Somos fans a muerte de Lydia no solo porque ha conseguido salir impune de monumentales e históricas cagadas –¿alguien se acuerda del documental “La gran mentira del corazón”, donde difundía y daba por ciertos rumores sin contrastar ni corroborar un solo dato?–, sino porque, para más coña, ha sido después de estos históricos planchazos cuando ha gozado de mayor celebridad y proyección popular. Echémosle la culpa a su baile ‘chuminero’, a sus llantos desaforados, a sus broncas histéricas con media plantilla de “Sálvame” o a sus memorables arrebatos dramáticos, pero la realidad es que Lozano todavía es nuestra tertuliana favorita. DB

4. Ángel Antonio Herrera

AAH entró en esto del famoseo un poco por dinero, porque lo que él quería era ser poeta. Artista del verbo florido, empezó a escribir versos y a colaborar en prensa con lo que era una clarísima imitación del estilo entre barroco y chulesco de Francisco Umbral, tan calcado que no tardaron en sumarse los detractores que le veían como una vaga sombra del maestro, un equivalente literario al Hacendado de Mercadona, una marca blanca. Umbral siempre se cagó en la biografía-entrevista que le escribió AAH, a la que le sacó a relucir inexactitudes y un espíritu copión que, lógicamente, le molestaba. Pero no nos engañemos: Herrera escribe como dios, y ha llevado un espíritu gongorino a sus habituales columnas en Interviú o El Mundo –aunque ahora también gestiona un blog en Diez Minutos, titulado “La rosa y el látigo” como un libro de Umbral, y se ha pasado a ABC con David Gistau, donde además escribe de fútbol, que es lo mismo que decir el Real Madrid, porque lo demás no le importa un colín–, dando lustre de Siglo de Oro al cotilleo como no se veía desde los primeros libros de Jimmy Giménez Arnau, que son todos obras maestras, como ya ha quedado antes dicho. AAH destacó con su look agitanado, sus collares y sus camisas de flores, su melenaza y su postura de estar tomándose un gintonic y unos quicos mientras observa los culos de las señoras en las noches de “Tómbola”, donde ejercía de hombre de palabra rimbombante y exacta en medio de una jauría de hotentotes e invitados algo cortitos. Nos gustaría que apareciera más por televisión de lo que lo hace, pero no son buenos tiempos para la educación, y él, si hay que insultar, lo hace en endecasílabos, como Quevedo. JB

3. Kiko Hernández

Hay personajes que han nacido para la televisión y lo descubren a una edad tardía. Tipos que un buen día se dan cuenta de cual es su verdadero talento y la providencia les permite convertir un don oculto en un medio de vida. Hace quince años Kiko Hernández, aka ‘Chatín’, vendía pisos y moldeaba una vida gris y anodina lejos del mundanal ruido mediático; hoy, en cambio, este seguidor acérrimo de José María Aznar, jugador de bingo empedernido y anacoreta asexual, es una de las piedras angulares de “Salvame”, como lo fue en su momento de “A tu lado” o de “En antena”, y el enemigo más peligroso que cualquier famoso puede tener en la pequeña pantalla. Lo que Ice Cube definió en su momento como “the nigga you love to hate”. Kiko es nuestro ‘nigga’, ese referente odioso para la gran mayoría pero absolutamente indispensable para productores, directores, guionistas y espectadores descreídos. Kiko es a los responsables de “Sálvame” lo que Sergio Busquets es a Vicente del Bosque. Más corrosivo que la sangre de Alien, más ofensivo que el Barça que vapuleó al Santos y más malintencionado que una portada de La Razón, el ex concursante de Gran Hermano es un pintador de caras profesional y el mejor grano en el culo que le ha salido nunca al periodismo rosa. DB

2. Jesús Mariñas

Si no fuera porque nuevos gatos como Kiko Matamoros han traído nuevos aires a la información del corazón, trabajando nuevos espacios para obtener info –con micrófonos en las alcobas más selectas, en los baños de la Posada de las Ánimas y en las comisarías en las que se interponen denuncias por maltrato–, Jesús Mariñas seguiría siendo el rey absoluto y dominante de este corral. Mariñas, por decirlo bien y corto, es dios, el mayor ejemplo de longevidad y dominio de un arte que consiste en saberlo todo (y antes que nadie), en tener una agenda de teléfonos que para sí querría la CIA, un morro que se lo pisa (siempre invitado a saraos, a hoteles y a banquetes donde vive como un jeque y recaba información codiciada) y unos aires de suficiencia con los que nadie puede competir. Tras años picando piedra en revistas, radios y pequeñas reuniones televisivas, Mariñas se hizo con el trono de “Tómbola” y ocupaba siempre el sillón preferente (el más cercano al invitado y al presentador), jerarquía que siguió manteniendo en “DEC”, y que le permitía ser a la vez el poli bueno y el poli malo de los interrogatorios al famoso, folclórica, aprovechado o chivato de turno: comprensivo cuando le interesa tenerlo manso, directo al hueso cuando la presa ya está esquilmada y sólo quedan las vísceras. Su ingreso en “Sálvame”, hace sólo unos meses, fue una masterclass de cómo se maneja el cotarro: una entrevista pelota, un par de exclusivas, un beef dominado con autoridad, y un contrato por un pastizal y con privilegios sobre la mesa. El Jordan de lo rosa, sencillamente el mejor de la historia. JB

1. Kiko Matamoros

Orfebre del berreo, la confrontación, las amenazas y el discurso incendiario para amedrentar al contrario. Maestro de la intimidación, mente lúcida con cuerpo de portero de discoteca, esencia de boxeador parapetada tras camisas Gucci y vaqueros Dolce & Gabbana, Kiko Matamoros es el tertuliano más temido por cualquier invitado y, sobre todo, por sus propios compañeros del medio, incapaces de plantarle cara cuando nuestro ganador estira el dedo índice, señala a su víctima y empieza a soltar exabruptos, pullas, trapos sucios, señales de alerta y otras tácticas de guerrilla para hacerse amo y señor del plató. Artista y genio del léxico violento –su dialéctica se mueve entre lo ilustrado y lo callejero, entre los tecnicismos jurídicos y el insulto radical–, Matamoros es, junto a Kiko Hernández, el personaje que más ha facturado en los últimos cinco años: durante muchas semanas podíamos encontrarnos con él cada día, con doblete los viernes, día en el que, directamente, vivía, comía, cagaba y dormía en Telecinco, y el extra de sus intervenciones los sábados en La Noria. Ha tenido trifulcas, enfrentamientos y careos subidos de tono con todos sus colegas de programa, ha protagonizado algunas de las escenas más tensas que se le recuerdan al género, e incluso ha tenido tiempo de relatarnos aspectos turbios de su vida –su separación y reconciliación con Makoke, su progresiva ceguera, la relación cainita con su hermano Coto…– sin perder la compostura ni la dignidad, siempre con la muletilla ‘es decir’ como bandera de sus intervenciones. Como diría Pep Guardiola, Kiko Matamoros es el puto amo. DB

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