Columnas

Los mejores EPs de julio según PlayGround

Diez vinilos que han sobresalido del resto en las últimas semanas, del 10 al 1

Tras realizar una criba entre el material que nos ha ofrecido el mes de julio, os dejamos con nuestro listado de los mejores EPs que han llegado en estos últimos 30 días.

A lo largo de las épocas, hay formatos y tipos de duraciones en la manera de editar música que han gozado más prestigio que otras. Años atrás fue el single hasta que el LP tomó el relevo como forma más importante de presentar la obra de un artista, y entre medias se situó el maxi, más breve pero también suculento. Aquí somos muy fans del formato EP, cada mes le damos una cobertura generosa (a pesar de que se nos quedan por el camino decenas de títulos interesantes), y siempre intentando premiar la calidad y la originalidad. De la selección de julio –repartida en cuatro columnas, a una por semana–, le damos los puestos de honor a estos diez títulos.

10. H-SIK: “Sonic Rage / No Promises” (Black Acre)

La nota de prensa de Black Acre nos explica que H-SIK es oriundo de Costa de Marfil, criado en Ámsterdam, pero al que imaginamos más como un explorador del espacio o un viajero en el tiempo que otrora viviera en Chicago. Su sonido, a juzgar de “Sonic Rage”, es la mutación del footwork en un tipo de sonido ágil, expansivo, en el que los cambios de ritmo –rebajando BPMs si es preciso– son una licencia permitida por el bien de la pieza final. H-SIK lanza breaks veloces y los sazona con borboteos de música de videojuegos y sintes viejos, creando un tipo de sonido que, dentro de los outsiders de lo footwork, le localiza más cerca de Kuedo y Lil Jabba que de Machinedrum. No le perdamos de vista.

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9. Hysterics: “Club Constructions vol. 5” (Night Slugs)

Si el discurso de Girl Unit está basado en la sobreutilización de frecuencias agudas, una paleta rítmica quebrada y flexible, pinchazos de voz y efectos eufóricos de bocinas, Hysterics es todo lo contrario: octavas graves, bombos musculosos y esculpidos en piedra, sequedad vocal y un rigor propio del house más duro, el que siempre ha funcionado en clubes minimalistas, oscuros y frecuentados por gente hardcore, una nueva dirección en la que se conjuran influencias de viejas leyendas del hard house americano como Cajmere, DJ Sneak y el repertorio seco, más de bombo y caja, de DJ Funk.

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8. Dust: “Onset of Decimation” (Mannequin)

Formados en Brooklyn y editados en este su segundo 12” oficial vía Roma –ciudad del excelente sello Mannequin, dedicado al revival de la dark wave y todo lo que suene ochentero y bombeado–, Dust funcionan como un colectivo donde cada miembro –John Barclay, Michael Sherburn, Angela Chambers, Green Jellyfish– funciona en equipo o por separado y con un ideario sonoro que se remonta a los tiempos del primer acid house y el despertar del new beat belga (lo que todo revuelto llevaría al hardcore y al trance), en lo que parece ser una respuesta a las últimas maniobras del sello DFA vía su nuevo buque insignia, Factory Floor: largas jams de 303eses lisérgicas y percusión electrónica no exactamente metronómica que reactivan a lo grande el concepto de la ‘technostalgia’.

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7. Sensate Focus: “Sensate Focus 1.666666666” (Sensate Focus)

Con cuatro maxis de enorme inventiva rítmica y textural, sacando todo el partido posible de los recursos de edición –y modulación digital–, Mark Fell se reinventó como productor house el año pasado, primero camuflado bajo el alias Sensate Focus. La idea era reunir algunas ideas fundamentales del discurso deep house y garage –el uso de voces hechas cachitos y vueltas a juntar, el uso de bombo y bajo con un ligero desajuste rítmico para crear un efecto de swing– y darles una pintura experimental de clicks’n’cuts, errores de lectura intrigantes y sonido pulido hasta la obsesión. En el diabólico “Sensate Focus 1.666666666”, Sasu Ripatti (Vladislav Delay) le echa una mano y, gracias a él, la música gana en cuerpo y musculatura, con una base rítmica más marcada y elástica, que hace que los temas recuerden a viejos clásicos del speed garage británico, sobre todo por la gordura de los bajos.

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6. Magic Mountain High: “Live At Freerotation” (Workshop)

La cara A, que es un extracto de una semi-improvisación en directo en el festival Freerotation de 2012, clava 17 minutos de techno errático y post-detroitiano con melodías abstractas, bombos mutantes y adornos vaporosos, y la otra ( “May The Box Be With You!”) se extiende más allá de los 13 con una cosquilleante línea de bajo ácida a la que luego se le enroscan arpegios traviesos, pads cósmicos y beats huecos, con la sorprendente habilidad de no remitir exactamente ni al viejo sonido Perlon ni tampoco al más obvio revival Detroit. Que es lo que lleva haciendo desde hace años a Workshop un sello esencial, básicamente.

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5. Lone: “Airglow Fires” (R&S Records)

Justo cuando el calor empieza a ser horrible, llega la versión física y oficial del nuevo maxi de Lone, un hombre que parece haberse especializado en el buen rollo. El tema titular es un mullido tratado de cyber-funk con sintes gordos, campanillas y un final de beats abstractos que podría venir firmado por proyectos venerables de la Motor City como Innerzone Orchestra, mientras que “Begin To Begin” prolonga el sosiego galáctico con sintes planeadores y acordes propios de un cuarteto de jazz-fusión: con sus aires a lo Herbie Hancock / Model 500, parece ser un paso decisivo de Lone hacia su edad adulta.

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4. Varios: “SUB:STANCE / 072008 072013” (SUB:STANCE)

Durante cinco años, la fiesta SUB:STANCE en Berghain ha permitido un diálogo entre techno y dubstep que la semana pasada llegó a su fin al entender Scuba que no tenía sentido seguir acotando dos mundos contaminados entre sí en compartimentos distintos. A modo de testamento se ha planchado este doble maxi en el que queda constancia de seis temas exclusivos firmados por algunos de los artistas que han representado el espíritu SUB:STANCE, y que además funciona como colección de tracks capaces de hacer saltar las alarmas de euforia en los clubes de gesto serio y mirada perdida en el infinito. Y todo proteínico.

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3. Lords of Midnite: “Drown In Ur Love EP” (Unknown To The Unknown)

En Unknown To The Unknown, sello con fama de amigo del chiste, dicen que Lords of Midnite son “una secta de alienígenas humanoides perdida durante generaciones y prácticamente borrada en su totalidad de los libros de historia”, lo cual hace pensar en una mitología a lo Drexciya. Pero no es electro ni techno lo que suena en “Drown In Ur Love EP”, sino una especie de house progresivo con abundancia de capas atmosféricas y densidad emocional sujetado por una rítmica poderosa, que a veces es housera y a veces un breakbeat hardcore (el tema titular es como un “Papua New Guinea” sin la parte épica).

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2. Interplanetary Prophets: “Zero Hour” (Planet Mu)

El concepto detrás de Interplanetary Prophets es una tonelada de chatarra encima de la mesa y cuatro manos habilidosas para destripar y ordeñar el hardware: cajas de ritmos, sintes del año de la tos, botones, ruedas, incluso sin sincronización MIDI, con mucha parte tocada de oído. Así es como sale al final la música, como si el altavoz fuera el cráter de un volcán en erupción de basslines de reminiscencia ácida, bombos descuadrados y paisajes sintéticos de mucho grano. Jamal Moss (Hieroglyphic Being) e Ital desarrollan un house áspero y ardiente y, al final, un ejercicio que parece cruzar drones de la escuela de Pauline Oliveros, electroacústica próxima a Stockhausen y esa idea del ambient que tienen algunos productores techno con demasiada fijación con lo sci-fi.

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1. Special Request: “Hardcore EP” (Houndstooth)

“Hardcore EP” es el EP firmado por Paul Woolford como Special Request, y que incluye dos temas nuevos que recuperan el hard techno antiguo, el de la escuela neoyorquina (mucho Joey Beltram), y las polirritmias jungle desde un punto de vista arty, el de un hipotético cruce entre Aphex Twin y Doc Scott. Dicho así, suena apetecible, y eso que los dos remixes que completan el vinilo son aún mejores: el de Anthony Naples ( “Mindwash”) es un caos lo-fi que hará mojar ropa interior al público aficionado al drum’n’bass experimental y el de Lee Gamble prolonga durante seis minutos la tensión y la trascendencia de un interludio ambiental en medio de una convulsa pieza hardcore. Dicho en plata: la polla.

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