Columnas

La mejor semana del año

Siete días de cultura pop en diez comprimidos masticables y de buen sabor

Ha estado bien la semana. Aunque no lo parezca, mejor que la anterior (que ya era la mejor del año, quod erat demostrandum), y los motivos son tan poderosos como el nuevo single de Daft Punk, que aunque lo odies es hit, la adaptación al cine de “On The Road”, el disco de Houses y el humor anti-hipster de Jimmy Kimmel. Incluso las decepciones suman.

“I watched the house as it fell right to the ground / I was away from you.” ( “Beginnings”, Houses)

¿Podría existir un beatnik en 2013? Permítanme dudarlo. Aquella inocencia –aquella verdad, si me apuran– en la búsqueda de nuevos terrenos para explorar, para vivir, parece haberse disipado. El beatnik de 2013 se moriría en cuanto perdiera cobertura. Y en lugar de pensar en largas parrafadas de prosa libre, lo haría en porciones de 140 cc. Las imágenes no quedarían grabadas en su cabeza sino en Instagram. Y en lugar de hacerse preguntas, dejaría que se las hiciera la página inicial de Facebook: “¿Cómo te sientes, Kerouac?”. Los beatniks –cierto es– podían ser algo pesados, pero hay una inconsciencia en su gesta que parece haberse perdido para siempre.

No sé cómo lo han conseguido, pero lo han conseguido. Las redes sociales nos han convertido en sus esclavos y modificado nuestra forma de observar el mundo y expresarnos; ahora nada de lo que hagas a sus espaldas parece existir, tener ningún valor. ¿Para qué viajar si en esa jungla no hay cobertura? ¿De verdad en China no podré usar Facebook ni Twitter? Parecemos vivir al servicio de las redes –casi provocando las situaciones adecuadas para abastecerlas– y no al revés, que ellas nos sirvan de algo. Llámenme antiguo, pero me apena saber que dentro de un tiempo mis recuerdos de 2010-2013 podrían ser un puñado de pestañas. Y no de las oculares, las bonitas.

El affair Daft Punk

Con el nuevo single de los robots ha pasado como con el “In Rainbows” de Radiohead. El diálogo alrededor de su campaña de promo parece haberse comido –o, como mínimo, ha contaminado– el diálogo en torno a la propia canción. Y es una pena, porque “Get Lucky” no será vanguardia, como sostienen sus detractores, pero es perfección pop, que tampoco es poca cosa. Una canción destinada a triunfar en todas las bodas. Pharrell nunca ha cantado mejor (ese gran falsete en el puente), y Nile Rodgers se marca un gancho antológico en la guitarra. Es tan buena que podría ser del Jacko bueno. Si no lo creen, escuchen la versión acelerada de abajo.

Diarios de Hudson del 49

“On The Road” no echa por tierra la idea de “En La Carretera” como libro infilmable, pero es un intento loable que consigue, por momentos, replicar los ritmos internos de Kerouac, su flujo libre. Sorprende –aunque ya dejó bocas abiertas en “Control”– el pathos de Sam Riley como Sal Paradise, alter ego de Kerouac, así como la intensidad, ésta más física, de Garrett Hedlund como Dean Moriarty, alter ego de Cassady. Es la historia de dos hombres sin padre que buscan ampliar el territorio conocido y aplacar los demonios de la depresión, la desesperanza y los potenciales no realizados. También es la historia de las mujeres de sus vidas, como Marylou y Camille, encarnadas con increíble verdad por, respectivamente, Kristen Stewart y una señorial Kirsten Dunst.

Sin rozar la perfección, “On The Road” se acerca a la idea de un diario personal cinematográfico con mayor inspiración que “Diarios de Motocicleta”, de los mismos Walter Salles (director) y José Rivera (guionista). En ella hay páginas-secuencias que reproducen el flujo de conciencia del libro de una manera intoxicante. Y cuando quiere golpear duro, suele conseguirlo. Difícil quedar impertérrito ante la confesión de Carlo Marx: “No puedo llamar a lo que siento mal de amores; es demasiado banal. Melancolía es demasiado lánguido. Dolor es lo que más se acerca”.

El horror, el horror

Después de un fiasco como “Aftershock” –que coescribió, produjo e interpretó–, Eli Roth parece decidido a aniquilar del todo su credibilidad con “Hemlock Grove”, su producción para Netflix, cuyo primer capítulo además dirige. La serie arranca con el asesinato de una joven de 17 años, Brooke Bluebell, en un pueblo –otro más, que la sombra de “Twin Peaks” sigue siendo alargada– donde casi todos podrían ser el asesino. Su trama posterior de hombres lobo y otros bichos puede remitir a “True Blood”, pero imaginen esa (decadente) serie sin humor, locura ni electricidad, y sabrán a qué se enfrentan con “Hemlock Grove”: un desaguisado de grandes proporciones que se mueve a ritmo ponderoso, sin ninguna alegría, entre diálogos cochambrosos, un exceso de pistas falsas y los breves golpes de violencia y desnudez que no pueden faltar en 2013. Como con “House of Cards”, Netflix ha estrenado todos los episodios al unísono, pero si esto llega a ser de otra cadena no dura en antena ni dos entregas.

Ser buena malamente

Amanda Palmer tiene una extraña capacidad para encontrar malas maneras de ser buena persona. El otoño pasado lanzó un cásting para buscar músicos freelance –una sección de viento y un cuarteto de cuerda– que quisieran tocar en cada una de las treinta actuaciones de su gira; solo que era para tocar for free, claro está. Esta semana ha vuelto a liarla con su poema dedicado al atentado de Boston, que intenta mostrar el reverso humano de Dzhokhar Tsarnaev a través de versos inexplicables. Por ejemplo:

“no sabes lo orgásmico del acto de tomar una bocanada de oxígeno hasta que aguantan tu cabeza debajo del agua.

no sabes cuántos rollos vietnamitas pedir.

no sabes lo convencidos que estaban tus padres de que tener niños sería, absolutamente, sin duda, la cosa correcta que hacer.

no sabes lo precioso del tiempo de batería de tu iphone hasta que estás escondido en el fondo del barco.”

En el sitio donde puede leerse la joyita, la ex-Dresden Doll ha reservado un espacio para donativos a las víctimas (bien) y también ella misma (ajá).

Cotilleo indie de altura

Esta semana en la revista ‘ELLE’, Kim Gordon hablaba sin grandes miedos de la razón detrás de su ruptura con Thurston Moore. Un clásico: Otra Mujer. En el artículo de Lizzy Goodman puede leerse: “Hace algunos años, una mujer de cuyo nombre Gordon prefiere no mencionar se convirtió en parte del mundo de Sonic Youth, primero como la novia de un miembro ocasional del grupo y después como compañera en un proyecto literario con Moore. Finalmente, Gordon descubrió un mensaje de texto y se enfrentó con él sobre el affair. Fueron a psicoterapia, pero él siguió viendo a la otra mujer”.

Moore se fue. Gordon se quedó en casa oyendo rap, “realmente bueno cuando estás traumatizada”. Pero cuando su vida parecía empezar a estabilizarse, fue diagnosticada con una forma no invasiva de cáncer de mama llamada CDIS (carcinoma ductal in situ); aquello requirió una lumpectomía. Pero la acumulación de desgracias no ha podido con el espíritu de Gordon, quien, según señala Goodman, está triste –tampoco lo oculta– pero también es consciente de que cerrar unas puertas abre otras. Gracias a este retrato emocionante, Gordon fue trending topic, lo que asustó a gente como el crítico musical del New Yorker Sasha Frere-Jones.

I am glad that Kim Gordon is trending because she is awesome, and alive. Got scared for a second there.

— Sasha Frere-Jones (@sfj) April 22, 2013

La bancarrota (creativa) de Phoenix

“Wolfgang Amadeus Phoenix”, los scrobblings no engañan, es uno de los discos que más he escuchado en los últimos años, si no el que más. Y esperaba su secuela como quien espera la devolución de Hacienda. No debía. El golpe ha sido demoledor. Lo he intentado y re-intentado, observado desde distintos prismas, oído en todas las situaciones del mundo, pero “Bankrupt!” no (me) funciona. Igual que hay películas en las que puedes ver claramente los problemas que ha habido en el rodaje –saltos extraños de montaje, etcétera–, en “Bankrupt!” es fácil escuchar a un grupo luchando, en vano, por preservar la magia de anteriores hazañas. Giros melódicos extraños, estribillos anticlimáticos, producción poco mesurada. Tampoco “Entertainment” crece con el tiempo. Ni Dirty Projectors ni Grizzly Bear han logrado mejorarla con sus remezclas. La mejor revisión aparecida hasta ahora debe ser la (no oficial, al menos todavía) de Pional, grabada en tiempo récord y con una oreja chunga: bravo.

Rectificar es de indies

Es probable que si no tienes alergia al cine indie estadounidense y sus más conocidos parámetros de estilo, encuentres algo de interés en “Rectify”, la nueva serie propia de Sundance Channel (en España desde el 2 de mayo, a las 22.00 h.). De lo contrario, aléjate prudentemente. Personalmente, no tengo problema, más bien al contrario, con ese tipo de estética, composiciones visuales, gusto musical: suena Bon Iver. Así que he visto el primer capítulo de la serie –una apuesta de Ray McKinnon, el reverendo Smith de “Deadwood”– con agrado, a veces hasta placer. Y según dicen, esta historia legal de un presunto asesino puesto en libertad y en busca de su reinserción social muestra toda su verdadera valía a la altura del tercer de sus seis capítulos. A seguir.

Pretty hipster liars

La popular sección “Lie Witness News” del programa de Jimmy Kimmel ratificó esta semana que Coachella va de cualquier cosa menos de música. Un puñado de hipsters afirmó conocer a grupos inexistentes como Dr. Schlomo and the GI Clinic y, este nombre me gusta, Get The Fuck Out Of My Swimming Pool. No estoy del todo seguro de la autenticidad del documento –la última entrevistada, en particular, parece fake–, y alguien debería decir al equipo de Kimmel que Two Door Cinema Club existen, pero la idea es buena. A continuación uno de los fenómenos virales de la semana.

El principio del fin

Houses dan su particular do de pecho en “Beginnings”, el tema apropiadamente inicial de su nuevo álbum, un “A Quiet Darkness” que no solo confirma la promesa de “All Night” (2010), sino que habla de un grupo de una intensidad nueva; entre surco y surco del nuevo disco hay zanjas profundas, las emociones resuenan en ese vasto espacio. En el vídeo de “Beginnings”, Megan Messina –50% de Houses con Dexter Tortoriello (Dawn Golden & Rosy Cross)– sonríe mirando a cámara, la cabeza fuera del coche, el pelo ondulando, en cámara lenta. Es algo embrujador.

La canción del año de esta semana

Tentado he estado de volver a hablar de “Get Lucky”, pero como la tendréis más que quemada, mejor escojo “All You’re Waiting For” de Classixx (con Nancy Whang de LCD Soundsystem). Nu-disco de altísimo nivel que envía escalofríos por el espinazo, sobre todo a la altura de un chorus que merece que le pongas un piso. Gran éxito en mi casa, canción del verano en mundos bien.

Next: Beacon y la música para conducir de noche, “Iron Man 3”, hitos del D’A y otros siete secretos para vivir una vida plena, o algo.

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