Columnas

La mejor semana del año

Siete días de cultura pop en diez comprimidos masticables y de buen sabor

No exageramos cuando decimos que ésta ha sido la mejor semana del año, y no aceptamos discusiones: parece que vuelve “Veronica Mars” (yes!), y ha vuelto muy bien Justin Timberlake, tan bien o más como los remixes de Haim y la película del año de esta semana, “Spring Breakers”. Incluso el momento sórdido (en “Girls”) ha dejado huella indeleble.

“My loneliness is killing me / I must confess, I still believe / When I'm not with you I lose my mind” (Britney Spears, “…Baby One More Time”)

Dicen por ahí que todo cambió en 1993, que ese es el año clave para entender nuestra realidad de ahora mismo. Fue el año del primer navegador web, o al menos el primero que se hizo ver con claridad: el NCSA Mosaic. El año de Beavis & Butt-head llegando a la tele para apostar por una eterna adolescencia a la que nos hemos apuntado todos. El año en que Moby demostró los lazos potentes de la música con el márketing. El año en que Chloë Sevigny se mudó a Nueva York para convertirse en penúltima obsesión de Jay McInerney, quien la catalogó en un artículo de siete páginas en ‘The New Yorker’ como “la chica más cool del mundo”. Etcétera. Etcétera. Etcétera.

Poco después, Sevigny rodaba “Kids”, cuyo guionista, Harmony Korine, sabe, como yo, que el año clave para nuestra modernidad es otro. El año es 1998. El mejor año de esta semana. El año en que “Half-Life” revolucionó nuestra idea de lo que debía ser un videojuego a base de interactividad insólita y grandes ideas de montaje. El año en que Clinton fue acusado de tener relaciones sexuales con una becaria de la Casa Blanca; inspirando así “The Good Wife”, eje de tantas existencias. Pero, sobre todo, el año en que Britney Spears nos hipnotizó y destruyó con un himno innoble e inmortal, “…Baby One More Time”, ahora de vuelta en las mejores salas con el estreno de “Spring Breakers”, el filme del año de esta semana. Esta columna va por ti, Britney.

Oz, un mundo de pesadilla

Comparto un puñado de manías con Larry David y una de ellas es: si empiezo algo, lo acabo. Libros y películas, al menos. Pero a punto estuve de incumplir esta regla con “Oz, Un Mundo de Fantasía”, incursión de Sam Raimi en el mundo de L. Frank Baum. A pesar de los avances vistos, creí que algo positivo podía, debía, salir de aquello. Craso error. El prólogo en blanco y negro puede tener un pase, pero una vez la pantalla se ensancha y el mundo cobra color y relieves tridimensionales, queda poco por ver. O escuchar: ignoro qué partes del guión pudo escribir el dramaturgo David Lindsay-Abaire.

“Oz, Un Mundo de Pesadilla” viene a representar como pocas películas recientes la peor vertiente del blockbuster moderno: esa fantasía hipertrofiada en la que nada resulta creíble, los actores se mueven como zombis por paisajes obviamente generados a posteriori –debe resultar muy aburrido interpretar contra pantallas verdes– y hablan torpemente con criaturas también cultivadas en posproducción, y los ojos escuecen a la salida porque el ojo no está habituado a bailar en 3D durante 130 minutos. Como colirio visual e intelectual, recomiendo, de nuevo, “Weekend”, aunque cuídense de llevarse a sus hijos, que la droga corre a placer en esa casa.

Spring break forever, bitches

Tampoco recomiendo a ningún padre llevar a sus hijos a “Spring Breakers”, aunque aparezcan Selena Gomez, Vanessa Hudgens y una de las “Pequeñas mentirosas”. No sean despistados, no crean que esto es un spin-off de “High School Musical”. Lo que Harmony Korine plantea en su mejor película es un viaje alucinado al fin de la inocencia, una cinta de gángsters posmoderna en clave de videoclip etéreo y líquido –dicho como piropo–, cargada de vicio, humor y extrañeza, también de una rara belleza, como si en sus imágenes se recogiera la esencia última de la vida.

“Spring Breakers” se planta ante la retina como un canto sin moraleja a los placeres primarios y a los códigos alternativos, a la posibilidad de una isla que habitar sin ataduras. Es un juguete pop tan peligroso, si quieren, como “El Club de la Lucha” de Fincher en su mágica defensa del nihilismo. Sus imágenes son tan bellas, su ritmo tan hipnótico, que resulta difícil no rendirse al magma colorido y a los bikinis y el flúor y gritar: “Spring break forever, bitches!”. A robar un banco todos, mañana, va.

Debajo, Ashley Benson, Selena Gomez y Rachel Korine recuperando su a capella de Britney de la película en el festival SXSW.

Máxima ansiedad

También en torno a adolescentes con manos largas gira la próxima película de Sofia Coppola, “The Bling Ring”, inspirada en el caso real de un grupo de jóvenes que usaba la red para seguir el rastro de las celebrities y robar sus casas. El tráiler ha llegado esta semana y alegra la retina: éxtasis pop, belleza juvenil, la sugerente promesa de ¡acción! –esos cristales rotos– en un filme de Sofia Coppola… Y por supuesto, también esta esa banda sonora, “Crown On The Ground”, de Alexis Krauss y Derek E. Miller, aka Sleigh Bells. Todo encaja, todo brilla. Bling-bling.

Semana Justin (1)

Ni siquiera alguien como Justin Timberlake, que nada sabe hacer mal, se libra de los haters, pero en su quinto paso por Saturday Night Live se lo puso difícil a los afiladores de cuchillos. Puede que los sketches no fueran nada del otro mundo, pero Timberlake supo poner al gag gris, carisma explosivo. Y qué diablos, al menos uno de ellos fue enteramente épico. Hablamos de su reunión con Andy Samberg para repetir como 50% del dúo de “Dick in a Box”. En esta ocasión la pareja participaba en una parodia de “The Dating Game” que incluía, además, un segundo revival, este de otra pareja más añeja, los hermanos Festrunk de Steve Martin y Dan Aykroyd. Delirio intergeneracional de museo.

Momento “Girls”

Si ahora mismo apareciera un mensajero de la HFPA en casa de Lena Dunham para retirarle el Globo de Oro a la mejor comedia, Dunham debería aceptar y devolver el premio. Y de paso, el de mejor actriz cómica. Porque lo que “Girls” ofreció el pasado domingo solo puede calificarse de incómodo e insano, casi insoportable. Vimos a Hannah Horvath reventándose un tímpano con un bastoncillo y a punto de reventarse el otro. Pero, aquí viene lo peor, también a Adam cayendo más bajo que nunca en una secuencia de sexo destinada a generar miles de debates.

Algunos se preguntan si aquello fue violación, otros –como el “Boys on Girls” de Slate– hablan inteligentemente de la escena como una condena del porno. En el desdén y la violencia con que Adam trata a Natalia en dicha secuencia resuenan toda clase de males, desde la rabia de clase a la psicosis, pero también, absolutamente, la sombra del porno como generador de raudas e incómodas estructuras para el acto sexual. Incómodas en particular para la mujer.

No tanto antes, habíamos visto a Natalia decirle a Adam que si la besaba suficiente, todo iría bien durante el acto. Adam rediseña/desfigura el siguiente momento íntimo a partir de una violencia de raíces impulsivas, pero programada a partir de imposturas gonzo asentadas en su psique. Fue el momento más oscuro de “Girls” y uno que resonaba todavía al despertar, como algo que desearías no haber vivido la noche antes.

Semana Justin (2)

Como admirador irredento de “FutureSex/LoveSounds” (2006) y toda una serie de aventuras posteriores de JT, de su parodia de Bon Iver a su paso por “La Red Social”, me costaba creer lo que decían algunas críticas sobre “The 20/20 Experience”. Toda esa tibieza me desconcertaba. Y aunque puede que se echen en falta rastros de 2013 en este nuevo, ambicioso y a todas luces excesivo álbum –es una especie de viraje no sé si necesario al sonido de los primeros dosmiles–, hay en él suficientes destellos de genio para volver a aplaudir y sonreír. Destellos y como poco varios temas perfectos: el grower “Suit & Tie”, “Mirrors” –nuevo “Cry Me a River”, quizás–, la balada final “Blue Ocean Floor” y, sobre todo, una hipnótica y orientalista “Don’t Hold the Wall” que es tan JT como MJ.

Veronica’s Back

Antes incluso que “Brick”, la estupenda teleserie “Veronica Mars”, con Kristen Bell como heroína, ya planteó la posibilidad de cruzar el drama de instituto con el neonoir, sin dejar de lado el humor. Cancelada hace más de cinco años, ha sido llorada y reivindicada por sus fans desde entonces. La tan comentada continuación en forma de película no parecía llegar nunca, pero el momento es, definitivamente, ahora: el creador Rob Thomas lanzó un Kickstarter esta semana para financiarla y en poco más de nueve horas había logrado los dos millones de dólares pedidos. Muy loco el tema.

Solo espero que en la película vuelvan a contar con Jessica Chastain.

Grandes Small Black

A tenor de lo escuchado en su nuevo single, Small Black han sabido evolucionar desde la órbita chillwave a un lugar atractivo. “Free at Dawn” es una canción de sonido espacioso y depurado, menos lo-fi que hi-fi, con algo de épica tranquila y una absoluta sensación de confianza. La melodía podría haber sonado en “New Chain”, pero Josh Hayden Kolenik desliza las palabras con nueva capacidad de seducción. Hay ganas de escuchar “Limits of Desire”, nuevo álbum con fecha de salida para el 14 de mayo.

Gloria bendita

Uno sabe que una canción le entusiasma cuando, a pesar del tiempo en el oficio, no encuentra las palabras para apresarla. Del “Everyday” de Ibéria –misterioso proyecto nu-pop del que cada nueva noticia es un milagro– solo se me ocurre decir que suena como Crystal Castles dando un concierto a las puertas del cielo, pero esas palabras no le hacen justicia, porque Ibéria cultivan su propia rama de belleza y porque en el cielo no pueden pasar cosas tan, tan buenas. Aquí va el videoclip, que apuesta por las calles en lugar de las nubes.

La canción del año de esta semana

Es un remix. El que se ha currado Adam Dyment, alias Duke Dumont, de “Falling”, ese single de Haim del que es tan fácil enamorarse. Yo pensaba que con los temas de Haim, como con los de The xx, apenas podía hacerse nada: la perfección es irremplazable. Pero ya van varias veces que cambio de idea. Primero fue con los “Forever” de Lissvik y Lindstrom & Prins Thomas, y ahora con este veraniego e imponente remix, que si no cura las penas, ayuda a maquillarlas.

Next: El nuevo de Marnie Stern, “Bates Motel”, “The Host” y otras siete buenas formas de poner al mal tiempo, fulgor pop.

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