Columnas

La maternidad es un monstruo (y otras cosas que aprendimos con Orange is the new black)

¿La tercera temporada de OITNB? 13 capítulos llenos de lágrimas y risas, donde la maternidad es la gran protagonista

¡Cuidado, SPOILERS de la tercera temporada!

La maternidad es un monstruo.

Un monstruo para las que sólo pueden ver a sus adorados hijos una vez por semana.

Un monstruo para las que han tenido que abortar después de ser violadas.

Un monstruo para las que se han visto obligadas a abandonar a sus bebés por ser más pobres que un perro callejero.

Un monstruo para las que dudan sobre su género, aunque jamás dudarían sobre el amor que sienten hacia sus hijos.

Un monstruo para las que nunca pudieron engendrar.

Un monstruo para las que son demasiado mayores, y ven cómo su deseo aumenta y sus posibilidades menguan.

Un monstruo para las que envejecieron y ahora sus pequeños son hombres robustos y tontos.

Un monstruo para las que no quieren niños, pero se ven envueltas en una sociedad que las maldice y no las comprende cuando toman la decisión de ni siquiera desearlos.

Cada mujer es un vientre

Si tuviera entonces que hacer una sinopsis de la tercera y magnífica temporada de Orange is the new black, diría que esta serie es un resumen de lo que significa ser mujer hoy.

De todo lo frustrante y delirante que es tener útero y vagina. De lo difícil que es para muchas de nosotras —y también de los que nos rodean— cambiar esta percepción.

Úteros y vaginas olorosas

Hace ya dos semanas desde que Netflix entregara al mundo los 13 nuevos capítulos de esta serie ambientada en una cárcel femenina.

Capítulos plagados de lágrimas, de tensión y de mucha tristeza, que han dejado a un lado la historia de su protagonista, Piper Chapman, y que por fin han dado voz a las almas de Litchfield, la prisión en la que la que precisamente el alter ego de Piper Kerman, autora del estas memorias , cumple condena.

Capítulos, también, bañados de desconcierto y de dolor, en donde la maternidad y las vaginas han sido sin duda sus grandes protagonistas.

El 01x03 quizá sea el más significativo de todos hasta la fecha. 50 minutos bajo el título de “El día de la madre” en los que se pudo apreciar el peso que tal palabra tiene sobre cada uno de los personajes que desfilan por las instalaciones de la cárcel.  

Lesbianas, transexuales, católicas, judías, ateas, negras, chinas, latinas, blancas, rubias, pijas, pobres, estériles, embarazadas, madres de familia numerosa, madres de un bebé al que no verán nunca más, mujeres que han experimentado múltiples abortos, mujeres que odian a los niños, mujeres que, en realidad, todavía son muy niñas…

El de Dayanara no es el único caso: en OITNB las madres sufren mucho

De todas, la maternidad de Dayanara Díaz sigue siendo la más representativa. En esta temporada, la pobre preñada tiene que decidir entre dar su hijo a su falsa abuela, la madre de Moustache, o quedárselo a riesgo de criarlo en la peor de las familias, después de que el padre de su hija las abandonara.

Algunos fans de la serie siguen esperanzados en que Bennett regrese para salvar a la pequeña. En algunos foros, de hecho, se rumorea que un personaje como él no puede desaparecer así como así. Después de la redada policial a la familia de Díaz, de hecho, ¿no sería su llegada más oportuna que nunca?

Pero Dayanara no es la única madre sufrida.

Dentro del corazón de prácticamente todas las reclusas hay alguna historia relacionada con lo maternal. De entre todas, estas son las más descorazonadoras:

La de Sophie, la madre transgénero que ante la adolescencia rebelde de su hijo desearía enseñarle cosas que sólo puede hacerle ver un padre. ¿Se estará replanteando la manera de criar a su hijo?

La de Mendoza, preocupada porque su familia no va a visitarla y porque su niño mayor va por el camino de convertirse en un matón.

Y, sobre todo, la de Dogget, ese personaje que tanta repulsión causaba al comienzo de la serie, pero que ahora cae simpático e incluso provoca compasión, porque al fin lo comprendemos.

Dogget llegó a prisión por disparar a una enfermera que la insultó por su “adicción” a abortar. En el capítulo uno de la temporada tres, podemos ver a la delgaducha exdrogadicta llorando por todos sus bebés abortados en un pequeño cementerio, mientras sus compañeras celebran el día de la madre.

En esta escena sentimos su dolor, hasta que Little Boo llega para convencerla de una conclusión a la que llegó leyendo Freakonomics: si sus hijos hubieran nacido, serían unos auténticos delincuentes como ella, ¿y quién quiere traer a más niños a un mundo así?

Empoderamiento y sueños

Un mundo de mierda, dice entonces Piper Chapman.

Un mundo de mierda en el que las mujeres son sometidas, encarceladas (sin necesariamente vivir en una cárcel) y tratadas como ratas; y del que sólo ellas pueden evadirse.

A veces escapar no significa estar al otro lado de los barrotes

La pija protagonista de Orange is the new black decide, al observar a sus compañeras, que es el momento de comenzar una revolución y empoderarse aprovechándose de esa misma sociedad que las oprime.

De los úteros pasamos a las vaginas y de las vaginas pasamos entonces a las bragas, y al mercado negro de ropa interior usada que llevará a todas las reclusas a sentir no ya un poco de esperanza, sino más bien un poco de ilusión.

Como la propia Champan reivindica hacia el final de la temporada, ¡hagamos que nuestros flujos viajen por el mundo, más allá de los muros que nos han impuesto!

Así es: esas mujeres sólo buscan un respiro. Un motivo para vivir.

Porque la vida las ha tratado mal, y les ha convertido en todo lo que ahora son: un puñado de inútiles con sueños y con la simple esperanza de sentirse un poco amadas.

Un poco libres.

Un poco menos sometidas.

Un poco menos terribles.

Hace unas semanas, las declaraciones de George RR Martin a propósito de las violaciones y la misoginia en Juego de Tronos dieron la vuelta a Internet.

A muchos espectadores y críticos les han resultaban desagradables y fuera de lugar algunos comportamientos y escenas relacionados con las mujeres que se han dado a lo largo de las cinco  temporadas.

La culpa siempre es de ellas

Sin embargo, cuando miramos series como Orange is the new black —toda ella basada en hechos reales— nos damos cuenta de que el maltrato, la violación y el desprecio hacia las mujeres no es sólo cosa de cuentos situados en paisajes lejanos y en mundos imposibles.

Algo así es precisamente lo que declaraba Martin: «si escribes sobre la guerra y no cuentas nada sobre este asunto, estás siendo deshonesto. Las violaciones, por desgracia, todavía son parte de las guerras. No es el mejor testamento que puede dejar la especie humana, pero no creo que podamos fingir que no existen».

No podemos negar entonces que el machismo y su violencia están demasiado cerca de nosotros, más de lo que a diario imaginamos.

Por eso cuando una mujer es violada por un oficial en una cárcel estatal no pasa nada ( posiblemente sea culpa de ella, que está desesperada).

Por eso cuando una mujer está a punto de suicidarse por sufrir bullying nadie se responsabiliza ( posiblemente sea culpa de ella, que está loca).

Por eso cuando una mujer tiene cáncer y reclama cariño las instituciones la olvidan (posiblemente sea culpa de ella, que se lo merece).

Por eso cuando una mujer no puede criar a sus hijos nadie la compadece (la culpa es definitivamente suya: es un monstruo).

Sexismo basado en hechos reales

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