Columnas

Un martes cualquiera

Carlos Vareno

Advertencia: si usted se considera una persona bien pensante, digno y honorable miembro de esta sociedad que, al mínimo roce con el herético arte del chisme, de la patraña, del trebejo y el cotilleo, no puede evitar apartar su rostro con una ligera mueca de repulsa ante el solo indicio de lo insustancial, pare ahora mismo de leer estas palabras, tómese un reconfortante respiro, y si usted es tan amable, váyase a tomar por culo por donde haya venido. Que nos va a arruinar el chiringo, y eso no se lo vamos a tolerar.

Los demás, hijos de este siglo corrupto, caterva de fieles seguidores de los berrinches de la Esteban y los ataques psicóticos de la Britney, habéis de saber que el martes por la noche de la semana pasada no ocurrió absolutamente nada. Bueno sí, la que iba a ser una entrega anodina de premios de la cadena de televisión MTV, se convirtió por arte y gracia de la juglaresca, en uno de los eventos de suma trascendentalidad mediática del año. Lo que oís, corazones pérfidos de otoño. De los platós televisivos de la cadena en Times Square a los arrabales de Kazakhstan, el martes por la tarde de la semana pasada se recordará hasta la posteridad como "aquel día en el que Kanye West la jodió del todo".

Era el momento de la entrega del premio al "mejor vídeo del año de una artista femenina". Estaban nominadas las sospechosas habituales Pink, Katy Perry, Kelly Clarkson, Lady Gaga, Beyoncé, y la debutante Taylor Swift. Como es natural, la silicona anidaba omnipresente entre los asitentes de la gala, la coca volava a raudales en los cuartos de baño del anfitatro, y los Jonas Brothers hacían extraños pactos con el diablo en la intimidad de su conciencia, cuando un par de tipejos finalmente nombraron a Taylor Swift como ganadora. Ahora imagínense a la típica moza norteamericana, que de tan rubia y blanca termo-nuclear, cuesta horrores concentrar la vista en su rostro cincelado por el bótox. Un ángel republicano algunos ya se han atrevido a clamar ante su bandera de rayas royas y estrellas azules. Ahora imaginen a esa criaturita subiendo anonadada las escalinatas del escenario para recoger su cacho de gloria, un premio en forma de falo que teledirige sus piernas temblorosas hacia el estrado. Es el día más feliz de su vida, oh sí, y Kanye West se lo va a joder para siempre.

Véan:

Al día siguiente, después de la resaca mediática, y un millón de mails en nuestras bandejas del correo electrónico con el link a la noticia, sociólogos de batín y de frente despoblada auguraron en blogs de cátedra, una guerra sexual social subyacente en el punto de vista del vídeo de Taylor Swift y en el de Beyoncé. Argumentaban que la inocencia sexual de Taylor, rivalizaba descaradamente con la sexualidad racial desacomplejada del vídeo de Beyoncé. Suceso que había creado un cisma en la opinión pública, en el que se encontraban a un lado del debate los que se suponen folladores de pura cepa y hubieran votado por el vídeo de Beyoncé, y en el lado opuesto los que se declaran amorosos y tiernos en el catre y se les pone los pelos como escarpias con el country pop de Taylor Swift. Como os podéis suponer, a las pocas horas correteaban por ahí las opiniones más bizarras. Incluso Barrack Obama llegó a llamar "Jackass" a Kanye "off the record" mientras le maquillaban para un programa de televisión. A los pocos minutos, el clip de audio grabado por la cadena rulaba alado y veloz por medio planeta, y la casa blanca se preparaba para pedir disculpas al resto de la nación. A todas éstas, Kanye amenazó que iba a dejar la música, y terminó por salir en prime time en el programa de Jay Leno perjurando que iba a hacer todo lo posible para mantenerse callado la próxima vez. Jay Leno le acarició la rodilla. y le preguntó qué hubiera pensado su madre muerta de tal situación, y a Kanye, pobrecillo hip hopero a un auto-tune pegado, casi le saltan las lágrimas de tanta confusión mental.

¿Ya está?, ¿sólo eso?, ¡¿un negro arrebatando un premio a una blanca?!, pensaréis incrédulos. Sí, nada más ni menos que la traducción al mundo offline, de lo que a diario hacemos online en twitters, facebooks, y blogs variopintos: sentenciar lo que nos viene en gana a falta de un par de huevos para coger una recortada y acribillar así a balazos al resto de compañeros del curro o la universidad. Un verdadero alivio para los que no están al otro lado de la mira de la calibre 36, oigan. Pero en este caso, la diferencia estriba en que Kanye West ya no diferencia de cuando postea en su blog de cuando se ha de comportar diplomáticamente en una gala cualquiera, y eso, le convierte en un ser áltamente peligroso. Para los defensores acérrimos de la moral, él es la definición misma de un auténtico jilipollas. Para los demás, -entre los que un servidor se encuentra parapeteado tras su portátil contagiado por el éxtasis del momento-, Kanye West es nuestro salvador particular de la mediocre situación del star system actual, más atenta en adoptar niños en el tercer mundo, que de pillarse una histórica curda en los MVMA'S. Incluso podríamos aventurar en sentenciar que el el ego borderline de Kanye West cumple con una función noble en esta sociedad, la de al menos, hacernos trascender a dos palmos del suelo a batientes carcajadas. Al igual que los discursos enfebrecidos de la Belén Esteban en Sálvame, nos salvan, -valga la redundancia-, a muchos de caer en la droga dura por culpa del tedio del día a día, ¿no? Podría ser, corazoncitos de Otoño, pero lo que sí que es cierto es que de momento, a falta de una buena misa o un circo romano que nos haga berrear como primates, ya tenemos algo de que hablar con el de al lado, y eso, nos es más que suficiente. A ver quien la lia parda la próxima vez, que algunos, muchos diría yo, nos sentimos muy solos al otro lado de la pantalla.

Carlos Vareno es un total desconocido que semana tras semana envía a nuestro correo electrónico textos, dibujos y diagramas, columnas esbozadas. En el asunto siempre pone "Desde la azotea del edificio", y cuando hemos querido ponernos en contacto con él, conocerlo personalmente (como hacemos con todos nuestros colaboradores), simplemente deja de contestar nuestros mails

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