Columnas

Los diez mandamientos de “Homeland”

La serie del momento, diseccionada con motivo del estreno de su segunda temporada y su triunfo en los premios Emmy

Acaba de empezar en Estados Unidos la segunda temporada de “Homeland”, la serie que ha arrasado este año en los Emmy. ¿Hay que verla? Por supuesto. Y no hablar con nadie, porque un solo spoiler puede arruinar la que es la serie más adictiva y fascinante del momento.

En la primera temporada conocimos al sargento Nicholas Brody, marine estadounidense que estuvo diez años en manos del ejército iraquí, hasta ser rescatado por sus compatriotas en lo que parecía un milagro. O no. Y es que no todo el mundo le consideraba un héroe. De hecho, la agente Mathison creía firmemente que se trataba de un agente árabe infiltrado cuyo objetivo era participar en un atentado en suelo americano.

El arco argumental de los últimos capítulos nos brindó la solución del misterio, pero gracias a la pericia de los guionistas, la intriga no se quedó ahí y se abrieron las puertas de par en par en dirección a una segunda temporada que se antoja tan o más apasionante que su predecesora. No voy a soltar un spoiler, pues “Homeland” vive del cliffhanger cosa fina, pero después de ver el primer episodio de la nueva andadura, ya puedo decir sin miedo a equivocarme que hay serie para rato. A los que todavía no conozcan la disciplina de “Homeland”, aquí van los Diez Mandamientos que todo seriófilo debería seguir para ver esta adictiva producción sin sobresaltos y/o sinsabores.

1. No compararás “Homeland” con “24”

Si es indiscutible que “24” fue la primera gran serie en articular comercialmente los miedos post-11S y convertir en espectáculo/droga la paranoia estadounidense por la seguridad nacional, no menos cierto es que “Homeland” se ha apoderado de los símbolos presentes en la serie de Jack Bauer y los ha incluido en un marco dramático diametralmente opuesto y psicológicamente más sofisticado, merced a un estilo que antepone el oficio al artificio. “Homeland” es un producto de cosido laborioso que se acerca a “24” en algunos flancos –la carcasa militar, los interrogatorios, los topos, la neurosis antiárabe, las luces y sombres del patriotismo yanqui–, pero en ningún caso comparte el gusto por la velocidad y la violencia en crudo de la mítica serie de la Fox. Podría funcionar como sustitutivo ocasional para los adictos a Bauer, pero en ningún caso llenaría ese hueco porque, pese a compartir estética, es una producción que en esencia opera en una frecuencia de onda muy distinta. “Homeland” es un thriller psicológico, no una serie de acción.

2. No te creerás mejor que los guionistas

Durante el transcurso de la primera temporada de “Homeland” experimenté algo curioso. De repente, me topé con un puñado de personas que, a tenor de sus comentarios, se creían mucho mejores que los guionistas. “Homeland” es una serie estructurada sobre un enigma tan simple –descubrir si Brody es un traidor o no– que muchos perdieron la paciencia y se tomaron lo de las predicciones como algo personal. Hacía tiempo que no veía semejante fervor por adelantarse a los hechos, por ser más listo que los propios ideólogos del gran diseño. Pues los resabidos deberían aprender de sus errores de cara a la segunda temporada, que los hay muy escarmentados. Y es que “Homeland” es algo más que la resolución de un misterio binario, se trata de una telaraña mucho más compleja que alcanza una profundidad incompatible con los teoremas precoces. Lo suficientemente incompatible como para que la mayoría de los listillos que intentaron avanzarse a los guionistas se dieran con un canto en los dientes y comprobaran que no, que si estos escritores han ganado el Emmy no ha sido porque les dieran el título en una atracción de tiro al blanco. Los giros permanentes, los cambios de rasante psicológica, las idas y venidas, los falsos inocentes / culpables, las sombras y las luces… La serie juega con nosotros como los felinos con un pájaro moribundo, y siempre irá por delante de nuestras intuiciones, por muy buenos que nos creamos. Mejor callarse y disfrutar.

"La forma de tratar el suspense, la inteligencia con la que se manipula la intuición del espectador hacen de esta historia un producto rebosante de tensión"

3. No dejarás de fumar

Que no os engañe la música jazz de la magnífica cabecera, el trote lento pero seguro de la trama, las introspecciones psicológicas de los principales protagonistas, las atmosferas depresivas imperantes: “Homeland” es ante todo una serie adictiva. Peligrosamente adictiva. La forma de tratar el suspense, la inteligencia con la que se manipula la intuición del espectador y los giros copernicanos –todos con sustancia y sentido, ni uno solo gratuito a mi modo de ver– hacen de esta historia un producto rebosante de tensión, suspense, nerviosismo, ansiedad. Necesitaréis nicotina en vuestras venas para soportar este viaje lleno de curvas inesperadas o, de lo contrario, os tocará echar barriga a base de Lay’s al punto de sal o cajas de Donettes. Y es que “Homeland” es como una buena bolsa de chips: droga dura convenientemente camuflada y de curso legal. Elegisteis una mala serie para dejar de fumar.

4. No hablarás de “Homeland” con NADIE

Este es uno, que diría Cruyff. Y vaya uno. “Homeland” tiene su kryptonita, claro que sí. Se llama spoiler. A diferencia de otros títulos, un spoiler, uno solo, puede hacer que dejes de verla para siempre. Así de crudo. Esta serie vive del suspense en estado puro. Hay que ir con sumo tiento si no eres de los que se dedican a verla a tiempo real, bajándose la dosis semanalmente. Al rezagado le aconsejo no hablar con nadie. Encerrarse en casa. Bajar las persianas. Eliminar la cuenta de Twitter. Comprar en el supermercado por internet. Pedir una excedencia en el trabajo. Si no se aplican medidas extremas, os juro por los calzoncillos con pedete de Devendra Banhart que alguien os soltará algún spoiler y hará añicos vuestras ilusiones. A los bocazas hay que evitarlos a toda costa. ¿Verdad que a los retoños no les vamos diciendo que los Reyes son los padres? Pues eso.

5. No utilizaras el símil del chicle

“Es una buena idea que han alargado como un chicle”. Basta ya, por favor. Resulta difícil no acariciar la culata del revólver cada vez que oigo este tópico sobre “Homeland”. De acuerdo, en esencia la primera temporada fue la búsqueda de una sola verdad: ¿Brody es inocente o un puto traidor? Precisamente, la grandeza de “Homeland” es que los guionistas consiguieron mantenernos en vilo jugando al gato y al ratón con nosotros, lanzándonos falsos mensajes, descubriendo poco a poco un origami dramático perverso. Una idea estirada como un chicle deja de tener gracia a los cinco episodios, y no ocurrió eso, más bien pasó todo lo contrario: a cada episodio que pasaba, más nos metíamos en las nuevas dobleces de la trama. Para la segunda temporada, les digo por favor a los del chicle que peguen la goma de mascar bajo la mesa o se guarden el Trident en las profundidades más recónditas de su cuerpo.

6. No rajarás de Claire Danes y/o Damian Lewis

Me río de los que en su momento se arrancaron mechones de cabello cuando vieron el dúo protagonista. Para muchos listillos, Claire Danes era una actriz perdida para la causa, el recuerdo de esa horterada llamada “Romeo y Julieta” todavía pesaba como una losa sobra la chepa de la pobre chica. Una eterna promesa. Sin embargo, quienes dudaron de su capacidad como actriz se han topado con una intérprete madura, comprometidísima con un papel harto peliagudo. La agente Carrie Mathison termina siendo, con diferencia, lo mejor de la serie: la mezcla de matices, las contradicciones y la fragilidad extrema bajo la coraza de esta mujer atormentada han seducido inopinadamente a crítica y público. En cierto modo “Homeland” es a Danes lo que “Pulp Fiction” a Travolta.

Damian Lewis tampoco se libró de los recelos. Recordado ad eternum por aniquilar nazis en la miniserie “Band Of Brothers” –obra maestra absoluta–, Lewis tuvo que afrontar en la primera temporada de “Homeland” un papel lleno de claroscuros después de fracasar con “Life”, correcto procedimental que no pasó de la primera temporada. Para mucha gente, Brody no tenía la credibilidad necesaria para generar dudas acerca de su inocencia, para parecer el tío más bueno del mundo en un fotograma y el terrorista islámico infiltrado más sanguinario en el siguiente. No obstante, el panocha dio el do de pecho y se sobrepuso a la ducha de recelos dando vida a Nicholas Brody, un militar traumatizado por su cautiverio que vive una pugna interior de toma Diazepan y moja. Finalmente, Lewis triunfó y ya resulta insustituible: tiene mucho mérito levantar nuevas suspicacias sobre tu personaje en cada episodio, y él lo hizo a lo largo de toda la primera temporada. Pam.

7. No te harás el izquierdoso

Harto estoy ya de los tratan de sacarle punta al ajadísimo asunto del patriotismo americano y su morofobia para situar a “Homeland” en un terreno de juego que no le pertenece. En estos tiempos que corren es fácil abonarse a esta corriente de opinión los que acusan a “Homeland” de “americanada”; los que no entienden el intríngulis de los mecanismos militares yanquis exhibidos en la serie quizás deberían ver la primera temporada completa para juzgar debidamente el producto. Y es que si meten la nariz hasta el fondo, los amigos de las coderas detectarán una crítica velada y cortante al sistema estadounidense, amén de una exposición en crudo de sus numerosas carencias. ¿Discursos izquierdosos fáciles? No, gracias.

8. No comprarás el pack

No tiene sentido gastarse las perras en el pack. Si no te bajas la serie y la comentas in situ, no serás nadie, y como hemos dicho antes, si llegas tarde, te enterarás sin quererlo de los spoilers, tu vida perderá sentido y serás un pobre desgraciado. Una vez vista la serie a tiempo real, una vez resuelto el misterio principal al ritmo debido, invertir en el pack más adelante carece de cualquier sentido. La revisión o los segundos visionados no tienen lugar en el mundo de “Homeland”: una serie acojonante, pero dadas sus características, disfrutable tan solo una vez.

9. No volverás a despotricar de los Emmy

“Los Emmy son una farsa”. “Estoy harto de que gane Mad Men”. ¡Alto! ¡Vale ya de cagarse gratuitamente de estos premios! “Homeland” ha conseguido algo inusual en la ceremonia de los Emmy 2012: que paladares seriófilos finos y premios comerciales coincidan. Estamos quizás ante una de las entregas más justas de los últimos años, pues “Homeland” ha sido reconocida como como la mejor serie dramática de la presente campaña, con permiso de la gran “Boardwalk Empire”, y por fin se ha dado puerta a una “Mad Men” cada vez más tostón que llevaba ganando el premio gordo desde el 2008. Y no solo eso, la serie de Showtime también se ha llevado los Emmy al mejor actor dramático, a la mejor actriz dramática y al mejor guión dramático. Gracias a Brody y compañía, por fin unos Emmy no son, pues eso, dramáticos.

10 No dirás que no

Como Miguel Bosé, no dirás que no, no dirás que no… a la segunda temporada. Después del apasionante arco final de la primara campaña, resulta imposible bajarse de este tren y perderse el futuro de Brody –metido en política y no digo más– y de la malograda y bipolar agente Mathison. El primer capítulo de la nueva temporada, estrenado recientemente, mantiene las espadas en todo lo alto y abre nuevas vías de misterio que enriquecerán sobremanera la intriga principal. Pero mejor me callo, que todavía soltaré algún spoiler más y dejaré más de un corazón, corazón malherido.

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