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"Pero qué machismo, tío, si ellas entran gratis en la discoteca"

Cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede

Tras la columna sobre los vídeos de Jorge Cremades nos frieron (freísteis) a críticas. Han sido muchas, pero también lo han sido los comentarios que centraban la conversación en el trasfondo sexista que tenían 10 de los 11 vídeos que exponía el artículo.

La reacción recordaba bastante a lo que en el pasado ocurrió con las polémicas en torno al machismo indie gafapasta o al sexismo en los videojuegos, en las que las respuestas a la defensiva fueron las más ruidosas.

¿Cómo es posible que cada vez que se pongan sobre la mesa nuestras conductas más o menos discriminatorias los hombres acabemos hablando sobre nuestros sentimientos heridos? ¿Disfrazamos el sexismo de normalidad? ¿Somos los hombres particularmente buenos en negarlo todo?

Lo que sigue es un intento de relatar las distintas fases por las que un hombre advierte su machismo, lo reconoce y se aleja de él.

1. ¡Huye de esa feminazi!

A mí me ha pasado. Eres un tío bien formado, razonable y te da asco la injusticia. Por eso la primera vez en que alguien te acusa de machista solo puedes reaccionar de una manera: 

EYEYEY, RELAJA, ¿ESTÁS DE COÑA? ¿MACHISTA YO?

Es verdad que parece una agresión. No tanto por parecer un insulto sino porque lo encajas como una mentira. Rápidamente, el tema por el que te llaman machista queda en segundo plano y todo gira en torno a lo ofendido que te sientes.

Te dices yonosoymachista, yonosoymachista, yonosoymachista. Piensas en lo repugnantes que te parecen los violadores y en que deberían castrarles, pero ahora sientes que es a ti a quien una feminista resentida quiere cortarte los huevos.

¡Huye de ella! No vaya a ser que quiera hacerte pagar por los pecados de otros hombres.

2. Eh, chica borracha y sola, ¿te cuento un chiste?

Hay un momento de 2666 en el que dos personajes de Bolaño se ponen a contar chistes. Aquí van unos cuantos:

"Y más caliente: ¿Qué es más tonto que un hombre tonto?. (Ése era fácil). Pues una mujer inteligente [...] Y : ¿Qué hay que hacer para ampliar la libertad de una mujer? Pues darle una cocina más grande. [...] Y : ¿ Cuál es el día de la mujer? Pues el día menos pensado. [...] y si alguien le reprochaba al judicial González que contara tantos chistes machistas, González respondía que más machista era Dios, que nos hizo superiores. [...] Y: ¿Qué hace el cerebro de una mujer en una cuchara de café? Pues flotar. [...] Y : ¿Qué hace un hombre tirando a una mujer por la ventana? Pues contaminar el medio ambiente. [...] el judicial entreabría el ojo izquierdo y decía : háganle caso al tuerto, bueyes. Las mujeres de la cocina a la cama y por el camino a madrazos. O bien decía: las mujeres son como las leyes, fueron hechas para ser violadas. Y las carcajadas eran generales"

Y si no hay carcajadas, hay sonrisas. Y si no, silencio. En ese espacio los hombres sentimos como una llamada a la cordura ante la histeria femenina. "Eh, es solo un chiste".

Ya sabemos que el mundo es machista, decimos, hay problemas mucho más importantes que unos vídeos de internet. Eso decimos, y suena como una voz legitimada por ser esa mayoría que no pegamos a las mujeres. Ni las llamamos putas.

Solo nos parece que el feminismo es un poquito paranoico. Y que a las mujeres le hace un flaco favor.

Vamos, guapa, sonríe un poquito. Que ya casi es fin de semana. Los hombres somos como somos y las mujeres son como son. ¿Qué hay de malo en que una chica borracha y sola sea justo LO que necesites?

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3. Ya no te puedo ver igual

Llegados a este punto no te quitas de la cabeza que sí, que no lo digas muy alto pero que te han llamado machista. Hay un momento en el que deja de funcionar que las tratemos de locas y esa acusación va calando como una gota malaya en el cogote. Al final acabamos por bajar al trastero, abrir la puerta y el cadáver se nos cae encima.

A ti, que solo estabas aquí riéndote un poco en internet con unos chistes que retratan las relaciones de pareja tal como son, se te desbloquea alguna que otra idea en el cerebro. Es el momento en el que nos decimos a nosotros mismos:

Yo puedo causar accidentes de tráfico sin que mis hormonas tengan la culpa.

Tengo libertad para vestirme como me de la gana porque sé que nadie se va a fijar en mi ropa y el límite para cuidar mi físico lo marca mi salud y no la opinión pública.

Mi jefe no me infantiliza con diminutivos.

No cobro menos que una mujer por el mismo trabajo.

También sé que en el caso de llegar a tener algún puesto de responsabilidad, nadie se preguntará con qué otra jefa estaré liado.

Las diputadas no legislan sobre mi cuerpo en nombre de Dios.

Nunca he tenido miedo de volver solo a casa por la noche.

No he pedido a un taxista que no se fuera hasta que me viera entrar en el portal.

Sin embargo, todas las mujeres de mi entorno han sufrido diferentes grados de acoso, abuso o agresión sexual. Algunas incluso han sido violadas. Y ya no podemos ver igual a nuestros colegas que dicen:

…Pero también hay denuncias falsas  

…Y el ex marido pegaba a la madre pero eso no quita para tenga derecho a pedir la custodia compartida  

…La chica había bebido…

…Y mira qué escote llevaba

…La mató porque él seguía enamorado.

¡Ellas se aprovechan de ser mujeres para entrar gratis a las discotecas!

¿Insultos y violaciones por ahorrarse 10 pavos de entrada en una discoteca? No se parece demasiado a tener la sartén por el mango en la sociedad, digo yo.

Todas las mujeres de mi entorno han sido acosadas, abusadas o agredidas sexualmente por un hombre. Algunas incluso violadas

4. Los Que No Lloran

Pero tus colegas insistirán en que no te fíes, que ellas hacen con nosotros lo que quieren. Y te advierten de que la mujer que te ama también puede joderte la vida y de que ahí estarán ellos siempre. Gracias, por el consejo, piensas tú, mientras te preguntas en qué carajo se parece el amor a la desconfianza y en por qué tus amigos quieren montar ahora El Consultorio Sentimental de Braveheart.

Te ha abducido, macho, ya no se te ve el pelo. Bueno, bueno, no os pongáis celosones, les dices. Y cuando volvéis a quedar, tienes que volver a escuchar comentarios sobre mujeres manipuladoras. 

Y entonces eres tú, que ya no te puedes callar, el que hace de cortarrollos.

En ese punto tus amigos se debaten entre tres reacciones:

a) no me jodas, eres un lila

b) te lo dije macho, esa tía te ha abducido

c) pues yo conozco a uno que a su primo la novia le puso una denuncia falsa y le hundió una prometedora vida en el taller

No es mal momento para dejar de mentirnos a nosotros mismos. De ser eso que dicen que tenemos que ser los hombres. Valientes.  

5. Ningún hombre retrocede

Si has llegado hasta aquí creo que es justo que te cuente el secreto mejor guardado que todo tío lleva dentro. A falta de acertar una quiniela que me salve de trabajar el resto de mi vida, como varón blanco heterosexual gozo de casi todos los privilegios que la sociedad reparte.

Los privilegios, por definición, no son universales. Si no, se podrían llamar derechos. Para que yo los tenga, alguien debe carecer de ellos.

Cuestionar nuestras propias ventajas no es fácil, pero sí valiente y justo.

Es también imprescindible hacerlo. Sin una crítica radical a toda reproducción de conductas sexistas, aunque sea a través de inofensivos chistes, será imposible crear algo tan básico como espacios de seguridad y de igualdad efectiva.

Ni tu novia ni ninguna otra mujer ha nacido para volverte loco ni para joderte la vida. Creer eso es mentirte a ti mismo. Reírlo, un gesto de cobardía.

Quien quiera hacerlo es libre de seguir chapoteando en el fango de una masculinidad tramposa basada en la evasión de responsabilidades. La otra opción es, si ser hombre es ser valiente, serlo de verdad.

Ser aliados feministas.

Sin miedo, que cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede.

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