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Por qué llegar a fin de mes te cuesta tanto como elegir a la pareja adecuada

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Y al mismo tiempo es solo tu culpa, por dejarte manipular

Rafa Martí

21 Marzo 2016 06:00

Imagen de Brian Finke

En realidad, el titular está incompleto, y debería ser algo más como: “El sistema económico está diseñado para que no llegues a fin de mes... Y, aún así, si no puedes pagar las facturas, es que eres tonto”.

Es la tesis que defienden, después de 5 años de trabajo, los premios Nobel de Economía George A. Akerlof y Robert J. Shiller en La economía de la manipulación (Deusto, 2016).

El argumento principal de este libro es que las dinámicas de la economía de mercado tienden a engañarnos. Y eso siempre repercutirá en beneficio de los pocos que mueven los hilos. Y en prejuicio de la mayoría de analfabetos financieros. Es decir, nosotros.

Pensar que el mercado nos engaña parece un tópico, pero la realidad es que nos sigue engañando todos los días

La idea parece una puerilidad y más vieja que el olor de la consulta de un pediatra. Y por mucho que a veces pensemos eso, la verdad, es que caemos como monos en lo que nos cuentan los libros de economía de primero de carrera: “los mercados satisfacen las necesidades de vendedores y consumidores”.

El prototipo de español medio durante los años de la crisis tenía una tele de 80 pulgadas a 24 meses, el Porsche Cayenne a 10 años y la casa de la playa a 40. Y no era un estereotipo minoritario. De hecho, era tan mayoritario que llevó al país a la peor crisis económica desde que la televisión es a color.

Visto ahora, parece muy lógico que el mercado nos manipula. Pero en el día a día —incluso después del desastre económico de 2007— ni siquiera nos planteamos este tipo de preguntas:

¿Por qué gastamos dinero en alcohol y en tabaco?

¿Por qué compramos con tarjetas de crédito si sabemos que al final de cada mes tendremos que pagar mucho más de lo que pensábamos?

¿Por qué compramos un coche a plazos si no sabemos si tendremos un trabajo al tercer año que lo estemos pagando?

Como en el amor, en la economía la gente tiende a tomar decisiones que no le convienen. Terminamos haciendo lo que realmente no queremos y por ello acabamos lamentándonos

La respuesta está en que nos engañamos constantemente. Y que nosotros mismos somos nuestros peores consejeros. Como en el amor, en la economía la gente tiende a tomar decisiones que no le convienen. Terminamos haciendo lo que realmente no queremos y por ello acabamos lamentándonos. El mercado lo sabe y solo tiene que jugar con la debilidad de nuestra mente.

(El mercado, claro, solo es gente como nosotros que quiere pagar sus facturas, aunque sean en Lamborghinis.)

Incluso, aunque pensemos que con la máxima de no gastar más de lo que tenemos estamos salvados, la realidad es completamente diferente.Si disponemos de dinero en la cuenta, gastaremos hasta que nos quede poco. Nos crearemos siempre más necesidades, a medida que dispongamos más para gastar. ¿Por qué si no cuando eras estudiante sobrevivías con 20 euros a la semana y con tu primer trabajo no puedes bajar de 100?

Te responderás con que quieres un estilo de vida mejor... ¿Pero quién te ha vendido eso? Respóndete a ti mismo, otra vez.

Todo a nuestro alrededor está destinado a que caigamos: desde la manipulación mental más directa que ejerce la publicidad, a las facilidades financieras como pagar a plazos o con tarjeta de crédito.

¿Cuántos taxis dejarías de coger si todavía no se pudiera pagar con tarjeta en ellos?

A priori, ningún establecimiento querría aceptar pagos con tarjetas. Las tasas que les imponen las entidades financieras no serían rentables. Sin embargo, los comercios aman las tarjetas de crédito, porque la gente gasta el doble y las tasas de los bancos valen la pena.

Lo mismo pasa con los taxis: ¿cuántos dejarías de coger si todavía no se pudiera pagar con tarjetas en ellos? Y con las casas y los coches, igual: nuestra mente se autoengaña identificando el precio de un coche en 300 euros al mes. Aunque realmente lo que te estás gastando son 30.000, algo que nunca pagarías de una sola vez.

Lo mismo sucede con un teléfono nuevo: un iPhone 6 “solo” cuesta 30 euros al mes. Todo el mundo se lo puede permitir. Sin embargo, si no tuvieras esa opción, tu mente reaccionaría de manera racional y se convencería de que no necesitas un nuevo teléfono.

La economía solo se mueve condicionada por el engaño y las malas decisiones. Y esos malos hábitos que generan “progreso”, son los mismos que nos llevan a no llegar a fin de mes y al colapso de economías enteras.

Estos hábitos solo nos llevan a dejar de ahorrar. Y cuando tengamos un gasto imprevisto como una lavadora rota o una reparación de taller, sin ahorros, volveremos a endeudarnos para hacerle frente. “Compraremos” un crédito.

El sistema, según los autores, solo crece y progresa a través de la competitividad, de que crezca el consumo y de que nos endeudemos. En definitiva, a través de los malos hábitos financieros que tenemos. La economía solo se mueve condicionada por el engaño y las malas decisiones. Y esos malos hábitos que generan “progreso”, son los mismos que nos llevan a no llegar a fin de mes y al colapso de economías enteras.

¿La solución? Los autores no proponen en ningún momento acabar con el sistema. (Pero podría ser una opción más). Señalan que simplemente hay que conocer los puntos en los que somos débiles y en cómo el mercado planea atacarlos. En definitivia: pensar en nuestras decisiones económicas como lo haría una persona emocionalmente madura al escoger una pareja.

¿Vas a dejar que te manipulen?



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