Columnas

Esta es la literatura que se escribe en el instituto

Nacieron en 1997, 1998 y 1999: no recuerdan el cambio de milenio, pero ya son algunas voces reales y prometedoras de este siglo

—Imágenes de Francesca Jane Allen

No le están quitando el espacio a nadie, están creando el suyo propio.

No tienen la ambición de “ser escritores”, simplemente sienten el impulso y la necesidad de escribir para expresarse o para compartir sus experiencias.

No se sienten parte de una generación concreta, sino que piensan que algo muy interesante e intenso se está generando a su alrededor.

No condenan a las redes sociales, no conocen cómo era el mundo antes de ellas.

No confían en lo que se les ha enseñado en el instituto, han aprendido por cuenta ajena todas sus pasiones.

No tienen recuerdos del año 2000, pero sus poemas son los primeros escritos en, por y desde este siglo que nos ha tocado vivir.

A grandes rasgos, estas son las cosas que unen y que definen a una nueva ola de lectores, escritores y blogueros de 1997, 1998 y 1999, o lo que es lo mismo, una nueva generación de poetas nacidos al borde del nuevo siglo. Apenas acaban de cumplir los 18 o de terminar el bachillerato, pero de muchos de ellos podría decirse que son unos adelantados, y que a pesar de su juventud no sólo han sabido cómo alimentar su literatura en cuadernos secretos y blogs, sino también cambiar la mirada de quienes los leemos.

En el instituto se aprende poco y nada

Así de claro es Matías Fleischmann , chileno nacido en 1997, cuando le pregunto qué es lo que a su juicio puede aprender un adolescente sobre literatura en las aulas: poco y nada. En una explicación más amplia, Fleischmann asocia esto al sistema educativo de Chile, al que tacha de ser una basura.

“El primer libro de poesía que leí entero fue Leaves of Grass, de Walt Whitman”, dice el joven. “ En mi colegio no se lee porque está escrito en verso libre. Imagínate.”

Él no es el único en expresar esta queja, desde España, la sevillana Rosa Berbel , también nacida en 1997, asegura que todo su amor por la literatura viene gracias a lo que encontraba fuera de clase.

Lejos de las aulas descubrieron lo que era la libertad

Primero Berbel leía los libros a los que todo adolescente se acerca —esas sagas de fantasía que ocupaban miles de páginas, de horas y de enormes espacios en la estantería—, más tarde, y gracias a los comentarios de otros lectores en su blog personal, comenzó a adentrarse más profundamente en la poesía.

Fue entonces cuando conoció a Alejandra Pizarnik, y cuando en su corazón algo cambió al entender que la definición de poesía que había conocido en su instituto se estaba rompiendo en alegres pedazos. Así, lo que antes era sinónimo de antigüedad, aburrimiento y testosterona, ahora era un mundo más libre y lleno de cosas por descubrir.

Editoriales convencionales, ¿qué es eso?

Otra cosa que no le gusta a Rosa Berbel son las editoriales convencionales. Bueno, le gustan porque gracias a ellas ha podido leer a algunos de sus autores favoritos, pero siente una pena enorme cuando ve que ninguna de estas grandes casas de la poesía apuesta por lo más joven, por lo más nuevo o por lo más arriesgado.

"Ahora lo verdaderamente importante está pasando en las editoriales pequeñas o en Internet", cuenta Berbel, y a continuación cita infinidad de proyectos que otros autores de su edad están llevando a cabo en la red, y gracias a los cuales ella se siente segura, con ganas de escribir, de compartir y de trabajar cada vez más.

Tienen ganas de colaborar entre ellos, de aparcar el ego, de apoyarse los unos a los otros

De entre sus compañeras de quinta —ella no habla de generaciones— cita a Rocío Torres o a Irati Iturritza , ambas nacidas en 1997, aunque la primera en Madrid y la segunda en Pamplona. Tanto Berbel, como Torres y como Iturritza, sienten que las nuevas posibilidades que brinda la red son lo que ha ayudado a que chicas como ellas se conozcan, se lean y se recomienden otras lecturas. Las tres han publicado poemas en espacios online. Las tres han recibido cariño y críticas a partes iguales a causa de haberse dado a conocer así.

Donde antes lo importante era ganar un premio de poesía que legitimara al nuevo autor, ahora prima la presencia en la red.

Berbel es amable cuando retrata a los que critican su juventud o a los que insinuan en comentarios que cualquiera de estos nuevos poetas lo tiene más fácil o es capaz de llegar a alcanzar cierta fama sin esfuerzo alguno, sin embargo reconoce que si algo caracteriza a sus compañeros y a ella misma es el espíritu colaborativo. El Do It Yourself.

Sin ir más lejos, Rosa Berbel es una de las editoras de una antología online de poetas nacidos alrededor del año 2000, que reunirá a 10 poetas españoles y a otros 10 poetas argentinos. Junto a ella, el poeta Pablo Romero, un argentino de 1999, ha preparado esta selección que verá la luz a mediados de este verano.

Editor, poeta y agitador cultural: el caso de Pablo Romero también es sorprendente.

Publicar a un autor joven implica esfuerzo, confianza y ganas de trabajar

Con sólo 14 años, su nombre empezó a sonar y a leerse por algunos blogs y espacios literarios de América Latina, hasta que tiempo después la editora mexicana Aleida Belem Salazar decidiera ficharlo para publicar su primer libro en una nueva colección que pretende reunir a autores jovencísimos. Romero pasa así a formar parte de una cantera magnífica, porque tanto para él como para su editora, eso de publicar también es sinónimo de confiar y de aprender.

Junto a Romero, otra autora española nacida en 1998, Aurora Munt, verá nacer su primer libro a una edad muy temprana. Munt, que nos desvela que sus padres aún le restringen un poco el acceso a Internet, admite también que sin esta herramienta le habría sido imposible mostrar sus poemas, y mucho menos llegar a ser leída por un editor también joven, que vive a miles de kilómetros de distancia de su casa.

Ni generación ni frontera

Dice Matías Fleischmann que le ha sido difícil encontrar publicados a autores jóvenes de Chile, y a muchos de ellos los ha conocido por Twitter o en otras redes sociales. Es curioso, además, que de entre sus lecturas de autores jóvenes figuran en su mayoría chicos de Estados Unidos, España, México, Argentina, Perú... como si no hubiera fronteras. O como si sus compañeros de "generación" no tuvieran que ser forzosamente compañeros de bandera.

Nada les une y todo les une.

Y ahí están Paola Valencia, también nacida en 1997 pero originaria de Venezuela, donde forma parte de varios grupos literarios de discusión y difusión; Alejandra Marquerie, de 1998 y ciudadana de Madrid, donde asiste a recitales y alimenta su blog; o los ya citados Pablo Romero, Rosa Berbel, Irati Itirritza, Aurora Munt, Rocío Torres... que son sólo una lista de nombres, de rostros jóvenes repartidos alrededor del mundo, de piezas clave para el presente, que escriben porque lo necesitan.

O porque al no saber dibujar, tienen que expresar con palabras lo que sienten.

O porque quieren reivindicar algo.

O porque no saben hacer otra cosa.

O porque no tienen pudor.

O porque saben que ahora todo parece bonito, pero vendrá el dolor.

O porque quieren encontrar a otros como ellos que les escuchen y los comprendan.

O porque saben que juntos son poderosos y bellos.

Como escribe Marquerie en uno de sus poemas:

Nos sangra la boca

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