Columnas

La literatura española no hace ni puta gracia

Nueva entrega de Books On Fire, la columna de libros (y aledaños) de Luna Miguel

¿Le hace falta (más) humor a la nueva literatura española? ¿Nos reímos poco sobre el papel y demasiado en los bares? Luna Miguel opina que sí, y aprovecha para atizar a su generación por su falta de risas, y a recomendar la lectura de Carlo Padial y Miguel Noguera, que sí hacen reír.

I

En la literatura española actual el humor está olvidado, pero, como siempre, hay excepciones. Son minoría los novelistas y poetas que se dedican y nos arrancan un Jajaja entre sus páginas. Pienso en Manuel Vilas, en Eduardo Mendoza, en Ángel Guache, en Camilo de Ory, en Lector Mal-herido (que no Alberto Olmos), en Eloy Fernández Porta (que sí, que no os choque, hacedme caso), en María Eloy-García (al fin una mujer), y en algún que otro nombre más... pero sobre todo pienso en uno: Carlo Padial, pues para mí se ha convertido en una suerte de héroe literario muy necesario para nuestras letras. Pero de esto hablaré más tarde...

II

Me resulta curioso que los libros de nuestros autores contengan tan pocos chistes cuando más tarde en Facebook, Twitter o en algunas conversaciones de cara al público sus enunciados e historietas nos arrancan tantas carcajadas. Elena Medel, Gonzalo Torné, Pablo Muñoz o Patricio Pron, por ejemplo, son grandes contadores de anécdotas a veces disparatadas pero siempre con ese punto brillante y loco. Hace poco, el propio Pron escribía un post para su blog de El Boomeran(g) haciendo una defensa del chistecillo estúpido, ese breve y puntiagudo que tanto nos gusta. La pregunta entonces es la siguiente: ¿por qué sois tan divertidos, por qué nos hacéis reír con tanto ingenio y luego en vuestros libros asoma tanta seriedad? No pido grandes recopilatorios de chistes, pido grandes recopilatorios de grandes ideas. ¿Me explico?

III

El humor de nuestra literatura, además, cuando lo hay, tiene ciertos puntos en común. Pienso en el humor tan cruel de Carlo Padial, Camilo de Ory o Antonio J. Rodríguez (más cercano a Masaenfurecida y a “Padre De Familia”, por ejemplo, que a otra cosa). Las risas que nos provocan son oscuras, no nacen de la falta de respeto sino de la ironía y la burla hacia el propio escritor y lo absurdo de su género. La liga de Guache y Vilas es bien distinta: ellos son más toscos, más brutos, más raros... exploran el “chiste común” y lo explotan y estiran hacia los límites. Aquí todo vale y nada vale, pues no se saldrán de ciertos márgenes como sí lo hacen los autores anteriormente citados.

IV

Hay algo de generacional en Carlo Padial, siempre lo ha habido: en los temas que trata, en los iconos que elige, en la voluntad de sus personajes y, sobre todo, en el estado de ánimo de sus textos que oscila entre la “pochez” y la magnificencia, algo muy esquizofrénico, algo que también hemos podido leer en textos como los de Tao Lin (entendiendo que entre estos dos autores hay una gran distancia temática y estilística, sin embargo). En su segundo libro publicado en Libros del Silencio, Carlo realiza un análisis desde la ficción de lo que significa la generación Erasmus y la destruye desde una brillantez con la que era necesario destruirla. En un momento de la historia más reciente en el que Europa se desmorona desde arriba... ¿qué hacemos fingiendo nuestra europeidad concediendo este tipo de becas del demonio y promocionando los clichés pseudobohemios-más-bien-chonis y ridículos que nos estamos imponiendo? ¿Realmente es necesaria toda esta farsa? ¿Todo este turismo a pequeña escala? La respuesta la tiene Padial y puede que te descojones con ella. Muy recomendable su Erasmus, Orgamus Y Otros Problemas. Muy bien escrito. Buena literatura y además hace gracia. Así me gusta.

V

Más allá de la literatura con grandes dosis de humor, el mundo del libro en España es un ejemplo de que necesitamos reírnos. Uno de los libros más vendidos por una editorial independiente de nuestro país es “Ultraviolencia”, de Miguel Noguera (ese compendio de imágenes, ideas, pequeñas reflexiones sobre lo absurdo y desde lo absurdo) y uno de los mejores críticos del mundillo literario (véase la exageración en este punto) es Joe Kelso (en un momento en el que los críticos literarios no para de quejarse de lo mal que está la crítica literaria... sí, así son ellos, “hola, lo hacemos mal”, decía, que en un momento tal, las imágenes de las fotonovelas y los vídeos de Kelso le hacen convertirse en el Samuel Johnson del momento... aunque sin peluca y con muchísima gracia).

VI

Lo que pido aquí no es que todos los escritores del mundo mundial se pongan a escribir monólogos sino que reflexionemos sobre si ciertos temas (tan importantes como Europa, en el caso de Padial) pueden ser tratados o no con seriedad y sobre si, como Alguien ha advertido en alguna ocasión, el escritor contemporáneo debería ir pensando en desenroscarse el dedo del ano, relajarse un poco y no medir su talento sólo a través de su nivel de pulcritud tanto como en la cantidad de risas que levanta.

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