Columnas

La ley de Frank Ocean

Es probablemente el creador más importante de la música actual, sus cuatro nominaciones a los Grammy y el éxito de “Channel Orange” lo confirman. Pero, ¿quién es la persona detrás de Frank Ocean?

En dos años Frank Ocean ha pasado de ser ignorado por la industria a estar nominado a cuatro premios Grammy. Su talento y las revelaciones sobre su sexualidad le han convertido en el centro del universo pop. ¿Quien se esconde detrás del enigma Ocean?

Frank Ocean no suele exponerse. Prefiere cultivar el misterio. Su voz es profunda, su discurso, pausado y reflexivo. Viste con sobriedad y adorna su cabeza con una insignia naval japonesa a modo de bandana. En las entrevistas exuda serenidad y sabiduría, en los escenarios templanza y magnetismo. Hay algo en él que transmite una calma casi zen. El pasado 4 de julio, sin embargo, tuvo que dejar de lado su aura enigmática para llevar a cabo un acto revolucionario. A través de una conmovedora carta reveló que su primer gran amor fue un hombre. Un hecho insólito en la historia del hip hop (y su periferia) que le situó en el centro del huracán del conglomerado pop. Poco después llegó “Channel Orange”, una obra colosal que le confirmaba como uno de los talentos más brillantes de su generación. De repente, el chico que de pequeño soñaba con imitar a Prince se había convertido en el nombre más comentado de la música. Una posición a la que había llegado para quedarse.

Ocean siempre estuvo convencido de que sería una estrella. Lo estaba cuando cambió su nombre de Christopher “Lonny” Breaux a Frank Ocean (un doble homenaje a Frank Sinatra y su personaje en Ocean's Eleven) porque “ creía que quedaría mejor en las portadas de las revistas”, lo estaba cuando decidió mudarse a Los Ángeles con solo 1.100 dólares en el bolsillo y lo estaba cuando decidió esquivar a Def Jam y compartir su primer disco por su cuenta. Pero antes de que el mundo se rindiera a su talento y las chicas se desgañitaran al oír su asombrosa voz, antes de compartir estudio con Jay-Z y estar nominado a los Grammy, Ocean acumuló desengaños y conoció el lado oscuro de la industria. Un camino tortuoso en el que, por encima de todo, tuvo que encontrarse a sí mismo para llegar a la paz de conciencia que le permitiera elevarse y desatar todo el potencial que siempre fue consciente que atesoraba.

"La primera vez que escuchó a Prince marcó su deseo de convertirse en cantante. Tenía 12 años"

Nacido en 1987, creció en Nueva Orleans rodeado de un entorno de lo más humilde. Cuando tenía seis años su padre les abandonó a él y a su madre. Esta experiencia, de la que habla en la canción “ There Will Be Tears”, marcó no sólo su infancia sino que acabaría dando lugar a uno de los diversos momentos de justicia poética que explican la historia de su vida. Como él, su padre intentó dedicarse a la música, pero fracasó. De algún modo, el conseguir prosperar como artista fue una pequeña venganza ante la primera y más importante de las personas que no confiaron en él.

El vacío de una figura masculina lo llenó su abuelo materno, un hombre de pasado tormentoso que se redimió dando la mejor educación posible a su nieto. El propio Ocean lo explicaba así en GQ: “ Había tenido una vida muy turbulenta con adicciones al crack, la heroína y el alcohol, tuvo hijos y nunca fue el padre ideal para ellos. Yo era su segunda oportunidad y puso todo su empeño en que saliese bien. Era listo y lleno de orgullo. No hablaba mucho, pero podías deducir que por su mente pasaban un montón de cosas, algo así como una aceptación silenciosa del modo en que la vida le había tratado. Era mentor en Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos y yo solía acompañarle a las reuniones”.

Si la educación moral de Ocean corría a cargo de su abuelo, su educación musical llegó de la mano de lo que escuchaba su madre en la radio del coche. De hecho, aprendió a afinar cantando encima de las canciones que sonaban a través de las ondas. En uno de esos viajes se produjo el punto de inflexión que marcó su deseo de convertirse en cantante; la primera vez que escuchó a Prince. Así recordaba la experiencia en la misma entrevista: “ Creo que fue con ‘The Beautiful Ones’. Recuerdo que él gritaba al final de la canción y la locutora dijo algo como ‘no hay ningún hombre que grite como Prince’. Pensé que eso era jodidamente increíble”. Tenía 12 años y desde ese momento tuvo claro que algún día serian sus canciones las que sonasen a través de los altavoces.

Pasó su adolescencia intentando “escribir canciones como las de Stevie Wonder” y grabando demos que sufragaba con el dinero que ahorraba trabajando de lo que cayera en sus manos, ya fuera limpiar coches o cortar el césped. Llegado a la mayoría de edad, tenía clara cuál era su vocación. A pesar de eso, en 2005 se apuntó a la universidad. En parte, lo hizo para contentar a su madre, quién, espoleada por el fracaso de su marido, no quería que su hijo corriera la misma suerte. En verano de ese mismo año, sin embargo, ocurrió algo que cambiaría su destino.

El 29 de agosto de 2005 el huracán Katrina tocó tierra en el sudeste de Lousiana, sembrando un rastro de devastación a su paso. Tanto el estudio en el que grababa como su universidad quedaron completamente inundados. Él mismo lo relataba así en Respect: “No podía grabar, no podía ir a clase. Tenía que ir a la universidad en Lafayette, que es una ciudad mucho más pequeña que Nueva Orleans, y me sentía miserable porque no podía trabajar en mi música. Al encontrarme sin poder grabar me dije ‘ya no puedo más, esto no es lo que quiero’”. En este punto decidió coger su Nissan Maxima e irse a Los Ángeles con su novia de entonces en el asiento del copiloto y el objetivo de grabar sus canciones en un estudio en condiciones. El plan inicial era quedarse solo seis semanas pero su talento y la siempre necesaria pizca de suerte cambiaron su vida para siempre.

"Cuando se integró en Odd Future, Ocean ya contaba con una colección de canciones propias para editar"

Tras algunos meses sobreviviendo con trabajos precarios, una noche se encontró en un estudio de grabación rodeado de productores que compartían sus creaciones. Le pidieron que hiciera lo mismo y, tras impresionar a los presentes, fue invitado a trabajar con ellos. Había conseguido integrarse en los círculos de la industria. Sin embargo, en la soledad del estudio se dio cuenta de que su potencial artístico aún dormitaba. Como él mismo ha declarado, por entonces “aún no había pasado por nada realmente emocional. Nunca había estado enamorado. Nunca me habían roto el corazón. Cuando eso ocurrió, lo cambió todo. Eso me convirtió en un artista de verdad”. Evidentemente se refiere a la relación que relató en su famoso post de Tumblr, una tormenta emocional que convirtió su proceso de composición en “algo totalmente natural, como respirar. Porque desde ese momento tenía algo que realmente necesitaba decir. Fue como abrir una compuerta para que bajase una cascada”.

Empezó a escribir canciones para artistas como Justin Bieber, Brandy o John Legend y sus cada vez más notorias habilidades hicieron que Def Jam le fichara como compositor. La vida parecía sonreírle, pero nada más lejos de la realidad. “Con 21 años ganaba dinero a raudales componiendo para otros, tenía un bonito coche y un apartamento en Beverly Hills pero me sentía miserable”. Fue en ese punto cuando entró en contacto con Odd Future, otro de los grandes puntos de inflexión de su vida. Y es que, aunque Ocean ya estaba establecido en la industria y en ese momento Odd Future no eran más que una panda de amigos que intentaban llamar la atención con su música, el espíritu hazlo-tu-mismo del colectivo fue lo que le dio el espaldarazo definitivo para convertirse en un artista por derecho propio.

Desde el principio resultó un tanto chocante que el sensible y sofisticado Ocean formase parte de un grupo de adolescentes descarriados conocidos por su lenguaje soez, su imaginería hiperviolenta y su actitud anárquica. Tyler, The Creator explicó cómo surgió la química entre ambos en una entrevista con SPIN: “Nos conocimos cuando él me llamó para felicitarme por el vídeo de ‘French’ y conectamos desde el primer momento. A esa primera llamada le siguieron muchas conversaciones por teléfono, en las que hablábamos de acordes y de cómo la gente no nos tomaba en serio”. Por aquel entonces el fenómeno Odd Future aún no había explotado; Tyler aún vivía con su abuela y dormía en el sofá. “Él tenía dinero de sus derechos de autor. Solía recogerme en su BMW X6 y me llevaba a restaurantes caros, enseñándome un estilo de vida que no había visto nunca. Yo no tenía dinero pero él vio que tenía potencial. Siempre me decía que simplemente le hacía sentir joven, que le hacía sentir lo divertida que era la vida. Imagino que estaba en un momento en el que pensaba ‘a la mierda con todo’. Cuando nosotros entramos en escena en cierto modo iluminamos su mundo”.

Cuando se integró en el colectivo, Ocean ya contaba con una colección de canciones propias para editar. Def Jam, sin embargo, no parecía estar por la labor. Cansado de evasivas y decepcionado por el trato recibido, decidió grabar el disco por su cuenta y lanzarlo bajo el paraguas de Odd Future. “nostalgia, ULTRA” se posteó en el Tumblr del colectivo a modo de descarga gratuita y acabó convirtiéndose en uno de los discos más aclamados del año. A pesar de que, en perspectiva, es decir, comparándolo con “Channel Orange”, su debut sólo mostraba parte de su potencial, el disco sentó las bases de su particular universo. Un mundo oscuro y complejo, alimentado por la melancolía y en el que las relaciones sentimentales están marcadas por un cierto sentido trágico. Tal y como Tyler lo describió en su momento, las canciones de “nostalgia, ULTRA” trataban sobre “chicas, relaciones y ser un joven negro rico”, pero el modo en el que estaban articuladas, con una mirada en la que se mezclaban la cercanía y el surrealismo, la indulgencia y el desamparo, las convertía en únicas.

"De repente, Def Jam estaba interesado en ficharle. Lo que no sabían los ejecutivos de la discográfica es que ya le tenían en nómina"

A partir de entonces su talento dejó de pasar desapercibido. Llegaron las llamadas de Kanye West y Jay-Z para que colaborara en “Watch The Throne” y de Beyoncé para que escribiera una canción para ella. Su mayor satisfacción, sin embargo, llegó cuando finalmente pudo resarcirse ante los que le habían ignorado. De repente, Def Jam estaba interesado en ficharle. Lo que no sabían los ejecutivos de la discográfica es que ya le tenían en nómina; Frank Ocean, el misterioso cantante surgido de Odd Future, era la misma persona que Lonny Breaux, el compositor en la sombra al que nunca habían tomado en serio como artista. Esta situación no sólo puso en evidencia la obsolescencia de una industria incapaz de reconocer el talento sino que volvió a corroborar que Ocean estaba destinado a romper esquemas. El talento había triunfado sobre la ignorancia y el poder había cambiado de manos: “si queréis el próximo álbum dadme un millón de dólares”, fue su respuesta.

Llegado el momento de centrarse en su segundo disco la presión se había multiplicado, pero su confianza en sí mismo había crecido en la misma proporción. Escribió las 14 canciones del álbum en tres meses, sentado frente al ordenador como si de un novelista se tratara. No en vano, Ocean siempre se ha definido como un escritor antes que un compositor musical. En su proceso creativo esto se traduce en que las letras siempre son lo primero: “ Si escribo historias que me gustan, luego el siguiente paso es encontrar el ambiente musical que mejor envuelva la historia”, dijo a Rap-Up.

Historias que, como el relato de su vida, nos hablan primordialmente de amor, dolor, y redención. Historias protagonizadas por personajes maltratados y alienados, en las que el sexo y los conflictos existenciales son temáticas recurrentes. Aunque en algunos casos resulta evidente su implicación emocional en las letras, la mayoría de veces Ocean adopta el papel de narrador, alejándose del centro de la acción para dar todo el protagonismo a un poder de evocación cinemático que se ha convertido en una de sus grandes señas de identidad. Como dice su amigo y colaborador Pharrell Williams, “ siempre le llamo James Taylor. Es probablemente lo más cercano al ejemplo perfecto de un escritor del inconsciente. Todas las canciones son como películas. Lo único que tienes que hacer es cerrar los ojos”.

"Antes de que estallase la tormenta, prefería ser él mismo quién prendiese la mecha"

Esta fijación por el componente lírico no significa que el apartado musical sea secundario, ni mucho menos. Tal y como ha demostrado “Channel Orange”, la mirada de Ocean va mucho más allá del R&B indie con el que se identificó a “nostalgia, ULTRA”. De hecho, en su último disco consigue algo que solo está al alcance de los más privilegiados: sobrevolar los géneros para dar con un sonido que remite a todo y nada a la vez. Es cierto que se pueden reconocer elementos de numerosos estilos, que van del neo-soul a la psicodelia pasando por el electro-funk o el jazz, pero, en conjunto, cuesta encontrar paralelismos con la expresión musical de Ocean. Sus melodías son extrañas, sus estructuras suelen ser asimétricas y su particular manera de entonar rehúye la inmediatez a favor de la asimilación pausada. Pero “Channel Orange” no sólo esquiva las convenciones en el plano estético, sino también en el conceptual. En la era de la estridencia, los hits pomposos y la producción ultra-tecnificada, se trata de un disco sutil y delicado, en él prácticamente no hay estribillos coreables y con una producción aparentemente austera pero extraordinariamente refinada. Se trata, además, de un disco que prima el concepto global por encima de los singles, y esto, en un momento en que la escucha de álbumes parece haber pasado a un segundo plano, es un acto de subversión. Uno más.

Pero la culminación de su escalada contracorriente aún estaba por llegar. Antes de publicar el disco, Ocean tenía que desprenderse de lo que él definió como “ una piedra que oprimía su pecho”. Algunas de las canciones de “Channel Orange” estaban abiertamente dirigidas a un hombre y él sabía que esto, en un mundo como el del R&B, cuya apertura de miras en referencia a la sexualidad es inversamente proporcional a su constante evolución sónica, no iba a pasar desapercibido. Antes de que estallase la tormenta, prefería ser él mismo quién prendiese la mecha. Una vez más, sería solamente él quién llevase las riendas de su carrera. Así fue como el 4 de julio invocó al BasedGod y compartió el escrito más revelador de su vida. De tono casi poético, ese conmovedor relato no sólo estremecía por su descarnada franqueza sino que descubría a un alma con una sensibilidad y una humanidad fuera de lo común. 700 palabras que, además de romper muros en el universo hip hop, se revelaban como el manifiesto vital de un artista que, tras sobreponerse a las circunstancias, empezaba a dejar su huella en la historia. Un talento privilegiado que, por el camino, se había convertido en un ser humano excepcional. A sus 25 años, el chico que “ intentaba escribir canciones como Stevie Wonder” se había convertido en una estrella de pleno derecho. Y lo había hecho escribiendo sus propias reglas.

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