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Miedo a las tetas

En los últimos meses el debate sobre la lactancia en público ha vuelto a estar en boca de todos, ¿a qué tenemos tanto miedo?

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La semana pasada circulaba por Internet una noticia que resultó ser un bulo. Varios blogs y usuarios de Facebook y Twitter se hicieron eco de una serie de declaraciones que aseguraban que el Gobierno mexicano iba a discutir una ley para prohibir a las mujeres que dieran de mamar en público.

Aunque la noticia es completamente falsa, lo cierto es que muchos se la creyeron, porque teniendo en cuenta la realidad a la que muchas mujeres lactantes se enfrentan a diario en este y otros países, podría parecer verdad. 

La semana pasada, también, el youtuber estadounidense Joey Salas publicaba en su canal de vídeo un experimento en el que una mujer daba de mamar en distintos espacios públicos, y era continuamente insultada e increpada por los transeúntes.

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Su vídeo no tardó en hacerse viral, y acto seguido buena parte de la prensa ya estaba haciéndose eco y avivando un debate que tiene años, pero que todavía sigue resultando polémico tanto en lo privado como a nivel político.

En España, el hecho de que la diputada de Carolina Bescansa llevara a su hijo al congreso y le diera de mamar durante la sesión, provocó que desde hace días en nuestro país tampoco se hablase de otra cosa.

La crianza está en boca de todos, la leche está en boca de todos, la libertad de una mujer a sacar o no sacar su pequeño pezón para alimentar a su hijo en otro lugar que no sea su casa, un claustrofóbico baño público o una sombra oscura detrás de unos arbustos, está en boca de todos.

Pero es que Internet tampoco se libra del debate.

Hace unos meses millones de madres de todo el mundo se unieron a una reivindicación surgida en Instagram, mediante la que pedían libertad para todas las mujeres que querían subir sus fotografías con sus bebés.

La censura en redes sociales de este tipo de imágenes provocó el nacimiento de varias cuentas en las que se pretende visibilizar una maternidad libre, natural, donde lo que se promueve es la belleza de unas imágenes que deberían ser cotidianas pero que nos hemos empeñado poco a poco a condenar y tapar.

@empoweredbirthproject

Nos gusta la maternidad, pero hasta cierto punto.

Amamos este tipo de escenas, pero cuando no están a la vista de todos, o son excepciones.

Hace unos días, de hecho, la prensa mundial se hacía eco de la noticia de una policía colombiana que después de encontrarse a un bebé abandonado, decidió amamantarlo con su propia leche —ella acababa de ser madre, pero ya estaba trabajando— para que el niño no muriese de hambre.

A todos nos gustó esa escena, porque convertía a la policía en una superheroína, en alguien que había dotado de humanidad a una historia terrible, en un absoluto ejemplo de vida.

Sin embargo, ante las fotografías y el vídeo del suceso, los comentarios negativos no tardaron en llegar: "¿y no podría taparse?", "¿y no podría haberlo hecho en privado?", "¿de verdad tenía que hacerse así la heroína?".

¿A qué tanto miedo? ¿Por qué tememos a unas tetas? ¿Qué hay de indecente en una madre que da de comer a un bebé? En un mundo donde los desnudos y el erotismo saturan la publicidad, ¿qué nos pasa con los pechos que expulsan leche?

Esa misma pregunta se la hacía la youtuber Kristina Kuzmic en una desternillante parodia, donde ella misma se ponía a dar de mamar junto a un anuncio de lencería protagonizado por una modelo de tetas enormes, o en un banco por el que pasaba otra mujer con un escote muy abierto, que en seguida se escandalizaba y salía huyendo.

Aunque vídeos como el de Kuzmic o el de Salads me hagan reír, lo cierto es que después de todo no lo entiendo.

Y por mucho que mire esta imagen buscando su lado asqueroso, morboso o pornográfico, no se lo encuentro.

Mirad como se aferra a un pezón.

Cómo se aferra a la vida.

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