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¡Bozosoku!: 5 historias de un Japón extremo

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Illegal Pop #3

Servando Rocha

04 Mayo 2015 06:00

1. Elvis en Japón. Una columna de motos liderada por un tipo con cara de pocos amigos y repleto de emblemas que recuerdan a un Yukio Mishima sobre ruedas, la memoria de lo que Japón aspiraba a ser o aquello que en el fondo siempre fue. Un ejemplo del Japón extremo: en diciembre de 1953 se estrenó la legendaria película ¡Salvaje!, protagonizada por unos rompedores Marlon Brando y Lee Marvin cuyo estilo y aspecto, su forma de hablar, moverse y el desprecio que mostraban, estaba llamada a ser la nueva marca de una época donde los jóvenes se convertirían en una fuerza desestabilizadora y agresiva. La onda expansiva de la película llegó incluso a Japón, tras dejar su impronta en Estados Unidos y Europa. En Japón, donde las bandas de jóvenes se movían según un estricto código de clandestinidad y secretismo, nada volvería a ser igual. No les faltaban modelos. La yakuza, la infame mafia nipona, sirvió de inspiración y modelo a la hora de construir la estructura de estos grupos que muy pronto superaron en violencia a muchas bandas americanas o inglesas. La llegada del rock and roll y la proliferación de motoristas hicieron popular la imagen de las chaquetas negras de cuero. Cantantes y guitarristas famosos como Yamashita o Hirao, que imitaban a Elvis Presley, triunfaban entre los adolescentes.



2. La raza del Sol. Algunos japoneses vieron en estas formas de rebelión tímidas sublevaciones, momentáneas y vinculadas a un fenómeno extranjero, por lo que decidieron crear su propia subcultura. A mediados de los cincuenta, más o menos al mismo tiempo que la llegada del motorista, se creó la banda de «La raza del Sol». Su líder era Shintaro Ishihara, un joven y provocador escritor que había logrado fama gracias a un best seller titulado Tiempo del Sol. Resulta complicado explicar el por qué de ese fenómeno. La obra, que narraba la historia de dos amigos en busca de aventuras sexuales y peligros, estaba cargada de mensajes de resistencia juvenil y la juventud aparecía como un arma de futuro: «Nosotros somos malvados que traemos la confusión a nuestro tiempo y el arma que utilizamos es nuestra juventud», escribió. Decenas de jóvenes de clase media imitaron fielmente su estilo violento y secreto, creando bandas en distintos lugares bajo nombres diferentes pero todas conectadas por la novela de Ishihara. Conocerlos o dar con alguna pista de quienes eran resultaba una tarea casi imposible. Eran escurridizos y manejaban a la perfección una especie de antipublicidad que jugaba a su favor; muy pronto parecían existir miembros en cada pueblo o ciudad del país y bastaba un adolescente armando escándalo o una imagen desarraigada y sucia de alguno de estos, para que aquella cuasi secta fuese noticia. Solían raparse o teñirse el pelo de rojo, aunque «lo importante era que una se divertía. Y yo me divertía —escribió una integrante del movimiento—. Daba gusto poder pertenecer a una banda. Olvidamos el viejo Japón, así como el nuevo. Sencillamente, no nos preocupábamos más por eso. En realidad, no nos preocupábamos por nada que fuera ajeno a la banda. La vida estaba llena de emociones. El embriagador sentimiento que se apodera de una cuando se roba algo que, en realidad, no se va a necesitar, o cuando se pega a alguien, simplemente porque tiene una cara de tonto y de hipócrita, y la excitación que se siente cuando una se comporta como una salvaje y cuando no se sabe lo que pasará en el próximo momento».



Fotograma de God speed you!


3. Kamikazes a bordo de motos. Los primeros clubes de motoristas forajidos nipones, tratados por las autoridades como bandas criminales, fueron los «bozosoku», a bordo de máquinas transformadas y luciendo largos abrigos sobre los que bordaban emblemas o símbolos junto al «tasuki» (cinta o faja usada para sujetar las mangas del kimono). El resultado era similar a un uniforme militar y solían llamarlos «Tokko-Fuku» (uniforme de ataque especial), recordando a los venerados kamikazes de la última gran guerra, encarnaciones del heroico pasado nipón y del antiguo samurái. A mediados de los años cincuenta, cientos de ellos recorrían las principales ciudades del país a bordo de máquinas de fabricación nacional (Suzukis o Yamahas) y comenzaron a recibir el nombre de «kaminarizoku» o la «Tribu del Trueno». Al principio, las autoridades no les prestaron excesiva atención, salvo la tragedia de los accidentes, muchas veces mortales, provocados por la conducción temeraria y las carreras ilegales. Sin embargo, todo cambió cuando los motoristas forajidos participaron en protestas juveniles, muchas veces liderándolas a bordo de sus motos.



Somos malvados que traemos la confusión a nuestro tiempo y el arma que utilizamos es nuestra juventud



4. Los protectores de su Majestad. La gran actividad de los clubes, todos ellos interesados en liderar la escena forajida y controlar el territorio, dio lugar a violentos choques entre bandas rivales, como los producidos en la ciudad de Kanagawa, cerca de Tokio, cuando varios clanes rivales protagonizaron una enorme batalla campal, o en Toyama Jiken, en donde participaron en la reyerta hasta tres mil miembros de bozosokus. La prensa, sin embargo, magnificó los incidentes logrando que el motorista forajido se convirtiera en un problema nacional. El gobierno fue tras ellos como un perro de presa. Clubes como Black Emperor, Fierce Tigers o Hell Tribe, al verse asediados por las autoridades, radicalizaron su estilo e imitaron mucho más a la yakuza. Desde entonces estarían abocados a la vida del proscrito. Décadas después, con los clubes forajidos perfectamente disciplinados y con estructuras paramilitares, la mayoría de sus miembros asumieron un discurso nacionalista y el aspecto de los legendarios kamikazes bajo lemas como «Protección a la Nación» o «Respeto a su Majestad».



5. El sol naciente también saldrá mañana. Japón es extremo, no puede ser otra cosa que excesivo y sorprendente, ambiguo y contradictorio. Mishima, el gran escritor que una vez soñó con el retorno del viejo imperio nipón y reclamó para sí mismo y su ejército desarmado aquella vieja gloria, lo fue: inestable, provocador, singular. Los bozosoku siguen existiendo en el Japón actual y poco o casi nada ha cambiado en ellos, aunque su popularidad ha alcanzado la moda, la literatura o el rock and roll; editoriales como Daisan Shokan, entre otras, publicaron decenas de libros inspirados en su historia; grupos de rock como Cools and Yokohama Ginbae compusieron canciones sobre bozosokus e imitaron la imagen del hampa. En la actualidad son estructuras similares al hampa, constituyen una poderosa fuerza callejera, controlan barrios enteros y pocas cosas suceden sin que ellos no lo sepan. Son la estirpe de un Elvis milenario, de un Brando con chaqueta negra y juran morir por el sol naciente.

*Recomendaciones del Japón extremo:

Libros:

—Shintaro Ishihara, La estación del sol (Gallo Nero, 2015)

—Masayuki Yoshinaga, Bozosoku (Trolley Books, 2015)

—Karl Taro greenfeld, Speed tribes (Harper Collins, 1995)

Películas y documentales:

—God speed you! black emperor, Mitsuo Yanagimachi (1976)

—Kamikaze girls, Tetsuya Nakashima (2004).

—Sayonara speed tribes, Jamie Morris (2013).

—Bakuhatsu! (Detonation!), Teruo Ishi (1975).

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