Columnas

El ingenioso hipster de la Mancha

Momus

PlayGround es una revista moderna ¿no creéis? Yo lo creo. Creo que tiene un elegante diseño y una selección de música y cultura con muy buen gusto. Es atractiva para la gente que esta enterada, gente más interesada de lo usual en la creatividad, originalidad y el estilo. No me gusta la palabra “hipsters”, pero PlayGround se hace atractiva para gente así, como quiera que les llamemos, ¿No creéis?

Ya sea que usemos “hipster” o que prefiramos el término de Richard Florida “la clase creativa”, probablemente queremos decir el tipo de gente que coloniza las areas decadentes y pobres, añadiéndoles valor en forma de galerías de arte, restaurantes de fusion global, y tiendas de bicis fixed-gear. El tipo de gente que mejora una zona, eleva los alquileres, y tiene que mudarse a otra zona. Pero esta bien, porque son gente joven, flexible, vigorosa, espabilada, sin raíces muy profundas. Gente a la que le gusta que las cosas sean frescas, estimulantes, y que estén cambiando constantemente.

Por supuesto, algunas personas odian a los hipsters. Usualmente –como cuando la revista Adbusters publicó un artículo el pasado agosto llamado: “Hipster: El callejón sin salida de la civilizacion occidental”.- son los hipsters-un-poco-menos-hip que odian a los hipsters-un-poco-más-hip por despreciarles y excluirles. Así que podemos considerar la mayor parte de esto como envidia.

Si atacas a los hipsters, se supone que debes atacarlos por la izquierda en lugar de la derecha, porque de otra manera solo vas a parecer un aburrido fuera de onda o un aguafiestas. Así que se supone que debes de decir que son politicamente conservadores, que deberían de cargar piedras en lugar de cámaras, y que deberían estar rompiedo cosas en lugar de estarse fotografiando unos a otros para sus blogs de estilo. O se supone que debes de decir que los hipsters son solo estádistica de marketing, y que (a pesar del hecho de que cualquier grupo puede ser objeto de marketing estos días) eso los invalida de alguna forma. Pero pese a este ataque-desde-la-izquierda, probablemente continues pareciendo un conservador. O un contrariado ex-hipster cuya novia se ha escapado con un tío más cool.

¿Me estaré abriendo para un ataque-por-la-izquierda si digo que creo que el ser moderno se trata esencialmente de tener ese aire old-fashioned, un código de honor? Para mi es ser caballeroso. Esa es una buena palabra, “caballeroso”, porque conjura la imagen de caballeros como Don Quijote. El código de honor de un caballero era escencialmente una etiqueta, una serie de cosas que debería y no debería hacer un aristócrata que quisiera causar sensación. Los elementos clave eran de que tenías que ser protagonista de actos valientes y virtuosos, ser honesto y ser bueno en la esgrima y el montar a caballo. También había un lado romántico en el código de un caballero: en el “amor cortés” (amour courtois) un hombre asume la independencia de una mujer para elegirlo o rechazarlo. (el sistema previo a la caballerosidad había utilizado el matrmoniopor conveniencia). Para tratar de ganar el favor de su dama, el caballero tenía que ser galante en sus esfuerzos para complacerla y alabarla. Tenía que ser un maestro en el arte de la poesía y el canto.

Para mí, el equivalente contemporáneo más cercano al caballero de los siglos 11 y 12 es el hipster. Como el caballero, el hipster presta gran atención en vestirse bien y en actuar de acuerdo a la etiqueta de lo cool. Se hace un maestro en el arte de la poesía y la música, ya sea haciéndola el mismo o seleccionando y citándola bien (a esta serenata moderna le llamamos “pinchar”). La mayoría de las veces es un tío delgaducho y nerd que nunca llamó mucho la atención de las chicas en el colegio; a los 20 se da cuenta de como la cultura le puede dar un atractivo que la naturaleza nunca le dió. Comienza a follar, y termina (gracias a una combinación de holgada moral bohemia y un look juvenil) teniendo mucho más sexo y con más gente que los tíos atléticos que se quedaban con todas las tías en el instituto. Todos ellos sientan cabeza pronto para la reproducción biológica, mientras nuestro hipster intenta reproducirse a si mismo por medios culturales. Y follando.

¿Qué papel desempeña la música para nuestro moderno caballero? La música es muy importante para el, pero no como música per se. Su gusto musical debe revelar su status como miembro de un círculo de gente sabia y cool, como miembro de una pandilla, como un connoisseur. Tiene que hacer las referencias correctas, o –mejor aún- tiene que trabajar en lo que he llamado “El frente de batalla de la revaluación”: ese lugar mágico (un rastrillo, tal vez, una tienda de chatarra o una tienda de discos de segunda mano) donde las cosas que no están de moda desde hace una década o mas vuelven a ser tasadas y adquieren un nuevo valor.

La música, para nuestro joven Don Quijote, no es solo música sino un filtro de amigos, una ventaja en sus estrategias de diferenciación social, una manera de forjar los lazos correctos a través del networking social, para acumular capital cultural. Puede que esto suene terrible, pero esta bien, ¡de verdad! La música nunca ha sido sólo sobre la resonancia de los sonidos. Siempre ha codificado importantes funciones sociales; eso es lo que la hace socialmente importante.

Por supuesto que todos los que hayáis leído a Cervantes me diréis: “Tu comparación con los caballeros esta bien, pero Don Quijote no fue un joven hipster, era un viejo excéntrico”. Eso es cierto, pero, hablando desde la experiencia, diré que lo verdaderamente cool es hacerse mayor y más excéntrico sin perder las virtudes caballerosas del hipstrellato. Lo más triste de ser moderno y cool es que la gente suele dejar de serlo después de su cumpleaños número 30, o después de que se casan y tienen hijos. Y la segunda cosa más triste de ser moderno y cool es que se puede convertir simplemente en una alternativa forma de conformidad.

Así que diré tres cosas:

1. ¡Que no os de vergüenza! ¿Es importante ser cool!2. ¡No os déis por vencidos! ¡Seguir con ello, aún cuando os hagáis mayores!3. ¡No os volváis conformistas o conservadores! ¡Volveos más raros y experimentales!

El momento más triste en la historia de El ingenioso hidalgo de la Mancha es cuando el viejo excéntrico pierde su fe en la caballerosidad, y se cura de su locura. ¡Aseguraos de que esto no os suceda!

Preso de su fascinación por ideas como la identidad, Japón, los viajes en el tiempo o el sexo, Nick Curry ha construido un personal mundo de referencias a través de sus discos como Momus y de artículos para The New York Times o Wired donde da una explicación sobre la manera en la que el desarrollo de la tecnología y las nuevas formas de comunicación han convertido lo que somos en algo diferente.

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