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Las horas perdidas

Edu Mas

Las horas perdidas Edu Mas El vicio de matar

Hablando con mi colega Fran, un profano total de los videojuegos, va y me pregunta: “Oye, ¿y el futuro de los videojuegos es la realidad virtual? “

Para entender mi respuesta, que la diré al final, es necesario pasar por un planteamiento que me hice mientras pensaba durante unos cinco segundos.

Hoy en día, si comparamos los videojuegos con el cine, por ejemplo, estaríamos en Meliés. Vemos el potencial y la voluntad, pero no ha nacido Howard Hawks siquiera. O sea, que tenemos la PS3, la consola más potente del mercado con juegos que la explotan al 40% más o menos (eso en cuanto a rendimiento), pero claro, son cortitos.

Y, amigos, si ya flipamos, esperad a que los desarrolladores lleguen al 80%. Antes sí, estábamos con la Atari petando asteroides, luego algunos recordaréis clásicos como el Green Beret o el Wolfenstein. Ahí ya estábamos pegando tiros o pegando patadas. Luego llegó el Némesis y el R-Type que se basaban en la misma idea que el Space Invaders, pero ya con un poquito de gracia. Hasta entonces eran casi postales de tres movimientos con una bailarina. Luego llegaron los 8 bits, los 16 y, bueno, pensábamos que el hombre iba a llegar a Saturno pasado mañana a este ritmo. Y no estábamos aún ni en el Zoótropo.

Llegan los 64 bits con plataformas de Sega, Nintendo y el nuevo mesías: Sony. A partir de aquí empieza a gestarse la verdadera revolución del género y pasamos de jugar a vivir experiencias. Obviamente los juegos en PC ya estaban por delante, pero eso, como termina Conan, ya es otra historia.

PS2, GameCube, Dreamcast, XBOX y cuando conducimos, disparamos, chutamos a portería o alcanzamos el nivel 3 de destreza, la cosa ya está hecha: los mandos vibran, los polígonos te permiten tener sensación espacial y algunos títulos clásicos ya empiezan a aparecer, el Metal Gear, el GTA San Andreas. Sony se hace la reina del baile indiscutible. Los demás sacan jueguecitos, pero la comunidad PlayStation gana por goleada.

Hoy, en la llamada Tercera Generación, los abochornados Nintendo dan una vuelta de tuerca y se acuerdan de que los videojuegos sirven para pasárselo bien sin más, así que sacan la Wii y la Nintendo DS y se hacen con una cota de mercado que hace encoger los esfínteres de Sony y Microsoft.

En España, en el territorio “serio”, XBOX 360 gana el primer round saliendo antes y sacando juegos brillantes como el Gears of War (para mi uno de los mejores de la historia), Tony Hawk 8, Pro Evolution, Splinter Cell Double Agent o el Ghost Recon, amén del Call of Duty 3 que te metía en la Segunda Guerra Mundial como nadie lo había hecho antes. PS3 aterriza casi séis meses después con un título estrella llamado Heavenly Sword que parece una broma de mal gusto. Microsoft aguanta el tirón y saca antes que PS3 obras de arte como el Assassins Creed, el BioShock, Rainbow Six y le asesta un durísimo golpe con el Halo 3 record de ventas histórico. Y ahí se termina el reinado de XBOX 360. Porque, como todo lo que hace Microsoft, la consola empieza a fallar de manera alarmante y sale el temido ring of fire.

PS3 empieza a demostrar las capacidades de su maravilla tecnológica y barre en gráficos, los mismos juegos al fin que XBOX pero sin que la consola no chute o se recaliente o directamente tarde un siglo en cargar, futuros lanzamientos y juegazos clásicos de la plataforma como el GTA IV, Metal Gear 4, Gran Turismo y SingStar.

Total que a mi, que me gustan los shooters en primera persona o en tercera y que ya flipaba con el Wolfenstein o el Duke Nukem y que llevo diez años pegando tiros con todas las clases de armas, escenarios e historias que os podáis imaginar estoy que flipo con el Call of Duty 4 en la XBOX 360 que tiene una capacidad para meterte en la historia insólita, mucho mejor que el 3 de un año antes. Y en ese zénit, me compro la PS3 y flipo, porque es una realidad distinta, pero es una realidad real.

Esto es lo que pensé en 5 segundos para tener en cuenta una respuesta que parece imbécil:

-Seguramente, pero es como ir al cine o ir al IMAX, ¿sabes?-Ah, que cansa.-Exacto.

Y ésa es la cuestión. Si tienes que elegir entre estar en el salón de tu casa en plan pro con un proyector HD (no es mi caso) sentadito en el sofá, fumando de vez en cuando, parando el juego porque te llaman y esas cosas del estar hangeando o meterte con una similitud a la realidad tan alta en Irak a recibir disparos… Yo lo que quiero es jugar, matar todo lo posible, sean alienígenas, pelotas de colores o soldados americanos, pero quiero jugar, no formar parte de ello. Que tengo un gato, por Dios.

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