PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

Algunos de nuestros héroes culturales en realidad fueron poetas del fuego

H

 

Illegal Pop #1

Servando Rocha

18 Marzo 2015 06:00

*En la imagen, Fire Poem de Robert Montgomery

El domingo 12 de mayo de 1850, Thoreau escribía en su diario una frase que parece el título de una canción, un libro o el inicio de un gran relato: «en una ocasión le prendí fuego al bosque». A continuación se explica. Un día de abril paseaba en compañía de un amigo suyo para acampar en la ribera del río o buscar refugio en alguna cabaña. Luego, una vez que ambos se detuvieron, hicieron un pequeño fuego que muy pronto se descontroló.

La tierra estaba muy seca y las llamas se extendieron con gran rapidez.

Asustados, intentaron sin éxito apagarlas con pies y manos: «el fuego se extendió rápidamente, colina arriba, por la hierba seca y tupida que había entre los arbustos», explica mientras el fuego aumentaba cada vez más, imparable, en su avance hacia el bosque colindante. «Así avanzaban las llamas con agreste placer, mientras sentíamos que no había modo de controlar a la criatura demoníaca que nosotros mismos habíamos despertado».

Caí dentro del anillo de fuego / Fui abajo, abajo, abajo / Y las llamas crecieron


Tras avisar a varios vecinos subió hasta una lona y allí se sentó tranquilamente a contemplar las llamas. «Le he prendido fuego al bosque —confiesa al mismo tiempo que  intenta aplacar su conciencia— pero no hay nada mal en lo que he hecho, y ahora es como si un rayo lo hubiera provocado. Estas llamas no están más que consumiendo su alimento natural».

Thoreau no tiene miedo alguno ni esta sobrecogido. Siente el mismo placer que Walt Whitman ante un «espectáculo glorioso y yo era el único que estaba disfrutando de él», cuando en Canto de las Alegrías el poeta afirmó: «¡Oh, las alegrías del bombero! ¡Oigo la alarma en lo profundo de la noche! ¡Oigo las campanas, los gritos! ¡Me adelanto a la multitud, corro! La vista de las llamas me enloquece de placer».

Pero Thoreau es solo uno de una lista más amplia lista.

Johnny Cash, quien en su autobiografía cuenta cómo fue su acto incendiario en el bosque nacional de Los Padres, en Ventura (California), fue otro incendiario.

Me importa un bledo sus buitres, dijo Johnny Cash cuando le recriminaron las devastadoras consecuencias de su incendio


Una mañana, tras aparcar en el monte y bajo los efectos de las drogas, no se dio cuenta que su camioneta perdía aceite y que poco a poco comenzaba a desatarse un pequeño incendio. «El viento propagó rápidamente el fuego, y no había ya nada que yo pudiera hacer», afirma. Cash, cuando vio acercarse a los agentes, no dudó en agarrar su caña de pescar  y bajar hasta un arroyo, «imaginando que aunque hubiera apenas unos centímetros de agua, iba a hacer ver que estaba tan enfrascado en la pesca que no me había dado cuenta de que, a mi espalda, el fuego devoraba el paisaje y a mi camioneta arriba en la colina».

Cuando hicieron su aparición las avionetas antiincendios y los bomberos, tampoco perdió el humor. Un agente del servicio forestal le preguntó si él había causado aquel desastre: «Fue mi camioneta», respondió.

A causa del incendio, la población de cóndores de California se redujo de cincuenta y tres a solamente nueve ejemplares y Cash, cuando compareció ante el juez y este le recriminó por las devastadoras consecuencias, respondió: «Me importan un bledo sus buitres».

A su modo, tarareaba la letra de su canción «Ring of fire», esa que dice: «Caí dentro del anillo de fuego / Fui abajo, abajo, abajo / Y las llamas crecieron / Y quema, quema, quema / El anillo de fuego/ El anillo de fuego».

La culpa fue del fuego.


share