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¿Qué ha hecho Pedro Almodóvar para merecer esto? Las claves de su cine

A las puertas del estreno de “Los Amantes Pasajeros”, nos adentramos en el universo creativo del director manchego para descubrir cómo se convirtió en un director único

El viernes se estrena en nuestras pantallas la última película de Almodóvar, “Los Amantes Pasajeros”, la que parece que será su primera comedia pura en muchos años. Es el momento de acercarse a la filmografía del manchego y descubrir cuál es el recorrido que ha seguido el director para convertirse en uno de los cineastas más respetados dentro y fuera de nuestras fronteras.

Pedro es el chico que nació en un pequeño pueblo de Ciudad Real en los años más duros del franquismo, en una España negra, profunda y que, desgraciadamente, aún enseña las uñas. Pedro es el joven que empezó a rodar su primera película con el poco dinero que podía ahorrar, tirando de amigos y aprovechando sus ratos libres. Durante el día era ordenanza de Telefónica, durante la noche, un joven más en esa Movida madrileña que ahora todo el mundo reclama como suya pero que vivieron cuatro gatos. Pedro es el mismo que rodó “Pepi, Luci, Bom y Otras Chicas del Montón” con 500.000 pesetas, una cinta absolutamente delirante e iconoclasta protagonizada por una ama de casa masoquista que deja a su marido para convertirse en la “esclava” de una Alaska adolescente. Almodóvar no nace (más bien se hace) hasta cuatro años más tarde, cuando rueda “¿Qué He Hecho Yo Para Merecer Esto?”, la primera cinta del director que le da verdadero reconocimiento y en el que narra la odisea de un ama de casa para sacar adelante a su familia. Desde entonces, Almodóvar empieza a crecer hasta prácticamente engullir a Pedro. Pocos conocen a Pedro (yo no, desde luego), pero Almodóvar es un nombre reconocido a nivel internacional (sólo un director español logró antes hacerse un nombre fuera, y hay que retrotraerse nada menos que a Luis Buñuel), con un buen plantel de películas a sus espaldas y que despierta todo tipo de pasiones, pero casi nunca la indiferencia. Es, probablemente, uno de los personajes públicos más controvertidos del mundo de la cultura en España: antes de que hable, ya hay quien está afilando la lengua para responder. A veces, es imposible dejar de tener esa sensación de que en realidad no es más que una víctima de eso tan español de criticar al que tiene éxito, porque sí, porque la envidia corroe. Aún recuerdo hace años, en un viaje a París, pasar por los Campos Elíseos y comprobar cómo cientos de personas hacían cola para ver “Tacones Lejanos”. Ahora a nadie sorprendería esa escena. Entonces, era un hito.

Cuando está a punto de estrenarse “Los Amantes Pasajeros” echamos la vista atrás para descubrir cómo el director pasó de ser Pedro a Almodóvar, y para eso, nada mejor que fijarnos en algunos de los puntos clave su prolífica obra.

1. El primer Almodóvar

Si hay algo que caracteriza las primeras cintas de Almodóvar es su iconoclastia absoluta, esa irreverencia que en estos tiempos de incorrección política sería inimaginable. Por ejemplo, rodar “Entre Tinieblas” en pleno siglo XXI, protagonizada por una prostituta que se refugia en un convento de monjas absolutamente atípico: Marisa Paredes teniendo visiones marianas mientras corta la verdura, Carmen Maura cuidando de un tigre o Chus Lampreave dando vida a esa inolvidable Sor Rata de Callejón que se plantea dejar el convento.

Es la época de Almodóvar en la que el humor y el ingenio suplían con creces la falta de medios pero, sobre todo, lo más llamativo era esa frescura, esa forma de hacer cine que recogía a la perfección la colisión de esa España rancia y franquista con esa otra nueva que pugnaba por tener voz y culturas propias, que se quería liberar de todas las convenciones sociales previas y que buscaba un camino nuevo mientras intentaba sobrevivir. Sin duda, el mejor ejemplo es el de la protagonista de “¿Qué He Hecho Yo Para Merecer Esto?”, en la que Carmen Maura tenía que lidiar con una familia absolutamente disfuncional y una economía bastante precaria.

También de esa época resulta impagable “Laberinto de Pasiones”, con una trama delirante y que refleja como pocas el Madrid canalla de los 80 y con un Imanol Arias a años luz de su personaje de “Cuéntame”. Pero entre los mejores momentos de la cinta, sin duda, está la desmelenada actuación de Almodóvar y McNamara cantando “Suck It To Me”.

Tampoco tiene desperdicio esa Carmen Maura pidiendo a un jardinero que la riegue para combatir el calor en “La Ley del Deseo” o las incursiones nocturnas por fiestas y bares de las protagonistas de “Pepi, Luci, Bom y Otras Chicas del Montón”.

Ver estas películas, además, tiene un valor añadido, y es ese viaje en el tiempo a un Madrid absolutamente reconocible para quienes crecimos viendo autobuses rojos de incómodas sillas, taxis negros de formas angulosas y esos horribles bloques de edificios que trajo la transición a la periferia, aquel Madrid en el que se iba en Vespa sin casco, se fumaba sin pudor en el andén del metro y Malasaña estaba a años luz de ser un barrio invadido por tiendas de cupcakes. Parece que fue ayer...

2. La consagración

Si hay una película que marca un antes y un después en la obra de Almodóvar, ésa es, nadie lo puede cuestionar, “Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios”. España está metida de lleno en la cultura del pelotazo y los personajes de Almodóvar ya no son marginales, sino profesionales de éxito (los tan cacareados yuppies o, en su versión más castiza, “ejecutivos agresivos”) y mujeres independientes que anteponían su propia felicidad a las relaciones de pareja. El ama de casa deja de ser protagonista (por muy reivindicativa y luchadora que fuera) para convertirse en ese personaje secundario y extraño que daba pie a situaciones delirantes.

Pero hablemos de “Mujeres...”, la obra pivotal de Almodóvar: en ella vemos a Pepa (Carmen Maura) dando por finiquitada su relación, y qué mejor forma de hacerlo que prendiendo fuego al colchón conyugal y lanzando por la ventana las pertenencias de su ex, ese hombre absolutamente secundario y que sólo vemos al principio de la cinta: a Almodóvar le bastan unos minutos para presentárnoslo como un tipo veleta y egoísta. El clásico hombre que recurre al “no eres tú, soy yo” para esconder su infidelidad o cobardía. Normal que Pepa se cabree, que opte por prepararle ese gazpacho lleno de pastillas... aunque finalmente sea otra su víctima. “Mujeres...” es una comedia melodramática con algo de vodevil, con un guión más que sofisticado y unos planos, fundidos y secuencias que nos hablan de un director no sólo con mucho oficio a sus espaldas, sino ante todo, muy cinéfilo, que hace guiños a ese cine clásico imperecedero al que rinde tributo. Estamos, además, ante una película coral en la que brillan las mujeres de forma absoluta: hasta el papel más desagradecido, el de esa Rossy de Palma que se pasa la cinta durmiendo, es todo un regalo en una industria que relega a la mujer a un papel secundario. Aquí llevan todo el peso Carmen Maura, Chus Lampreave (impagable como portera testigo de Jehová), María Barranco y Julieta Serrano.

Mención aparte, por cierto, merece el “mambo taxi”.

A “Mujeres...” le sigue “Átame”, que, camuflada de obra menor, en realidad esconde una de las perlas de Almodóvar. “Átame” parte de una idea enfermiza y psicótica del amor: el chico (Antonio Banderas) que secuestra a la actriz porno (Victoria Abril) para que se enamore de él. Con un guión que prácticamente sigue la unidad de tiempo, lugar y acción, y en el que todo el peso cae sobre las espaldas de Abril y Banderas, aquí empezamos a ver a ese Almodóvar grave, un poco serio, que irá ganando terreno al Pedro gamberro y bon vivant de sus comienzos. Si casi todas las películas sobre relaciones empiezan con la felicidad para ir mostrando el declive y destrucción de la pareja, aquí se sigue justo el proceso inverso, y de paso, se pone en evidencia que en el amor, no existe convención social posible y que cada pareja marca sus propias reglas.

3. Madurez

Es en los 90 cuando Almodóvar, definitivamente, se consagra como ese monstruo cinematográfico que es hoy y donde se terminan de consolidar las señas de identidad del director: mezcla de comedia y drama desgarrador, mujeres que hacen frente a todo tipo de adversidades sin tener que recurrir a un hombre que les saque las castañas del fuego (más bien son ellos quienes meten a las mujeres en problemas), guiños al cine clásico, los carteles de Juan Gatti, la música de Alberto Iglesias, ese color saturado, la reivindicación de la gente de a pie, la normalización de otras sexualidades y géneros... y todo, sin venderse a la “industria” cinematográfica: es cine hecho aquí, fijándose en las costumbres de aquí, y que pese a su localismo, logra traspasar fronteras porque en el fondo toca temas universales. Seguro que Almodóvar podría rodar un taquillazo de Hollywood con reparto internacional, en otro idioma, y con muchos más recursos. Pero ni lo necesita ni lo quiere. Almodóvar puede contar en un momento dado con la ayuda de artistas extranjeros, como cuando incluyó a Pina Bausch en “Hable Con Ella” o recurrió al vestuario de Gaultier para “Kika”, pero nos sigue trayendo personajes absolutamente reconocibles, como esa Carmen Maura en “Volver”, encarnando a esa madre con zapatillas a cuadros y calcetines ejecutivos color carne que daba besos de abuela.

"Ha asumido riesgos, sin duda, y los resultados, a veces, han sido irregulares, pero cuando acierta, lo hace de lleno"

En esta última etapa, las películas de Almodóvar se han vuelto, decíamos, más graves, tocando temas mucho más trascendentales, como el abuso infantil en “La Mala Educación”, la maternidad en “Todo Sobre Mi Madre” y hasta la identidad sexual en “La Piel Que Habito”. Ha asumido riesgos, sin duda, y los resultados, a veces, han sido irregulares: “La Mala Educación” –casualmente la única de sus cintas que no gira en torno a mujeres– y “Kika” son las películas más olvidables. Pero cuando acierta, lo hace de lleno, y “Hable Con Ella”, “Volver” o “Todo Sobre Mi Madre” son ya clásicos por derecho propio, y lo son gracias a ese poder de Almodóvar para sacar lo mejor de cada actor, a ese amor por los detalles y, sobre todo, a esa empatía que sin duda siente por cada uno de los personajes que pueblan sus historias, unas historias, que después de todo, tienen de fondo un único gran tema: la comunicación en la relaciones interpersonales.

Como lleva siendo tradición en Almodóvar, su nueva película se estrena casi con la llegada de la primavera en lo que parece que es su vuelta definitiva a la comedia: rodada en ese aeropuerto fantasma de Ciudad Real y con un reparto coral, de momento poco más ha trascendido, salvo ese tráiler que a día de hoy ya se ha convertido en uno de los más comentados de la temporada. Habrá que esperar, como siempre, al estreno.

* Entra en el universo visual de Almodóvar en esta fotogalería que hemos preparado

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