Columnas

No hagáis un grupo

Antonio Luque

No hagáis un grupo Antonio LuquePodéis quedaros sordos. Se habla de la sordera del iPod. Pero cada vez son más los chavales que deciden hacer un grupo frente a los que se pasan las tardes escuchando la chicharra del altavoz del teléfono móvil que "regalan" con los contratos de permanencia de las empresas de telefonía móvil, esas , a las que les va mejor cuanto peor les vaya a los demás, pues no hay nada como el teléfono para contar desgracias, al menos ese es el uso que siempre le dio mi familia, y si la formulación de las preguntas "¿qué te duele hoy?" y "¿qué has comido hoy?" no viniera del mismo laboratorio, es posible que Graham Bell hubiera preferido adelantarse a Leo Fender o a Les Paul en el desarrollo de la guitarra eléctrica, esa otra plaga de los tímpanos. No hagáis un grupo. Podéis coger un cáncer de pulmón. Ahora me doy cuenta; los padres no siempre se equivocan. Está muy mal visto tener un grupo y no fumar cualquier cosa. Se es más artista echando humo, como era más guapo Humphrey Bogart fumando, ese tío tan feo y, probablemente, tan apestoso. ¿Y la cirrosis hepática?

Hace unos meses fui espectador en un homenaje a Silvio, "el rockero sevillano" (cuando a un sevillano se le concede un título es porque no cruzó demasiado las fronteras de la provincia; perdónenme los que no conocen la referencia y los que sí). Pregunté a uno que toca conmigo si acabaríamos tan demacrados como los que subían al escenario del homenaje. "Por supuesto", dijo. Me dio terror. ¡Coño, es que uno de aquellos veteranos había estampado su coche contra un muro en una mala tarde! Tuve la desgracia de ver por casualidad el documental sobre la vida y milagros de Silvio junto a mis padres, anclados frente a la televisión. Me miraron con lástima. Y da igual ya qué les cuente sobre mi vida como músico. Se limitan a decir: "Gijón, qué lejos", "Murcia, qué lejos", y así con todas las provincias excepto Cádiz y Huelva. ¡Muy sevillano eso! La carretera. Es verdad que es muy aburrida desde que adelantar no tiene ningún mérito. No hagáis un grupo. La gente joven lo ve claro al principio. Copas gratis y fans. Sexo, droga y rock and roll. Un MySpace de colorines. Igual que el de los Oasis. Los ahorros a la tienda de música. Las maquetas en el ordenador, sin secretos para las nuevas generaciones. Ya está todo hecho. Del sonido de juguete del PC al altavoz de todo a cien del móvil del colega al que das la brasa con tu maqueta. Además, ¿quién ignora que con la consiguiente proliferación de artistas hay que cuidar muchísimo la puesta en escena? Es una excelente oportunidad para travestirse en público, por ejemplo. El gran sueño oculto de tantos y tantos ya no tiene por qué verse atrapado en las fechas de carnaval. ¿Quién no tiene un amigo torpe como para dejarlo como bajista porque sólo tendrá que tocar cuatro cuerdas? ¿Y el típico colega aporreador? ¿Y uno que haya ahorrado para un pedal de distorsión, ese cacharro mágico que hace que no se note que has puesto una garra sobre el mástil, en vez de una mano? Los locales de ensayo aparecen como setas en los polígonos industriales sin industrias, y los sordos se declaran amantes de la música a ambos lados del myspace, el del consumidor y el del productor, que si no empatan ya en género y número no debe de faltar mucho: cosas de la democracia del consumo de las magníficas tecnologías de usar y tirar, y de las ganas de beber de pescuezo (de follar ni hablamos).

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