Columnas

La moda grunge: tibios síntomas de regreso para un mundo en crisis

Al calor de la controvertida última colección de Hedi Slimane para Saint Laurent nos preguntamos si estamos ante la vuelta definitiva del estilo que marcó a toda una generación en los noventas.

Frances Bean Cobain fotografiada por Hedi Slimane.

Es improbable que haya un revival del grunge en lo musical, a pesar de la cercanía del 20 aniversario de la muerte de Kurt Cobain, que se cumplirá el año próximo. Pero las últimas colecciones de Hedi Slimane y Dries Van Noten buscan inspiración en la estética desaliñada de la Generación X en tiempos de crisis, y avisan de un regreso que ya no parece tan improbable.

Ha sido uno de los desfiles que más comentarios, manos a la cabeza y posts de blogs de moda ha despertado de la última Paris Fashion Week. La segunda colección del diseñador Hedi Slimane para Saint Laurent –la de otoño-invierno 2013– recuperaba el espíritu y el aspecto desaliñado que el grunge puso de moda a principios de los noventa. Enormes camisas de cuadros, microvestidos florales de aspecto apolillado, kohl corrido en los ojos, botas militares… Sin embargo, la controversia que ha rodeado la propuesta de Slimane no sólo atañe a lo visto sobre la pasarela, sino también a lo acaecido en el front-row, donde las plumas más influyentes de la moda han sido vetadas por el diseñador. Esas vacantes en primera fila han sido suplidas por una serie de jóvenes estrellas que marcan el cambio de diva a la que rinde pleitesía la nueva idiosincrasia Saint Laurent (ahora sin el Yves delante y con su cuartel general instalado en Nueva York). Se acabó la era de Catherine Deneuve. Slimane y su ya manifiesta megalomanía prefiere un modelo de mujer más joven, menos elegante; más americano y menos europeo. Más irreverente y menos distinguido. Es algo que ya dejó ver con su primera colección, en la que recuperaba el espíritu bohemio y chic. Ahora cambia el contador en la máquina del tiempo y viaja al Seattle de principios de los noventa para recuperar la estética de esa generación que creció venerando a Kurt Cobain. Pero no ha sido el único.

El retorno del estilo grunge, del aspecto de las Riot Grrrls y el kinderwhore también ha tomado las pasarelas de la mano de otras casas de moda, incluso antes de la incursión del propio Slimane. El belga Dries Van Noten ya apostó por la superposición de falda y pantalón, las gafas de pasta y las sempiternas camisas de cuadros en su colección primavera-verano 2013 el pasado mes de octubre. House Of Holland y 3.1 Phillip Lim también se sumergen en el grunge para patronar sus recientes colecciones. Incluso en la propuesta de Rihanna para River Island hemos visto las enormes camisas anudadas a la cintura, un inequívoco gesto fashion que recupera la dejadez estética del movimiento musical. En la rueda infinita del revival que es la moda actual, este año le ha tocado el turno a última década del siglo XX y a la memoria de una de las escenas musicales con más fervor y carga icónica de la historia moderna. ¿Se trata de un capricho de los diseñadores o viene dado por las efemérides?

En 2014 se cumplen 20 años tanto de la muerte de Kurt Cobain como del lanzamiento de “MTV Unplugged In New York”. El cuarto álbum de Nirvana –el primero en directo– era la consagración del estilo en el circuito comercial. El grunge, que hasta el momento había navegado en terrenos underground, es engullido por el establishment. Y su guía espiritual arrastrado hasta un pozo sin fondo de sentimientos contradictorios y angustias que le abocaría al suicidio (vamos a hablar de suicidio a pesar de que la teoría del asesinato apoyada, entre otros, por Kim Gordon esté presente en nuestras mentes). ¿Por qué celebrar la efeméride de la muerte de Cobain y no el vigésimo aniversario de cualquiera de los tres discos anteriores de la banda? Lo oscuro del desenlace vital del líder de Nirvana es precisamente lo que lo convertiría en una figura icónica. Era la triste culminación de un sentimiento de pesadumbre e inconformismo que rodeó toda la música de esa misma generación.

"Hedi Slimane ha impuesto su ley, una que trata de vender apoyado en la nostalgia y en la música, pero no de aportar nuevas ideas estéticas al mundo"

De hecho, se han realizado estudios psicológicos y musicológicos que determinan que los noventas fueron, en términos sonoros, la era más depresiva y deprimente de la música moderna. Con una estrepitosa recesión azotando el globo en los últimos años, podemos decir que el espíritu actual casa a la perfección con la pesadumbre grunge de los noventas. No obstante, ¿qué comprador potencial de Saint Laurent, Dries Van Noten, y demás firmas puede estar atravesando los graves problemas económicos que afectan a la extinta clase media occidental? ¿Son las jóvenes nuevas estrellas desaliñadas de Hollywood las mejores para hacer gala de ese aire entre taciturno y eternamente disconforme que lucieron los representantes del sonido de Seattle desde sus pequeños podios de éxito en el valle californiano? Hedi Slimane, que ya tomó a un joven músico problemático como modelo y lo ensalzó a la categoría de icono estilístico con Pete Doherty, podría repetir jugada ahora con Kristen Stewart y su eterno aspecto de estar de vuelta de todo/recién levantada o con la delicadeza de aires politoxicómanos de la polifacética Sky Ferreira.

"No es sólo el grunge, son todos los diferente movimientos que acaecieron en la década de los 90 los que parecen volver ahora"

En realidad, hay dos puntos que ponen en duda la total vuelta del grunge. El primero es que no sólo parece rebrotar este movimientoa día de hoy: el britpop, la respuesta europea a la oleada grunge en la década de los noventas, también vive estos días su particular revival, si bien éste se da encima de los escenarios y no es las pasarelas. Suede, Pulp y Blur se vuelven a reunir para repasar sus carreras. El rave ha sido referenciado en numerosas ocasiones en los últimos años, sobre todo en la electrónica y el clubbing de público selecto, y su regreso definitivo podría culminarse con la secuela de “Trainspotting” que Danny Boyle acaba de anunciar. Lollapalooza, el festival que nació en plena explosión grunge representando a esa Generación X norteamericana devota del sonido de Nirvana, Soundgarden, Pearl Jam, etc. vuelve a estar en la ruta de festivales americanos desde hace un par de años y tras dos periodos de ausencia. No es sólo el grunge, son todos los diferentes movimientos que acaecieron en esa década los que parecen volver ahora, cuando se cumplen veinte años de su nacimiento.

Los estudios de comportamiento de compradores lo llaman “estrategia de nostalgia”. Por norma general, la adolescencia es una época en la que vivimos momentos de intensidad emocional y los relacionamos con la música que escuchamos. Si a principios de los noventa eras un adolescente, veinte años después debes estar rondando los treinta y tantos y perteneces a ese target curioso, en consonancia con las tendencias y con poder adquisitivo. El segundo punto que pone en duda la vuelta del grunge es, precisamente que la recuperación estética no viene acompañada por una nueva escena musical cuya referencia clara sea el sonido de Seattle. Musicalmente hablando, no hay signos de que la distorsión en las guitarras, la pesadumbre en el discurso y la rabia enfatizada en gritos y sonidos guturales vuelva a estar en las radios o en los medios especializados.

Como dijo Yves Saint Laurent, la alta costura ha perdido el deseo estético. Hedi Slimane ha impuesto su ley, una que trata de vender apoyado en la nostalgia y en la música, pero no de aportar nuevas ideas estéticas al mundo. La jugada, desde el punto de vista estratégico y comercial, tiene cierto sentido. Trasladar su cuartel desde una Europa en recesión –no sólo económica, sino también de valores– a Los Ángeles, donde se concentra la mayoría del star-system mundial y donde toda clase de estrellas sirven de escaparate para las casas de moda en su día a día y gracias a las persecuciones de los paparazis. Lo económico por encima de lo artístico como nuevo paradigma de la alta costura se materializa reivindicando un movimiento cuyos valores precisamente luchaban contra todo esto. Es la enésima contradicción de la moda. Pero también es la enésima contradicción del grunge. Y la matemática dice que menos más menos es más.

* Entra en esta galería que hemos preparado con algunos de los hitos pasados y presentes de la presencia del grunge en la moda.

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