Columnas

El futuro gay del hip-hop ya está aquí

IloveMakonnen y Young Thug: derribando prejuicios a golpe de trap

Cuando tenía 18 años, Makonnen Sheran fue acusado de homicidio involuntario. A consecuencia de ello tuvo que pasar los siguientes siete años bajo vigilancia. Primero, con un localizador en el tobillo y después en libertad condicional. Teniendo en cuenta que hablamos de un aspirante a rapero, su background puede sonar a cliché. Pero, además de aprender a producir y rapear, Makonnen dedicó esos años a estudiar maquillaje y peluquería.

Ahora, a sus 25 años, ILoveMakonnen saborea el fulgurante éxito de Tuesday. La canción, en la que colabora Drake, acumula 75 millones de visionados en YouTube. En Internet ya es una estrella. Y el mundo offline no tardará en darse cuenta de ello. Cuando eso ocurra, el rap habrá engendrado una de sus figuras más heterodoxas. No solo por un sonido marciano que da una nueva vuelta de tuerca a la escena New Weird Atlanta. Sino en lo referente a su sexualidad.

El mundo del rap cree que soy gay. Una gran parte del público también. Creen que soy homosexual, lo cual no es un problema. Pero no quiero decir 'soy gay', ni 'soy heterosexual', ni 'soy bisexual', ni nada de eso porque eso solo es... ¿a quién le importa? Lo único que hace eso es dividirnos”, decía recientemente al New York Times.

En el caso de que Makonnen lo fuera, no sería el primer caso de homosexualidad en el hip-hop. En los últimos años, raperos abiertamente gay como Le1f, Cakes Da Killa o Mykki Blanco están explorando las intersecciones entre el rap y lo queer. Pero todos ellos se han establecido en un ecosistema paralelo, un submundo underground alejado de lo comercial y de los circuitos tradicionales del rap.

A pesar de lo lejos que está del prototipo de rapero, ILoveMakonnen sí está integrado en dichos círculos. Es de Atlanta, la cuna del trap, está apadrinado por Drake y en su última mixtape colaboran Gucci Mane y Migos, artistas que sí representan el arquetipo de rapero callejero. Incluso tiene una canción sobre sus tiempos como camello de MDMA.

Es esta confluencia la que le convierte en un serio candidato a convertirse en el primer rapero masivo gay.

Y aunque al final no fuera así, lo que parece evidente es que la silla para un artista homosexual en el mainstream hip-hop ya existe.

El género está experimentando algo así como el equivalente a su revolución de los derechos civiles. Tras muchos años de homofobia, determinados gestos están empezando a arrinconar la discriminación.

Uno de los grandes puntos de inflexión fue la salida del armario de Frank Ocean en 2012. No tanto por el gesto en sí mismo —al fin y al cabo, es algo que no debería sorprender a nadie— sino por la aceptación que demostraron la inmensa mayoría de artistas hip-hop, incluyendo algunos, como The Game, que anteriormente habían mostrado actitudes homófobas.

Durante la mayor parte de su historia, el hip-hop había sido extremadamente conservador en relación a la identidad de género, cuando no directamente reaccionario. Sin embargo, las nuevas generaciones de artistas han sabido dejar atrás los viejos paradigmas para hacer evolucionar el género. Un rapero con el tipo de voz, la actitud y el imaginario de iLoveMakonnen hubiese sido inaceptable en los noventa.

Hay un cierto trasfondo político-social en esta evolución. El hip-hop solía ser la voz de una comunidad muy específica, un movimiento que daba la palabra a a los que normalmente nadie escuchaba. Pero ya ha dejado de ser la CNN negra. Cuando los adolescentes blancos lo convirtieron en su música favorita, el hip-hop dejó de ser coto exclusivo de los afroamericanos. Ahora es de todos. Y este “todos” incluye, por supuesto, a los homosexuales.

Esta polinización también ha implicado un cambio en el mensaje. Cada época ha tenido sus temáticas dominantes. En los noventa, predominó el imaginario gangsta. Pero, en los últimos tiempos, el mensaje del rap ha derivado hacia una celebración del hedonismo. Gran parte del hip-hop actual habla de fiesta, sexo y dinero. Es decir, de diversión. Puede que la vieja guardia lo vea como un síntoma de la decadencia del género. Pero es un mensaje que lleva implícito un cierto “vive y deja vivir”, un “lo importante es pasarlo bien: que cada uno lo haga como prefiera”.

Este proceso no solo afecta a la temática de la música sino al propio sonido. El máximo exponente de ello es Young Thug, un rapero cuyo máximo atractivo es, precisamente, el modo en que traslada al micrófono su ambigüedad sexual.

A pesar de que nunca ha reconocido ser homosexual, nadie está empujando los límites tanto como este joven rapero de Atlanta. En Instagram, se pone vestidos de leopardo, se pinta las uñas y se refiere a otros raperos como Rich Homie Quan y Birdman como “mi amor” o “maridito”. En sus canciones, gime y retuerce su voz hasta alcanzar tonos absolutamente marcianos. Y con cada una de estas acciones hace pedazos cualquier prejuicio pudieran tener los fans del rap “real” sobre qué aspecto o actitud debería tener un rapero.

En el fondo, tanto Young Thug como IloveMakonnen están siguiendo el camino que iniciaron años atrás gente como Kanye West, André 3000 o Lil Wayne. Ya fuera a través de la moda, la música o las letras, ellos también desafiaron la idea de masculinidad en el rap. Y todos ellos han sido indispensables en la escalada del rap en el estrato social de la música.

Lo que están haciendo IloveMakonnen y Young Thug es llevar esta evolución un paso más allá. Sin haberse posicionado explícitamente, s u excentricidad está empujando al rap a ser cada vez más tolerante y progresista. Y, sin embargo, el futuro no está en la excentricidad; está en la normalidad. Y es que la culminación de este camino llegará el día en que surja una estrella del rap abiertamente homosexual que ni siquiera tenga una personalidad estrafalaria. Con ser un gran rapero le bastará. Y que le gusten los hombres será una anécdota más.

La excentricidad como herramienta para alcanzar la normalidad

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