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Así (de fistra) se viste la música

El ranking definitivo de los artistas que lucen bien en sus ropas, los que no, y los que psé, según el día

¿Quién va y mal vestido en el pop? ¿Alguien que parezca que va mal, pero en realidad va bien? ¿Alguien que parezca que tiene estilo pero en realidad va hecho un cuadro? ¿Quién tiene la mejor percha? Diana Aller y Araceli Segura nos ofrecen su particular ranking de armarios fistros en el pop.

Nos disponemos, amigos, a abordar un tema harto arduo y polémico. Primero, porque vamos a hablar de gentes de la música tratando de obviar, en la medida que podamos, precisamente la música que hacen. Y segundo, porque este texto está referido a un concepto tan volátil y singular como el buen vestir.

Nos sentimos obligadas a definir el buen vestir, no desde nuestro personal gusto, sino desde los cánones de la proporción, el color y la equidad… artística. Es decir, bien vestido es aquel que, sin renunciar a sus preceptos estéticos, sabe sacar partido de las prendas y complementos que calza para engrandecer su carisma. No es lo que nos gusta o lo que nos pondríamos, quede claro, por favor.

Una vez explicado este pormenor, hemos de advertir que nos ha parecido oportuno desglosar en cinco apartados la ingente cantidad de aristas bien y mal vestidos, y puntuarlos con precisión y profesionalidad. Con todos ustedes…

1. Gente en apariencia bien vestida, pero luego no

Kanye West. De entrada, ser negro es un plus en estilo. Un negro tiene más fácil parecer chungo, sexual, seductor, interesante y tener una historia detrás. En el caso de Kayne, ha llevado una trayectoria discretamente agradable en lo que a vestir se refiere. Aparentaba pasar del asunto y eso le granjeaba cierto atractivo. Sin embargo, desde que sale de la mano en público y retoza en lo privado con Kim Kardashian, ha perdido el norte. Además de interesarse por complementos sin gracia, se le ha ido de las manos el arremangamiento de americana. Le damos un 2.

Taylor Swift. Va hecha una muñequita siempre. Es muy mona, todo le queda bien, da el pego… ¿Por qué no aprovecha estas cualidades para ir guapa de verdad? Por ser tan pava le dejamos con un 3. ¡Que se espabile!

Tyler, The Creator. Ser veinteañero, talentoso, liderar OFWGKTA y tener la suerte de cara no garantiza tener buen gusto. Vale que lleve estampados chachis, vale que aderece complementos y gorras con mesura y dándoles protagonismo. A las egoblogueras les gustará mucho, lo cual dice que es asimilable por el común de la moderna recién aterrizada en la moda: impresionable, fácil y aburrida (este femenino mayestático es intencionado, pues incluye también a maricones blogueros de la peor ralea). Pero es mera apariencia. Al tercer vídeo, tercera foto, tercera aparición (y seguro que al tercer polvo) pierde la gracia. Hagan la prueba (en las actividades visuales, porque para las coitales tendrían que desplazarse hasta Los Ángeles). Como en el fondo mola un poco, le damos un 7, pero se tiene que aplicar un poquito.

Javiera Mena. Javiera es un ser adorable. Su mirada traspasa el alma, su ilusión llega más allá de la mera relación con el público, pero cuando intenta arreglarse la caga un montón. Si hiciera más caso a su instinto y menos a las modas europeas, sacaría más partido de su noble, atractiva y bollera persona. Aunque nos gustan mucho los estampados de Carlos Díez, acabamos hartísimas de verla vestida de su amigo el diseñador. Daba la impresión de ir por la vida sin ducharse, y eso nunca mola. Un 5 para ella.

Ariel Pink (y toda su banda). Con este muchacho y sus secuaces ocurre lo mismo que con Tyler, The Creator: impresiona al principio, es muy blogueable, gusta a estilistas modernas que no se enteran de nada… pero se agota al momento. Aunque sea majete, hiperactivo y talentoso, es extremo en lo que no debe, en lo que pasa pronto de moda. A veces el clasicismo es el mástil para vertebrar el estilo perfecto, y a partir de ahí innovar con distinción, gracejo y personalidad. Ariel se perdió la clase de 1º del buen vestir. Pero somos buena gente y de talante generoso: le damos un 6.

Lana del Rey. Todo en ella es polémico, artificioso, ñoño y ciertamente misterioso. Hemos llegado a pensar que no existe, que es un holograma, o dos enanos uno encima de otro. No tiene buen tipo, no es armónica, es guapa-fea, inexpresiva como la Gioconda, artificial como un travesti tinerfeño, tenebrista como Caravaggio y rara como ella sola. Nada es casual en su estilo. No conoce la improvisación en galas, actuaciones y photocalls. Es un maniquí correctísimo al impersonal gusto de estilistas: muy mona siempre, pero sin decir nada.

Otro gallo canta cuando la pillan in flagranti por la calle. Ahí es un ñordo con vaqueros y labios de pato. Ahí se vuelve real… y no tiene ni pizca del estilo de sus fotos y sus videoclips, lo que nos lleva a ser fans de quién esté detrás de Lana del Rey, que seguro que es una persona fascinante. Por ser tan extraña, le ponemos un 6.

Florence Welch. Algo parecido ocurre con la buena de Florence. A simple vista sus estilismos son lo más, y pareciera que es ella quien marca su estilo… Y en efecto debía hacerlo en sus comienzos. Pero como suele ocurrir en tantos otros casos, profesionales ávidos de tendencias y poder se debieron hacer con el armario de la británica, fagocitando su estilo en pro de la moda. La disfrazan cada día, y ella se deja. A pesar de lo cual, su nota es ¡6!

deadmau5. Joel Thomas Zimmerman, desde el punto de vista meramente estético, era uno de los varones mejor valorados de la electrónica. Ahora que se ha quitado la careta y lo hemos visto en las revistas del corazón con la chunga de Kat Von D, ya no mola. No, no, no. Le suspendemos con un 2.

Rita Ora. (Para nosotras “Rita la Cantaora”). Es vulgar por la sencilla razón de que su estilo, su ropa, su música y su coño moreno es exactito al de otras miles de cantantes, miles de celebrities, miles de it girls, miles de chicas… Es un refrito de varias épocas que resulta tan actual que ya está pasada de moda. Por otro lado, tiene pinta de sucia y de sobreproducida. Es una mezcla imposible y desagradable entre Shakira y una moderna. Por eso le damos un generosísimo 3.

Natasha Khan (Bat for Lashes). Es el sueño –húmedo además– hipster por excelencia. Todo en ella parece sacado del catecismo del buen hipster: explota la vena racial, abusa de maquillajes modernos, no se quita los tocados rarunos ni para dormir y toca hasta el clavicémbalo. A esta también le plantábamos unos tejanos, una camisetita lisa y nos quedábamos tan a gusto. Y le ponemos un 3.

Robyn. Ser sueca, fea y sensible hace a cualquiera convertirse en la mujer sufriente que todo marica desearía ser. Parece que tiene personalidad a la hora de vestir, parece que afirma su talento… pero no es más que una extraña ponderación de la moda: monos, brillis, pañuelos… En efecto parece que sí, pero no. Un 2 y va que chuta.

Zooey Deschanel. Realmente es muy difícil encontrar el equilibrio entre el candor y el ir hecha una puta. Probablemente unir ciertos aspectos da como resultado un look perfecto, femenino y atractivísimo, pero hay mujeres que basculan hacia un lado u otro sin remedio. Y esto le pasa a la actriz, cantante, multinstrumentista y si nadie pone remedio, futura presidenta de los Estados Unidos. Ha traspasado con creces el límite de la ñoñería en el vestir. Le ponemos un 3.

James Murphy. Haber montado LCD Soundsystem no significa ser lo más en todo, y James se cree un poco por encima del bien y el mal, cosa que deja traslucir en su indumentaria. Es el típico que se cree que por haberle dado la vuelta a las cosas y ponerse un traje ya está todo hecho. Incluso podríamos decir que se ha aprovechado de su nerditud para ir un poco de interesante y torturado. No nos convence. Un 4 para él.

2. Gente bien vestida always

Orlando Higginbottom (Totally Enormous Extinct Dinosaurs,TEED). Disfrazarse de paciente de la López Ibor para actuar, ser amigo de Damon Albarn, no creérselo demasiado y ser fotogénico son ingredientes que funcionan. Estilazo 100%. Y nota media 8.5.

Hidrogenesse. El dúo catalán, sin saberlo y probablemente sin quererlo siquiera –tal y como ocurre en los grandes aciertos– se sitúan en el inexistente top ten de mejor vestidos del estado español. Carlos combina cierto deje marica (gorras, bambas y camisas estrafalarias) con acertadas mezclas de color. Por su parte Genís, que tiene una figura envidiable, ejerce de mujer fatal (resultando a la vez muy masculino) o enfermo terminal con trajes de lámpara y tacones de vértigo. Han conseguido hacer del feísmo y lo monstruoso algo realmente sexy. Matrícula de honor para esta pareja: 10.

The Magician. Pinchar en smoking azul sin perder la dignidad y sin sudar... además de requerir de una moral incombustible, denota creer en lo que uno hace. (Por supuesto que influye mucho que lo que hace tiene calidad). Tenemos la sospecha de que este hombre es realmente un mago. Por lo del sudor sobre todo. Su nota: 10.

Jarvis Cocker & Steve Mackey (Pulp). De Steve se ha dicho –y se da por supuesto– que está o estuvo mucho tiempo con la estilista estrella Katie Grand, la de Love Magazine... con lo que, probablemente el mérito de ir hecho un pincel no fuera del todo suyo. Los allegados de Jarvis confiesan que se cambia poco de ropa, aunque creemos que esto en realidad significa que se cambia por ropas iguales o muy parecidas. El dandismo es evidente que le otorga seguridad, y además, lo sabe llevar. A estos muchachos les damos en el vestir un 9.

Bobby Gillespie. Al igual que Steve de Pulp, su mujer es una súper estilista: Katy England. Tienen dos niños que deben ser el sueño de toda moderna de provincia: ADN de rockero y estilista. Sin embargo, los méritos del señor Gillespie (obviando los estrictamente musicales, que son muchos y variados) residen en que él siempre ha cautivado una imagen impecable, en el punto justo. Lleva pelo largo y chupas de cuero pero no parece sucio, nada desentona jamás y no es amigo de complementos estrambóticos. Le basta una americana oscura, y hace muy buen papel allá donde vaya. 10, por enseñable.

Beyonce. Aunque ahora sea su hermana Solange quien lo está petando, la auténtica, genuina y verdadera diosa de la moda es la Beyoncé de siempre, acorde con los tiempos, con sus transparencias, sus encajitos, sus animal prints y sus cosillas. Como en las grandes ocasiones a veces patina un pelín, le damos un 7.

Diplo. Aunque nos cuesta consensuar un veredicto, hemos de reconocer que el chaval tiene estilo. Eso sí, cultiva cierto Rafamorismo que le mantiene siempre al límite. La conclusión es que esa es su gracia: que si camisetas sin mangas, que si corbatita estrecha, que ahora me pongo una chaqueta de chándal horrorosa… Le daríamos dos hostias, pero tiene arte. Se merece un 5.5.

Trevor Jackson. Una amiga se lo encontró en medio del desierto con un traje blanco impecable. Con este dato no es necesario saber más. Queda probada la existencia de un ser superior. Le damos un 8.5

Alex Kapranos y Nick McCarthy, de Franz Ferdinand. Estos chicos tienen algo sexualmente muy atrayente en su indumentaria. Tal vez sea esa mezcla de niños bien y desarrapados, tal vez las camisas rectas y bien cortadas que llevan; o la aparente dejadez que gastan (a veces parece que llevan tres días de juerga y les sienta de miedo); o parecer los clásicos músicos hartos de follar con groupies… de esos que ya sólo se interesan por travestis gordas. El caso es que con rebequita de punto, camisa arremangá o chaqueta de traje vintage, molan. Eso sí, Nick es lo más. Para que ahora se apliquen en lo musical, les damos un 9.

Lady Gaga. Alguien que se atrezza de almeja, que aparece de un huevo o que se maquilla de panda para bajar a por el pan merece nuestro respeto, pleitesía y admiración. Y quien diga que va mal vestida, que se preste a exponerse como Gaga y a ver qué tal lo hacía… Su puntuación no puede estar por debajo del 8.

Lidia Damunt. Saber estar es la mejor pose, y Lidia nos encanta, porque sabe llevar vestidos, camisas de cowboy, estampados arriesgados o camisetas lisas con igual factura: impecable. Nunca le falta ni le sobra nada, y a la vez ha hecho de la naturalidad su seña de identidad. Nunca la hemos visto maquillada, nunca exagerada, nunca vulgar. Ya quisieran Christina Rosenvinge, las Dover y todas las que seguro pasan horas delante del espejo decidiendo qué se ponen, tener esta buenísima disposición. Le damos un 10.

M.I.A. Si su espectro musical le permite actuar en el Sónar o en el Womad, tanto igual sucede con sus pintas: Exotismo, modernez, tribalismo, colorinchi, rollito étnico. MIA es muy suya. 9.

3. Gente en apariencia mal vestida, pero luego no:

Mykki Blanco. Los Queer Rappers son un colectivo –ojito– de travestis (no transexuales) que son mayoría negra, rapean (muy bien además) y se visten de mujer. Vamos a juzgar a la punta de lanza del movimiento: Mykki. En apariencia, porta la primera peluca que encontró en Macy´s, unos brillis de mercadillo de NY y complementos baratos. Lo realmente escalofriante es que tal compendio de despropósitos le sienta bien, la da prestancia y le hace parecer una fistra encantadora. Su nota final: un 8.5.

Metrononomy. A primera vista tienen algo que resulta antipático en ellos: parecen hipsters modernos faltos de rumbo espiritual y estético. Sin embargo, con una segunda mirada u honda comparativa descubrimos que el bajista (el negro) es súper estiloso, y que la chica sabe sacarse un partido muy personal: moderna sí, pero con gracejo. Un 8 y que se lo repartan.

Los Killers. Ser de Las Vegas no puede no influir. Horteras encantadores. Un 5 para ellos.

Sky Ferreira. ¿Mujer renacentista y multiusos o estafa mediática que juega a ser un icono? Imposible dilucidar; la cantante-actriz-it girl-modelo lleva el pelo revuelto, como si saliera de pelearse con un enemigo chungo, los ojos muy pintados y look neogrunge de cabo a rabo. No sabemos qué pensar, pero el saldo es positivo, desde luego. Y su nota un 7.

Katy Perry. Vale que todos la identificamos con un pelo azul difícil, vale que tiene un equipo de estilistas que deciden por ella, y totalmente de acuerdo en que no ha inventado nada (¿acaso lo ha hecho en la música pop?). Pero hay una sana rebeldía en esta chica que nos muestra esperanzadas: siempre ha sido cambiante, arriesga, cuando la caga, la caga mucho. Presentarse a una gala de camisoncito años 20 no tiene perdón.

Pero cuando acierta, acierta mucho: Queremos la versión working girl del vestido flashy para llevar a diario:

Y el aire de cajera de supermercado venida a más tiene su puntito ¿qué no? A Katy le damos una nota de 7.

Rihanna. De Rihanna nos harta que vaya siempre provocando epilepsia, que sea tan de Barbados (ha conseguido que creamos que allí van así vestidos todos), que cultive la porquería, que luzca tanta agresividad estilística ¡Parece una lesbiana cabreada! Y que resulte tan artificial. Pero… ¿a que tiene su aquel que vaya siempre provocando epilepsia, que sea tan de Barbados, que cultive la porquería, que luzca tanta agresividad estilística y que resulte tan artificial? Le plantamos un 5 y tan contentos todos.

Alex Turner. En principio parece que ser un niño mono de los Arctic Monkeys da rabia. Seguro que se cree lo más y da por hecho que no tiene que pagar las copas en los clubs. Y seguro que se mira en todos los espejos, ordenando cada mechón de su cabello para que quede convenientemente despeinado. Se sabe guapo y pone cara de estar inspirado en los conciertos. Pero su colección de polos, lo bien que le queda no llevar mangas y la juventud son innegablemente factores de la moda que juegan muy en su favor. Venga, un 6.

Ke$ha. La choni rabiosa y poligonera del pop es un espantajo desde que se levanta hasta que se acuesta: look Stradivarious, ademanes de putón, complementos mal mezclados, suscripción ilimitada al color negro… El look de Kesha no mola, pero lo ha hecho tan suyo, y tan bien, que ha conseguido que la macarra que todas llevamos dentro aflore con alegría. Por otro lado, el maquillaje siempre es un diez y el pelo un cero patatero. Nota media: 5.

Björk. La pobre Björk cae mal, es una especie de Karmele Marchante de la música. Nadie la aguanta, va muy estrambótica siempre y a lo suyo. Pero se hace vieja y sigue siendo igual… Y nos encanta Karmele, así que no hay nada que hacer. Puntuando con cariño: 6.

Alexis Taylor. En este apartado, no podemos dejar fuera a algún exponente de “estilosos sin quererlo” y ese es el caso de Hot Chip y sobre todo su cantante, que pese a no tener una forma física acorde, tiene estilo, y da la impresión de que no le cuesta nada tenerlo. Le otorgamos un notable: 7.5.

4. Gente mal vestida, sin más:

Die Antwoord. Llevar a extremo el chunguismo, no arreglarse los dientes o potenciar el look alienígena no tiene un porqué justificado en la música. Son gente sucia (e insincera) de hábitos poco sanos… seguro. Su nota (muy generosa por nuestra parte) es un 1.

La Bien Querida. Apareció en nuestras vidas de flamenca pop. No se entendía aquello. Ahora ha cambiado de look, pero tampoco le sale... Necesita ayuda urgente. Se merece un 3.

Justice. Son unos guarros. 2.

Los Punsetes. Posan encantados en las fotos, se mueven fenomenal en los circuitos de eterna promesa… pero su aspecto es deplorable. Se ve que se arreglan y se preocupan, pero mal. O no lo entendemos, o ellos no han entendido nada. 2.5 para ellos.

Grimes. Ha tenido todo un año para dejárnoslo claro: todo en ella es un error. Si tuviéramos que describirla con una sola palabra sería desproporción. El flequillo, las chaquetas, el calzado… todo es de la talla equivocada, y no defiende con dignidad sus looks (extremos, carentes de gracia, vulgares). Su nota es 3 justito.

Zombie Kids. Nos pasa lo mismo que con Rajoy, que con los políticos en general: que no, que no… que no nos representan. Si se hiciera un estudio de mercado sobre qué es la modernez para el común de los españoles jóvenes, ganaría algo muy parecido a los Zombies. Lo tienen todo: camisas estampadas, gatos en la promoción, barba, tatús, un empeño desmesurado en cubrir la cabeza, pantalones remangados…: Han tocado el techo del mal gusto, amigos. Les ponemos un merecidísimo 1.5.

Christina Aguilera. De acuerdo que parece un polvorón de la Estepona con tanta redondez… pero cuando tenía un cuerpazo no lo lucía mucho mejor: Es extrema, artificial, ajustada, desagradable, hortera y el paradigma de white trash millonaria. Poner un cero estaría muy feo: 0’5.

Alicia Keys. Pasan los años, los meses y los días, y ella sigue en los early dosmiles… Pues muy bien. 1.

Las Dover. Nos consta que lo intentan, que se cuidan, van a comprar ropa, llevan sus taconcitos… pero el resultado suele ser un “quiero y no puedo” o “quiero y no me sale” que daña nuestras pupilas. Creemos que deberían ir más cómodas, no se las ve a gusto. Su puntuación: un 2.

Noel Gallagher. Obrerete inglés, prepotente que elige fatal qué ponerse cada mañana. Y en este caso, resulta ofensivo, porque tiene millones de opciones más que la mayoría de los mortales. Su hermano tiene una marca de ropa que “tiene un buen lejos”, pero Noel ni eso. Diseñó unas zapatillas Adidas, pero seguro que ni las vio. Está teniendo mal envejecer, y eso acrecienta el horror estético de su (ausencia de) estilo. Nota: un 2.

M83 al completo. Practican el feísmo, cada uno va a lo suyo, no hay coherencia ni arte. Tal vez por eso en los videoclips sacan jovencitos monísimos y convenientemente atrezzados. A los M83 les ponemos un 3 holgado.

5. Inclasificables: (y sin nota)

Azealia Banks. A ratos nos gusta un poco como viste. Ahora se le ha ido la mano con el rollo Tumblr…

Nicki Minaj. ¿Qué decir de este travestorro filipino que ni es travesti ni de Filipinas? De tan, tan, tan sobreproducida que va, es una maravilla de papel maché, un icono de pantone, una delicia de posmodernidad inútil. ¡Bravo, Minaj!

2Chainz. Maxigafas, rastas larguísimas, megacolgantes, chaquetas de enormes solapas, jerseys gigantes, supercadenas… Todo nos lleva a pensar que es de esos negros traumatizados por tener micropene.

Justin Bieber. ¿Cómo juzgar a una bollera jovencita? Imposible.

LMFAO. ¿Por qué? ¿Por qué todo?

Lorena Álvarez y Su Banda Municipal. No estamos capacitadas para entender ciertas cosas, pese a que las admiremos.

Linda Mirada. Nos suscita amor y odio los lunes miércoles y viernes, e indiferencia el resto de la semana.

Jessie Ware. El consenso nunca es bueno.

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