Columnas

El fenómeno “¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo?”

Adiós a la revolución ‘tróspida’ que arrasó en Twitter

Anoche acabó “Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo”, uno de los programas de televisión más comentados del año, un éxito inesperado que ha dado pie a la revolución ‘tróspida’. Analizamos su impacto social, en Twitter y en nuestro imaginario freak colectivo.

Mucha gente hoy se pregunta cómo puede ser que “¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo?”, el programa revelación de la temporada que ha emitido Cuatro en el que cinco solteros tenían de buscar pareja con la inestimable ayuda de sus respectivas madres, ayer fuera la tercera opción más vista de la noche si fue Trend Topic en España durante más de una hora y media. Ya hemos aprendido en estos dos últimos años que no existe una correlación entre los TT y los índices de audiencia, y que muchas veces la popularidad de un programa o una serie en las redes sociales no tiene por qué verse reflejada en los medidores de share, como tampoco es norma que un espacio sin incidencia en Twitter obtenga bajos porcentajes –series como “Cuéntame” o “Amar En Tiempos Revueltos” serían ejemplos muy ilustrativos de todo esto–, de ahí que siempre sea recomendable calibrar con cautela y frialdad estos TT y entender cuál es su traducción real en el consumo televisivo.

"Un éxito que Cuatro no hubiera imaginado ni en sus previsiones más optimistas"

Pero en el caso de este programa, donde parece evidente que hay un desequilibrio demasiado notorio y flagrante entre sus registros de audiencia –en la gran final se quedó en un 9% de share, casi dos millones de espectadores, superado por “GH 12 +1”, con un 17,7%, y “Número Uno”, con un 20,8%– y el movimiento que genera en Internet, sí resulta muy interesante y revelador analizar de cerca este impacto en la red, porque nos sirve para explicar con mucha claridad unas cuantas cosas. Algunas ya eran fácilmente imaginables: primero, el target de público, escandalosamente joven y, por consiguiente, muy activo en las redes sociales. “¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo?” ha servido para corroborar más que nunca que el público comprendido entre los 15 y los 30 años ya no mira la televisión, sino que la mira y la comenta al mismo tiempo, y que el visionado de un programa como éste con el seguimiento simultáneo en Twitter mejora con creces la experiencia (el hashtag #tróspidos nos ha dado grandes momentos). Y otro aspecto importante que hay que tener en cuenta y que también resta en los índices de share: tal grado de fanatismo y complicidad ha generado el espacio que muchos grupos de amigos se han juntado en casa para verlo en comunión, como si se tratara de un partido de fútbol o de las primeras finales de “Gran Hermano”.

Y segundo: la confirmación más fehaciente que nunca de que la media de edad del público de Telecinco se sitúa por encima de los 45 años. “GH 12+1” casi dobló en share a “QQCCMH”, pero no figuró en los primeros puestos del top de TT de ayer noche, básicamente porque ese sector de audiencia más adulta no está familiarizada con las redes sociales. El smartphone y el laptop contra el mando a distancia. Nuevos hábitos contra viejas rutinas. Pero además de estos dos datos de perfil sociológico, esta desconexión entre audímetros y TT también permite una lectura televisiva igual o más interesante, que es la que nos debe servir para entender y explicar el porqué del éxito de este programa. Un éxito que Cuatro no hubiera imaginado ni en sus previsiones más optimistas, pues hay que recordar que su estreno fue postergado durante meses –los avances del mismo se remontan a inicios de verano de 2011 y el programa se grabó en agosto, pero no se empezó a emitir hasta el 30 de enero de este año– y daba la impresión de que ni la propia cadena confiaba en sus posibilidades. Pero “QQCCMH” enganchó y conectó con sus fieles desde el primer día, y esto se debe a unas cuantas razones, algunas de alcance formal y técnico y otras de ámbito más conceptual.

En el apartado formal, sus logros saltan a la vista: primero, un casting muy inspirado, integrado por cinco perfiles diferentes pero complementarios –el virgen nerd, el depredador, el gay, el pureta y el metrosexual–, por algunas madres diamante que han generado más vídeos y momentos catódicos que sus propios hijos y por algunas candidatas plenamente conscientes del tipo de programa en el que estaban; segundo, un montaje fulgurante, muy ágil, que ha convertido un idea básica de ‘chico-busca-chica’ en un espacio dinámico y casi trepidante, en las antípodas del ritmo plomizo y exasperante de “Mujeres y Hombres y Viceversa”; y tercero, el trabajo de guión, tan perverso, cerdo y malintencionado como exigía un formato de estas características, y las situaciones planteadas por el programa, desde absurdas pruebas de habilidad a invitaciones poco disimuladas al fornicio entre concursantes pasando por infidelidades in situ o cebos de brocha gorda. Cuanto más hondo pisaba en el fango más divertido era. Y aquí entramos en su valor conceptual, casi de género.

Porque al margen de todos estos atributos, siempre englobados dentro de un feísmo visual y una mirada amoral en clara conexión con el cine X, si “QQCCMH” ha triunfado ha sido porque en ningún momento se ha tomado en serio a sí mismo. A diferencia de otros reality shows en los que se intuye un esfuerzo por darle credibilidad, autenticidad y realismo a su mecánica, aquí nunca hemos percibido que se nos intentara vender una sola verdad, y así lo ha entendido el público desde el primer momento, que en vez de plantearse si la mitad del casting estaba formado por actores de agencia –incluso figuraba una actriz porno, Carla Cruz–, si las situaciones estaban ficcionadas o exageradas o si el contenido traspasaba fronteras éticas, con buen criterio se ha limitado a seguir de cerca las peripecias de sus protagonistas como si se tratara de una sitcom o de un culebrón con estética MTV. Quizás no era su propósito inicial, pero como ya le sucedió a “Confianza Ciega”, otro docu-reality de culto especialmente hábil en manipular el concepto de realidad, este quizás desde una óptica más cercana al club de carretera, el programa ha conseguido generar tramas divertidas y en ocasiones hilarantes no para que el espectador se sintiera identificado o contrariado con ellas –el leitmotiv de “GH” o “Supervivientes”–, sino para que el espectador pudiera reírse de ellas y con ellas. Y lo ha conseguido: durante dos meses los lunes han sido los nuevos viernes.

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