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¿Por qué nos fascina Boiler Room?

7 claves para entender uno de los mayores fenómenos de la música online

Personajes absolutamente carnavalescos, furiosos trolls disgustados con los bailes de los asistentes, un proyecto empresarial imbatible o la ilusión de la autenticidad… son algunos de los conceptos que han llevado a Boiler Room a la cima de la divulgación musical en Internet.

La afirmación de que la parodia es la forma más elevada de admiración suele cumplirse. Toilet Room es el último gran ejemplo de ello. Nacido en Sidney, el proyecto pasa por llevar el célebre formato de Boiler Room al contexto menos glamuroso posible: un lavabo. Sus responsables aseguran que sólo es una “broma inofensiva”, pero es la última constatación de la profunda huella que está dejando Boiler Room en el imaginario de la música electrónica actual.

Boiler Room nació en 2010 en un almacén de las oficinas de la revista online Platform, y en menos de cuatro años se ha convertido en el formato de divulgación musical más exitoso. Como suele ocurrir con las mejores ideas, su premisa es tan simple que cuesta creer que no se le hubiera ocurrido a alguien con anterioridad: grabar sesiones de los mejores DJs del momento y llevarlas a casa de los fans a través del streaming. En realidad, la idea no es tan novedosa. Proyectos como Groovetech, Percusion Lab o Dommune ya experimentaban con la retransmisión de DJ sets en directo años atrás; sin embargo, ninguno de ellos ha logrado acercarse al éxito de Boiler Room.

Si hubiera que escoger una imagen icónica de la evolución del clubbing en la década actual, ésta sería la de un DJ pinchando con el público detrás. Gracias a detalles como este Boiler Room ha logrado convertirse en un universo en sí mismo. Un ecosistema de música electrónica y mitomanía, de diversión y postureo, que se ha convertido en nuestra ventana favorita para la evasión musical online. A continuación intentamos aproximarnos al fenómeno a través de 7 claves que ayuden a explicar su magnitud.

El espejismo de lo auténtico

Boiler Room es una actualización de los códigos de las radios piratas y la vieja escena rave británica, dos de los grandes pilares de la cultura electrónica underground en el Reino Unido. Una de las claves del modus operandi rave pasaba por no desvelar la localización de las fiestas hasta el último instante, dejando que el boca oreja fuera la única herramienta de promoción. En cierto modo, las primeras ediciones de Boiler Room lograron trasladar esta sensación de pertencer a una sociedad secreta al universo online. Las localizaciones escogidas —un almacén en Hackney, un piso particular o la sala pequeña del club Corsica Studios— reforzaban este aire pirata. Ahora han llegado las fiestas en Miami, los hoteles W o las villas ibicencas, pero el crédito underground aún no se ha agotado.

La exclusividad

La mejor manera de multiplicar el interés en un evento es convertirlo en algo elitista. Blaise Bellville, co-fundador de Boiler Room, ya era una especie de Dios hipster antes de poner en marcha el portal. De hecho, su círculo de amistades fue una de las claves del despegue de la plataforma. Todo empezó invitando amigos a pinchar a las oficinas de Platform, y entre ellos se contaban Hudson Mohawke, Mount Kimbie o Jamie XX. Sus apariciones hicieron correr la voz. Al cabo de pocas semanas, lo más granado de la escena londinense (artistas, periodistas, trendsetters, hipsters y toda clase de animales sociales) se mataba por asistir a sus eventos. En la actualidad, la única manera de entrar en una de sus sesiones sigue siendo con invitación, y ni siquiera esto te asegura entrar. En otras palabras, si asistes en directo a una sesión de Boiler Room es porque eres alguien (o al menos conoces a alguien). Los simples mortales tenemos que conformarnos con observarlo detrás del cristal. Aún así nos encanta.

La experiencia en casa

Si no vives en Londres, Berlín o Nueva York es muy probable que tu agenda de ocio nocturno sea un tanto monótona. No todos hemos tenido la oportunidad de desbarrar mano a mano con Danny Brown, bailar con Theo Parrish en un apartamento o ver a Darkside desde una azotea en Brooklyn. Evidentemente, no es lo mismo experimentar las actuaciones en vivo que verlas a través de la pantalla del ordenador, aunque al menos puedes ponerte en situación sin necesidad de que te lo expliquen. Todos somos pequeños voyeurs en potencia y Boiler Room ha sabido explotarlo.

Una fuente de música con la ley del mínimo esfuerzo

Internet nos ha vuelto vagos y comodones. Anteriormente, si querías descubrir música tenías que asistir a clubes, mancharte los dedos en las tiendas y cultivar las amistades de aquellos que sabían más que tú (por lo general, DJs veteranos). Ahora basta con decir las palabras mágicas: “Track ID anyone?”. Boiler Room es el paraíso del digger de sofá y las secciones de comentarios de Soundcloud y YouTube su patio de recreo favorito. En muchas ocasiones, ni siquiera espera a que acabe el primer tema para reclamar que alguien cuelgue el tracklist de la sesión, como si acumular títulos de canciones fuese más importante que escucharlas. Tú pregunta, que siempre habrá alguien dispuesto a contestar a cambio de un puñado de pulgares arriba. Boiler Room es una herramienta de descubrimiento musical autosuficiente y la verdad es que todos nos hemos aprovechado de ella. ¡Vivan los tracklists!

Los comentaristas de YouTube

Observar fijamente a un DJ mientras pasa de canción a canción resulta un tanto aburrido (a no ser que sea Sven Väth o la parodia de Ben Klock). En Boiler Room, uno prefiere darle al play, dejar que suene la música y dirigirse directamente a la zona de comentarios: ahí es donde está la verdadera diversión. De las eternas discusiones sobre si el DJ mola o no, a las burlas a costa de los fanboys pasando por las observaciones sobre el morado que lleva el tipo de la gorra o lo buena que está la chica del minuto 37’30’’, los comentarios de YouTube son una mina de crueldad y perspicacia. El premio gordo, sin embargo, siempre se lo lleva la aparente alergia al baile del público que asiste a los eventos en persona. La frase estrella vendría a ser algo así como “MALDITOS HIPSTERS, COMO PUEDEN SER TAN ABURRIDOS”.

Lo que el comentarista de turno no admite es que, si fuera él quien apareciera en la pantalla, lo más probable es que hiciera lo mismo: son las leyes no escritas del postureo. Sin embargo, los paladares más refinados saben que la droga más dura se encuentra en el chat de la web durante los streaming en directo. Ahí se reúne la guardia pretoriana de dubstepforum.com y similares con el fin de destripar a cualquier DJ poco inspirado o poser despistado. En ese chat se han vertido aproximadamente la mitad de toneladas de bilis que circula por internet, especialmente en los inicios de la plataforma. Los chicos de Young Turks estaban al tanto de ello y en 2011 decidieron capturar a tiempo real las reacciones que provocó la peculiar actuación de Chairlift. El resultado es glorioso.

Los personajes que pululan entre el público

Si prefieres quedarte enganchado a las imágenes, lo más probable es que acabes prestando más atención a la fauna alrededor del DJ que al artista en sí mismo. La zoología que pulula por Boiler Room merece un estudio aparte, pero un análisis rápido permite identificar a una serie de personajes recurrentes en cada uno de sus eventos: las groupies que se arriman al DJ con descaro, el que simula “pasar por ahí” pero en realidad quiere chupar plano, los windowlickers que intentan fisgonear hasta el último track que pone el DJ, los desfasados a los que se les ha ido la mano con el dedo… Mención aparte merecen los celebrity sighting, como cuando Grimes apareció bailando al lado de Richie Hawtin en su pajareo ibicenco. También están los que afirman que la única aparición pública de Burial hasta la fecha fue en Boiler Room.

El proyecto empresarial

En un momento en que generar beneficios exclusivamente con el contenido es cada vez más complicado, Boiler Room lo ha logrado con los mixes como única mercancía. Su estrategia pasa por generarse un perfil de prestigio y sacar partido de ello. Por lo común los promotores o periodistas tienen que perseguir a los artistas para que les hagan caso. Con Boiler Room ocurre al revés: los DJs se matan por pinchar ahí. Es más, casi todas las veces lo hacen sin cobrar un euro. No hablamos únicamente de jóvenes con ganas de comerse el mundo sino de súper-estrellas acostumbrados a pinchar ante decenas de miles de personas en festivales de medio mundo. Para los DJs establecidos aparecer en Boiler Room es un signo de “seguir estando en la onda” y para los emergentes representa un trampolín promocional difícilmente equiparable. Puede que en directo sólo te estén viendo 50 personas, pero tu público potencial comprende más de un millón de usuarios. ¿Qué club o festival del mundo puede ofrecerte esta exposición?

Los DJs se benefician de la exposición y Boiler Room rentabiliza los millones de visionados que acumula su canal de YouTube. En mayo del pasado año, y gracias a un acuerdo con Google, el canal pasó a ser un canal asociado de YouTube, lo que abrió la puerta a cuantiosos beneficios derivados de la publicidad. Su otra gran fuente de ingresos es el patrocinio de marcas como Red Bull, Adidas, Vans o, en sus inicios, Red Stripe y Umbro. En cierto modo, Boiler Room no deja de ser una acertada mezcla de branded content y product placement (una lata de Red Stripe en la cabina, un logo de Adidas al lado de la mesa de mezclas). Las marcas buscan posicionarse junto a los influencers y para ello no escatiman en gastos: he aquí la gran clave de su estrategia. Los responsables de Boiler Room saben que su mayor activo es el prestigio, y no van a arriesgarlo cambiando su estrategia de programación. Con la EDM poniendo patas arriba el mercado musical americano, su estrategia de expansión allí pasa por darle la espalda a al fenómeno y centrarse en el hip-hop con pedigrí. Puede que invitar a Avicii les diera millones de views de un plumazo, pero si algo nos ha enseñado el éxito de Boiler Room es que el verdadero valor añadido está en los intangibles.

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