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El Fantomas de Barcelona, o el renacimiento del gran villano europeo

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La secta de los misteriosos fue la réplica española al famoso Fantomas francés. Casi un siglo después, la película fue descubierta en medio de una trama casi detectivesca que logró salvarla del olvido.

Servando Rocha

17 Septiembre 2014 11:46

El fuego que destruyó el cine mudo barcelonés

El 8 de junio de 1918 se desencadenó un tremendo incendio en el número 27 de la calle Craywinkel, situado en el barcelonés barrio de San Gervasi. Al día siguiente, cuando la zona aún estaba presidida por el intenso olor a quemado, la prensa describió los efectos del fuego sobre el inmueble:

«Un voraz incendio destruyó anoche el local que para la impresión de películas tenía Don Alberto Marro en la calle Craywinkel. Edificio, decoraciones y muebles, fueron todo pasto de las llamas, logrando salvar algo los municipales, vecinos e individuos del somatén que se presentaron al tener noticia del siniestro. Los bomberos del Parque, los del retén de la plaza de Lesseps, prestaron servicio hasta extinguir el fuego, consiguiéndolo a la ocho y media, una hora después de iniciado. Dícese que las pérdidas ascienden a 70.000 pesetas».

El sótano, donde se albergaban los negativos y rollos de cinta, fue destruido por completo. El desastre fue total. Bajo los escombros quedó el fondo audiovisual de Hispano Films, una de las productoras más importantes de Barcelona y que había sido fundada en 1906 por el propio Alberto Marro. Hispano Films desapareció en medio de aquella tragedia. Numerosas producciones del cine mudo catalán se perdieron en el tiempo. El primer cine catalán no fue el único que acabó destruido: algo parecido sucedió con el 95% del cine mudo español.

Marro estaba destrozado. Desde hacía unos años, se había embarcado en la titánica producción de seriales y películas en la estela del exitoso Fantomas francés. Fantomas se había convertido en el primer gran villano desde que en 1911 hizo su primera aparición de la mano de los escritores Marcel Allain y Pierre Souvestre. Ambos, tomando como modelo las historias criminales en torno al hampa francés, crearon un personaje fascinante y escurridizo. Los franceses, impactados por las historias de Allan y Souvestre, devoraron aquellas pequeñas novelas y siguieron a los personajes principales. Pero fue el director Louis Feuillade quien dos años más tarde encumbró a Fantomas como un mito de la historia del cine gracias a sus maravillosas películas.

Feuillade le dio a Fantomas una imagen y un estilo, mostrándolo al gran público envuelto en misterio. Fantomas era elegante, implacable y rompedor. En las películas de Fantomas, en un alarde de psicogeografía antes de la psicogeografía, se mostraban pasadizos ocultos, escaleras al subsuelo o escondrijos para criminales. Otras cartografías imposibles. La ciudad estaba cargada de misterio. De alguna manera, fue eso lo que mostraría, muchos años más tarde, Edgar Neville en su monumental La torre de los siete jorobados (1944), en la que bajo el suelo de Madrid discurría un mundo oculto, una ciudadela habitada por jorobados dirigidos por el doctor Sabatino. La vanguardia francesa se rindió ante aquel imaginario y los surrealistas, que hablaron y escribieron sobre él, lo encumbraron como uno de los suyos.

Los villanos de Barcelona

Esa era la época del cine mudo y Marro fue uno de los pocos cineastas españoles que tuvieron una visión internacional a la hora de producir películas. Bandas de delincuentes se enfrentaban a la policía, y entre el reparto surgían héroes anónimos, enmascarados, romances trágicos y misterio. Los reyes del crimen se enfrentaban cara a cara con la policía.

Formada por ocho episodios, Barcelona y sus misterios (1916) fue la primera de estas películas y resultó todo un éxito comercial. La serie era la adaptación de la novela de Antonio Altadill Barcelona y sus misterios (1860), donde Diego de Rocafort, un exiliado que retorna a Barcelona convertido en millonario y se ve inmerso en la lucha política del momento, debe enfrentarse a la represión que el gobierno de Narváez ejerce sobre los revolucionarios. El libro carecía de brillantez (a pesar de tocar un tema progresista, estaba afectada por un relato falto de energía), respondiendo a una tradición literaria folletinesca que había tenido sus réplicas mucho antes con Los misterios de Barcelona (1844), de Nicasio Milá de la Roca, una obra aún peor que la novela de Altadill, y fuera de nuestras fronteras con Les Mysteres de París (1912) de Denola, entre otras.

La secta de los misteriosos, formada por tres episodios (Los misteriosos, la leyenda mora y Los tesoros de la sultana), fue su siguiente producción. La película no está basada en ninguna novela, y muy posiblemente el guión fue obra del propio Marro. La historia gira en torno a una banda de delincuentes que persiguen un tesoro. Para conseguir localizarlo, secuestran a la hija de una condesa. Es entonces cuando aparece la figura del detective que se enfrenta a ellos.

El rodaje se realizó en lugares tan conocidos como el parque Güell o el barrio de Gracia. Hay misterio y tensión, bandas de rufianes a bordo de coches huyendo de la policía o decorados árabes (donde no falta un inventado castillo) en plena ciudad condal. El estreno, en abril de 1917, se produjo de forma simultánea en varios cines de la ciudad, como "Kursaal", "Iris-Park", "Roval", "Diana", "Eucelsior" y "Argentina". Barcelona ya tenía su propio Fantomas. A partir de entonces, La secta de los misteriosos empezó a ser distribuida y exhibida en el extranjero, y en Inglaterra se proyectó bajo el título de The moorish gang.

Pero volvamos al incendio. Afortunadamente, tiempo antes de la tragedia que destruyó los negativos y rollos de la cinta, Marro había logrado vender una copia de la película a la poderosa productora y distribuidora Bioscop, con el objetivo de proyectarse en Alemania. Bioscop, por aquellas fechas, contaba con más de ochenta salas en territorio alemán y la película terminó proyectándose sin que sepamos su éxito. Y desde entonces, el olvido.

El retorno de La secta de los Misteriosos

O casi. A principios del verano del 2001, la cineteca del Friuli en Gemona (Italia) se puso en contacto con la Filmoteca Española. Habían recibido Die Sekte der Geheimnisuollen, una película sin identificar procedente del Bundesarchive de Coblenz (Alemania). Muy posiblemente, la cinta hubiera pasado desapercibida para los italianos de no ser por la aparición de uno de sus protagonistas, el inspector Hernández. A pesar de que los rótulos aparecían en alemán, aquel dato les causó extrañeza.

¿Cómo era posible que el inspector se llamase Hernández? Fue entonces cuando pidieron la ayuda del prestigioso restaurador Luciano Berriatúa, quien confirmó que se trataba de una producción española, concretamente La secta de los misteriosos. La cinta se convirtió en un insólito tesoro felizmente recuperado, el testimonio de un Fantomas barcelonés que la Filmoteca Española, consciente de la importancia del hallazgo, restauró en el año 2006 y poco después comercializó. Marro reaparecía tras décadas de silencio e Hispano Films reclamaba el lugar que le correspondía como un hito en la historia del cine español y europeo de aquella época.

Pero inmediatamente, los técnicos españoles se dieron cuenta que, en algún momento, la película había sufrido una mutilación en su metraje (inicialmente tenía 2.100 metros, pero la copia alemana era de tan sólo 1.200), quizás para adaptarla a las exigencias de proyección en Alemania. Lo que sabemos con seguridad es que la copia que se conserva difiere enormemente de la que originalmente se proyectó en España. Existen fragmentos del argumento original de La secta de los misteriosos, pero si observamos la película restaurada inmediatamente vemos como el argumento coincide muy poco con aquel que debió tener la película tal y como se exhibió en abril de 1917, mientras los soviets se preparaban para el gran Octubre Rojo, el mundo padecía la Gran Guerra y Fantomas, el archivillano definitivo, reinaba en Europa.

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