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Es casi una experiencia religiosa: por qué amamos a Beach House

El dúo de Baltimore ha conseguido en los últimos años que miles de feligreses les sigan con auténtica devoción, aquí las claves de su éxito

Beach House tiene la suerte de ser una de las bandas con los fans más devotos del mundo. Su magia reside en diversos aspectos como sus trabajados videoclips, su coherente evolución o el pelo y la voz de Victoria Legrand. Analizamos estos puntos para comprender mejor este fenómeno musical.

Beach House nos visitan esta semana. Hoy y mañana estarán en la Sala Apolo de Barcelona y el viernes en La Riviera de Madrid. Por eso aprovechamos para hacer un repaso a los aspectos que más gustan de una de las bandas más veneradas del momento en el ámbito indie. Desde los videoclips al pelo de Victoria Legrand pasando por su muy coherente evolución, todo lo que hace la dupla de Baltimore es digno de la devoción, y nunca mejor dicho, de sus miles de feligreses de todo el mundo. Un análisis en siete puntos a la religión Beach House.

1. La evolución que ha seguido su música en los últimos años

Si tiramos de hemeroteca es difícil no encontrar una crítica de cualquiera de sus discos que no hable de salto adelante o cualquier expresión parecida. Desde que publicasen su debut homónimo en 2006, Beach House han sabido evolucionar, hacer más grande su sonido sin por ello traicionar sus orígenes humildes. Las canciones del dúo americano empezaron siendo joyas en miniatura, bellas y frágiles. Pero con el tiempo han sabido ganar en robustez, abandonar ese registro lo-fi, esa instrumentación parca y tímida, para crecer poco a poco hasta convertirse en lo que son hoy día, obras maestras de cinco o seis minutos de dream-pop profundamente melancólico. Como ellos mismos nos dijeron hace menos de un año: “Nuestras viejas canciones eran como planetas, pero las nuevas son grandes como galaxias”. Mejor definido, imposible.

2. El carácter comunal que tienen unos conciertos que nadie se quiere perder

Desde que pisaron por primera vez España para presentar “Devotion” en el marco del Tanned Tin 2008, Beach House han arrastrado pequeñas masas a sus conciertos. Al igual que sus canciones, su público ha crecido con el paso del tiempo. En el Primavera Club de 2009 llenaron La 2 de Apolo y Sidecar, en el Primavera Sound 2010 el ATP se les hizo pequeño, un año después arrasaron en el Poble Espanyol en una de las jornadas del Fly Me To The Moon y en la pasada edición del festival barcelonés abarrotaron el escenario Mini. Ahora vuelven a la Península con un doble pase en Barcelona y otro en Madrid. Las entradas, cómo no, prácticamente agotadas. Una muestra de la devoción que siente la gente por unos conciertos mágicos, en los que no es difícil que se te escape alguna lágrima de emoción y sientas el Síndrome de Stendhal. Sus recitales son toda una experiencia (casi) religiosa y su público fieles feligreses.

3. Su estatus de banda generacional

El público indie tiene la suerte de que cada dos por tres aparece una banda interesante en el panorama musical, pero pocas dejan tanta huella como Beach House. Al hilo del anterior punto, su popularidad en España es tal que se nos ocurren pocos grupos de un perfil parecido al suyo que tengan un tirón tan grande como el del dúo de Baltimore. ¿Animal Collective? ¿Grizzly Bear? Poco más hay. Beach House cumplen todos los puntos para ser considerados una banda generacional. Básicamente porque si no lo fueran no estaríamos haciendo este artículo. Tienen himnos para parar un tren, un directo que ya quisieran muchos, una frontwoman carismática y magnética y un sonido que ha sabido recoger de entre sus influencias para dar con algo bastante novedoso y atractivo.

4. Los videoclips, una demostración de su completa versatilidad

Hay bandas que cuidan más o menos sus videoclips. Beach House prefieren que tengan tanta importancia como su propia música, que transmitan tanto como sus icónicas canciones. Y vaya si lo han conseguido. Cuando “Teen Dream” pusieron imágenes para cada uno de sus temas y, de momento, los que llevan de la era “Bloom” son soberbios. La primera entrega, “Lazuli”, narra una historia de sucesos paranormales (huevos explotando, por ejemplo) e imaginería cósmica; la segunda, “Wild”, nos muestra las tribulaciones de un triángulo amoroso con la participación de la ilustradora Silvia Prada; y la última, “Wishes”, desvelada la semana pasada, es una ambiciosa propuesta dirigida por el comediante Eric Wareheim y con Ray Wise como protagonista (más conocido por ser Leland Palmer, el padre de Laura Palmer en “Twin Peaks”). Toda una demostración de versatilidad.

5. La voz de Victoria Legrand, cazallera pero dulce a la vez

En un capítulo de “Friends”, Phoebe no tenía buena voz hasta que no pillaba un buen catarro. No sabemos si lo de Victoria Legrand es una neumonía crónica, que fuma muchos Ducados, bebe bourbon a diario o que le viene de fábrica. Bromas aparte, la voz de Beach House es especial como pocas. Algunos dirán que suena algo cazallera, pero lo que la hace verdaderamente especial es que a la vez resulta dulce y cálida. En otras palabras, el dúo de Baltimore tiene muchos recursos a la hora de embrujarte, pero sin duda uno de los más importantes es este aspecto. A menudo ha sido comparada con Nico, pero cuando le preguntamos hace tres años qué voces femeninas eran sus preferidas Victoria contestó: “Karen Dalton, Billie Holiday, The Marvelettes, Christine McVie, Susan Cadogan, Althea And Donna…”.

6. La cabellera de Victoria Legrand

Sonará a broma, pero ni mucho menos lo es. El pelo de Victoria Legrand es tan importante para ella (y para nosotros) como el de Sansón lo fue para el azote de los filisteos. O eso queremos creer. Buena parte del carisma que tiene la cantante reside en su melena, en cómo la agita durante sus conciertos al son de la música de Beach House. A veces son sutiles movimientos y otras veces vienen con más furia que un golpe de melena de Carmina Ordóñez. Es tal la popularidad del pelazo de Victoria que hasta hay un Tumblr dedicado a él. Según contó recientemente a nuestro compañero Juan Manuel Freire, el cuidado no tiene mucho secreto: “un cepillado de vez en cuando, un lavado cada dos días y a volar”. Y nosotros que pensábamos que había un meditado ritual para darle lustre antes de las actuaciones…

7. El celo con el que mantienen la división entre su dimensión pública y su vida privada

En el mundo de la música hay de todo, desde bandas que airean todos los detalles de su vida privada hasta otras que son muy recelosas con ella. Beach House entran en la segunda categoría. Hasta el punto en que la ronda de entrevistas que hicieron para los medios españoles a raíz de la publicación de “Bloom” se volvió algo violenta cuando un periodista les preguntó sobre ella. Desde su formación nos hemos venido preguntando muchas veces si Victoria Legrand y Alex Scally son pareja. Probablemente no lo sepamos nunca a ciencia cierta, pero algo nos da que sí lo son. O eso queremos creer. No es que en el escenario se dediquen muchas miraditas, pero hay una suerte de química invisible entre ambos sobre el escenario, como si los instrumentos entablasen un cálido diálogo. Un misticismo que, sin duda, tiene mucha relación con su música.

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