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‪Más de 150.000 personas han leído esta historia que rompe todos los tabús‬

‪Esto es lo más polémico que vas a leer este año‬

Imagen de Pol Izity

‬"¿Hay algo más excitante que el novio de una chica con la que te llevas bien? Sobre todo cuando parecen felices juntos. Una mamada rápida en un ascensor cura la envidia que te da la felicidad de las demás".‪

Virginie Despentes, Vernon Subutex I

 

1. Terrorismo y literatura

Voy a enunciar una pregunta que parece anticipar un chiste negro y de muy mal gusto, pero que en realidad esconde algo, a mi parecer, bastante profundo e intrigante.

Veamos, ¿en qué se parece el yihadismo a algunos de los mejores escritores franceses?

Fácil: en que los dos están obsesionados con la destrucción de la clase media francesa.

Atentado contra Charlie Hebdo…

Michel Houellebecq…

Sala Bataclan…

El adversario, Limónov…

Le Petit Cambogde, Le Carillon…

Frédéric Beigbeder…

El hilo conductor en todos estos nombres es el mismo: muerte al pequeñoburgués. 

No obstante, cuando hablamos de clase media francesa no nos referimos a una circunstancia nacional, sino a un modo de vida completamente globalizado: con Clase Media Francesa pensamos en una tribu silenciosa compuesta de gente progresista, que trabaja en profesiones liberales, que tiene un buen bagaje cultural, que es elitista, odiosa y envidiable, burgueses-bohemios a los que le gusta beber vino y viajar por el mundo; o como expresa a la perfección en su último libro Amélie Nothomb: "Me parece que uno de los objetivos de la vida es emborracharse, de noche, en ciudades hermosas".

Esa clase media francesa se compone, en definitiva, de gente que podrían protagonizar cualquier spot de televisión porque ellos son, también, la clase de persona que comprará toda la chatarra que produce el capitalismo.

Esa gente.

‬La mayoría de los mejores escritores franceses están obsesionados con la destrucción de la clase media‪

La obsesión por la destrucción de la clase media francesa en la literatura y en el terrorismo la empezamos a constatar el año pasado, cuando Houellebecq publicó Sumisión al tiempo que unos francotiradores irrumpían en la redacción de Charlie Hebdo y asesinaban a 12 personas. Meses después, en septiembre, el juez experto en terrorismo yihadista Marc Trévidic daba una entrevista a Paris Match donde desarrollaba una idea brutalmente sagaz, también sostenida sobre las relaciones entre terrorismo y literatura:

“El terrorismo es una subasta: siempre hay que ir más lejos, doblar la apuesta, golpear más duramente. Y además, hay que conseguir el ‘premio Goncourt del terrorismo’: yo siempre digo que la referencia base son los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las torres del World Trade Center”.

Apenas dos meses después de estas palabras de Trévidic, los yihadistas ejecutaban los atentados del 13 de noviembre en París, en lo que constituyó un ejercicio de imaginación tremendamente retorcido, sin lugar a dudas merecedor de ese premio Goncourt de Terrorismo del que hablaba el juez.

Ahora démosle la  vuelta al calcetín y preguntémonos: ¿qué pasa con los escritores franceses?

Resulta que muchas de las mejores obras contemporáneas también se construyen sobre un cierto odio a la clase media francesa y su destrucción moral.

Algunos ejemplos:

1. Emmanuel Carrère tiene al menos un par de obras maestras que tratan la psicosis de los pequeñoburgueses, El adversario y Limónov. En El Adversario, Carrère escribe sobre Jean-Claude Romand, que en 1993 mató a su mujer, sus hijos y sus padres, tras lo cual se demostró que Romand llevaba años fingiendo ser un médico ejemplar, cuando lo cierto es que solo era un estafador; había engañado a todo el mundo, incluida su familia. En cuanto a Limónov, la novela enfrenta las vidas del autor, paradigmático burgués parisino con miedo a perder sus privilegios, y Limónov, escritor lumpen que siempre ha vivido sin miedo y a contracorriente. Ambos son reflejos especulares del otro.

Eduard Limónov, protagonista de la novela homónima de Emmanuel Carrère

2. Frédéric Beigbeder también ha escrito sobre las chorraditas que preocupan a las clases medias pijas en casi todos sus libros: El amor dura tres años, 13,99 euros, Windows on the World, Socorro, perdón y Una novela francesa. Como el Carrére de Limónov, el propio Beigbeder encarna al personaje odioso y admirable que protagoniza sus obras.

3. Finalmente, Michel Houellebecq lleva hostigando a la clase media francesa infestada de neoliberalismo desde el inicio de su obra, con Ampliación del campo de batalla, y hasta su última novela, Sumisión, donde narra la transformación de un profesor universitario al Islam para no perder los privilegios, en una Francia gobernada por un partido musulmán.

Así pues, en esta misma corriente de libros que funcionan como un cartucho de dinamita instalado en los cimientos de la moral pequeñoburguesa aparece ahora Vernon Subutex 1, la novela de Virginie Despentes que acaba de ser traducida en España tras despachar más 150.000 ejemplares en Francia, en lo que se despliega como un trabajo de ficción absolutamente divertido, sexy e inteligente.

El argumento es este: Alex Bleach es un ángel caído del rock francés que ha aparecido muerto en la bañera de un hotel. Bleach venía pagando el alquiler de su viejo amigo Vernon Subutex, que de pronto se ve desahuciado, en la calle, con cinco décadas a sus espaldas, dando vueltas por las casas de sus conocidos.

'Vernon Subutex I' es la novela de Virginie Despentes que acaba de ser traducida en España tras despachar más de 150.000 ejemplares en Francia, en lo que se despliega como una obra de ficción absolutamente divertida, sexy e inteligente‪

En palabras de la autora:

 “He escrito Vernon Subutex tomando como punto de partida el miedo que la clase media tiene en Francia a perder su casa por falta de recursos. Que sea un temor realista o nacido de un exceso de pesimismo da igual. Me interesaba el hecho de que es algo que compartimos todos los que hemos nacido en una familia sin medios”.

Y el caso es que, en ese diagnóstico del miedo a perderlo todo, Despentes se pasa las 337 páginas del libro arrojando lejía a los ojos de los personajes del libro… y de los lectores.  

Imaginar una ficción más corrosiva que la suya se hace difícil.

Ahora veréis por qué.

2. Líquidos corrosivos

Virginie Despentes, autora de Vernon Subutex I

Una de las funciones más útiles de la literatura siempre ha sido la de practicar el psicoanálisis a la civilización. La literatura entra y escarba en esquinas a las que el periodismo y la no ficción no llegan, y convierte la mierda en algo valioso. Por eso mismo, la mejor forma de señalar la corrosión moral de nuestra cultura es… usando líquidos corrosivos, un material con el que Despentes se maneja a la perfección. Repasemos esto en sus propias palabras:

“Pedro se llamaba Pierre, pero se metía tanta cocaína que se ganó que lo llamaran por su nombre sudamericano (…) Pedro fácilmente se habría metido por la nariz tres casas, dos Ferraris, todas sus historias de amor, sus amistades, toda veleidad de hacer carrera, su look y todos sus dientes” (p. 22).

“Una vez que tu mujer se convierte en madre, cambia. Cuando ha pasado la exaltación hormonal del embarazo, te encuentras frente a una desconocida. Ahora entiendo por qué a tantos tíos los echan cuando llega el primer chiquillo: las mujeres no tienen piedad, hasta entonces solo pensaban en complacerte, pero en cuanto tienen al crío ya no te necesitan para nada. Te relegan al papel de figurante. No sabes hacer nada, no es tu lugar, lárgate. De todas formas, te aguantan por la pasta, y ni si te ocurra decirlo, entonces se pasan el día tocándonos los huevos con el feminismo, en cuanto el niño está en la cuna, saben que tendrán tanto la custodia como la pensión. Y que vas a pagarla, cabrón” (p. 68-69).

“¿Hay algo más excitante que el novio de una chica con la que te llevas bien? Sobre todo cuando parecen felices juntos. Una mamada rápida en un ascensor cura la envidia que te da la felicidad de las demás”  (p. 117-118).

‬“Una vez que tu mujer se convierte en madre, cambia. Cuando ha pasado la exaltación hormonal del embarazo, te encuentras frente a una desconocida […] Te relegan al papel de figurante. No sabes hacer nada, no es tu lugar, lárgate. De todas formas, te aguantan por la pasta, y ni si te ocurra decirlo, entonces se pasan el día tocándonos los huevos con el feminismo, en cuanto el niño está en la cuna, saben que tendrán tanto la custodia como la pensión. Y que vas a pagarla, cabrón” ('Vernon Subutex I')‪

“En Francia es un error ser guionista (…) No saben escribir ni una línea, no han abierto un libro desde el bachillerato, pero que no se les escape el dinero del guión. Tendrías que verlos pillando cien mil pavos para hacer una película y luego corriendo a apuntarse al régimen de trabajo temporal, y no te preocupes, que cuando vuelven a pillar cien mil euros porque la pasan en la tele, no llaman a nadie para repartirlos. Y son todos de izquierdas, claro…” (p. 72).

“Tiene la nariz tan fina que se pregunta cómo lo hace para meterse polvo sin que se le funda en el acto. Quizá es una prótesis, quizá antes de chupársela se quite la nariz y muestre su cara de zombi” (p. 190).

Y así todo el rato.

3. Incorrección política por la izquierda (al fin)

Hay algo balsámico en la lectura de Vernon Subutex I. La decadencia de sus personajes familiares produce el mismo placer culpable que comprobar el declive de un viejo conocido: al menos no eres tú el que está cayendo en espiral, desfiladero abajo. Asistir a la peripecia de los personajes de Despentes es como mirar el coche de Fórmula 1 que se ha salido de la pista: sabes que en cuestión de segundos va a desintegrarse contra el murete de hormigón.

Y tú estás a salvo.

Los motivos de estas vidas arruinadas son conocidos por todos: alguien debió abandonar la ciudad mucho antes («Pasados los cuarenta, París solo soportaba en su seno a los hijos de propietarios, el resto de la población seguía su camino en otro sitio. Vernon se quedó»), o bien alguien debió detener su consumo de drogas cuando su cuerpo le empezó a enviar señales, o incluso alguien sufre un trastorno alimentario que le lleva a hacer competiciones alimenticias con otra gente que sufre el mismo trastorno alimentario…

Hay poca cosa meritoria y aún menos hazañas en las vidas de esta ficción coral, una historia teñida de un sentimiento hiperpresente en nuestros días, pero completamente tabú: el resentimiento.

En la novela de Despentes, los de abajo no le plantan cara a los de arriba, las mujeres no se rebelan contra el patriarcado y la comunidad LGTB no está tan politizada como los medios vendemos. En Vernon Subutex 1:

a) Los trabajadores creativos expulsados por la crisis abrazan la extrema derecha y la ponen de moda,

o b) las mujeres odian a las mujeres:

‬"Sobre el papel, [las mujeres] están de acuerdo con la igualdad de sexos. Pero no les queda más remedio que constatar que las mujeres no parecen tener mucha prisa por adquirir un poco de dignidad" ('Vernon Subutex I')‪

Portadas de Vernon Subutex I y II en la edición francesa de Grasset

Es posible que si Vernon Subutex I estuviera firmado por Houellebecq, algún lector o periodista despistado la señalaría como una obra criptofascista. Sin embargo, viniendo de la misma rubrica que firmó Teoría King Kong, la desorientación política de sus personajes recuerda a las palabras de aquella superviviente del Holocausto que oyó a un estudiante quejarse porque un judío hablaba mal de un árabe:

—Si alguien esperaba que Auschwitz fuese un centro de enseñanza de humanidad, vais listos.

Pues con el capitalismo ocurre igual.

La diferencia entre la vida y la supervivencia es que la segunda ocurre a pesar de nuestros principios morales. O incluso en contra de ellos.

Y aquí todos estamos sobreviviendo.

O como cuenta la propia Despentes:

‬"A través de este dispositivo era posible intentar contar cómo Francia ha acogido un liberalismo salvaje, cómo las ideas de la extrema derecha han entrado en nuestro razonamientos, adoptando la forma de un pensamiento ‘rebelde’, y también contar cómo envejece la gente que había jurado, de joven, ser radical y rechazar la normalidad"‪

Os podéis imaginar cómo acaba la cosa.

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