Columnas

Una eterna mentira: la gran estafa de la homeopatía

Argumentos lógicos y científicos para rebatir la controvertida moda medicinal de la ‘curación por agua’

Nueva dosis de ciencia para todos, con enfoque crítico y ánimo divulgativo. Tras haber observado la velocidad de los neutrinos, hoy nos fijamos en la (falsa) memoria del agua para rebatir, con argumentos lógicos y científicos, la gran mentira de esa estafa médica que es la homeopatía.

1. Orina bendita

En el cuenco con el que San Juan bautizó a Jesús había aproximadamente 10 elevado a 25 (un 1 seguido de 25 ceros) moléculas de agua. La Tierra contiene alrededor de 10 elevado a 21 cuencos de agua. Suponiendo que el agua del bautismo se haya distribuido de forma homogénea por el planeta, en todos los cuencos de agua del mundo, en particular en tu orina, hay diez mil moléculas del agua que bautizó a Jesús . Atribuirle a tu orina propiedades sagradas (cualquiera que sean las propiedades sagradas del agua bendita) no será recibido con mucho entusiasmo por ningún sacerdote, especialmente por los que cobran por bendecirla. A menos que hablemos de un sacerdote homeópata, entonces la cosa cambia. Veamos.

2. Instrucciones para fabricar un producto homeopático

Se toma un mililitro de un principio activo (puede ser cicuta si quieren, ya verán que da lo mismo) y se diluye en 99 mililitros de agua. Se agita la mezcla. Posteriormente se toma un mililitro de la mezcla anterior y se diluye en 99 mililitros de agua. Se agita la mezcla. El proceso se repite muchas veces hasta obtener el producto homeopático. Los productos homeopáticos se clasifican según el número de veces que se ha repetido la disolución. ¿Cuántas veces?

Por ejemplo, en un producto de 30 CH la disolución se ha realizado 30 veces. Bien, pues el número de moléculas que quedan del principio activo original es CERO. No queda ninguna. Es como disolver una aspirina en el Pacífico. Consulta a un amigo que sepa exponenciar con la calculadora. CERO. La composición de un producto homeopático es algo así: agua, con alguna molécula del agua bautismal de Jesús, la orina de Leo Messi, Ibuprofeno y demás componentes divinos y no divinos del mundo; y en una proporción mucho menor, CERO, el principio activo original. No obstante el negocio homeopático es de 1,7 billones de euros sólo en Europa, y como consecuencia, podemos encontrar masters de homeopatía en muchas universidades públicas (si la cifra aumenta no duden de que pronto será una especialidad médica o una licenciatura por derecho propio).

Los productos homeopáticos son agua, pero este argumento no será suficiente para cerrarle la boca a tu prima naturófila-new age. Rebatirá tus argumentos afirmando que el agua es capaz de reproducir las propiedades de las sustancias que han estado en contacto con ella, aunque ya no estén presentes. Algo así como una memoria (ojo, es una metáfora, no es que le atribuyan conciencia al agua, aunque habrá primas new age que seguro que sí que llegan tan lejos). El proceso de disolución anteriormente descrito trata de liberar al agua del principio activo, pero mantenerlo en su “memoria”. Por eso un sacerdote homeópata consecuente sería todo menos herético si orinara sobre un bebé para bautizarlo: “La orina recuerda a Jesús, que te bendice”.

No traten de afirmar categóricamente que el agua no tiene memoria (algún naturista recriminará tu dogmatismo si lo haces), pero sí que si eso fuera cierto, entonces el agua del grifo es una cura homeopática contra todas las enfermedades imaginables. Y un veneno, que el agua también tiene un pasado. Pero no os pongáis muy chulos todavía, porque la teoría de la “memoria del agua” no tiene su origen en el folklore medieval. Formó parte de un debate científico que ahora vemos como freak, pero que llegó a ser publicado en la prestigiosa revista Nature.

3. La controversia de la memoria del agua

Jacques Benveniste, por aquel entonces un reputado inmunólogo, analizó una muestra de agua que había estado en contacto con anticuerpos humanos. La muestra estaba tan diluida que ya no contenía ningún anticuerpo. En otras palabras, fabricó un producto homeopático cuyo principio activo son los anticuerpos humanos. Estas muestras de agua producían en otro tipo de célula, los basófilos, una reacción similar a la que provocan los anticuerpos. Es decir, el agua memorizaba de alguna manera la presencia de anticuerpos y se comportaba como si estuvieran presentes, aunque allí sólo había agua. El artículo fue publicado en Nature en 1988. Poca broma con la homeopatía.

El editor de Nature aceptó publicar el artículo, pero impelía a Benveniste a reproducir los resultados bajo el control de gente de su confianza, entre ellos, James Randi, más conocido como “The amazing Randi”. Randi es la versión con clase de los “Cazadores de mitos”. Fue mago y escapista, pero se dio a conocer al público mainstream tras destapar los trucos de Uri Geller en su libro “La Verdad Sobre Uri Geller”. Desde entonces, se convirtió en escéptico de profesión. Su trabajo (¡quién pudiera!) consistía en humillar en directo a espiritistas, grafólogos, parapsicólogos y demás representantes de lo sobrenatural.

Randi fue seleccionado en calidad de mago (sic) por el equipo de Nature. El experimento, según detallan en el editorial de la revista, consistía en comparar muestras “homeopáticas” y muestras de control que no habían estado en contacto con anticuerpos. Randi se llevaba las muestras a una habitación y grababa, en una sola secuencia, cómo se borraban las etiquetas de las probetas y se les ponía un nuevo número. Ese código se escribía en un papel, que Randi envolvía en papel de aluminio y metía en un sobre, que posteriormente pegaba al techo del laboratorio. Nadie en el laboratorio sabía qué muestras eran las homeopáticas. Los resultados concluyeron que no hay ninguna diferencia entre agua y agua-homeopática. ¿Caso resuelto? Benveniste, contrariado, se quejaba así en una carta antológica, (y esto es literal): “En la parte más crítica del proceso, Randi hacía trucos de magia y distraía a los técnicos”, y la mejor: “¿Acaso que dos compañías homeopáticas paguen a dos de los investigadores implica que son incitados a una conducta impropia?”, se pregunta Benveniste. Caso resuelto.

Todo esto nos lleva a concluir que el agua probablemente no tenga memoria. Noten la diferencia: la homeopatía es mentira, la memoria del agua es probablemente mentira. Sólo la primera constituye una inconsistencia lógica: La homeopatía tiene que ser mentira porque no existe ninguna configuración de la naturaleza que permita que sea verdad. Si el agua recuerda, entonces recuerda todo, no lo que el homeópata quiera, ergo, es mentira. Si el agua no recuerda, entonces también es mentira. Ya está. Puedes jugarte la vida a que es mentira. Y de hecho, en este vídeo hay gente que se la juega:

Por último, una reflexión. La homeopatía es mentira, pero quizá pueda funcionar, porque los placebos funcionan. Imaginemos que el negocio de la homeopatía es una estafa urdida con la mejor de las intenciones: curar mediante el placebo. En ese caso, ¿sería moralmente aceptable que las instituciones públicas promoviesen una mentira para crear el efecto placebo y curar a los pacientes con agua? Si fuera así, el asunto estaría muy bien pensado y todo este chanchullo sería digno de una gran ovación, la verdad.

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video

cerrar
cerrar