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El hambre son 25.000 muertes al día en un mundo que renuncia a toneladas de comida

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"El futuro es el lujo de los que se alimentan", Martín Caparrós

Luna Miguel

23 Febrero 2015 06:00

Tecleo hambre en Tumblr preguntándome qué me ofrecerá la red social para encontrar una imagen que ilustre este artículo. La sucesión de imágenes que encuentro a continuación es, en parte, sorprendente: Cupcakes, perritos calientes, hamburguesas enormes, pasta, pizza, sushi, ramen y algún que otro bodegón repleto de chucherías. Obviamente, esta colección de imágenes no me satisface, pues lo que yo quiero encontrar es algo así como “la verdadera hambre”.  Si tecleo las mismas palabras en otras redes sociales, como Instagram o Twitter, el resultado es parecido. ¿Conclusión? Para nuestra generación no existe el hambre. No tenemos ni idea de lo que es no poder llevarse nada a la boca. Estamos anestesiados. 

Algo parecido a esto lo señala el escritor Martín Caparrós en las primeras páginas de El Hambre (Editorial Anagrama), un conjunto de crónicas y ensayos escritos tras sus viajes alrededor del mundo: India, Kenia, Sudán, Madagascar, Argentina, Estados Unidos, Sudán del Sur… Caparrós fue de país en país buscando una respuesta a la desnutrición de nuestro tiempo, y lo que encontró fue terrible. Un epígrafe de El Dhamanpada ya advertía hace siglos de que el hambre es la peor de las enfermedades. Martín Caparrós lo reinterpreta y lo confirma cuando después de sus investigaciones escribe que ninguna plaga es tan letal como el hambre.


Miles de millones de huesos. Miles de millones de moribundos. Miles de millones de cuerpos comiéndose sus propios cuerpos para sobrevivir.


¿Pero a qué se debe esta enfermedad tan letal y crónica? ¿Cuáles son sus causas y por qué no les hemos puesto remedio? ¿Qué es lo que hace que miles de millones de personas se levanten cada mañana con el único propósito de jugarse la vida para encontrar algo con lo que llenar sus estómagos o los de sus seres queridos? ¿Por qué no lloramos sus muertes, sus vómitos, sus lágrimas en nuestros telediarios?

Martín Caparrós no narra respuestas: narra historias. Y con esas historias construye una biografía detallada y tremenda de lo que el hambre ha significado históricamente hasta nuestro días. Él mismo lo dice: este es un libro incómodo, porque habla desde la verdad y desde el asco. Porque habla desde la realidad y desde el dolor.

Cuidado: aquí hay que tener estómago. 

Una biografía del hambre



En uno de sus más célebres libros, la novelista de bestseller belga Amélie Nothomb retrató su pasado de adolescente anoréxica bajo el título de Biografía del hambre. Entre sus páginas se describían dolores fortísimos, desconocidos seguramente para cualquier otro humano de su clase y condición. Ese ejercicio de consumirse por dentro. Ese comerse a sí mismo. Ese estado anímico entre la vida y la muerte que es la desnutrición. Sin embargo, el de Nothomb era un hambre provocado. Una autobiografía representativa sólo de uno de los trastornos de nuestra sociedad moderna. Pero entre sus páginas había algo real, y eso era la sensación de que su estómago iba a desaparecer, de que su alma ya no eran más que huesos.

Imaginemos ahora que miles de millones de personas en todo el mundo, desde adultos hasta niños, e incluso hasta recién nacidos, se ven obligados a notar en sus entrañas esa horrorosa sensación. Miles de millones de huesos. Miles de millones de moribundos. Miles de millones de cuerpos comiéndose sus propios cuerpos para sobrevivir. 


El hambre son 25.000 fallecidos al día, en un mundo en el que, en realidad, sobran toneladas, y toneladas, y toneladas de comida.


Tal definición podría ser la más precisa para el hambre de hoy. Y tal definición es la que espanta a Caparrós, y la que le llevó a viajar por lugares donde un trozo de pan no es más que un lujo, y donde la desigualdad y el terror son el único himno. En 600 páginas, el escritor se entrevistó con políticos, con periodistas, con simples ciudadanos que pasaban por allí y con enfermos o víctimas cuyo nombre siempre será desconocido y secreto.

Entre entrevista y entrevista, Martín Caparrós entrelaza la historia del hambre a través de los siglos, desde la primera existencia del ser humano hasta nuestros días. A su vez, el autor incorpora una serie de capítulos personales en donde se pregunta cómo sobrevivir después de toda esta información. Cómo seguir viviendo su vida después de haber visto lo que ha visto, conocido lo que ha conocido y experimentado lo que ha experimentado.


¿Qué es lo que hace que esta noche pueda volver del campo de batalla y meterme en la ducha y cambiarme y perfumarme y pedir en el restorán del hotel una cena gozosa y si acaso una botella de buen vino?



La respuesta a la que el periodista y lector podemos llegar es parecida a una idea que el activista chino Ai Weiwei lanza en un documental sobre su trabajo: si nos quedáramos mirando, seríamos una parte más de toda esa hipocresía y corrupción que criticamos. Por eso hay que actuar.

El Hambre también es un libro de actuación. Un arma de realidad que consigue desestabilizarnos a través de las voces de las viudas de la India que prefieren morir de hambre en homenaje a sus muertos. O de los adolescentes de los suburbios de Buenos Aires que cada día rebuscan comida en la basura. O incluso de las madres africanas enfermas cuyas mamas están absolutamente secas, y aún así se esfuerzan por tener algo con lo que alimentar a sus desnutridos, deformados y tristes bebés. 

El hambre es una enfermedad. El hambre es un monstruo. El hambre es pobreza. El hambre es la herramienta de los ricos para hacer trabajar a los pobres. El hambre es un elemento disciplinador. El hambre es el resultado de las guerras. El hambre es una guerra. El hambre es el síntoma de que una sociedad está muerta. El hambre es la muerte. El hambre nos da absolutamente igual. El hambre es nuestra hipocresía. El hambre es lo que mueve el poder. El hambre son 25.000 fallecidos al día, en un mundo en el que, en realidad, nos desprendemos de toneladas, y toneladas, y toneladas de comida. 


El hambre es la peor de las enfermedades



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