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¿El ejercicio de imaginación más retorcido de lo que va de siglo?

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Motivos por los que la masacre de París ha sido, probablemente, el atentado más perverso en la historia del terrorismo islamista

Antonio J. Rodríguez

16 Noviembre 2015 06:05

*Imagen vía @libe

Había bebido tanto que hasta me costaba seguir los chistes de BoJack Horseman, cuando de pronto sonó la notificación. Era la app del Guardian o de la BBC y anunciaba las primeras muertes registradas en la masacre de París.

¿Una masacre?, ¿a tiros?, ¿ahora?  

Doy por hecho que no fui la única persona a la que la noticia le pilló en un momento penoso o de indefensión máxima. De hecho, estoy seguro de que los terroristas eran 100% conscientes de la importancia simbólica que tenía dar un golpe así un viernes por la noche.

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Para un adulto corriente, el viernes por la noche es el mayor momento de distensión de la semana, precisamente porque es el que más lejos está del trabajo. Entre las 21 horas del viernes y las 8 de la mañana de un lunes hay una diferencia, si los cálculos no me fallan, de unas 60 horas.

Salir del trabajo un viernes por la noche y ser consciente de que tienes 60 horas de distensión por delante produce una alegría descomunal, como si la distancia que mediara entre el viernes noche y el lunes por la mañana fuesen 60 horas de avión, 60.000 kilómetros, 6 veces la distancia entre París y Tokio.


Vía BBC

De pronto, el lunes por la mañana, ese momento de grisura y desencanto, parece estar fuera de la galaxia.

En lo que va de siglo, todos los grandes atentados producidos por el terrorismo islamista se hicieron en momentos laborables: el 11-S de Nueva York, el 11-M en Madrid, el 7 de julio de Londres…

En todos estos casos, las crónicas recogían historias de gente que se encaminaba a sus trabajos, personas madrugadoras a los que la violencia extrema les pilló a primera hora de la mañana, mientras ese día empezaban a ganarse la vida honradamente.


Los grandes atentados yihadistas anteriores se produjeron cuandos los civiles se encaminaban al trabajo o bien ya estaban en sus puestos; con la masacre de París, los terroristas quisieron actuar en el mayor momento de distensión de una ciudad: el viernes por la noche



Con lo de Francia es distinto.

Aquí los terroristas buscaban otra foto finish.




El retrato que el terror ha dejado esta vez es la de decenas de personas distraídas en momentos de frivolidad cotidiana; gente que, tras otra agotadora semana de mierda más, se relaja con pequeños entretenimientos banales. A saber:

1. un concierto de rock (imagina que has bebido un montón de cervezas y has tomado drogas mientras berreas las letras de un grupo que hace música embrutecedora, y de pronto tienes que salir por la ventana de la sala de conciertos porque alguien te quiere tirotear…),

2. una cena con vinos en algún restaurante bien,

3. o un partido de fútbol.

Joder, ¡si hasta el partido era amistoso!


Vía Daily Mail

Ni siquiera los hinchas de la selección estaban tensos. No había nada en juego, solo un partidillo cómplice con el rival eterno, Alemania.

Lo decía Simon Kuper en su columna del Financial Times:

“Aquí todo el mundo vive en apartamentos angostos. Apenas hay patios interiores donde puedas hacerte una barbacoa o jugar con los niños y desconectar del mundo. Uno vive París para salir, para quedar con amigos en cafés como el Bataclan, para tener conversaciones con gente inteligente de todo el mundo, para ir a partidos de fútbol o al Louvre, cerca de donde esta noche hubo un tiroteo también. París son espacios públicos […] Y cuando esos espacios no son seguros, la ciudad se desmorona”.

¿Y qué hay de las víctimas?



Algunas de las víctimas de la masacre de París. Imagen vía Buzzfeed


La mayoría tenían lo que podía considerarse como vidas envidiables o ejemplares. En la pieza en proceso que Buzzfeed News está dedicando a los fallecidos leemos sobre todo tipo de profesionales liberales, periodistas culturales, publicitarios especializados en marketing online, estudiantes americanos de intercambio, trabajadores de la industria musical, arquitectos, músicos… la clase de gente que siempre sonríe en la foto y que siempre sale guapa.

La antítesis del resentimiento.


La mayoría de víctimas tenían lo que podía considerarse como vidas ejemplares. Era la clase de gente que siempre sonríe en la foto. La antítesis del resentimiento.



Y he aquí, en la agresión a todas estas vidas ejemplares en ese momento de mar en calma como es el viernes por la noche, donde reside la inhumana malicia de esta masacre.

Los asesinos desencadenaron toda su violencia en un espacio y en un instante donde, sabían, todos aparecerían dibujados como caricaturas: los parisinos como personajes que parecían sacados de una comedia de Woody Allen —un montón de pequeñoburgueses disfrutando de pasatiempos pequeñoburgueses en la ciudad más pequeñoburguesa del mundo; la sublimación del ideal de vida occidental, en corto—; y los terroristas como psicópatas obsesionados con la rectitud moral (“la capital de la perversión” fue el concepto que usaron para describir París).

Por todas estas cosas, la puesta en escena y la carga simbólica de los atentados hacen de esta, tal vez, la acción yihadista más perversa de la historia. 

Pero aún hay más. 

La culpa occidental y la empatía

Una de las primeras reacciones que trajeron los atentados fue, precisamente, el cuestionamiento de la empatía hacia las víctimas.

Prueba de ello es una ilustración de Cinismo Ilustrado que empezó a circular a las pocas horas de los atentados. Allí veíamos un mapamundi con los países coloreados según la manera en que Occidente celebra su luto cuando un conflicto implica muertes.



“¡De los palestinos no os acordáis tanto!”, decían unos.

“En Siria pasa esto cada día”, resumían también por ahí.

Es verdad que todo atentado islamista en Occidente trae consigo una absurda carrera entre algunos internautas para descifrar quién es más bondadoso, quién se implica más con el dolor ajeno y quién es menos hipócrita. No obstante, la puesta en escena de esta masacre ha llevado la discusión a niveles inéditos.


La perversión extrema de esta masacre es que hace que nos cuestionemos nuestra propia humanidad, en lugar de cuestionar la de los terroristas



Tiene su lógica.

Aparentemente, lo normal (lo ético) sería sentir más empatía hacia una víctima constante de la violencia, que no por un puñado de europeos privilegiados que comen queso, van a conciertos y disfrutan de un vino blanco mientras son ametrallados.

¿Cómo puede ser que sienta tristeza hacia alguien cuya vida fue afortunada, y anteriormente no me haya preocupado más de los niños sirios que huyen de las bombas?


Vía @Libe

Esta es una pregunta que, en momentos de fragilidad emocional, uno está inclinado a plantearse.

Y esa es precisamente la perversión extrema de esta masacre: hace que nos cuestionemos nuestra propia humanidad, en lugar de cuestionar la de los terroristas.

Claro que el hecho de sentir más empatía a una masacre que ha ocurrido en una ciudad cercana es perfectamente comprensible.


Es normal que lleguemos a sentir más empatía hacia lo ocurrido en una ciudad cercana. ¿acaso no nos inquieta más la enfermedad de un familiar o de un amigo que la de alguien a quien no conocemos?, incluso cuando en ambos casos preferiríamos que nadie tuviera que afrontar nunca ninguna enfermedad. Lo humano es eso; lo inhumano es el asesinato



Es decir, ¿acaso no nos inquieta más la enfermedad de un familiar o de un amigo que la de alguien a quien no conocemos?, incluso cuando en ambos casos preferiríamos que nadie tuviera que afrontar nunca ninguna enfermedad.

Ocurre algo parecido con la masacre de París.

Lo humano es eso; lo inhumano es el asesinato.

Como su nombre indica, el terrorismo consiste en conducir a una sociedad a un estado de terror, confusión y vulnerabilidad, así que el hecho de que estemos aquí cuestionándonos nuestra propia integridad moral, doloridos porque en el pasado no hiciéramos más por las otras víctimas de la violencia, es claudicar ante la masacre.


Vía Guardian

Tampoco es de extrañar que el objetivo del terror en París fuese debilitar a las sociedades occidentales por medio de una carambola.

Probablemente, los terroristas eran conscientes de que, al vernos vulnerados en un estado de relajación tal como es un viernes por la noche, nos sentiríamos estúpidos. Lo decía Isobel Bowdery, una de las supervivientes de Bataclan, en un sobrecogedor post de Facebook que en las últimas horas se viralizaba: “nunca crees que te ocurrirá, era un simple viernes por la noche en un concierto de rock. La atmósfera era muy feliz y todo el mundo bailaba y sonreía. Y entonces, cuando los hombres entraron y empezaron a disparar, creímos ingenuamente que todo era parte del espectáculo”.


you never think it will happen to you. It was just a friday night at a rock show. the atmosphere was so happy and...

Posted by Isobel Bowdery on Sábado, 14 de noviembre de 2015



Probablemente, los yihadistas también contaban con las guerras internas entre occidentales favorables a la intervención, y aquellos que se niegan a avivar los fantasmas de Irak y de Afganistán. A fin de cuentas, la masacre de París reforzaría los argumentos de los primeros: si ya no podemos relajarnos un rato en nuestras ciudades, lo único que queda es el estado de guerra permanente.

E, igualmente, ese razonamiento también es ceder a la provocación.

Con su perversión extrema, la acción terrorista de París buscaba anular la voluntad de quienes se mantienen firmes en su convicción de rechazar la violencia como forma de resolver el conflicto en países como Siria, de quienes disfrutan de la frivolidad y la banalidad de un viernes por la noche en Occidente, de quienes eligen abrir sus puertas y solidarizarse con los que huyen de países en conflicto, y de quienes sienten tristeza por las víctimas de París… sin albergar ni un solo gramo de culpa.


"Llámalo Alá, Yhavé, Dios… Ningún dios está contento mientras maten en su nombre”.

Posted by PlayGround on Sábado, 14 de noviembre de 2015




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