Columnas

Cosas que no deberías decir tras una masacre terrorista (sobre todo si vas a ser presidente)

Una historia de ego y luto con París de fondo

1 - La sonrisa

El sábado a las 10.05 de la mañana todos estábamos jodidos. ¿Cuántos muertos? ¿Quién ha sido? ¿Dónde, cuándo y cómo? Y sobre todo, ¿POR QUÉ?

Yo además —no creo que fuese el único— estaba medio dormido. Y de pronto, esto:

Tardé en traducir la imagen un par de segundos, y eso en internet es mucho tiempo. Era Albert Rivera, la noria de la Plaza de la Concordia, la torre Eiffel. Era París París París, otra vez París. Nos habíamos acostado con París, soñado con París y despertado con París.

Pero algo NO cuadraba esta vez.

Yo estaba triste, desorientado, aturdido, dormido y:

1. Albert Rivera me SONREÍA.

2. Albert Rivera me hablaba de SU cumpleaños.

3. Me decía que París es NUESTRA casa.

Estaba triste, desorientado, aturdido, dormido... y Albert Rivera me sonreía y me hablaba de su cumpleaños

Había alrededor de 128 muertos, todavía no se sabía cuántos, realmente. Y yo me sentía extrañamente mejor, un poco más vivo. El sueño y la tristeza habían dado paso al estupor y la indignación. En otras palabras: Albert Rivera me había encendido.

2 - La carpeta

Me había encendido a mí y a un montón de gente más. Hacía tiempo que no veía en Twitter una cascada de insultos —unos más inspirados que otros—, similar.

Los había directos a yugular. A la suya y la de sus votantes.

"Miserable" y "oportunista" estuvieron en el top.

Hubo sosa caústica.

Volvió a aparecer el concepto que para muchos de sus críticos define a Ciudadanos, un partido y un líder poseído por tu cuñado que, en esta ocasión, aprovecha una masacre terrorista para enseñarte fotos de su viaje de cumpleaños a París.

Otros se imaginaron al candidato buscando la foto adecuada para mostrar su estado de ánimo.

Este último, que parece ser de los más comedidos, esconde la que podría ser la clave de la mala respuesta obtenida por el —dejémoslo ahí— tuit boomerang de Rivera.

Rivera había intentado ser espontáneo en su duelo y le habíamos pillado. Había lanzado un tuit con un mensaje que le hacía protagonista por delante de la masacre de hacía unas horas. Y lo había ilustrado con hasta dos imágenes, ambas presumiblemente almacenadas en su portátil o smartphone.

Rivera había intentado ser espontáneo en su duelo... y le habíamos pillado

Es un proceso que puede depender de tu pericia dactilar pero que en condiciones normales lleva al menos un minuto, y un minuto parece tiempo suficiente para reflexionar acerca de la idoneidad de acordarte de aquella foto en la que sales sonriente el fin de semana que te fuiste a celebrar tu cumpleaños a París... donde acaba de haber 128 asesinatos terribles.

Porque si un minuto de silencio es tiempo suficiente para demostrar dolor, también lo es para reflexionar. Especialmente si eres el candidato a la presidencia del gobierno de tu país.

3. El nogal 

Albert Rivera no es solo candidato a presidir España, también es el político mejor valorado.

Rivera es la persona con quien tomarías una cerveza viendo el Gran Premio de Motociclismo, el amigo con el que pedir una pizza un sábado viendo a La Roja golear a Bielorrusia, el compañero de oficina que invitó a su novia a un fin de semana sorpresa en París.

Es, también, un treintañero activo en las redes sociales. Su estilo y regularidad en Twitter cultivan su imagen de persona normal, buena, equilibrada, confiable, sensata. Su lema allí es "imposible es solo una opinión". Una frase que podrían firmar Mahatma Gandhi, Arnaldo Otegi, Steve Jobs, Tim Burton o el delantero centro del Real Betis Balompié.

Rivera es la persona con quien tomarías una cerveza viendo el fútbol, el compañero de oficina que invitó a su novia a un fin de semana sorpresa en París

Pero Rivera, decimos, es candidato. Y eso significa obligaciones. El sábado por la mañana el presidente de Ciudadanos intentó un triple salto mortal en un solo tuit. Trató de:

a. tapar un insoportable silencio.

A las 02:39 de la madrugada Rivera había hecho su primer tuit sobre lo sucedido. Le siguieron varios más de caracter esencialmente político. A las 11 de la mañana Rivera había convocado a los medios a una rueda de prensa en la que Ciudadanos mostraría su postura oficial ante los atentados.

A las 10:05 faltaba una hora para hablar con los periodistas. Demasiado tiempo de silencio para un candidato cuando algo tan grave ha ocurrido.

b. mostrarse ligeramente diferente.

Los mensajes de Rivera habían sido los esperados. Prácticamente eran idénticos a los de cualquier otro político. El mejor valorado no podía resultar indistinguible del resto. Era necesario rebuscar en la carpeta de fotos.

c. y, sobre todo, trató de no traicionarse a sí mismo.

Albert Rivera es un chico de centro en todos los sentidos. Tanto en el eje izquierda-derecha como en la cámara de su móvil. Tan de centro que seguro que se saca un selfie contigo y tú sales con media cara fuera de la foto. Rivera no se esconde, le gusta usar la primera persona, se gusta.

Para algunos, un ejercicio de egocentrismo intolerable, el yomimeconmigo del cumpleañero en París no era sino la evolución lógica del personaje independizado de la persona y camino de La Moncloa.

Víctima de su propio personaje, Rivera se convirtió en el invitado en el entierro alaba el nogal del ataúd porque él mismo es carpintero.

El invitado al entierro que alaba el nogal del ataúd porque él mismo es carpintero

4. El luto

Quizá su ego de candidato enrareció el luto previsible, pero me resisto a creer que Rivera u otros estuvieran el sábado pensando en las elecciones españolas del 20-D. Las grandes palabras han venido después.

Ciudadanos pide unirse al gran pacto de estado antiyihadista, apoyo firme al gobierno de la nación, unidad de los demócratas, demostración de civismo.

Guerra. Europa.

Escucho a Rivera decir que nadie quiere la guerra, PERO. Que ha sido un acto de guerra contra Europa. ¿Guerra contra Europa?

¿Qué es una guerra contra Europa? ¿Un paraguas abstracto para decir les tenemos aquí? Lo sabemos, y cada vez es más difícil no dejarse llevar por una ola de indignación que ahora lleva trazas de empatía, de es-que-podría-haber-sido-yo.

Yo, si hubiera estado en París, podría haber llevado un viernes noche a mi sobrino a ver un Francia-Alemania en directo "Buah, juegan Griezmann, Giroud y Martial juntos, ganamos seguro", puedo escucharle.

Yo podría haber ido a cenar con conocidos a Le Petit Cambodge. "No sé si pedir bobuns o ban-hoy" diría mientras intento disimular que nunca he estado en un camboyano y rezo porque no sea el único que pida muchas cervezas para beber.

Nadie quiere una guerra, ¿PERO?

Yo podría haber ido a ver a Eagles of Death Metal solo porque "no están mal" y porque, qué coño, QOTSA, la anterior banda de Josh Homme, molaba mucho. Yo podría haber sido una de esas "decenas de personas distraídas en momentos de frivolidad cotidiana", como mi compañero Antonio J. Rodríguez escribió ayer aquí

Yo no estaba en París. No hice nada de eso. Pero el sábado, más o menos 24 horas después de la masacre de París, sí asistí a un concierto y viví algo que no esperaba allí. Un minuto de silencio.

No pensé en qué pasaría si alguien entrase allí en aquel momento con un plan asesino. Simplemente miré al inifinito y traté de recordar si alguna vez me habían pedido un minuto de silencio antes de un concierto. Y no, creo que ni siquiera tras el 11M, un atentado que como el resto de madrileños viví muy de cerca.

Recuerdo, tras el 11M, estar en el andén y ver llegar el metro como quien ve llegar un coche fúnebre. Las miradas siempre en el suelo. El silencio. La situación se hacía especialmente incómoda cuando cogías el metro para acudir a alguna actividad lúdica. Fútbol, cenas, conciertos.

Sentías la culpa del superviviente.

Recuerdo el círculo maldito. El bucle que el luto anunciaba. El luto y su repetición. El luto, la reacción democrática, el ataque a kilómetros, el luto ajeno y el luto propio.

Me acordé de la canción Safe European home de The Clash y Rivera se acordó de su cumpleaños en París.

Se acordó de lo bien que se está en una ciudad en paz. Y en eso sí, Albert, en eso estamos de acuerdo.

Pero lo siento, no hay findes de cumple en París que justifiquen el bucle del luto. O la guerra, como a algunos les gusta llamarla.

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