Columnas

Los documentales y 'realities' más repugnantes de la televisión actual

Cocinas asquerosas, acumuladores de basura, aventureros suicidas, enfermedades: la caja tonta está llena de programas extremos y aquí va nuestro ranking

Uno de los placeres perversos de la televisión actual es matar las horas en uno de esos canales extremos que suelen emitir realites y documentales repugnantes: adictos a la droga, personas con deformidades, casas llenas de basura, comida vomitiva. Aquí va el top 10 del museo de los horrores catódicos. Vigila tu píloro.

Con la llegada de la TDT, han llegado también canales especializados en la nada más absoluta. Muchos de estos canales –Xplora y Discovery Max en cabeza– han tenido que echar mano de la basura más efectiva y barata del mercado para llenar sus parrillas, y la tontería les ha funcionado, aunque haya sido a costa del estómago del televidente. Aquí va una lista de los docu-realities más vomitivos –en el sentido literal del adjetivo– de la televisión actual. ¿Preparados para salpicar el mando a distancia con fluidos, sangre, mierda, vísceras, parásitos y toda suerte de asquerosidades? Oh sí, por supuesto que sí.

10. Un Parásito Dentro De Mí (Discovery Max)

El título ya te da ganas de echar los garbanzos sobre la alfombra. Y el programa está a la altura. Gente al borde del colapso por culpa de huéspedes que se han hecho fuertes en su interior y les consumen las entrañas. Hablamos de larvas, tenias, gusanos hambrientos y toda suerte de monstruos pavorosos que devoran lentamente las vísceras, órganos y tejidos de los cretinos que los han contraído. Lo bueno de “Un Parásito En Mi Interior” es que apela a uno de los miedos más irracionales del ser humano: el saber que lleva un insecto vivo en sus adentros y no puede hacer nada para sacarlo de ahí. Desde la escena del esternón explosivo de “Alien, El Octavo Pasajero” no se gritaba tanto en mi casa.

9. Pesadilla En La Cocina (La Sexta)

Olvídate de la versión española. No está ni de lejos a la altura del formato anglosajón. Que no te embauquen, como diría Joan Laporta: el bueno de Alberto Chicote es una broma de mal gusto al lado del nazi de Gordon Ramsay. Déspota, homófobo, xenófobo, malhablado, histérico, el viejo Gordon parece vivir en una constante nube farlopera. Y no conoce la piedad. ¿Su cometido? Salvar restaurantes radiactivos de la ruina y, de paso, hundir en la más absoluta de las miserias a los chefs y camareros retrasados, ametrallándoles con sus comentarios venenosos y berridos ensordecedores.

Y aunque Ramsay casi siempre acaba triunfando, sus batallas contra el monguismo de los cocineros y la falta de higiene de los locales son antológicas. Ratas vivas, ratas muertas, insectos, escarabajos y otras alimañas conviven con neveras tóxicas de las que salen alimentos en peor estado que las mollejas de Tina Turner. Bistecs amarillentos, pechugas de pollo recubiertas de moho, pescados mancillados por la podredumbre, salsas palpitantes… Un auténtico asco. Un programa que te hará dudar de cualquier restaurante al que vayas y te convertirá en fan instantáneo de los métodos fascistoides de Gordon Ramsay: el Goebbels de las cocinas insalubres.

8. Mi Extraña Adicción (Xplora)

El ser humano es una máquina imperfecta. Es un engranaje cárnico defectuoso dado a la adquisición inconsciente de hábitos nauseabundos que, Dios sabe por qué trauma, acaban dominando por completo la vida del sujeto que los prueba. En “Adicción” (véase el punto 5) vemos a yonquis de tomo y lomo en acción, yonquis clásicos que no pasan del perico, el caballo y los espirituosos, pero lo de “Mi Extraña Adicción” es de frenopático, pues nos introduce en el hogar de auténticos chiflados en perpetua lucha contra obsesiones y comportamientos asquerosos que parecen sacados de un relato de Chuck Palahniuk.

Los que no sepan de qué va, ni hayan visto jamás un episodio de este descarrío televisivo, se toparán con un universo paralelo en el que hay negras que comen cerámica, crusties que mastican bombillas, adolescentes que engullen tiza, tipos enamorados de muñecas de plástico, mujeres que duermen con el secador de pelo encendido en la cama…. Y estas son las personas normales. En “Mi Extraña Adicción” ha llegado a salir una enajenada que se ha tragado miles de kilos de abono para plantas a lo largo de su vida y otra freak que cuando tiene sed deposita su propia orina en un vaso y se la bebe como si fuera Sprite. Y yo que pensaba en dejar de comerme las uñas…

7. Urgencias Bizarras (Xplora)

Si eres aprensivo, tu novia tendrá que recogerte con pala del suelo y tirarte a la basura. Hay que tener mala baba para mostrar al espectador en toda su crudeza casos extremos de traumatismos, laceraciones y cortes profundos: esto es una lluvia incesante de lesiones violentas tan sanguinarias como inusuales. “Urgencias Bizarras” es black metal, gore, una triatlón imposible para las gónadas del espectador, un baño de sangre que vemos siempre en primer plano: vísceras desparramadas, labios partidos, extracciones de objetos, huesos hechos añicos, dolor, bilis… Dicen que Marilyn Manson grita como una niña cada vez que lo echan por televisión.

6. Crónicas Carnívoras (Energy)

Cientos de ostras con tabasco del tirón. Hamburguesas de dos kilos por el gaznate. Una bandeja de helado que mataría del susto a Gerard Depardieu. Bistecs de mamut. Pizzas que no caben en la mesa con 30 toppings grasientos. Sandwiches de 10 pisos con más carne y embutido que la nevera de Carlos Jean. Una montaña interminable de las alitas de pollo más picantes del mundo… Así se las gasta el gordo de Adam Richman, un hombre embarcado en una cruzada: morir a los 50 por culpa de una insuficiencia cardiaca. Y lo está haciendo más que bien desde el programa “Crónicas Carnívoras”, un reality comprometido con la causa obesa y dedicado a mostrarnos los restaurantes más grasientos de Estados Unidos. En el país de los rebozados no hay tregua, todo se sirve con altas dosis de colesterol concentrado y en cantidades paquidérmicas e insoportables por un estómago humano medio. Lo peor no es que el bueno de Adam cante a los cuatro vientos los parabienes de comer mierda empanada y colesterol en barra, sino que además se plantee desafíos imposibles, intentando ingerir platos XXL de comida basura en un espacio de tiempo limitado. Solo os digo que ha habido episodios en que los que ha tenido que ir a toda prisa al lavabo a vomitar e incluso a defecar. A todas luces, el programa favorito de Falete.

5. Adicción (Xplora)

Las miserias ajenas atraen al gentío y en “Adicción” lo saben. Por eso nos permiten asistir a la autodestrucción radical de yonquis extremos. Y lo hacen si tapujos. Aquí vemos a auténticos despojos humanos esnifando farlopa en váteres mugrientos, fumando crack en casas basura, pinchándose heroína, emborrachándose hasta caer inconscientes, expulsando toda suerte de fluidos a causa de sus ingestas masivas de opiáceos y/o bebidas alcohólicas. “Adicción” es repugnante, pero también mezcla sensaciones de horror y lástima. Lo admito: te deja muy mal cuerpo. Los tipos que salen tiene serios problemas y las imágenes de sus orgías consumiendo estupefacientes aterran cosa fina. Es con diferencia uno de los programas más duros de la televisión. Y lo mejor es que sus ideólogos son unos cínicos; en un momento dado, el programa intenta intervenir y curar al drogadicto… ¡Como si al espectador le importara! Por cierto, para el capítulo número 100, un double header con Pete Doherty y Charlie Sheen sería para mear y no echar pota.

4. Frank De La Jungla (Cuatro)

Un chalado de origen español de nombre Frank que vive en Tailandia revolcándose entre serpientes, hurones, cocodrilos y toda suerte de bichejos. Hasta aquí todo bien. Lo más chocante, sin embargo, es que en un programa de animales exóticos, la alimaña más nauseabunda sea el propio Frank, un humanoide superdotado para la acumulación de mugre que en sus incursiones en la selva no sólo lanza poderosos cuescos a la cámara o come excrementos de animal, sino que se jacta del hedor que desprende su indumentaria: una gorra blanca rebozada de sebo capilar en su cara interior, una camiseta blanca de manga larga con la esencia putrefacta de su dueño impregnada en cada hebra, unos calcetines de deporte que en un pasado muy remoto fueron blancos y, mi parte favorita, unos zuecos Crocs tan pestilentes que deberían ser eliminados de la faz de la Tierra por catástrofe medioambiental inminente.

3. Enterrado En Mi Basura (Discovery Max)

Diógenes de Sinope fue uno de los grandes filósofos de la Antigua Grecia. Le llamaban perro –de ahí viene 'cínico', la escuela que él inició–, por el abandono con el que afrontaba su vida, pero curiosamente a él le encantaba que le trataran cual cánido. Era su filosofía de vida, pues vivía como tal y se sentía feliz dando matarile a las convenciones de la sociedad. Aunque eso no significa que el hombre perro no tuviera su orgullo: se dice que llegó a orinar gustoso en la cara de unos tipos que le lanzaron un hueso a modo de burla. El viejo Dio era un auténtico guarro, no lo niego, pero por convicción y principios, no por enfermedad. Quizás por eso, muchos sentimos la punzada de la injusticia cada vez que alguien apela al término Síndrome de Diógenes para definir a un tarado que acumula basura, animales abandonados y toda suerte de objetos en su casa. El chucho de Sinope no merece este trato.

Rota una lanza en favor del maltratado filósofo, vamos al grano: “Enterrado En Mi Basura” da miedo, pues nos introduce en las madrigueras infectas de enajenados mentales que son víctimas de la irrefrenable pulsión de enterrarse en toneladas de mierda. Bolsas de basura, cajas de cartón, electrodomésticos rebozados de óxido, botellas de plástico vacías, platos de comida con moscas, cualquier cosa vale para convertir tu hogar en un vertedero intransitable. Y lo de intransitable es literal: muchas de las personas enterradas en su basura tienen que hacer acrobacias imposibles para ir del salón a la cocina; hay tanta inmundicia acumulada en sus apartamentos que el programa despierta sentimientos encontrados: por una parte sientes pena de los pobres diablos, por la otra un asco indescriptible. Algunas veces les pagarías un psicólogo; en otras ocasiones, desearías que su casa tuviera las paredes móviles del vertedero de “La Guerra De Las Galaxias” y los cochinos murieran aplastados en su propia y abundante basura.

2. Cuerpos Embarazosos (Xplora)

Pústulas palpitantes, quistes axilares del tamaño de un melón, colonias de verrugas en los pies que parecen atolones de coral, dentaduras excrementicias, penes curvos, anos velludos, vaginas podridas, halitosis… Si aguantas más de 15 minutos sin cambiar de canal eres un héroe o un puto depravado. “Cuerpos Embarazosos” pretende ayudar a gente que no se atreve a llevar al médico dolencias físicas extremadamente asquerosas y vergonzantes. Sobre el papel, el cometido del programa es curar el horror, pero la auténtica finalidad de este invento es hacernos vomitar la cena hasta la última gota. Y a fe de Dios que lo consigue. Sus primeros planos de coños infectados, muelas verdes, herpes genitales y rectos abiertos de par en par hacen que “Videodrome” parezca una película de Icíar Bollaín. Si no has hecho la digestión, cubre con plástico el sofá.

1. Gastronomía Insólita (Discovery Max)

Analizando con detenimiento las proezas gástricas del gordito relleno Andrew Zimmern, servidor sólo encuentra dos argumentos para explicar su desviación alimentaria: 1) este señor es un auténtico cerdo, 2) de niño, alguien le golpeó el cráneo con una pata de jamón, haciendo que little Andy perdiera el sentido del gusto. Y es que salvo algunos casos de ilustres carnívoros extremos, como Falete, Sonia Arenas, La Veneno o Gus Van Sant, nadie ha demostrado semejante alegría y desparpajo a la hora de introducirse en la boca bultos palpitantes de origen desconocido. Hablo de un tipo que se va al quinto carajo a poner a prueba los reflejos de su flora intestinal, engullendo comida tan nauseabunda que, del espanto, le devolvería la armonía geométrica al careto de Rossy de Palma. Y nada de medias tintas: al igual que John Rambo, este terrorista de la nausea ha masticado cosas que harían vomitar a una cabra.

“Gastronomía Insólita” exige huevos, muchos huevos. Aunque la prerrogativa sea descubrir a la gente de a pie las costumbres culinarias de los lugares más remotos del globo, lo que en realidad pretende esta aberración televisiva es joderte vivo, hacerte vomitar sobre tu perro salchicha, obligarte a cambiar de canal como alma que lleva el diablo. A Zimmern le van las emociones fuertes, no en balde, antes de hacerse famoso comiendo testículos de toro en la tele, el supuesto chef fue un alcohólico y drogadicto entregado a la causa: el bebercio, la cocaína, la heroína y los Quaaludes eran por aquel entonces su plato combinado favorito. De hecho, el propio cocinero ha confesado que durante un tiempo vivió como un homeless, hasta que un buen día decidió recuperar su vida y dedicarse a la cata del moscardón afgano para llevarse unas perras gordas al bolsillo.

El programa no tiene secreto, Andy se desplaza a distintos puntos del planeta con el objetivo de probar viandas aberrantes para el paladar occidental. Y el tipo no se anda con mariconadas. Le he visto comer fetos de pato, hormigas voladoras vivas, intestinos de cabra con mierda todavía dentro, penes y testículos de toda suerte de animales, globos oculares de lagarto, pescado podrido, cerebro de tocino en su propio caldo, gusanos infectos, incluso excrementos de algún roedor. Llega un momento en que no sabes qué te produce más asco, la basura inmunda que Zimmern es capaz de zamparse o la cara de satisfacción con que el pervertido recibe esos bocados infernales. No se puede esperar menos del único enajenado del mundo que cuando tiene un pelo en la sopa, se come el pelo y deja la sopa.

Bonus Track: Splash (Antena 3)

Resumiré el grado de inmundicia de este concurso con tres palabras: Falete en bañador.

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