Columnas

De la diáspora a la panspermia

Momus

diasporaTengo que admitir que estoy muy entusiasmado por la Nimes Biennial 2009, que tiene como título L’Experience Japonaise (La Experiencia Japonesa) y que tendrá lugar entre el 24 y 28 de marzo en un pueblo del sur de Francia famoso por su anfiteatro romano. El festival lo organiza el sello francés Sonore, que se especializa en importar avant pop japonés a Francia, y tiene como atracción principal a DODDODO, uno de los artistas Matsuri-kei con el que me he deshecho en alabanzas anteriormente. L’Experiencia Japonaise me ha hecho pensar sobre diásporas musicales.

Me encanta la palabra díaspora. En su original griego significa la dispersión de las semillas, pero ha adquirido el significado de un grupo de personas con raíces étnicas en común, viviendo -de manera voluntaria o por necesidad- lejos de su país natal. La música es increíblemente importante para una población diaspórica, no solo porque la religión y la cultura refuerzan las frágiles identidades culturales y mantienen los lazos de una comunidad fuertes, pero también como una forma de divulgar los valores y talentos de los extranjeros entre aquellos con los que ahora viven.

Ahora, L’Experience Japonaise dará a conocer seguramente los valores y talentos a los turistas curiosos que se reunán en Nimes a finales de este mes. Pero estrictamente hablando estos Japoneses no son diaspóricos. Llegan volando -como semillas en el viento- para tocar en el festival, pero volarán de vuelta cuando este termine, y la mayoría de ellos regresarán a Japón, donde continuarán sumergiéndose a si mismos en las particularidades culturales que los hacen tan inconfundiblemente, exportablemente japoneses.

Sin embargo, L’Experience Japonaise no puede evitar recordarme a varios grupos de expatriados japoneses que conozco en ciudades como Londres, Nueva York y Berlín. Escribiendo acerca de un colectivo de música y arte en Berlín llamado La Condition Japonaise, jugué con el doble significado de Super Collider, que puede ser un término para lo que sucede cuando dos culturas colisionan para producir algo más que la suma de sus partes, y también el nombre de un software de sintetizadores que muchos músicos japoneses en Berlín usan.

Es un proceso complicado y fascinante. Para empezar, ciertos japoneses eligen ciertas ciudades a las que ir, de acuerdo con sus personalidades e intereses. La gente fashion se va a París, los músicos de electrónica experimental a Berlín, los artistas a Nueva York, los diseñadores a Londres o a Milán. Una vez llegan a esas ciudades parece que se pasan la mitad de su tiempo absorbiendo influencias frescas, y la otra mitad redescubriendo su identidad nacional, concienciándose de sí mismos de una manera en la que jamás lo habían hecho, aprendiendo a “interpretarlo” para los extranjeros simpáticos que, a su vez, se encuentran “Japonizados”. La Experiencia Japonesa no es solo una experiencia que los japoneses tienen, sino que se la dan a los demás.

A veces la población nativa puede cambiar más al tener diaspóricos entre ellos que los diaspóricos a sí mismos por su propio exilio. En una exhibición en la Embajada Japonesa en Londres hace dos años, por ejemplo, los estudiantes de arte japoneses hablaron sobre como su tiempo en Londres los había cambiado. La mayoría dijó que actualmente se sentían más japoneses que menos japoneses. Como dijó el estudiante de arte de Central St Martins, Emi Miyashita: “Me siento realmente japonés ahora. Mucho más de lo que me percibía antes de mudarme aquí.”

Esa ha sido desde luego mi experiencia como músico diaspórico. Al principio era solo un diaspórico regional, un escocés desplazado a Londres, grabando para un sello discográfico (Creation) de otro escocés. Más tarde redescubrí lo escocés en mi en Nueva York (donde hice un álbum llamado “Folktronic” lleno de parodias de la música de violin escocesa-americana de los Apalaches) y en Tokyo (donde comencé a cantar sobre músicos escoceses en un exageradísimo acento escocés).

Tal vez pensáis que vivir en París, Nueva York, Tokio y ahora Berlín podrían haber borrado mi “Escocidad” original, pero no; actualmente estoy trabajando en un libro llamado “The Book of Scotlands”, una serie numerada de Escocias en mundos paralelos. Seguro que habría sido más difícil escribir este libro viviendo en la verdadera Escocia, y seguramente me habría sentido menos sensible acerca de mi país natal si siguiera viviendo ahí.

Hay otras formas, más sutiles y metafóricas en las que puedes convertirte en un diaspórico, incluso sin dejar la tierra en la que has nacido. Como músico, puedes utilizar un idioma musical que no es, estrictamente, tu propia herencia cultural, rap, por ejemplo, o reggae. Podrías viajar a través del tiempo y revisar un idioma que no se ha usado en siglos, volverse diaspórico y tañer un laúd. O podrías escribir desde una perspectiva gay aún si eres hetero; convertirte en un diaspórico de orientación sexual. Como el exilio literario de un Henry Miller o un William Burroughs - o un Nick Cave, en todo caso – estas son técnicas que podrían refrescar tu escritura.

De hecho, si yo fuera una especie de todopoderoso comisario cultural, creo que prescribiría largos períodos de exilio compulsivo a la mayoría de los músicos. Esto solo podría mejorar su trabajo. No digo que perdieran el “provincialismo” de su identidad local o nacional, pero que la vieran desde un nuevo ángulo, que le encontrarán un nuevo sabor.

Hay otra palabra griega que me encanta tanto como diáspora, y esa es “Panspermia”. Esta palabra también contiene la idea de la semilla, sugiere que las semillas de la vida existen por todo el universo, y que la vida en la tierra puede haberse originado en el espacio. Por citar un ejemplo, una extraña lluvia roja que cayó en la provincia hindú de Kerala en 2001, y que algunos científicos presumían que contenía esporas de orígen extraterrestre.

La idea de la Panspermia es un recordatorio de que, cualquiera que sea la nación de la que venimos, todos somos diaspóricos al final: probablemente venimos de algún otro lugar, y otro lugar antes que ese. ¿Quién puede siquiera adivinar el tipo de música que tocábamos “en casa” en el sistema Alfa Centauri?

Preso de su fascinación por ideas como la identidad, Japón, los viajes en el tiempo o el sexo, Nick Curry ha construido un personal mundo de referencias a través de sus discos como Momus y de artículos para The New York Times o Wired donde da una explicación sobre la manera en la que el desarrollo de la tecnología y las nuevas formas de comunicación han convertido lo que somos en algo diferente.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video

cerrar
cerrar