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El día en que me convertí en vapeador

Fuera toses, fuera dolor de pulmones y garganta, mejor olor, mejores resacas… Para los fumadores, el cigarrillo electrónico pinta guay

Al cigarrilo electrónico le pasa igual que a las wearables. Lo que hace falta para que se asiente es que mole. Que lo utilicen mitos del cine, personajes malvados de novelas, ilustres bohemios, estrellas del porno. Que los escritores aparezcan vapeando en las solapas de sus libros.

Fumar molaba. Una tarde de sábado a los quince años, delante de la discoteca Whippoorwill de Oviedo —a la que accedíamos, cuando colaba, con carnets falsificados—, probé mi primer Lucky Strike. Recuerdo que aquella primera tarde como fumador (condición que arrastro hasta la actualidad, 18 años después) no paraba de mirarme fumar en los espejos de la discoteca (entonces aún se podía), intrigado por mi nuevo aspecto humeante, sintiéndome adulto y seductor y probando diferentes poses a ver cuál era la que mejor me sentaba.

¿Fumaría como el duro protagonista de una peli de acción? ¿O como un bon vivant? ¿O como un despiadado seductor? ¿O como un camionero? Son duros, pero excitantes, esos primeros tiempos en que uno busca su identidad como fumador; al fin al cabo van a definir gran parte de lo que uno será en el futuro y probablemente configurarán el lado más estético de su muerte, suponiendo que uno muera por fumar, cosa más que probable. A los quince años ya estaba cavando una tumba. Además, aquella tarde adolescente sentía una falsa pero intensa necesidad de fumar todo el rato. Pedía cigarros obstinadamente a todo el mundo y decía a los amigos “necesito fumarme un piti, tío”. Eran solo las primeras horas de cigarrillos de mi vida: el tiempo tiene la particularidad de mostrarnos lo estúpidos que hemos sido, y sin embargo seguimos pensando que tenemos razón en algunas cosas. Pues bien, hace unos días volví a experimentar estos fenómenos que acabo de relatar. Fue el día que deje de ser fumador y me convertí en vapeador.

"Digamos que esto es como droga sin cortar: la mierda de la nicotina sin las otras mierdas que la acompañan"

Sucedió que me visitó un amigo cirujano, que fuma mucho, y trajo su flamante vapeador. Si bien no creía que le hiciese dejar de fumar, me dijo que sí era posible que redujera bastante su consumo, cosa que ya había oído yo a bastantes vapeadores conocidos que pululan por las redes sociales. A mí me pareció buena idea. Incluso fantaseé con comprarme no solo un cigarrillo electrónico, sino una pipa electrónica. Me gustan las pipas, y ya que nunca había fumado en pipa de verdad, ¿por qué no iniciarse con una pipa de vapor? Aunque existen en Google, encontrar esos chismes no es fácil, así que, en una tienda del madrileño barrio de Chueca, acabé haciéndome con un vapeador normal y corriente. Parece un bolígrafo grueso de aquellos que escribían con tintas de diferentes colores. Me salió por unos 40 euros.

¿Cuáles son las diferencias entre el cigarrillo de toda la vida y el electrónico? Bueno, la propia etimología lo dice: fumar viene de humo, y el humo es una disolución de un sólido en un gas, es decir, del tabaco sólido en el aire. El vapor es una disolución del líquido en el gas, como en el caso del vapor de agua. En este caso el líquido es un preparado que puede contener nicotina (o no) y otras sustancias como glicerina o propenglicol, que hacen posible el funcionamiento de este ingenio. Este mejunje (que puede encontrarse en múltiples sabores, desde diferentes tipos de tabaco, hasta manzana, gominola o café irlandés) es calentado por una resistencia eléctrica dentro del vapeador cuando uno aprieta un botón, generando el vapor que uno aspira por la boquilla.

"Todavía no está demostrado que sea inofensivo y que, además, tampoco sirve gran cosa para dejar de fumar, ya que puede reforzar la adicción por su contenido en nicotina."

La ventaja de este aparato consiste en que el vapor que uno aspira no contiene alquitrán ni residuos químicos de la combustión del tabaco, que son, mayormente, los perjudiciales para la salud y cancerígenos, y que no generan ningún placer. A pesar de todo uno ingiere nicotina, que es lo que persigue a la hora de fumar un cigarrillo, ya que es lo que genera adicción, aunque por sí sola no sea tan dañina para la salud. La nicotina del vapeador, como la del cigarrillo (son la misma cosa), produce en el que la consume los mismos efectos: estimula, mejora el humor, disminuye el apetito, aumenta la atención, reduce la irritabilidad y hasta mejora la memoria. Digamos que esto es como droga sin cortar: la mierda de la nicotina sin las otras mierdas que la acompañan. Además sale mucho más barato: con una recarga de líquido de unos cinco euros puede uno vapear varios días.

Entonces me pregunté, ¿en realidad es tan sano vapear? Desde luego, sano no es, pero parece que es bastante más sano que el cigarrillo tradicional. Busqué en las hemerotecas digitales y encontré informaciones y opiniones de todo tipo, aunque en resumen podría decirse que los medios son bastante conservadores respecto al vapeador: dicen que hay que tener mucho cuidado con él porque todavía no está demostrado que sea inofensivo y que, además, tampoco sirve gran cosa para dejar de fumar, ya que puede reforzar la adicción por su contenido en nicotina.

Entonces decidí buscar en la literatura científica, a ver que decían los artículos de los investigadores. Por ejemplo, en Electronic Cigarettes and Vaping: A New Challenge in Clinical Medicine and Public Health. A Literature Review, DL Palazzolo hace un repaso a los estudios científicos sobre el asunto en 66 artículos publicados en revistas científicas desde 2008. “Comparado con los efectos de fumar, la escasa literatura disponible sugiere que vapear puede ser un ‘reductor de riesgos’ alternativo al tabaco, y un posible medio para dejar de fumar, al menos en el mismo grado que otras terapias de nicotina aprobadas por Food and Drug Administration. Aún así, todavía no está claro si vapear reducirá o incrementará la adicción a la nicotina”. El investigador señala, además, la necesidad de investigaciones más rigurosas y a largo plazo de los efectos, sobre todo en el plano cardipulmonar. La Organización Mundial de la Salud se muestra precavida y alerta de que todavía no se conocen científicamente los efectos de la química de los cigarrillos electrónicos. Sin embargo, aunque se diga que no se sabe si tiene riesgos, nadie se atreve a decir que vapear sea más dañino que fumar cigarrillos tradicionales. La venta de vapeadores todavía no está regulada en España, aunque no se pueden vender a menores y Sanidad prohibirá su uso en colegios, hospitales, y edificios y transportes públicos. En otros países, como Australia o Canadá, los vapeadores están totalmente prohibidos.

"No toso, no me duelen los pulmones ni la garganta, huelo mejor, y las resacas son más llevaderas"

El hecho de que los medios mostrasen cierta condescendencia y hasta animadversión al cigarrillo electrónico me hizo especular con interesadas estrategias de las compañías tabaqueras para mantener su hegemonía, pero quién sabe. Por lo demás, las grandes tabaqueras, en vista del auge del e-cig (las tiendas dedicadas al producto están apareciendo como hongos), también intentan pillar su parte del pastel. La tabaquera Phillip Morris, que comercializa los cigarrillos Marlboro, entre otros, lanzará sus cigarrillos electrónicos este mismo año. Renovarse o morir.

Respecto a la recepción social de mi nueva condición como vapeador, no fue nada fácil. Tanto fumadores como no fumadores miran raro a este tercero en discordia, el que disfruta de los placeres nicotínicos ahorrándose riesgos para la salud. Unos se reían diciendo que parecía que estaba chupando un palo, otros decían que trataba de hacerme el interesante (y era cierto), otros que eso a ellos ni les sabía a tabaco y que incluso les daba más ganas de fumar. Se dejaban llevar por el fanático corazón del fumador en vez de aceptar el hecho de que el e-cig sí tiene nicotina y, por tanto, afecta de igual manera al cerebro que el cigarrillo normal (de hecho mi primer día de uso me encontraba bastante mareado). Que no es dejar de fumar, que es fumar de otra manera. Hubo incluso quien me decía que así yo no iba a lograr dejar de fumar, a lo que yo respondía: “yo no quiero dejar de fumar, por eso me he puesto a vapear. Así puedo disfrutar de los placeres del tabaco, pero ahorrando salud y dinero. Llegaré a los cien años fumando y podrido de dólares”.

¿Cómo es mi nueva vida como vapeador? Es una vida buena. No toso, no me duelen los pulmones ni la garganta, huelo mejor, y las resacas son más llevaderas (hay que ver cómo contribuye el tabaco a las resacas). Me canso menos y ahorro una barbaridad, que me puedo gastar en otros vicios. Me fumo algún cigarrillo tradicional, esa cosa tan del siglo XX, cuando se me acaba el líquido del vapeador, o cuando me apetece, no soy ningún talibán al respecto. Pero no creo que llegue de media ni a uno al día, cuando antes podía fumar un paquete. Tampoco tengo ningún tipo de ansiedad al respecto: al contrario, me reconozco como vapeador y me siento un adelantado a mi tiempo. Incluso estoy practicando unas nuevas poses y posturas que no me hacen salir del paso, sino que incluso me hacen tremendamente atractivo. No sé si son imaginaciones mías, pero, a veces, en los bares, oigo decir a mis espaldas: “mira, mira a ese vapeador. Menudo estilo. Y qué inteligencia”. Es todo tan maravilloso que solo faltan que descubran que el e-cig produce una muerte irremediable en pocos meses, sin posibilidad de marcha atrás. Pero toquemos madera.

Lo que hace falta para que el cigarrillo electrónico se asiente es que mole. Que lo utilicen mitos del cine, personajes malvados de novelas, ilustres bohemios, estrellas del porno. Que los escritores aparezcan vapeando en las solapas de sus libros. Que se genere una mitología y una iconografía del vapeador, que haya un Humprey Bogart de e-cig, un Jean Paul Belmondo del vapor, un Hannibal Smith del estado gaseoso o, incluso, un Terenci Moix que muera agarrado a un teclado con una mano y a un cigarrillo electrónico con la otra. Aunque, viendo la reducción de riesgos que el cigarrillo electrónico comporta, esto último va a ser más difícil.

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