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El diablo está en los detalles: satanismo y numerología en Boards of Canada

Todo apunta a que un nuevo LP del dúo escocés está a la vuelta de la esquina: aparecen vinilos misteriosos y códigos numéricos por todas partes, y esta genial campaña de marketing nos da pie a repasar la relación de BoC con lo esotérico

Siempre han dicho que es todo broma, pero llegó un momento en el que la broma se les fue de las manos. A lo largo de los años han aflorado teorías que conectan a Boards of Canada con lo esotérico, la cábala y el satanismo. Ahora que aparecen misteriosos 12”s con códigos numéricos, es el momento para repasar esta historia.

Uno de los secretos del éxito de la serie “Perdidos” fue la de rodear un argumento hasta cierto punto fácil de metabolizar por cualquier aficionado a las historias –se podía resumir en la ecuación literaria “Robinsón Crusoe” de Defoe + “El Señor de las Moscas” de Golding, aunque más tarde se acabara convirtiendo en “La Invención de Morel” de Bioy Casares– con una envoltura de enigma. Allí pasaban cosas raras y la clave para entenderlo todo estaba en las pistas que muy hábilmente iban dejando los guionistas en diferentes partes de la isla: títulos de libros, secuencias de números –los de la lotería que gana Hurley, por supuesto: 4 8 15 16 23 42, que hubo quien quiso ver como una variación de la serie de Fibonacci– o incluso cardinales sueltos como el 108 que hay que evitar que se extinga en el panel de control de la escotilla de Desmond para que la isla no vuele por los aires. Aquellos indicios azarosos parecían querer ocultar el gran secreto, de la misma manera en que los estudiosos de la Cábala aseguran que en las palabras de la Biblia está escondido, tras una transformación de tipo numérico, el verdadero e ignoto nombre de Dios.

Lo más fascinante de la hábil campaña de promoción que parecen haber comenzado Boards of Canada funciona de una manera muy parecida: todo se reduce a un juego de pistas que, por ahora, no explican nada, pero que van a entretener a la gente a la espera de que llegue el momento en el que se facilite la información que estamos esperando –que en este caso tiene toda la pista de anuncio de un nuevo disco, tras siete años de silencio si contamos el EP “Trans Canada Highway” y ocho después de “The Campfire Headphase”–. No sólo eso: también su fecha de publicación, el número de temas que incluiría o lo que tengan a bien darnos tanto Warp como la pareja escocesa. Todo lo que ha sucedido en apenas cinco días, desde el momento en el que apareciera un 12” misterioso entre las cubetas de la tienda Other Music de Nueva York, es de una inventiva que roza la genialidad: lo único que se ha hecho ha sido desperdigar pistas vagas pero altamente impactantes en lugares secretos de nuestro mundo –el terrenal, el aéreo y el ciberespacial– que, una vez reunidas, tienen que dar como resultado un código de números que habrá que resolver; ese código, quién sabe, llevará a otra pista o a la información final. Podría ser perfectamente el argumento de una nueva novela de Dan Brown –no lo será porque está a punto de editarse “Inferno”, pero eso ya es una cuestión ajena a todo esto–.

Lo que ha sucedido hasta este momento está reunido y actualizado en un blog, 2020k, que ya es de visita obligada para todos los fans de Boards of Canada: la entrada del 20 de abril en la que se explicaba el hallazgo del primer vinilo en Other Music cuenta hasta el día de ayer con 18 actualizaciones que, por ahora, han llevado a componer la mitad del código secreto y a lanzar múltiples teorías en más de 700 comentarios, de la misma manera en que durante la emisión de “Lost” los blogs se llenaban de supuestas explicaciones sobre lo que era el humo negro, la isla y el destino de los personajes. Los pasos siguientes en este juego de pistas y rastros de migas de pan han sido por ahora un segundo disco localizado en Rough Trade de Brick Lane, en Londres (encontrado el martes 23 por la tarde), y dos emisiones de radio en BBC Radio 1 (Reino Unido) y NPR (Estados Unidos) el mismo día por la noche: tanto los fragmentos incluidos en los 12”s como en los programas de radio incluyen un recitado numérico (llevamos cuatro de seis hasta ahora) y la pista para situar esos bloques de seis nuevos (ojo a este abuso del 6; luego veremos por qué) en una parrilla que, por ahora, se compone así:

------ / ------ / 717228 / 936557 / ------ / 519225

Además, el segmento 699742 ya está confirmado como verdadero, pero todavía a la espera de saber en qué lugar exacto de la secuencia debe encajar. Las sospechas sobre este juego son que habría seis discos repartidos por tiendas selectas de todo el mundo –se sabe sólo de la existencia de dos–, y que una vez aparecidos todas las copias se podrá configurar el acertijo final (se entiende que hay seis discos porque si no fuera por la portada especialmente diseñada para cada uno, no se sabría dónde iría el “699742” de la emisión de NPR. Además, el 6 es el número fundamental de la ‘numerología BoC’.

Como sabe cualquiera que tenga un mínimo de interés por la criptografía, conseguir una secuencia de números no es suficiente para descifrarla: se necesita también la clave, una palabra (o una intuición) que permita relacionar los valores del enigma con letras y componer entonces una frase completa, que a la vez puede componer una nueva clave distinta. Al ritmo que va el descubrimiento de pistas –que en esta gran teoría de la conspiración hay que encontrar también en el cambio de orden de los vídeos en el canal oficial de YouTube de Boards of Canada, para más inri; hace unos días estaban clasificados de una manera distinta–, lo más probable es que para final de la semana, o a más tardar antes del 1 de mayo, el código numérico esté completado y preparado para que alguien desencripte su mensaje. Y así entraríamos en la fase dos.

Hace unos días hablábamos aquí de diferentes maneras de llamar la atención en internet a propósito de la salida de un nuevo disco, contraponiendo los casos de Jai Paul –o sea: ¿de verdad le robaron el laptop, o ha filtrado él o su sello, de manera imposible de rastrear, unas maquetas para llamar la atención sobre el artista y el verdadero disco que sí estaría al caer?– y la cansinez histórica y la gran brasa que nos están pegando Daft Punk dosificando la info de “Random Access Memories” y exprimiéndola al máximo con la ayuda de la viralización en redes sociales. Lo que están haciendo Boards of Canada no sólo es más divertido y misterioso, sino que además es la manera que podría haber soñado un seguidor a ultranza de los hermanos Sandison, que en realidad están pasando un buen rato resucitando aquella vinculación con la numerología y el satanismo con la que más de una vez se les ha relacionado.

"El número 23 parece ser también fundamental en la construcción de la ‘teoría numerológica’ de Boards of Canada"

Hace ocho años –perdonen la inclusión de una batallita personal– pude conocer en persona a Michael Sandison y Marcus Eoin Sandison. Fue con motivo de la ronda promocional de “The Campfire Headphase” para una historia que tenía que aparecer (y apareció) en la portada de Go Mag de noviembre de 2005. Al calor de un café del centro de Edimburgo, muy cerca del castillo que se eleva sobre la ciudad, rodeados de tazas de té y con un hilo musical que emitía entrañables clásicos del soft-rock, Michael y Marcus contestaban amablemente todas las preguntas, incluidas las más conspiranoicas, del tipo “¿sois satanistas, como se afirma por ahí?” y “¿ocultáis mensajes secretos en vuestros discos?”. Las dos personas que tenía delante no daban el aspecto de pertenecer a ningún culto, secta o sociedad secreta, no hablaban con lenguaje místico o misterioso, eran dos hombres todavía jóvenes, afables y que respondían con risas y explicaciones del tipo “en el fondo es todo una broma” ante las sospechas.

Todo esto sale a colación porque el historial de Boards of Canada relacionado con lo esotérico viene de largo. “Music Has The Right To Children” (1998) ya incluía relaciones numéricas misteriosas en la pieza “Aquarius” –originalmente plachada en un 7” de edición muy limitada en Skam–, y que fue lo que levantó la liebre numerológica en Boards of Canada. En “Aquarius”, acompañando samples de risas de niños sacadas de uno de los programas de “Barrio Sésamo”, aparece una voz femenina que enuncia una larga serie de cifras –del 1 al 36 van seguidos, y a partir de ahí la serie se rompe: 44, 68, 27, 35, 42, 58, 47, 63, 85, 74, 67 66. 51, 79, 42, 24, 45, sixty-ten (que es también el título de uno de los cortes anteriores del disco), 6, 7, 56, 65, 44, 53, 44, 17, 13, 23–. Tanto en el single como en el álbum –y más tarde en la grabación para el programa de radio de John Peel– la secuencia de números es distinta a partir de ‘sixty-ten’; en ambos casos hay leves variaciones. El orden quizá sólo dependa de una necesidad fonética agradable al oído (ciertamente, el recitado de la muchacha resulta hipnótico), pero llama la atención –como han indicado ciertos cabalistas aficionados a los misterios de Boards of Canada– que la primera secuencia de números antes del desorden, del 1 al 36, sume un total de 666. El número del Anticristo, o sea.

También es llamativo el final de la serie en la versión 3 (la de las Peel Sessions que editó Warp en formato single), que concluye con una repetición de hasta cinco veces del número 23: usando técnicas cabalistas, 2x3 sería 6, y 6 elevado al cuadrado sería 36, que es el número en el que se interrumpe la serie y se desordena, y que puede leerse como tres veces 6 (otra vez 666). No sólo eso, sino que el número 23 parece ser también fundamental en la construcción de la ‘teoría numerológica’ de Boards of Canada: cuatro años después, el álbum “Geogaddi” (Warp, 2002) estaría compuesto de un total de 23 temas, y la suma total de los minutos y los segundos en la duración de disco arrojaría 66:06 –con un minuto de silencio al final estratégicamente colocado para cuadrar el tiempo y crear la ilusión de que vuelve a aparecer el número de la bestia–. De mientras, por el tracklist del álbum aparecían títulos significativos como “Music Is Math” –que apuntaría a que no hay que descuidar el significado de los números–, “The Smallest Weird Number” –incluso el número más insignificante tiene importancia–, “Alpha and Omega” –el comienzo y el final, letras griegas especialmente vinculadas a la escatología cristiana que anuncian la Parusía y están abundantemente recogidas en el libro del Apocalipsis por San Juan–, “A Is To B As B Is To C” –una simple ecuación matemática– y el mejor de todos, “The Devil Is In The Details” –en el corte 16, nada menos; siempre el 6 rondando por ahí–.

"Fue Steve Beckett el que sugirió extenderla hasta llegar a los 66 minutos y 6 segundos para dar la impresión de que el disco lo había hecho el Diablo"

Boards of Canada nunca han admitido rendir culto al diablo, ni pertenecer a cualquier culto arcano –ya sean los Illuminati o los Davidianos, secta peligrosa que protagonizó la infame matanza de Waco en los años 90 y que proponía una lectura radical de la Biblia, libro sagrado del que, se sospecha, se filtran algunas pistas a lo largo de “Geogaddi”–. Su respuesta casi siempre –tal como se lo dijeron a quien esto escribe cara a cara en Edimburgo– es que todas las alusiones tienen un trasfondo de juego, empezando por estirar la duración del disco para cuadrar los 66 minutos y 6 segundos – “sabíamos que queríamos acabar el disco con una pista silenciosa, y fue Steve Beckett [co-fundador y actual director de Warp] el que sugirió extenderla hasta llegar a los 66 minutos y 6 segundos para dar la impresión de que el disco lo había hecho el Diablo. Y todos nos reímos”, explicaban en 2005 a Earplug Magazine– y continuando por las pistas falsas y las bromas privadas.

En Pitchfork dijeron que “toda esta sensación de magia y misterio llegó a un punto absurdo en el momento en el que la gente empezó a suponer que en nuestra música había cosas que nosotros nunca habíamos puesto ahí, diciendo que había una corriente maligna que lo recorría todo. Nosotros no somos así. Sí que queríamos que estuvieran esos temas en el disco, pero la gente lo ha entendido como que guardamos secretos oscuros y que nuestra música es satánica, una interpretación que se volvió más importante que la música en sí”. Y, sin embargo, tres años antes en URB confesaban que estaban interesados en “los cultos y en los medios de control mental de la religión; hemos leído mucho sobre el tema y nos hemos fijado con atención a diversos eventos culturales, aunque a gran distancia”. Y añadían: “Estamos en nuestro punto de observación, recogiendo datos sobre todas las cosas raras que ocurren en el mundo y filtrándolas de alguna manera en nuestra música y nuestro mundo visual. Lo de los Davidianos fue un shock, sobre todo cómo manejaron la situación las autoridades americanas”.

[Aclaración sobre los Davidianos: La Rama Davidiana de Adventistas del Séptimo Día es una secta apocalíptica que continuamente predice el fin del mundo y que suele tener brotes violentos. En 1993, se produjo una redada por parte del FBI en una granja en Waco, Texas, donde una rama de la secta, dirigida por David Koresh, almacenaba armas de fuego. El asedio acabó en una matanza sangrienta que impactó al mundo y, como se acaba de leer, también a Boards of Canada, que citaron el asunto en los temas “1969”, de “Geogaddi”, y “Amo Bishop Roden”, del EP “In A Beautiful Place Out In The Country”: Roden era el rival de Koresh, sobrevivió a la masacre de Waco y ha estado relacionado desde entonces en varios intentos de atentados con bombas en suelo americano].

La teoría de la conspiración se salió de madre durante la época de “Geogaddi” y desde entonces BoC arrastran una imagen, todavía no borrada del todo, de grupo esotérico, no sólo por cómo su música sugiere fantasmas del pasado –la melancolía, la tristeza por la infancia perdida, el recuerdo borroso de instantes del pasado como en la portada de “Music Has The Right To Children”, donde aparece la familia Sandison en algún momento de los 70 al borde de un camino con todas las caras borradas–, sino por la sospecha de que, quizá –lo mucho que nos gusta sospechar, ¿verdad?– realmente sí tengan una inclinación más acentuada de lo que parece por el hermetismo y que las pistas de sus discos, más que bromas o divertimentos, sean pistas reales para iniciados (no sería el primer caso en la historia de la música, y no hace falta quedarse en el submundo metal; podemos irnos tan lejos como “Die Zauberflöte”, o “La Flauta Mágica”, de Mozart, una ópera con un profundo trasfondo francmasón).

La campaña para crear expectación y runrún antes del anuncio –imaginamos– de un nuevo disco se aprovecha de esta circunstancia: después de diez años largos sin utilizar el recurso numerológico, tan profundamente enraizado en la estética de Boards of Canada, una vez más estamos en el escenario en el que unos números AHORA DE VERDAD conducen a un mensaje REAL, secreto y que debe ser descifrado a toda costa. Posiblemente sea la estrategia de márketing más alucinante de los últimos años, al menos la más culta, entretenida y elaborada; no se sabe cómo ni cuándo aparecerán las pistas ni a qué conduce todo esto (podría conducir a nada, no es una opción descartable). Lo que es real es que se está formando un código y que queremos saber. Cómo se resuelve ese código todavía no nos consta –tarde o temprano alguien lo romperá, aunque pasen siglos, como ocurrió con el teorema de Fermat–, pero diga lo que diga ese mensaje, esta vez el contenido no es fruto de una broma o del azar. No será necesario que finalmente sea un conjuro para abrir las Siete Puertas, convocar a Satán y pactar la eterna juventud a cambio del alma. Con un mísero single nos conformaríamos. Si finalmente es un álbum, pues entonces ya será motivo para salir a la calle en pelotas como Jorge Javier en la portada de Primera Línea y celebrarlo por ahí.

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