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¿Para quién se depilan las mujeres?

La depilación es el burka occidental

(Imágenes de Petra Collins)

Depilarme por primera vez convirtió mi vida en un auténtico melodrama de sitcom familiar. No es que me doliera especialmente pero igualmente lloré desconsolada en el cuarto de baño mientras mi madre me gritaba al otro lado de la puerta que me iba a llevar al psicólogo.

La depilación era una práctica que las mujeres de mi entorno tenían (y siguen teniendo) tan interiorizada que ninguna sabía (y siguen sin saber) explicarme muy bien por qué lo hacían.

Por aquel entonces yo ya hacía un verano o dos que venía necesitando una buena poda. Sin embargo, aún era capaz de mirar mi propio cuerpo peludo sin sentir asco de mí misma.

Como mucho, vergüenza por estar dejando de ser una niña y convirtiéndome en una mujer.

Tenía 13 o 14 años, mentalidad infantil y vello de adulta, pero todo el mundo me decía que deshacerme de él era únicamente decisión mía.

Y lo peor es que yo me lo creía...

Como podéis imaginar, allá donde iba atraía todas las miradas de desdén de conocidos y desconocidos. Aquellas miradas fueron el único atisbo de honestidad y coherencia que encontré a la hora de comprender que tenía que pedirle a mi madre que me enseñara a pasarme la cuchilla urgentemente.

Para los demás, mi cuerpo se estaba convirtiendo en algo asqueroso y pasarme el resto de mi vida arrancándome un trozo de él era lo único que podía hacer para remediarlo.

¿No es suficiente razón para montar una buena escena?

Como toda preadolescente, pasé aquellos primeros años de mi vida depilatoria despelándome únicamente durante los meses de verano...

Pero entonces llegó mi primer novio y llegó el invierno.

Llamémosle Carlos no se atrevía a pedirme abiertamente que me depilara y se dedicaba a mirarme las piernas con cara de asco para que me diera cuenta por mí misma.

Le ofendía profundamente que en verano me depilara para los demás y que durante el invierno no tuviera la consideración de hacerlo solo para él.

Aquello me hizo enfrentarme por primera vez a la pregunta del millón:

¿Para quién nos depilamos realmente las mujeres?

Tanto mi madre como mi hermana mayor afirmaban depilarse para ellas mismas. No les gustaba tener vello y depiladas se sentían mejor. Sin embargo, yo no tenía aquel sentimiento. No me daba ningún asco mi vello corporal. Solo se lo daba a los demás.

Claro, que eso era entonces.

Ahora tengo 26 años y llevo catorce luchando contra la naturaleza de mi cuerpo. ¿Cómo no iba a haber cambiado la percepción que tengo sobre él?

Mis pelambreras me dan un asco horrible hasta en invierno. Así que, probablemente, si tuviera que plantearme ahora, por primera vez, aquella misma pregunta, no me quedaría más remedio que responder que también lo hago por mí misma.

Sin embargo, por salud mental, no creo que pueda, ni deba, pensar que hago por mí misma algo sobre lo que nunca he tenido realmente ninguna otra opción.

Al menos acéptalo, te depilas por los demás

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