Columnas

Siete cuentas de Instagram tal vez más apasionantes que la tuya

O cuando las redes sociales se convierten en un verdadero instrumento de terror y no únicamente una herramienta para enseñar tu gato y lo que has comido

Muchos creímos que la revolución se podía hacer a través de las redes sociales, pero a la hora de la verdad se cuelgan más fotos de gatos y de paisajes que de verdaderas imágenes y mensajes de agitación. Si te das por aludido, entra aquí: descubrirás siete Instagrams verdaderamente impactantes (y hasta peligrosos).

Que la clase media no es más que un estado mental es algo que Instagram explica de manera espléndida. La temperatura política y el uso de las redes sociales sin duda es una construcción recíproca, y así como en tiempos remotos Facebook y Twitter expusieron la indignación popular y en algún momento hasta pudieron plantear alguna amenaza, Instagram –una de las redes llamadas al relevo de las anteriores– apenas opera como escaparate de insignificancias dentro de lo que conocemos como el estilo de vida occidental.

Aquí #relax, #lovelycats, #birritas y #sunnydays; allá #friends, #solecito, #veggieburgers y #siestecita.

¿Qué ha sucedido entonces entre aquellos memes que llamaban a recuperar la guillotina de la Bastilla y todos estos filtros empleados en adornar escenas de la vida cotidiana mortalmente aburridas?

Absolutamente nada.

Ni el desempleo juvenil mejoró, ni la corrupción se corrigió, ni los soviets tomaron el poder, ni tampoco se purificaron los índices económicos. Simplemente, los usuarios sustituyeron la pantomima revolucionaria por la pantomima pequeñoburguesa –si se trata de escoger ficciones, lo mismo da una que otra, y además mejores serán aquellas que proporcionen experiencias más agradables al individuo–. Todo ello revelaba una asombrosa habilidad para perder el hilo de las historias y reengancharse en otras sin que los principios y los desenlaces importasen lo más mínimo. Como quien se compra un ticket para unos multicines y entra y sale aleatoriamente de las salas.

¿Alguien conoce cuál fue el desenlace de Wikileaks, el presunto Watergate de nuestro tiempo? ¿Dónde quedó todo aquel interés repentino por las economías de Irlanda, Italia, Portugal y Grecia? ¿Liberaron a la gente de Guantánamo? ¿En qué punto se detuvieron los escándalos de corrupción en el sistema de puertas giratorias entre oligarquías financieras y clases políticas? ¿Cómo se procesaron? ¿Y cuándo la tan cacareada palabra “crisis” empezó a entrar en desuso?

Tanto da.

El derrumbamiento de Lehman Brothers dio pie a un acontecimiento que estaba llamado a cohesionar a toda una generación de millennials, cuya relación afectiva con otros hitos históricos de la contemporaneidad como la transición, el 68, la guerra mundial o la guerra civil les quedaba tan lejos como la caída de Constantinopla o las guerras púnicas. Sin embargo, en algún momento de esta cronología, la inflación de historias desbordó a los usuarios y estos escogieron que mejor sería ensimismarse en las cosas de siempre.

En corto, cuando un MDM molesta mucho más que cualquier comparecencia del FMI, entonces es que algo está pasando. Y por supuesto, cuando un tema de “sexo hípster” se convierte en lo más leído de un periódico comúnmente vinculado a la defensa de mineros leoneses armados con palos y bazucas, demasiado explotados por el sistema para poseer ninguna vida interior, entonces es que algo verdaderamente oscuro vela nuestro entendimiento.

Instagram sin duda es un reflejo de la niebla, aunque no es oro todo lo que reluce allí. Sin movernos del sillón, viajamos hasta una serie de cuentas que demuestran que en el peor de los mundos también te lo puedes pasar bien, que la red no tiene por qué solo peluches y corazoncitos, y que más allá de las economías occidentales también pasan cosas intrigantes.

1. Cocaína, fajos y armas. A partir de Sinaloa y la frontera entre EEUU y México es posible toparse con cuentas como la de @narcogram, donde abundan las historias de narcotraficantes que hacen que el chiste sea real: cada vez que inhalas una dosis, esta gente mata a un gatito.

2. Al parecer esta foto está tomada en algún monasterio de Myanmar. Pero ojo, cuidado con estos monjes. Podrían ser la misma clase de gente que está hostigando a musulmanes en Burma. ¿Budistas violentos? Rarísimo, pero así es. A saber cómo llegaron a ese punto.

3. La soldado Lorin Ben Aharon propone que incluso cuando tu trabajo es la seguridad de Israel también puedes echar un buen rato con los amigos al solecito, en este caso en el muro de las lamentaciones. Buen rollo todo el rato. O como diría aquel escritor francés, “cómeme la franja de Gaza”.

4. El clásico #cat, pero con #ak47 y en #Syria.

5. #CameroonForFashion y #FashionPhotographer son dos de las etiquetas bajo las que se encuentra este retrato tomado en Yaundé, capital de Camerún, un país con presidente vitalicio que a Occidente ha interesado algo menos que Venezuela, Irak, Irán, Corea, Afganistán y todo lo demás. Según Wikipedia, “ha sido reelecto en 1997, 2004 y 2011, cada vez con mayores y más graves denuncias de corrupción, fraude y delitos de lesa humanidad”.

6. #moneytalks, un clásico de la ostentación.

7. «Even a blackhawk looks chear with a #moustage #blackhawk #afganistan», asegura el usuario @liamvandenabeele. O de cómo el hipsterismo llegó a Kabul, con los terroristas.

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar