Columnas

A corazón abierto: examen a la segunda temporada de “Pulseras Rojas”

Analizamos los pros y los contras de la serie de éxito ideada por Albert Espinosa, justo cuando TV3 ha empezado a emitir nuevos capítulos

Convertido en un fenómeno de fans en Cataluña y camino de serlo en el resto de Españá, “Polseres Vermelles” (“Pulseras Rojas” en su versión castellana) ha vuelto a la pequeña pantalla con el beneplácito del público y la crítica, dispuesta a conmover con más fuerza que nunca a sus seguidores.

Hace unos meses, Antena 3 estrenó para toda España la primera temporada de “Pulseras Rojas”, versión doblada de “Polseres Vermelles”, serie creada por el escritor Albert Espinosa que retrata la relación personal y afectiva que se establece entre un grupo de adolescentes enfermos de cáncer –y también de anorexia– ingresados en un hospital. También es uno de los éxitos más contundentes que ha tenido TV3 en los últimos años, un éxito que no solo se ha medido en función de los altos índices de share cosechados sino, sobre todo, en que se ha conseguido generar un fenómeno de fans que va mucho más allá del radio de acción propiamente televisivo. En la cadena privada la serie cosechó una media del 15.2% de share a lo largo de su emisión, con puntos álgidos del 19.3%, como fue el caso del primer episodio. Y aunque en otras comunidades autónomas no se ha conseguido recrear el mismo efecto mediático y social que en Cataluña, donde alcanza cotas y niveles de histeria más propios de un ídolo pop como Justin Bieber que de una serie para la pequeña pantalla, lo cierto es que se ha convertido en un éxito rotundo que tiene plenas garantías de continuidad en el futuro.

El pasado lunes 14 de enero TV3 estrenó la segunda temporada de “Polseres Vermelles” con un resultado de audiencia que quita el sentido: 25% de share y la inexorable sensación de que todavía puede crecer a medida que se sucedan los capítulos y la acción se vaya recrudeciendo desde un punto de vista dramático. Estamos, pues, ante uno de esos puntuales fenómenos que van in crescendo y a los que parece complicado restarle méritos o reprocharle cosas: la serie aborda un tema delicado y extremadamente sensible, los actores ya se han hecho un hueco en el corazón del público –y, sobre todo, del público femenino–, tienen fans y han conseguido que sus personajes cobren vida en el imaginario del telespectador, y en su fisonomía se advierten intenciones muy honestas. Con todo este panorama dándole lustre al producto, ¿corremos riesgos de alienación social los que no hemos conseguido entrar en su mundo? Si “Pulseras Rojas” no te emociona ni te llega al corazón, ¿significa que eres un insensible despiadado superado por el cinismo y las ganas de buscarle tres pies al gato?

"No detecto maldad ni segundas intenciones, pero sí un alto grado de ingenuidad e inverosimilitud en un contexto especialmente delicado como el que aborda"

A “Pulseras Rojas” le reconozco algunos méritos, pero ninguno tiene que ver con su tono ni su manejo de las emociones. Me gusta su duración: apenas cuarenta minutos por capítulo, la mitad de lo que acostumbran a durar los episodios de las series españolas. Ya hemos hablado aquí de este problema endémico de nuestro panorama televisivo, de la necesidad que tienen las cadenas privadas –y no tan privadas: “Isabel” casi llega a setenta minutos– de llenar parrilla con sus producciones de ficción, todo un escollo para guionistas con insuficiente inventiva y recursos para llenar de tramas y diálogos una hora y cuarto semanal. Me gustan sus líneas de diálogo: tienen agilidad, gracia y sentimiento, y se acercan al universo adolescente con más tino y acierto que muchos referentes centrados exclusivamente en este mundo. Me gusta su realización: aunque no es un prodigio formal y, en líneas generales, se trata de un producto sin grandes aspavientos técnicos, está dirigida y montada con un recomendable sentido del ritmo. Y me gustan algunos de sus actores, sobre todo porque han sabido darle su propio toque y registro a los personajes que interpretan. En resumen, no me parece una mala serie, ni de lejos, y en la comparativa con otras series de la propia cadena o con una buena parte de sus competidoras españolas, creo sinceramente que le pasa la mano por la cara. De la misma forma que es muy comprensible y razonable su fuerte proyección social y su capacidad para ganar adeptos para su causa, entre ellos el director norteamericano Steven Spielberg, que como buen detector de productos emocionalmente rentables ha encontrado en esta historia una auténtica mina para derrochar sentimentalismo marca de la casa.

"Me incomoda la sensación de que la serie está articulada para que precisamente me tenga que emocionar y conmover cuando ella quiera"

El problema con “Pulseras Rojas”, cuando menos mi problema, es que no me la creo. No me llega. No me emociona. Y me incomoda la sensación de que la serie está articulada para que precisamente me tenga que emocionar y conmover cuando ella quiera. Para conseguirlo se vale de recursos puramente cinematográficos –la utilización constante de la música para acentuar y subrayar los momentos dramáticos o emotivos; la contraposición del mundo adulto para darle los bocados de realismo necesarios; los clímax de guión, muy pautados…–, que puedes aceptar aunque no sean de tu agrado, y de recursos de índole emocional, y aquí es donde uno toma distancia con lo que propone la serie. El inconveniente, según mi punto de vista, no es que “Pulseras Rojas” utilice el cáncer y, en general, las enfermedades serias en cuerpos jóvenes como uno de los puntos de partida de su historia, sino que lo utilice a su antojo, y según le convenga, para llevar al espectador donde quiere: relativizándolo cuando quiere adoptar un tono más ligero y distendido, como de comedia teenager en la que ‘aquí no pasa nada’, u otorgándole un carácter más grave y trascendente cuando lo que quiere es apretar su vertiente más dramática y emocionalmente convulsa, que es la tónica del final de la primera temporada y el arranque de la segunda.

Con su autor, Albert Espinosa, siempre tengo el mismo conflicto: aplaudo y envidio su optimismo crónico, sus ganas de restarle trascendencia a cualquier contratiempo personal, por temible que sea, pero soy incapaz de sentirme identificado o comulgar con ello. Lo que ocurre es que en muchas ocasiones confundo ese positivismo con una idea casual y desenfadada de la autoayuda, pero autoayuda al fin y al cabo, y creo que en “Pulseras Rojas” hay mucho de este concepto quizás inconsciente pero visible de autoayuda, y además en un contexto de dramatismo, enfermedad, muerte y juventud, una combinación ganadora si se trata de tocar la fibra a un target de público muy amplio y variado. No detecto maldad ni segundas intenciones en el universo de la serie, pero sí un alto grado de ingenuidad –en el peor sentido del término– e inverosimilitud en un contexto especialmente delicado como el que aborda. Y proyecta una imagen y una idea que en buena parte de sus capítulos se escapa de la realidad o de un concepto plausible de realidad para situarse en un plano de buenismo más moralista que emocionante.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar