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5 conclusiones que podemos sacar del nuevo ¿disco? de Kendrick Lamar

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¿Cómo debemos entender untitled. unmastered?

Franc Sayol

14 Marzo 2016 06:00

1. Kendrick sigue caminando en solitario.

En 2013, Kendrick Lamar se llevó al productor Flying Lotus en su autobús de la gira de Yeezus, de la que era telonero, para trabajar en nueva música.

“Solía hacer beats y hubo uno en particular que se olvidó de ponerme”, explicaba Lamar recientemente en la web de los Grammy. “Se lo saltó, pero escuché como tres segundos y le pregunté, '¿Qué es eso'?, y él me contestó: 'Tu no sabes nada sobre eso. Eso es funk de verdad... No vas a rapear sobre eso'”.

Un año después, un viaje a Sudáfrica sacudió las cimientos de su identidad; sus raíces iban mucho más allá de las calles de Compton.

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La combinación de ambos factores (el viaje a África y el desafio de FlyLo) hicieron que quisiera sumergirse en la tradición de la música negra. Empezó por canalizar a George Clinton, Miles Davis, Sly Stobe y Donald Byrd y acabó haciendo un disco en el que jazz, el funk y el soul fuesen tan importantes como el hip-hop.

Esa decisión le convirtió en una figura a la contra en el panorama del rap actual. En una tormenta de 808's y hedonismo, él apostaba por las capas de instrumentos orgánicos y la profundidad lírica.

En untitled. unmastered, sigue andando en la misma dirección, pero por rutas todavía más remotas.

Estas 8 grabaciones muestran al K-Dot más intrépido, experimental y extraño de su carrera. Y como sabe que esta en el cénit de su creatividad, lo hace con la convicción de que le seguiremos ahí donde vaya.


2. Kendrick también se pregunta qué significa el álbum a día de hoy.

¿Qué es untitled. unmastered?

Probablemente existan diversas respuestas igualmente válidas, pero lo que es seguro es que no es un álbum en el sentido tradicional del término. Es demasiado disperso para ello, especialmente teniendo en cuenta el peso conceptual que suelen tener sus discos.

Él lo ha presentado como “demos de To Pimp A Butterfly en forma cruda”. Pero la palabra “demo” siempre tiene connotación de prólogo, y estas 8 grabaciones transmiten más bien la sensación de ser apéndice. Como si, en vez de acabar con los 12 minutos de “Mortal Man”, el disco acabase con una jam session de de 35 minutos.

Si TPAB fuese una película, untitled. unmastered seria el DVD con el making-off, las escenas comentadas por el director y los finales alternativos. Que el material no cupiera en la primera encarnación de la obra que recibió el público no significa que no forme parte de la misma.

Si untitled. unmastered es un disco, en todo caso es un disco que se llama To Pimp A Butterfly (lo que, por otro lado, explicaría que este no tenga un título específico).

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Igual que Kanye West con The Life Of Pablo, Kendrick parece querer explorar la idea del álbum como un proceso abierto cuya gestación va más allá de la fecha de lanzamiento. TLOP lleva casi un mes en la calle, pero esta semana Kanye ha dicho que sigue trabajando en las mezclas finales. TPAB se publicó en 2015, pero acaba de añadir 35 minutos a su duración.

Si la inmensa mayoría de viejas reglas ya no sirven para la industria, ¿porque no experimentar con los límites del que ha sido su principal artefacto durante cinco décadas?

El principal beneficiado de todo ello es el público, que puede colarse entre las bambalinas de la grabación de un disco. En “untitled 07”, por ejemplo, podemos escuchar a Kendrick hablando con sus músicos y técnicos, probando distintos fraseos y entonaciones, e incluso bromeando con su música. Es una cara poco conocida del habitualmente circunspecto y reservado Kendrick.

3. El hip-hop también puede sonar mejor en directo que en el estudio.

La historia del rock está llena de versiones en directo que superan a la de estudio. Pero en el hip-hop raramente ocurre. Por no decir prácticamente nunca.

Acostumbrados a los directos con vocales pregrabadas y a raperos que no solo tienen problemas para rapear sino para seguir respirando, los conciertos de Kendrick siempre han sido ejemplares.

Pero gracias a untitled. unmastered podemos afirmar que Kendrick es capaz de hacer sonar mejor ciertas canciones en directo que en el estudio.

Tanto “untitled 2” como “untitled 3” ya las habíamos escuchado en los programas de Jimmy Fallon y Stephen Colbert respectivamente. Pues bien, en ambos casos la versión que vimos en directo por televisión es notablemente superior a la que quedó grabada en el estudio (especialmente en el caso de su ya legendaria interpretación de “untitled 3” en Colbert).

Además de seguir elevando el listón de lo que puede ser un directo de hip-hop, esta circunstancia ayuda a entender una idea importante en la obra de Kendrick desde TPBA; el mensaje siempre pesa más que el envoltorio.

“untitled 03” no es una canción particularmente brillante, pero su letra y, sobre todo, su mensaje son poderosos. Y lo que necesita un mensaje para calar no son arreglos inventivos, sonidos novedosos o melodías memorables, sino pasión e intensidad. De ahí de que, en casos como este, las versiones en directo brillen mucho más.



Kendrick - "untitled" [Colbert Report Live... por TheKoalition


4. Kendrick sigue enfadado, pero no tanto.

Kendrick es la voz comprometida de la juventud negra, y asume su papel con naturalidad.

Cualquiera de sus canciones tiene más profundidad de mensaje que el 90% del hip-hop que se graba actualmente.

En untitled. unmastered sigue explorando los mismos temas que en TPAB: las trampas que la sociedad americana tiende sistemáticamente a los negros, la corrupción del poder, los efectos de la violencia y, sobre todo, él mismo y sus conflictos internos.

Este proyecto Kendrick se muestra un poco menos cabreado y un poco más transparente. A ratos hace bromas subidas de tono, en otras ocasiones reivindica su fe cristiana. No teme mostrar sus contradicciones, y quita algo de solemnidad a su discursos.

Todo ello acaba jugando a su favor, ya que ayudan a humanizar una figura que, a menudo, se asocia con la de un mesías inmaculado del rap (probablemente en contra de su voluntad).



5. La unanimidad en torno a Kendrick Lamar puede ser cansina.

A las pocas horas de que untitled. unmastered llegase a la red, ya había gente que lo catalogaba de obra maestra. Una exageración que, en el caso de Kendrick Lamar, empieza a ser habitual.

Es evidente que Kendrick no tiene rival en el aspecto lírico, y que su música tiene una trascendencia social que parecía perdida en el rap, pero igual de evidente es que que la unanimidad que suscita es un tanto sospechosa.

¿De verdad nos gusta tanto To Pimp A Butterfly? ¿O decimos que es una obra maestra porque es lo que toca para no comprometer nuestro estatus como consumidores de cultura?

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Es un disco enorme, no hay duda de ello. Pero casi que lo es más desde el punto de vista del humanismo (recordemos que Kendrick insiste en ser calificado como escritor antes que rapero) que no el musical. No es que suene mal, pero, en este sentido, no es particularmente rompedor. Y, sin embargo, todo el mundo parece pasarlo por alto (sí, también están los que lo critican porque no es puramente hip-hop o porque creen que se vendió con “i”, pero esto es otra historia).

Dicho de otra manera: del mismo modo que hablar mal de Kanye West te hace ganar crédito ante cierto tipo de personas, hablar bien de Kendrick alimenta tu dimensión intelectual.

Esto no es culpa suya, ni mucho menos, sino, de un público que, por querer aparentar profundidad se queda, paradójicamente, en la superficie. Kendrick es el rey del mensaje, pero la cultura hip-hop actual tiene demasiadas aristas como para reducirlo todo a la conciencia social.

De hecho, él es el primero que parece querer que dejar claro que está lejos de ser perfecto. “Look at my flaws, look at my flaws/ Look at my imperfections in awe/ Look how you think that my mystique is a round of applause”, rapea en untitled 06.

No vamos a empezar a llevarle la contraria ahora, ¿no?

   


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