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El que folla muere: 13 ejemplos de que el terror de los 70 y 80 era de derechas

Sexo, droga, alcohol, mujeres o juventud como cebo cinematográfico y carne de cañón político

Si nos da miedo lo desconocido, nos da miedo el cambio. Esta es una de las premisas del cine de terror que en ocasiones permanecen subterráneas a nuestro análisis. O simplemente a nuestro disfrute viendo pelis de miedo. Porque molar, molan.

Molan, entre otras cosas, porque tu cuerpo libera tensión cuando las ves. Aunque todo lo que ocurre en esa hora y media o dos horas es ficción, con una buena predisposición, ya estás dentro.

Notas las manos un poco húmedas y el ritmo del corazón reclama su autonomía. Pasas un buen rato. Termina y se encienden las luces. Todo lo que acaba de pasar es mentira. Cuanto peor el rato, más placentera la recepción de la luz. Miras a tu acompañante. Sonríes o arqueas las cejas. Estás a salvo. El mundo no es tan malo porque podría ser mucho peor.

Te sientes un pelín conservador.

En los primeros 70, la muerte cede protagonismo en el cine de terror y aparecen otros miedos. Menos concretos, más abstractos. Problemas mentales, fenómenos paranormales, entes sobrenaturales. Se trata de hacer pasar por inexplicables todo tipo de sucesos.

Pero todo suceso tiene sus porqués. En muchas de estas películas, la estabilidad se ve violentada por diferentes amenazas que deben ser corregidas, amenazas siempre provienen de elementos no deseables para la moral dominante.

Veremos con ejemplos algunos de los mensajes conservadores del cine de terror de los 70 y 80.

1. El sexo de la mujer como problema:

La regla como elemento disruptor; una menstruación tardía acaba en telekinesis, matanza, fuego y manos que salen de la tierra. Cuando el jabón torna en sangre por las piernas de Carrie (1976), hasta la apacible música se detiene. La mujer como objeto sexualizado se vuelve un problema. Todo acaba en muerte.

2. La psique de la mujer como problema:

Cronenberg en su Cromosoma 3 (1979) hace de Nola una mujer con desórdenes mentales severos que llega a comandar un ejército de niños asesinos conectados con su mente. Es decir, la tradicional neurosis femenina como explicación de inestabilidades varias.

3. El cuerpo de la mujer como problema:

Una mujer, una posible fuente de peligros. Quiera o no, puede incubar el Mal. Que se lo pregunten a Rosemary. Parió ni más ni menos que al hijo de Satanás, a pesar de ser la única en intentar resistirse, en La semilla del diablo (1968), cinta mítica que da comienzo a la etapa de la que hablamos.

4. Sexo:

El sexo vuelve vulnerable a personas que tendrían que estar alerta ante los innumerables peligros del mundo. La asociación entre pecado y castigo (o como mínimo, error) es palpable en decenas de escenas. Penaliza doblemente a la juventud. Si una mujer resiste hasta el final, suele ser prácticamente virginal. El que folla, muere. Viernes 13 (1980), desde su comienzo, es un ejemplo clarísimo.

5. Estabilidad inmobiliaria:

Si una familia encuentra el confort que proporciona una vivienda (preferiblemente en propiedad), el Mal puede aparecer y torcerlo todo. Tanto en El resplandor (1980) como en Poltergeist (1982) ocurre esto. En el último caso, un cementerio indio parece una explicación muy cogida por los pelos como para que acabe liándose tal cristo.

6. Civilización o barbarie:

Dos hermanos se enteran de que la tumba de su abuelo ha sido profanada y se ponen en carretera para ver los daños. ¿Qué puede salir mal? Que te coja por banda una familia disfuncional (por decirlo así) en mitad de la nada y acabes siendo material para caretas y protagonista de La matanza de Texas (1974). Moraleja: cuidado con esos seres ajenos a las ventajas del capitalismo industrial y su moral que llamamos paletos.

7. Drogas y alcohol:

Dos chicas de 17 años convencen a sus padres para que, a pesar de las reticencias de estos, las dejen ir a un concierto. Les regalan un collar con el símbolo de la paz. Todo se tuerce cuando tratan de conseguir marihuana. Acaban violadas y asesinadas en La última casa a la izquierda (1972), una de las películas más brutas de esta era del cine de terror.

8. La Ley es débil:

La legalidad vigente no es capaz de proteger de tanto peligro a la ciudadanía. Si no se da un giro autoritario desde la alta política, siempre queda la justicia por la mano. Los vecinos han de hacer patrullas vecinales para combatir a los criminales que se aprovechan de los tecnicismos de las leyes liberales. Esto es lo que ocurre en Pesadilla en Elm Street (1984). El asesino de niños Freddy Krueger lo sabe bien. Su cara es testimonio de un intento de quemarle vivo por parte de unos padres justicieros.

9. Ojo con la juventud y la infancia:

Los niños como reino de la sinrazón. La inocencia debe dejar paso a la jungla individualista que es la vida adulta. En Los chicos del maíz (1984) el ente “El que camina detrás de la fila” insta a los pequeños de un pueblo de Nebraska a matar a los adultos. Por si fuera poco, rinde culto pagano al maíz. En España tenemos una obra de culto, ¿Quién puede matar a un niño? (1976), en la onda.

10. No al suicidio, vuelve con Dios:

En The sentinel (1977) una modelo neurótica y con tendencias suicidas es la única persona que puede continuar la defensa del mundo contra el Mal y así redimirse. La recluta un cura ya a punto de morir en su lucha contra una sociedad secreta de curas católicos excomulgados. Suena loco y lo es.

11. Consumo y austeridad:

En mitad de la orgía cocainómana de Wall Street en los 80, resulta que la madre del niño protagonista de Muñeco diabólico (1988) la lía porque no le da tiempo a ahorrar y le compra a un mendigo un juguete maldito. Si no tienes dinero, eres una mala madre y tuya es toda la culpa.

12. El centro comercial como santuario del capitalismo:

En la época dorada del liberalismo individualista, un grupo de personas han de combatir a un ejército de muertos vivientes sin características propias ni rasgos diferenciadores. En plena guerra fría, cuando el enemigo de la opulencia capitalista era la masa informe socialista, parece una metáfora clara. A pesar de que se haya escrito sobre la posible lectura de películas como Zombi (1978) en clave de crítica consumista, la idea de un grupo de humanos que sólo puede confiar en la ley marcial y en un centro comercial como salvación y santuario queda ahí.

13. La diversión es terreno abonado para el crimen:

Michael Myers es un psicópata que asesina en La noche de Halloween (1978) a todo aquel que se cruza en su camino. Finalmente solo puede enfrentarse a él Laurie Strode, que es la adolescente más centrada de la película. Sus amigas Annie y Linda caen estranguladas, la última tras haber tenido sexo con su novio. Laurie se había separado de ellas rechazando ir a una fiesta por hacer de niñera. Ella es la única sexualmente no activa. Y, sorpresa, sobrevive.

Cuando tienes miedo te sale ese pequeño conservador que llevas dentro

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