Columnas

El cierre de la sala Apolo: primeras preguntas

La exigencia del Ayuntamiento de Barcelona a clausurar Apolo de manera inmediata nos ha pillado a todos con el pie cambiado. Y hay varias preguntas que nos hacemos

El cierre repentino de la sala Apolo plantea un escenario tétrico para la vida nocturna y la actividad de conciertos en Barcelona para los próximos meses. Aquí nos hacemos cinco preguntas sobre el qué, el porqué y el futuro de esta situación. Algún día alguien las tendrá que responder.

Ayer por la mañana, como ya han informado varios diarios y también PlayGround, un equipo de técnicos del ayuntamiento de Barcelona realizó una inspección del edificio de la calle Nou de la Rambla donde se localiza la sala Apolo y detectó un deterioro de los cimientos: corrosión, óxido, humedad. El informe de los peritos expresa que no hay riesgo inminente –de colapso y derrumbe de la estructura, se entiende–, pero sí riesgo a secas, y la decisión municipal ha sido la de clausurar la sala –y no sólo la sala; también todos los espacios adyacentes: Apolo Diner, el salón de máquinas recreativas y La [2]– hasta que no se aborden las reformas. Tal decisión, de sopetón, plantea una serie de preguntas que a lo largo de los próximos días deberían responderse y que darán pie a muchas más. No pretendemos arrojar luz, pero sí intentar despejar algunas sombras.

1. ¿Es desproporcionada la medida adoptada por el ayuntamiento de Barcelona?

Si no hay riesgo inminente de derrumbe, y una vez detectada la carencia estructural, quizá lo lógico hubiera sido advertir a los propietarios del edificio e instarles de manera inmediata a acometer las reformas, pero manteniendo una posibilidad de seguir con el negocio abierto. Aquí hay dos posibles partes afectadas. La primera es una hipotética víctima que aún no se ha dado. La segunda, la más real ahora mismo, la de los trabajadores y los promotores que utilizan Apolo para programar conciertos y noches de club y realizar su actividad profesional. Esto significa dejar en la calle, aunque sea de manera temporal, a varias personas que se ganan la vida de esta forma: camareros, DJs, personal de seguridad, sin contar el daño que se hace a promotores que ya tenían reservado el local para sus conciertos y que tendrán que cancelar y afrontar pérdidas en un momento en el que cualquier daño al bolsillo puede ser fatal.

2. ¿Puede seguir en activo una sala que presenta el más mínimo fallo de seguridad?

Hay que ponerse también en el peor de los casos: cualquier desgracia que podamos lamentar puede suceder en cualquier momento. Como dice el refrán, es mejor prevenir que curar: ante la más mínima duda, el deber de la administración es actuar y, en este caso, evitar cualquier riesgo. La cuestión es es que estamos demasiado acostumbrados a que no se haga nada, a que todo se deje para mañana y se mire siempre hacia otro lado, y a lamentar los desastres más tarde. Hay que tener en cuenta también esta posibilidad: el Ayuntamiento puede haber hecho lo correcto, aunque sin tomar en consideración lo apuntado en la primera pregunta. El reciente caso de los cuatro homicidios en el Madrid Arena es un ejemplo demasiado reciente y cruel como para pensárselo dos veces antes de asumir el más mínimo riesgo, por muy hipotético que sea.

3. ¿Existe psicosis en España tras las muertes del Madrid Arena?

Probablemente sí. Mejor dicho: sí. Ha sido un caso lo suficientemente impactante como para poner en alerta a diversos sectores de la administración, que en este caso debe velar más por la seguridad que por el esparcimiento de la gente (si nos atenemos con rigor a su verdadera función). Pero no olvidemos que muchas de las reacciones a posteriori son desproporcionadas y en caliente. Los avisos –globos sonda– del Ayuntamiento de Madrid acerca de la intención de no alquilar equipamientos municipales para la organización de fiestas no son más que la expresión lógica de quien tiene algo que ocultar por dejación u omisión de responsabilidades y sabe que es un tema se le ha escapado de las manos (que recuerda mucho, por otro lado, a la Criminal Justice Bill de 1994 del Parlamento Británico y presentada por el gobierto tory de John Major, que prohibió por ley la celebración de raves donde se reunieran varias decenas de personas para escuchar “ritmos repetitivos”; Ana Botella habló de “ruido”). No sería descartable que la velocidad para extender la orden de cierre esté influenciada, aunque sólo sea en lo atmosférico, por esta psicosis.

4. ¿Qué ocurrirá con San Miguel Primavera Club?

Primavera Club es un festival con muchos tentáculos y se celebra también en el Sant Jordi Club y el Mercat de les Flors, así que el cierre de Apolo no pone en riesgo la celebración del festival en sí –como mínimo no afecta a los cabezas de cartel–, pero siega de cuajo una oferta interesante, y sobre todo local, que estaba programada en Apolo. Posiblemente se pueda trasladar parte de esta oferta a otro espacio –aunque a dos semanas vista resulta una tarea dificultosa–. Aquí quien sale perdiendo, sobre todo, el escena local, o de cómo una acción política, una vez más, se ceba con el más débil. Es aún más grave el daño que se le inflige a Nitsa Club –hoy, viernes, tenían que pinchar Oscar Mulero y Perc; mañana Jackmaster y Space Dimension Controller; la semana que viene Ellen Allien, SBTRKT y Rustie– y a la propia sala Apolo, que es promotora de sus conciertos. El nuevo ciclo de Caprichos de Apolo, en principio, debería comenzar en las primeras semanas de 2013. Todo esto queda en el aire.

5. ¿Qué le está sucediendo a Barcelona?

Ya son varios años en los que la oferta nocturna de Barcelona se va quedando más y más desnuda. Primero fueron las sucesivas ordenanzas de civismo que prácticamente acabaron con el tejido de pequeños clubes, bares y salas que programaban música y DJs, y más tarde el cierre de salas emblemáticas acribilladas por las demandas por ruidos que fueron obligadas a cerrar tras el insistente acoso de plataformas vecinales (y muy bien atendidas por el consistorio que entonces dirigía el socialista Jordi Hereu). Tras La Paloma y Cibeles, ahora Barcelona se queda (temporalmente y no por mucho tiempo, esperemos) sin otra sala importante para su circuito de conciertos. Y esto nos hace culturalmente más pobres, que es como decir más pobres en términos absolutos.

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar