Columnas

El chico tímido que hizo bailar a toda una generación

4 claves para entender el disco electrónico más esperado del año

1. El chico que echaba de menos a su ciudad

Cuando era adolescente, la afición por el skate de Jamie Smith hizo que se enamorara de las calles de Londres.

Sin haber cumplido los 20, The xx se convirtió en un fenómeno internacional, y Jamie pasó la mayor parte de los siguientes seis años dando vueltas por el mundo. In Colours, su álbum de debut en solitario, es el resultado de pasar todo ese tiempo echando de menos a su ciudad.

“Me sentía como si me estuviera perdiendo algo, como si Londres estuviera desapareciendo mientras yo estaba fuera”, decía en una reciente entrevista con The Fader.

Una de las maneras que encontró para paliar la morriña fue sumergirse en los sonidos de su ciudad. Hardcore, jungle, grime, garage... estilos y discos que había descubierto en noches como FWD>> y clubes como Plastic People y que le servían para, según él mismo explicaba a Pitchfork, “ sentirse feliz por estar triste”. Un sentimiento que sobrevuela todo el álbum.

Estando de gira, Jamie también solía atiborrarse de documentales de la escena musical del Reino Unido, vídeos de skate grabados en Londres o episodios de la serie Top Boy. Cualquier cosa que le devolviera a casa. Toda esta amalgama de sonidos y artefactos culturales son los que han acabado dando forma a In Colours, a menudo literalmente: el “oh my god” de Gosh procede de un programa piloto de Radio 1 sobre música jungle que nunca llegó a emitirse y Girl samplea la mencionada Top Boy.

Lo más curioso de la fascinación de Jamie por el legado de la cultura rave de su país es que, debido a sus 26 años, él nunca vivió esa era en sus carnes. Algunos podrían entenderlo como apropiacionismo, o como una excesiva romantización del pasado. Pero, en este disco, el hardcore continuum no es el punto de partida ni el objetivo, sino una herramienta. Y ni siquiera es la única.

Por encima de todo, In Colours es un disco de pop. Y su grandeza precisamente reside en que no es necesario entender las referencias a las radios piratas ni calibrar su grado de pureza para poder disfrutarlo.

2. El chico que no se parecía a nadie

Jamie es una figura anómala en el panorama musical actual. Forma parte de una de las bandas de pop más reverenciadas del mundo y, a su vez, es una voz respetada en el underground electrónico. No hay nadie que se le parezca.

Él asume esta bicefalia con extrema naturalidad. Un día está pinchando para 50 personas en una pequeña fiesta en un bar de carretera y al día siguiente se enfrenta a un escenario gigante en Coachella. De las dos cosas disfruta por igual.

La popularidad de The xx también le ha llevado a entrar en contacto con el mainstream. Ha trabajado con estrellas como Drake o Alicia Keys, con quien sigue manteniendo contacto vía WhatsApp. Pero no es un mundo que le atraiga particularmente. “Tienen tanta gente alrededor que es difícil tener una relación genuina con ellos”, decía a Electronic Beats.

Se siente más cómodo trabajando con productores del underground como sus admirados Four Tet, John Talabot o Floating Points. De hecho, la idea original del proyecto era hacer una mixtape junto a sus amigos y productores favoritos. Empezó muchas colaboraciones, pero solo una de ellas ha acabado en el álbum, Seesaw, con Four Tet. “Empecé a hacer más música en solitario, y empezó a tener más sentido como álbum”, dice a Pigeons and Planes.

A pesar de su envidiable posición, Jamie sigue siendo una esponja que absorbe sonidos, escenas e influencias continuamente. Buena prueba ello es I Know There's Gonna Be (Good Times), un himno veraniego en el que colaboran una estrella del trap como Young Thug y una figura del dancehall como Popcaan.

En cierto modo, In Colour es la culminación de todos los tipos de canción que Jamie ha producido a lo largo de los últimos seis años, desde hits para la pista de baile a baladas taciturnas, pasando por canciones de pop azucaradas o colaboraciones con vocalistas heterodoxos.

Sus influencias van del grime al soul de los 60, del techno al hip-hop, y de la música disco al hardcore, y en este disco consigue destilarlas de un modo que sean accesibles para todos. Puede que para los oídos más experimentados su enfoque agüe en exceso los sonidos de los que bebe, pero Jamie entiende la música como un manera de compartir, no de poner barreras.

3. El chico que susurraba en los clubes

En persona, Jamie no habla demasiado. Y cuando lo hace su tono siempre es suave y su cadencia pausada, como si pensara extremadamente bien cada una de las palabras que dice.

Curiosamente, su forma de producir es parecida. Graba a un volumen inusitadamente bajo y es lento trabajando; nunca da por finalizada una producción hasta que intuye que es lo más perfecta posible.

Eso hace que In Colour tenga un sonido poco habitual en la música de baile. Es un sonido suave y esponjoso, dirigido a cosquillear el estómago; no a darle patadas. A menudo suena como si lo escuchásemos a través de un velo, pero esto no le resta ni un ápice de su fuerza.

Una de las mayores virtudes del disco es que la atención por el detalle en las producciones también se extiende a la secuenciación de las mismas. In Colour funciona como un flujo continuo, casi como si de un DJ mix se tratara. Es una experiencia inmersiva, pensada para disfrutarse de principio a fin, algo poco habitual en los álbumes electrónicos.

Con sus picos y valles, In Colour acaba representando las idas y venidas emocionales derivadas de aquello que lo inspira: la cultura de salir por la noche a perderse en una pista de baile.

4. El chico que nunca quería irse a casa

Al volver de la primera gira de The xx, en 2011, Jamie empezó a salir noche tras noche.

“Iba bastante a saco. Probablemente no me ayudó creativamente... Pero está bien haberlo hecho; conocer mis límites; qué me inspira y qué no. Es genial pasarlo bien, pero esos fueron momentos de diversión fugaces más que de satisfacción o de felicidad”, dice a DIY Mag.

Como cualquier persona que lleva años saliendo, Jamie descubrió que la noche no siempre es divertida. Es algo que hacemos para escapar de nuestras rutinas pero que, a menudo, nos aboca a estados emocionales extremos, ya sean de absoluta felicidad o absolutamente miserables.

“En la superficie parece que todo el mundo lo esté pasando mejor que nunca, pero la verdad es que la mayoría de personas que asisten regularmente a este tipo de eventos van porque hay algo que falta en sus vidas. Es una idea que me gusta, y ocurre lo mismo con la música de baile. La mejor música de baile es música que es triste, pero que la gente la baila igualmente”, dice Jamie a Electronic Beats.

Este tipo de contrastes emocionales son los que tan bien logra encapsular In Colour. Desde la excitación de las horas previas ( Gosh) a los picos de euforia ( The Rest Is Noise) pasando por los desengaños amorosos ( Stranger In A Room) o la felicidad de volver a casa a las seis de la mañana con alguien especial ( Girl), el disco funciona como un catálogo de sensaciones con las que cualquier aficionado a la música de baile se sentirá identificado.

A menudo, el disco parece más centrado en capturar la melancolía propia del bajón que la euforia del subidón, en recrear los recuerdos de la mañana siguiente que no los momentos en la pista de baile propiamente dichos.

Si hay un momento que logra encapsular esta esencia es el cruce de partes vocales en Loud Places. Romy Madley-Croft susurra "I go to loud places/ To search for someone/ To be quiet with", recordándonos que, justamente, mucha gente sale de fiesta para no tener que volver a hacerlo. A su vez, el sample del Could Heaven Ever Be Like This de Idris Muhammad entona "I have never reached such highs/ I feel music in your eyes", celebrando la vertiente más hedonista de la música de club.

Si In Colour tiene algún mensaje, es que no hay que temer dejar de pasarlo bien, sino olvidarse de que es posible hacerlo.

   

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