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Así es como el chándal dejó de ser un símbolo de derrota

¿Son los pantalones deportivos los nuevos pitillos?

El chándal era el enemigo. La cultura pop nos enseñó que era una prenda que solo llevaban canis y perdedores. “Cada vez que te pones este chandal, le dices a la sociedad que te has rendido” le decía Jerry a Constanza en un episodio de Seinfeld. En otra ocasión, Karl Lagerfeld suscribió esa misma idea cuando declaró que eran “un símbolo de derrota”. Pero, de pronto, parece que todos estaban equivocados: ahora el chándal mola.

Athleisure. Así es como se denomina la corriente de moda que ha convertido la ropa de gimnasio en ropa de calle perfectamente aceptable. El término en sí no tiene mucho sentido: se trata de un juego de palabras entre athletic (atlético) y leisure (ocio); dos conceptos que, según como, pueden considerarse opuestos. Pero lo importante no es lo que significa sino lo que representa: un cambio en las reglas del juego del estilo.

Hasta hace muy poco, cualquier persona con un mínimo de respeto por su imagen evitaba ser visto en público llevando un chándal. Más allá de su uso para el deporte, era únicamente el uniforme de domingos perezosos. Estas convenciones han saltado por los aires. Ahora, puedes ir de brunch con pantalones de deporte y parecer la persona más interesante del local.

Pero, ¿cómo ha ocurrido esto?

Las respuestas hay que buscarlas en las costumbres sociales, pero también en las propias dinámicas de la industria de la moda.

Cuando la ropa de deporte es solo ropa

El deporte nunca había estado tan integrado en nuestras vidas. El sedentarismo va camino de convertirse en un hábito tan mal visto como fumar. Y si la actividad física cada vez ocupa más espacio en nuestra rutina diaria, tiene sentido que las prendas que utilizamos para ello acaben filtrándose en nuestros estilismos cotidianos. Es una cuestión de funcionalidad.

O al menos esta es la idea que tradicionalmente ha intentado vender el marketing. “¿Para qué perder tiempo cambiándote en el gimnasio si ya puedes llegar cambiado?”. Pero esto es esto, marketing. En realidad, ni hacemos tanto deporte ni estamos tan ocupados para no poder pasar por el vestuario. Hay mucha gente que lleva sudaderas y que nunca ha sudado encima de una elíptica.

Para la periodista especializada en moda Leticia García, una de las claves está en la creciente influencia del streetware en la gestación de tendencias. “Zara marca la pauta (aunque copie, ha hecho que la moda sea un asunto masivo) y eso ha llevado a que los diseñadores se fijen otra vez en las subculturas y los movimientos urbanos para refrescar sus propuestas. Y el chándal, en ese sentido, siempre ha estado ahí, definiendo identidades marginales”.

En este este sentido, el ascenso del hip-hop como género dominante en el mainstream también ha jugado un papel importante. “Los ASAP, Kanye, etc llevan una estética entre lo deportivo y lo conceptual. Y a la vista está que lo revientan. Kanye agotó su colaboración chandalera con APC y acaba de agotar en un par de días miles de pares de sneakers de su colección de Adidas. Y no eran baratas”, dice García.

Los precios de los chándales de lujo oscilan entre los 100 y los 1.600 euros

La colección de Alexander Wang para H&M, la de Beyoncé para Topshop o la flamante colaboración de Kanye West para Adidas, las aplastantes ventas de Nike o el crecimiento de firmas como Under Armour o Lululemon son solo algunos ejemplos para detectar el peso del athleisure en la moda de masas.

El factor masculino

Uno de los símbolos del auge del athleisure ha sido la masiva popularización de las mallas entre las chicas. En países como Estados Unidos, incluso amenazan con acabar con la supremacía de los vaqueros como pantalón informal por excelencia. Pero la clave del ascenso de la athleisure no está en la moda femenina, sino en la masculina.

Los hombres están empezando a innovar y a consumir mucha moda. Si queremos un mundo en el que ellos se atrevan con colores y estampados, hay que empezar por las zapatillas y los chándales. Un tío no se atreve con un zapato de colores, pero sí con unas sneakers de colores. No se atreve con una camisa de flores, pero sí con una sudadera estampada”, dice García.

Puede parecer injusto hablar de marginados a partir del lujo, pero la moda necesitaba reflexión y audacia

La industria se ha dado cuenta de ello y ha encontrado en la ropa deportiva el anzuelo perfecto para captar a nuevos clientes. De momento, la jugada les está saliendo redonda.

Chándal de lujo, chándal político

Otro de los fenómenos que ha propiciado el boom de la ropa atlética ha sido la aparición del chándal de lujo. Sobre el papel puede parecer un concepto antagónico. Pero que una tienda especializada en ropa de alta gama como Mr. Porter tenga una sección enteramente dedicada a los pantalones de chándal demuestra que es un fenómeno muy real.

Ahí se pueden encontrar sweatpants de marcas emergentes como Haider Ackermann, APC o Acne Studios, pero también de firmas clásicas como Lanvin, Balmain, Givenchy o Margiela. El rango de precios oscila de los 100 a los 1.600 euros.

Estas marcas saben que su clientela está envejeciendo y que lo que ellos consumen (sastrería y prendas icónicas) ya lo tienen bien salvado, y tienen que acercarse a los millennials, a los jovenzuelos con pasta que quieren destacar en Instagram y que hoy llevan un estilo de vida completamente distinto al que llevaban sus padres”, dice García.

¿Pero tiene sentido pagar tanto dinero por un chandal? A primera vista, los pantalones de estos precios no difieren demasiado de unos pantalones de chándal cualquiera. Pero no es igual. La clave está en los detalles, en los materiales y en los procesos. La combinación de materiales caros, mano de obra cualificada y producción limitada es lo que explica el precio. El resultado, claro, tampoco es el mismo.

El chándal es una rebelión contra el status quo de la moda; también ayuda a derribar muros

Pero dejando de lado el componente estético, probablemente la aportación más interesante del chándal a la moda actual sea política. Por un lado, se trata de una rebelión contra el status quo tradicional en el mundo de la moda. Por otro, ayuda a derribar muros.

“Gracias a los chándales de lujo de Hood by Air, Ktz o Nishir Mazhar se está hablando de un futuro marcado por la ropa asexuada que no discrimina entre géneros. Y gracias a las cosas que hace Gosha Rubchinskiy en Comme des Garcons y en su propia marca están saltando a la palestra subculturas rusas y británicas. Y marcas como Parisxnord reivindican el estilo de las banlieues. Puede parecer que es injusto hablar de marginados a partir del lujo, pero lo cierto es que la moda necesitaba un poco de reflexión y audacia últimamente, y el chándal se lo está dando”, dice García.

Esta dimensión conceptual demuestra que se trata de una tendencia que va más allá de la simple comodidad. Y es lo que determinará su perdurabilidad. A pesar de todo lo que nos digan las marcas, y a pesar de todo lo que veamos en las pasarelas, el día que volvamos a ponernos un pantalón de chándal simplemente porque es más cómodo que unos vaqueros, la moda habrá vuelto a perder. El chándal se merece más que eso.

El chándal siempre ha estado ahí definiendo identidades marginales

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