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El chándal de Venezuela: ¿nuevo icono pop?

La elección del outfit de Nicolás Maduro para el cortejo fúnebre de Hugo Chávez desata críticas y mofa, pero augura un éxito de comercialización raramente visto en otros uniformes deportivos. ¿Es esta prenda socialista el nuevo bombazo de la moda?

El chándal, prenda de vestir vinculada al deporte y, posteriormente, a la clase obrera, puede dar un salto icónico a la representación pop del socialismo tras la muerte de Hugo Chávez, y hacer del uniforme de la selección olímpica venezolana una competencia del pañuelo palestino y las camisetas del Che. Aquí están las claves del fenómeno.

Está llamada a ser la nueva prenda icónica del socialismo. La chaqueta de chándal de los equipos olímpicos venezolanos no solo se convirtió en una de las prendas fetiche de Hugo Chávez en sus últimos meses de vida y presidencia, sino también en el atuendo escogido por Nicolás Maduro para el cortejo fúnebre del fallecido presidente. Una selección que ha provocado numerosas mofas en la prensa nacional y en las redes sociales: primero, por no seguir el protocolo estándar de los actos fúnebres, esa norma pre-establecida y heredada del catolicismo que dicta vestir el luto; y si no vistes de negro absoluto, es que no sientes la pérdida y te estás riendo del difunto, de su memoria y de su familia. Segundo, el dos piezas de táctel, nylon o algodón es a la clase obrera lo que el traje de chaqueta es al CEO, al hombre de negocios, al banquero, al político y al yuppie. Por último, todas las voces apuntan a que la selección de esta prenda lleva implícita una carga electoral e ideológica: Maduro pretende ser el relevo electo –y no impuesto, como lo es ahora– de su predecesor Chávez.

Nicolás Maduro no fue el único que escogió el famoso chándal para el cortejo fúnebre de Chávez. También lo hicieron muchos de los venezolanos que quisieron dar su adiós al difunto. De hecho, Maduro tampoco está solo usando la chaqueta olímpica como parte de su campaña electoral. Henrique Capriles, el que fuera el último rival en las urnas de Chávez y el que será el rival del ex vicepresidente el próximo 14 de abril, también se ha enfundado la prenda en campaña. Por lo tanto, entendemos que el éxito del uniforme deportivo no sólo reside en el uso que le ha dado Chávez en los últimos meses, convirtiéndolo en un elemento más del imaginario patriótico de la revolución bolivariana. El diseño de la misma, la combinación en forma de uve de los tres colores de la bandera venezolana y las grandes estrellas bordadas en el pecho (7 u 8, dependiendo de la antigüedad de la confección) hacen de la chaqueta una prenda con cierto atractivo, independientemente de la carga ideológica que representa.

Su género y su patronaje recupera el estilo predominante en de los años ochenta y principios de los noventa. Puños engomados, cremallera recta y pequeña solapa en el cuello, como la mayoría de uniformes deportivos que lucíamos en nuestros colegios o escuelas municipales deportivas. La combinación rojo, azul y amarillo con las estrellas blancas tiene cierto aire divertido, desenfadado e incluso tropical. No nos engañemos, la chaqueta es resultona. Muchos coleccionistas de táctel, fans del chandalismo vintage o de piezas sport anecdóticas –como la gorra Vitalicio de ciclista que lucía Mariah Carey en “Glitter” o las vistosas colecciones de Jeremy Scott para Adidas– van a pujar por su uniforme olímpico venezolano, sin atender a la intrínseca ideología que arrastra la pieza. Por otro lado, la prenda está llamada a ser la heredera de la camiseta del Che Guevara, la sucesora del pañuelo palestino como prenda fetiche de la izquierda radical y globalizada (ya hemos visto a Sean Penn lucirla).

Aunque el poso ideológico difiere mucho, ya existe un ejemplo de éxito comercial en prendas deportivas basado en unos colores y unos valores, más allá de los méritos deportivos o el sentimiento patriótico del comprador. Es el de Puma, responsable de los atuendos de prácticamente todas las selecciones nacionales cuya bandera luzca los colores panafricanistas. Amarillo, verde, rojo y negro representan en nuestro subconsciente todo aquello periférico a la cultura rasta, a la africana y a las ideas contra la esclavitud o la colonización. La empresa alemana, más allá de predecir ventas por el mérito de los deportistas que luzcan las prendas o por la población que pueda permitirse comprarse la camiseta de su selección, apostó por esa comunidad global con interés por los valores panafricanos, por el rastafarismo, su vinculación con el cannabis o con el reggae. Si a eso le sumas la simpatía y el éxito de las últimas generaciones de atletas jamaicanos, tienes una espléndida manera de colocar prendas deportivas en compradores totalmente ajenos a la práctica deportiva.

Lo estético, lo político y lo simbólico convergen en este uniforme cuya mayor virtud hasta la fecha ha sido la de servir de vestimenta a los deportistas venezolanos y dar comodidad sin renunciar al patriotismo castrense al presidente de una nación en sus siempre carismáticas apariciones en los medios de comunicación. A partir de aquí serán los designios de la moda –tanto en manos de sus creadores como lo que pida el consumidor–, de la evolución del socialismo y la izquierda global los que pueden aupar la equipación venezolana a una categoría icónica.

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