Columnas

15M, un año después. ¿Y ahora qué?

Dos puntos de vista diferentes. Al habla Fabio Gándara, miembro de Change e impulsor de Democracia Real Ya, partidario de transformar la indignación en acción

A pocos días de que se cumpla el primer aniversario del 15M, el movimiento de protesta ciudadana tiene una oportunidad única para tomar una dirección que le permita avanzar y proponer cambios. Fabio Gándara sostiene la tesis de que hay que pasar de la indignación a la acción política.

[ Resumen: Hace un año que miles de personas salieron a la calle a reivindicar una democracia más transparente. Lo que empezó como una manifestación pacífica derivó en una serie de acampadas por todo el país cuyo detonante fue la detención de varios manifestantes en Madrid. El malestar provocado por la crisis estalló en forma de protestas y reivindicaciones de todo tipo, desde la celebración de asambleas vecinales a protestas globales –el movimiento Occupy Wall Street nacía al amparo del 15M–. El próximo 12 de mayo se celebra el aniversario con manifestaciones convocadas en varios puntos del planeta, aunque sin duda, los ojos de mucha gente estarán puestos en Madrid y Barcelona: hay quienes abogan por acampar esos días en la Puerta del Sol y en Plaça Catalunya.

Es el momento, pues, de hacerse preguntas: ¿cuál es el futuro del 15M? ¿Hasta dónde llega su calado social y su poder de transformación? ¿Qué camino se debe seguir? ¿Y por qué estamos aquí? Para buscar respuestas, contamos con dos opiniones bien distintas. En el siguiente artículo habla Fabio Gándara, uno de los impulsores de la constitución de Democracia Real Ya en asociación política. Fabio Gándara ha cursado las carreras de Derecho y de Ciencias Políticas y de la Administración. Ha trabajado dos años en el despacho de abogados Cuatrecasas y ha cursado una maestría de especialización en política territorial y urbanística. Actualmente compagina su trabajo como organizador de campañas en la plataforma de cambio social online Actuable con las labores propias de su activismo en Democracia Real Ya.]

"Fuimos conscientes de que contábamos con las herramientas y el poder necesarios para exigir una democracia ‘real’"

El 15 de mayo de 2011 algo cambió para siempre en las mentes de los españoles: despertamos. Fuimos conscientes de que contábamos con las herramientas y el poder necesarios para exigir una democracia ‘real’. Podíamos y queríamos plantar cara a una clase política que nos estaba dando la espalda y que gobernaba solo mirando el interés de una clase privilegiada y minoritaria (el ‘1%’). Hoy, un año después de esa primera manifestación convocada por Democracia Real Ya tras la que la indignación del ‘99%’ estalló en las plazas de todo el país y fuera incluso de nuestras fronteras (Europa, EEUU...), mi sensación, sin embargo, es agridulce.

Los éxitos son innegables: la ilusionante acampada que durante semanas convirtió la Puerta del Sol en la Plaza de la Sol-ución, las manifestaciones internacionales multitudinarias del 19 de junio y el 15 de octubre, la lucha incesante contra los desahucios e infinidad de otros proyectos grandes y pequeños nacidos desde la base de la ciudadanía. Pero el movimiento, que nació con la voluntad inquebrantable de cambiar en profundidad el funcionamiento de nuestro sistema político y económico, ha acabado perdiendo gran parte de su fuerza, lastrado por los problemas que han estado presentes desde un inicio y que durante aquellos primeros días emocionantes no supimos ver en toda su extensión.

El supuesto ‘horizontalismo’ del 15M, ensalzado por muchos como uno de los caracteres distintivos del movimiento, facilitó la identificación de los ciudadanos con él y su participación, pero también fue una piedra que frenó el avance de la rueda. No sólo ha ralentizado la consecución de objetivos reales, de unos cambios tangibles necesarios en un momento como éste en el que el desmantelamiento del Estado del Bienestar es imparable. Además, ha permitido que multitud de personas y grupúsculos con afinidades políticas concretas y excluyentes campen a sus anchas en un movimiento que era de todos, camuflándose en esa irreal ‘horizontalidad’ en la que las normas “no son necesarias” y cooptando el funcionamiento de DRY y las asambleas de barrio.

El ejemplo más patente de esta ‘crisis’ en el seno del movimiento lo ha vivido la plataforma que prendió su mecha: DRY. Desgraciadamente, los valores recogidos en un principio en los ocho puntos y en un manifiesto aplaudido por miles de personas que clamaba por la no violencia, el apartidismo, el asindicalismo y la participación ciudadana democrática, fueron vilipendiados por muchos que, atraídos por el potencial movilizador de estas siglas, engrosaron las filas de DRY para defender proyectos particularistas.

"El 12 de mayo saldremos a manifestarnos de nuevo, pero no será como en 2011. Nos tocará dar un paso crucial: pasar de la indignación a la acción, para alcanzar poco a poco cambios reales."

Hace un año llamábamos a la unión de todos los ciudadanos con independencia de nuestros colores políticos y banderas, no con la intención de abandonar los propios principios, sino con la de trabajar en conjunto con personas con otras ideas en aquello que nos une y contra aquello que nos afecta a todos. Pero durante el último año, ese ideal fresco y genuinamente diferente que nos sacó a la calle en 2011 ha perdido parte de su brillo.

Conscientes de estos problemas de fondo, algunas de las personas que habíamos planificado las protestas del 15 de mayo desde Democracia Real Ya quisimos plantear una solución: la adopción (en el caso específico de DRY) de una estructura jurídica asociativa que permitiese la existencia de unas normas transparentes capaces de garantizar la democracia en el propio seno de la plataforma que la exigía. Lejos de convertirnos en una ONG más al uso, creceríamos y afrontaríamos los problemas que internamente empezaban a amenazar la propia supervivencia de DRY: frente a líderes carismáticos ocultos a la sombra del asamblearismo existirían coordinadores elegidos democráticamente y rotativos; las herramientas de difusión del colectivo estarían a su nombre (con un CIF) y no en manos de gestores individuales y camarillas; tendríamos la capacidad de presentar iniciativas como ILPs y recursos jurídicos colectivos y plantar cara a los poderes institucionales más allá de performances y protestas vacuas y, sobre todo, protegeríamos el proyecto de los manejos de los muchos interesados en aprovecharse de él.

La aprobación de esta propuesta en asamblea acabó por evidenciar un cisma que siempre había estado ahí: el que existe entre quienes defienden de un funcionamiento estrictamente asambleario y aquellos más posibilistas que creemos en la necesidad de contar con nuevos instrumentos que faciliten el logro de auténticos cambios en el sistema. Ambos ‘bandos’ hemos cometido errores y la situación de conflicto interno ha acabado por derivar en una serie de rifirrafes públicos que, tristemente, han manchado la imagen de DRY.

Pese a lo bronco de la estampa, creo que la lucha de fondo que DRY y el movimiento 15M han desencadenado seguirá en marcha, aunque esta crisis (espero, de ‘crecimiento’) haya dejado patente que existen dos caminos muy diferentes por los que reclamar el cambio. En mi caso elijo el que marca la asociación DRY, porque creo en la necesidad de garantizar una auténtica democracia interna y en el trabajo para la consecución de logros reales aquí y ahora en un mundo que se está desmoronando. Elijo este camino como uno más, parte del colectivo, sin asumir protagonismo alguno. Sea como sea, tenemos una cita ya y es el 12 de mayo. Ese día saldremos a manifestarnos de nuevo, pero no será como en 2011. Nos tocará dar un paso crucial: pasar de la indignación a la acción, para alcanzar poco a poco cambios reales.

Fabio Gandara se trasladó a Madrid con dieciocho años para estudiar las carreras de Derecho y Ciencias Políticas y de la Administración. Ha trabajado dos años en el despacho de abogados Cuatrecasas y ha cursado una maestría de especialización en política territorial y urbanística. Actualmente compagina su trabajo como organizador de campañas en la plataforma de cambio social online Actuable con las labores propias de su activismo en Democracia Real Ya.

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