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Más allá de las bombas (y de no hacer nada), existen formas de acabar con el EI

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Hablamos con un experto en terrorismo islamista y recogemos las propuestas más razonables que pueden terminar con el ISIS

Rafa Martí

17 Noviembre 2015 06:00

La primera consecuencia de la declaración de guerra de Francia contra el terror después de los atentados del pasado viernes en París ha sido el bombardeo MASIVO contra el principal bastión del Daesh, Raqqa, al norte de Siria.

Según el Ministerio de Defensa francés, 10 cazas arrojaron este domingo 20 bombas contra posiciones del Estado Islámico en la ofensiva. Destruyeron uno de sus principales campos de entrenamiento, un puesto de mando, un centro de reclutamiento y un depósito de armas y munición.

Los titulares que siguieron al bombardeo amplificaban la acción con adjetivos del tipo “masivo” y “contundente”. Eran la perfecta expresión de la rabia que acompaña un acto de venganza. Y parece que fuera la única respuesta que Francia tuviera ante la muerte de más de 120 inocentes. Era la forma que el Gobierno francés y parte del mundo occidental tenían de canalizar su luto.

Occidente no sabe responder contra el Estado Islámico

Porque, si no, ¿qué hacer? ¿Quedarse de brazos cruzados? Parece que la respuesta al terrorismo islamista solo tuviera dos opciones:

  1. La de arrasar con todo para no terminar con nada y seguir echando gasolina a una hoguera que no para de crecer.

  1. La de no hacer nada, y que los verdugos sigan masacrando a sus víctimas.

En Occidente, la sociedad se siente culpable por bombardear territorios en Oriente Medio, pero al mismo tiempo tampoco sabe cuál es la alternativa para lograr la paz, más que seguir bailando y continuar de fiesta, no sin menos culpabilidad:

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Es precisamente lo que el Daesh persigue: la confusión, el no saber cómo responder tal y como precisaba el extenso y célebre análisis “What ISIS really wants?” (“¿Qué quiere realmente el ISIS?”), publicado en The Atlantic este marzo.

Que aumenten los bombardeos y la islamofobia, para que los musulmanes que viven en Europa y fuera de ella se sientan cada vez menos vinculados a Occidente y un día quieran inmolarse.

O que no se haga nada y que ellos puedan expandirse.

Por qué hay que mirar más allá de lanzar bombas

El excandidato republicano a la presidencia de EEUU Ron Paul —nada sospechoso de defender argumentos como el de Madonna— advertía en una columna en la página web de su fundación que 14 años de guerra contra el terror no han logrado evitar los atentados de París.

Bombardear Siria, para Paul, no es más que una repetición de los errores de Afganistán e Irak inmediatamente después del 11-S. Y también de las demás acciones de la estrategia que inició George Bush, que solo han traído nuevas tragedias, entre ellas, la muerte inevitable de civiles que implica cualquier bombardeo.

Dice Paul que el bombardeo de Siria es “querer terminar con la intervención militar con un problema que nació, precisamente, de la intervención militar”. Lejos de acabar con el problema, esta estrategia solo lo perpetúa.


El terrorismo islamista, a pesar de que tiene un régimen con representación territorial a través del Estado Islámico, es más bien una idea que ha echado raíces en lugares muy diferentes del mundo. No se puede combatir con una intervención militar



Aunque se haya establecido numerosas veces el paralelismo del ISIS con la Alemania nazi y, por ende, la necesidad de la acción militar, son dos realidades diferentes que requieren respuestas diferentes:

El régimen nazi estaba ligado a una realidad territorial y física. Derrotando al ejército de Hitler e invadiendo Alemania se ponía fin al problema. Sin embargo, el régimen islamista no terminará por muchas bombas que se arrojen en Siria e Irak, por más Guantánamos que se abran.

El terrorismo islamista, a pesar de que tiene un régimen con representación territorial a través del Estado Islámico, es más bien una idea. La violencia que practica el EI ha sido en Siria y en Irak, sí, pero también en un avión ruso en Egipto, en las calles de Beirut, en Nigeria, en Kenia, y ahora en París.

Y desde Ron Paul hasta Pablo Iglesias —probablemente en sus antípodas ideológicas—, diferentes líderes políticos y expertos en seguridad internacional y terrorismo coinciden en dar una respuesta al Daesh que excluya la acción militar o que, al menos la minimice.

Después de ser criticado con fiereza por no unirse al pacto antiyihadista firmado por PP, PSOE y Ciudadanos, Podemos hizo público un documento en el que detallaba los 7 puntos que definen su estrategia para derrotar al terrorismo del Daesh:

  1. Cortar las vías de financiación y abastecimiento logístico del Estado Islámico.

  2. Neutralizar las redes de captación y adoctrinamiento del Estado Islámico.

  1. Apoyar a las fuerzas democráticas en el mundo árabe.

  1. Reforzar a la sociedad civil en Siria e Irak.

  1. Acabar con las guerras en Siria e Irak. [A través de una transición negociada con Bachar al-Assad y las potencias implicadas].

  1. Proteger a los refugiados. [Como primeras víctimas de la barbarie terrorista].

  1. Acabar con las mafias que trafican con personas. [Con el fin de evitar la infiltración de terroristas entre los refugiados que huyen de la guerra].

El reciente fichaje de Podemos, el general de cuatro estrellas Julio Rodríguez, decía en una entrevista en Público que unirse al pacto antiyihadista no era ninguna solución a la amenaza, al igual que tampoco lo era una actitud belicista.

“No sirve de nada reforzar el código penal contra una persona que está dispuesta a inmolarse”, decía Rodríguez que, en cambio sí apostaba por una solución basada en los valores de la democracia y la libertad.


La acción bélica no es la solución definitiva

Sin embargo, José María Gil, experto en el Estado Islámico del Instituto de Seguridad Global nos cuenta que la acción bélica no puede desvincularse de la lucha contra el califato terrorista.

“Aunque no es la solución definitiva, la intervención militar es una de las que se van a tener que emplear”, dice el experto.

Reconoce que el enfoque de la guerra contra el terror en los últimos 14 años ha sido erróneo. “No hemos enfrentado esta guerra con los métodos adecuados”, dice.

“Estamos ante una realidad compleja y, como tal, requiere una respuesta poliédrica y multidimensional. La acción militar tiene que emplearse, pero no solo. Esto se trata de una guerra, pero no una guerra como se ha entendido hasta ahora la guerra contra el terrorismo global, sino una guerra que se libra en diferentes campos de batalla, desde el frente de guerra tradicional hasta internet”, continúa Gil.


Las segundas generaciones de musulmanes son ajenas a la guerra de sus padres, pero tampoco se sienten ciudadanos de los países que les han acogido. La única identidad que tienen es ser musulmanes y sus altos grados de frustración provocan que un día se unan a la yihad



Para Gil, la estrategia pasa por los siguientes puntos, combinando el corto y el largo plazo, pero sin excluir ninguna opción:

  1. Una intervención armada en Siria e Irak como primer torniquete de contención, con el objetivo de terminar con el califato islamista y su estructura política, militar y territorial.

    Según el experto, la intervención militar no puede limitarse solo a bombardeos, sino que debe haber una acción terrestre, ya sea de ejércitos aliados de las potencias o apoyando a los traicionados kurdos. Gil considera que es necesaria la intervención armada porque es la única forma de “debilitar la base genética del ISIS”.

  2. Combatir los demás frentes de batalla, como internet: “Occidente no ha sabido construir una narrativa contra el Daesh, que domina el feudo de internet y las redes sociales a la perfección, y lo usa desde para la propaganda hasta para el reclutamiento de nuevos soldados”, dice el experto.

  1. Una estrategia de educación a medio y largo plazo que integre a las comunidades musulmanas en los países occidentales.

    “Las segundas generaciones de musulmanes son ajenas a la guerra de sus padres, pero tampoco se sienten ciudadanos de los países que les han acogido. La única identidad que tienen es ser musulmanes y sus altos grados de frustración provocan que un día se unan a la yihad”, explica Gil.

  2. Acciones policiales en los países donde el terrorismo no se presenta en forma de frente bélico.

  1. Promoción de los valores de la libertad y de la democracia: “La gran victoria del ISIS es que, por ejemplo, se cierre el espacio Schengen, o que se limite la libertad en favor de la seguridad”, comenta el experto.

  2. Apoyar a los países de la coalición árabe contra el ISIS más allá de las declaraciones de principios que acostumbran a hacer los organismos internacionales tutelados por Occidente.

Por encima de las bombas, la solución y el fin del terrorismo islamista puede tener diferentes aproximaciones. Pero parece que ninguna de las más razonables pasa por una venganza ciega de 20 bombas diarias contra Raqqa que multipliquen la muerte de inocentes. Ni tampoco por continuar cantando, en un estado de frivolidad impostada después de la tragedia.

Si puede destacarse una virtud de Occidente, esa es precisamente la de la autocrítica y la de no dar por válido ningún principio por sí mismo. La de razonar, la de dialogar no como quien no quiere mirar el problema de frente, sino como aquel que quiere solucionarlo con efectividad y contundencia.


Hay muchas más cosas que hacer para acabar con el terrorismo que lanzar bombas y quedarse de brazos cruzados



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