Columnas

Algunos pensamientos sobre la desagradable experiencia del aborto

Sobre el aborto espontáneo, sobre sus tabús en la sociedad y sobre su repercusión en el ánimo y en el cuerpo de las no-mamás


—Imágenes de Lucy Zharikova

1. El pasado mes de abril, durante la presentación del cómic Mamma mía!, la dibujante Agustina Guerrero dijo que desde que se quedó embarazada sólo era capaz de ver a las mujeres de dos maneras: por un lado aquellas que habían sido mamás, y por el otro aquellas que no lo eran. Se refirió a una suerte de instinto. A una especie de complicidad. A una manera de mirar el mundo que le había hecho cambiar por completo su manera de ser, y su manera de relacionarse con lo femenino.

2. Hace cuatro noches, ingresé en la Maternidad del Hospital Clinic de Barcelona porque llevaba todo el día con unos dolores extraños en el vientre, y porque hasta en dos ocasiones manché un poquito el papel higiénico con un líquido rosado aparentemente inofensivo. A esas alturas, mi embarazo era de 11 semanas y cinco días, o lo que es lo mismo, estaba a punto de cruzar el umbral de los tres meses, una fecha clave a partir de la cual se supone que pasa todo el peligro, y que en adelante el embarazo será luminoso.

3. Llevo tres días sin salir de casa. No me he duchado. No me he puesto las cremas. No he dejado que YouTube reprodujera las canciones con las que en mis sueños bailaba con mi hijo. No he hablado con mis amigos. No me apetece. Llevo tres días aquí, aguantando las lágrimas. Hablando del futuro con mi marido. Deseando que los médicos de guardia no hubieran puesto cara de pena, que en la ecografía el bebé no estuviera flotando como un pececillo muerto. Que en ningún momento de estos tres maravillosos meses se hubiera detenido su pequeño corazón.

4. Lo que hace un instante era un proyecto de vida, de pronto se convierte en el final de la misma.

5. Ahora pienso en Agustina Guerrero, y en aquello que dijo a su público mientras presentábamos su último y divertido libro sobre la maternidad. Si el mundo se divide entre las mujeres que son mamás y las mujeres que no lo son. ¿En qué grupo me encuentro yo? ¿A qué clasificación pertenezco? ¿Quién soy? ¿Quiénes somos las que perdimos a nuestro primer bebé y esperamos desoladas a que su cuerpo salga de nosotros y nos deje para siempre?

6. Algunos amigos os dirán que estas cosas pasan. Algunos foros femeninos os dirán que es pura estadística. Algunas mamás que pasaron por lo mismo hace años os dirán que sólo hay que volver a intentarlo. Algunos médicos os intentarán consolar asegurándoos que aquello que habéis perdido no es un bebé, sino un proyecto con un final infeliz. Qué ingenuos, pienso, esos médicos. Qué ingenuos al pensar que esto que latía dentro de nosotras no era nuestro bebé, porque sí lo era. ¿Cómo no iba a ser nuestro bebé si en tan poco tiempo habíamos aprendido a amarlo con locura? ¿Cómo no iba a ser nuestro bebé si en la primera ecografía sentimos su corazón palpitando cual caballito de mar nervioso y travieso?

7. No. No soy madre. Pero eso no quiere decir que no lo haya sido. No. No tengo un hijo. Pero eso no quiere decir que no haya sentido las náuseas que éste provoca. El amor que este provoca. El dolor que supone perderlo.

8. Dentro de unos días volveré a visitar la Maternidad para que me saquen el pequeño cadáver que llevo dentro. Es posible que hasta entonces yo lo pierda naturalmente, y por eso he tomado la decisión de escribir desde casa, de detener el mundo durante unos días y dedicarme de lleno a mecer esta cuna negra que son mis entrañas. Es curioso el miedo que nos meten en el cuerpo cuando nos quedamos embarazadas. Es curioso pensar que durante tres meses he tenido que aguantar en silencio la alegría de mi futura maternidad. Es curioso que cuando al fin hablas y cuentas lo que te ha pasado, cientos de mujeres, conocidas y desconocidas, te escriban para asegurarte que a ellas les pasó lo mismo. Que es un dolor silencioso. Un tabú. Un ciclo que se repite y que crea en nuestro pecho un pequeño cielo de esperanzas.

9. Leo en el blog de la ensayista María Llopis que es importante mantener la calma. Lo que ella recomienda para las mujeres que sufrimos un aborto retenido es esperar y hacerlo natural, rindiendo nuestro homenaje secreto a aquello que tanto queremos. Por mis circunstancias personales y mi enfermedad crónica, las doctoras me recomiendan someterme a un legrado. Leo en el blog de otro montón de madres y no-madres anónimas que este dolor, nerviosismo y pena que ahora yo siento cicatrizará pronto.

10. Así lo espero. Así me preparo. Así recibo cada noche un beso de mi marido en el vientre, como símbolo de despedida, como saludo, también, al futuro que vendrá y que en unos pocos meses nos permitirá volver a intentarlo. No quiero hacer un mundo de esto. Sólo quiero volver a reconstruir este universo que tanto nos ilusionaba. No quiero que parezca que me estoy lamentando. Sólo quiero hablar, y que me habéis, y que el sufrimiento no se quede encerrado en nuestras gargantas.

Vendrán tiempos felices, lo sé, pero hasta entonces tendremos que batallar por ellos

 

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